
Yellowstone es una de esas series que incomprensiblemente todavía nadie se había dignado a traer a este país. Hasta ahora llevan tres temporadas pero, visto el nivel, auguro unas cuantas más o al menos, albergo esa esperanza. Se ha podido ver en Paramount Network, en abierto, desde el 18 de enero, pero a partir de hoy se podrá ver en Pluto TV bajo demanda, plataforma gratuita también.
La familia con el rancho más grande de los Estados Unidos tiene que luchar contra viento y marea para que nadie les quite ni un ápice de sus extensos terrenos; aunque se les ofrezca todo el oro del mundo. Aquí, lo que vale son las tradiciones al más puro estilo redneck–cowboy y punto. Ellos no vendrán jamás a por ti, siempre y cuando no les toques tú a ellos. Luchan en múltiples frentes: con los indios autóctonos del lugar, el gobierno federal americano o cualquier mafioso que se les acerque para ofrecer, presionar o coaccionar para que vendan.
El boss es el genuino Kevin Costner (John Dutton), un tipo hirsuto como una piedra, implacable cuando lo ve necesario e incapaz de arrugarse ante nada ni por nadie. Sus progenie son el alma de la fiesta; por ello, cada cual con un rol muy específico. Antagónicos entre ellos pero con un único nexo de unión, su adorado padre. Son uno para todos y todos para uno… ¿no os suena?

Desde luego cada personaje de Yellowstone es digno de estudiar en esta serie, una especie de Succession a los Hijos de la Anarquía, adictiva y envolvente. Pero… ¡qué puñetas! Pasemos a lo serio: mi rendición absoluta con el personaje con más testosterona que he visto en televisión, la inconmensurable reina-diva y emperatriz Kelly Reilly (Beth Dutton). Es decir, la única hija, absolutamente magistral. La auténtica joya de la corona… ¡menuda interpretación se marca aquí! Digna de cualquier premio; a eso, le sumas la mano derecha del patriarca, el amigo Rip, una especie a extinguir, parco en palabras, híspido de pro y con una fuerza poderosa en pantalla en todo los sentidos. Vamos, como dirían de una prestigiosa película de Tarantino, el Señor Lobo con dotes rudas. Pues bien, aquí tienes el combo perfecto con una magnitud que echa rayos cuál Vengadores 3.0, así son los cowboys modernos.
Como handicap diré que tiene, en según qué momentos, ese aroma a telenovela, sin pretender ser pedante al respecto; por ende, funciona como una auténtica máquina engrasada que te atrapa y no te suelta. Esta serie desde luego no necesita ningún efecto especial ni lo utiliza pero no nos engañemos. No en vano hay detrás una auténtica producción de lujo, con un creador Taylor Sheridan ,que viendo sus anteriores participaciones, entiendes todo. Y, para más bemoles, ¡menudo cliffhanger se han marcado esta última temporada! No puede ser, quiero, deseo, cowboys por doquier…En definitiva, larga vida a Yellowstone y no confundir con Bubú y su secuaz.
Ah!! Cambiando de tema, ayer empecé a ver otra serie que…bueno casi os lo explico otro día que voy a escuchar Cultura Seriéfila.

El cine y las series de televisión son mi pasión, aunque la Edad de Oro de la pequeña pantalla me conquistó sobre todas las cosas. En Cultura Seriéfila analizo toda ficción que lo merezca con una dosis muy alta de opinión. También me podéis escuchar en el podcast de Cultura Seriéfila y eventualmente en La Jungla Radio.





























Hoy hablaremos de una serie de mujeres, en la que su realidad, a veces puede no sólo superar a la nuestra, sino que hemos sentido que vamos en ese camino, aunque ya en otros sitios, ese ya es su día a día. Se trata de The Handmaid’s Tale (El Cuento de La Criada), cuya tercera temporada se estrenó el 5 de junio, y que ha sido renovada por una cuarta temporada que será emitida en 2020.
Para aquellos que no estén seducidos por este universo distópica, está basada en la novela Margaret Atwood, nos plantea la República de Gilead, territorio de lo que fue Estados Unidos de América, que ahora, por un golpe de estado, se ha impuesto un régimen teocrático totalitario y extremadamente machista, donde la sociedad se divide en estratos, parecidos a castas, donde los comandantes dirigen la vida del resto de ciudadanos, y por supuesto, las mujeres son las más oprimidas. En este escenario es donde conocemos al grupo de mujeres destinadas a procrear los hijos para las familias de los comandantes y que, por diversos motivos, la infertilidad dificulta los nacimientos de niños. Este grupo de mujeres vestidas de rojo, son las criadas y es a donde pertenece nuestra protagonista: June Osborne (Elisabeth Moss), o llamada, Defred, Dejoseph, o a quien “pertenezca” esta temporada.
Con lo que no contaba el régimen de Gilead, fue con la unión de las criadas y Marthas (servicio doméstico de los hogares de alto rango) y que esta tercera temporada se han organizado para la tan ansiada revolución. Aunque, a decir verdad, nos esperábamos una resistencia más potente y nos dieron a cuenta gotas los pocos focos rebeldes que pudimos disfrutar.
A partir de ahora, hablaré sobre detalles de la temporada 3, por lo que si no la has visto, no sigas leyendo.











