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‘The Stand’: el profético fin la humanidad

Starzplay estrenó 'The Stand', la adaptación de la novela 'Apocalipsis', de Stephen King

Este artículo ha sido escrito después de ver la temporada completa de The Stand y contiene spoilers.

Stephen King ha establecido un universo que ya conocemos bastante, siendo reinterpretado con buenos y malos resultados, tanto en el cine como en la televisión dejando bondades y sin sabores, tan variados como las opiniones de sus acérrimos fans. En esta oportunidad le ha tocado el turno a The Stand, novela del chico de las lentes bohemias, publicada en el año 1978, cuya primera adaptación vio la luz en el 94, dirigida por Mick Harris en formato de miniserie. Ahora, con Josh Boone a la cabeza, el apocalipsis y sus demonios errantes, regresan con una atmósfera que palpita surrealismo y una poética malvada, en un viaje de heroísmo, esperanza y sobrevivencia. 

Cuando un virus experimental, creado por el gobierno se sale de control, una brutal epidemia amenaza con destruir a toda la humanidad. Esta fuerza letal, la super gripe conocida como Capitán Trotamundos se esparce como abejas asesinas en cada continente, matando a millones. Los pocos sobrevivientes, aquellos inmunes a la enfermedad, serán elegidos y acudirán al llamado de una centenaria mujer. La anciana Madre Abigail (Whoopi Goldberg) aparece en los sueños de estos atípicos apóstoles, con el objetivo de construir un último bastión, un pueblo recóndito que habrá de levantarse para perpetuar la  humanidad. 

La señora de los dreadlocks, ha hecho lo necesario. Sin embargo, no es la única con la habilidad de reclutar misioneros. Una maligna entidad, seductora y carismática, se ocupará de los egoístas, maleables y disconformes, enajenados que se unirán a este falso mesías prometeico en la ciudad de Las Vegas. De este modo, Randall Flagg, El Hombre Oscuro (Alexander Skarsgard) se valdrá de sus almas, proporcionándoles un falso paraíso de recompensas, placeres y libertad. 

Alexander Skarsgard y Whoopi Goldberg encabezan el reparto de 'The Stand', disponible en Starzplay

Entre los aliados del brujo, Lloyd Henreid (Nat Wolff, Bajo la misma estrella) será  su mano derecha, un delincuente de poca monta sediento de ambición. Nadine Cross (Amber Heard, La Liga de la Justicia) será la amante secreta,  la mujer que  jugará un papel clave en la narración tras ser seducida por Flagg. Y Harold Lauder (Owen Teague, Bloodline, It) un muchacho vengativo, lleno de rencor y desilusión, serán parte de un plan para acabar con la  congregación de la Madre Abigail.

Ante el inminente peligro, Stu Redman (James Marsden, Westworld), Frannie Goldsmith (Odessa Young), Glen Bateman (Greg Kinnear, Little Miss Sunshine), Larry Underwood (Jovan Adepo, Watchmen), Ray Bretner (Irene Bedard, El Nuevo mundo) y Nick Andros (Henry Saga, The New Mutants) serán advertidos formando un equipo para proteger a la comunidad.  Más tarde, cuatro miembros de la misma, serán enviados hacia el núcleo radioactivo del mal. Allí, Tom Cullen (Brad William Henke, Fragmentado) servirá como espía, siendo clave al colarse y pasar desapercibido en la Sodoma y Gomorra post apocalíptica.

The Stand, pudiera pasar como una serie desestimada. La estructura de su relato puede estar falta de ritmo, sobre todo al inicio. Se toma su tiempo estableciendo las premisas que encenderán la narrativa. Es un acto coral, en donde cada personaje debe encajar. Algunos, serán relevantes y de perfiles elaborados. Otros, serán pasajeros y servirán como desencadenantes de otras situaciones. No obstante, todos cumplen un rol, como en un juego de ajedrez. Es un punto a destacar, pues las relaciones y consecuencias que resultan de ellos, no son fáciles de manejar  y la serie lo consigue dejando pocos vacíos. 

Las actuaciones, avaladas por un grupo de muy buenos actores, no decaen. Un sólido elenco da vida al espectáculo, moldeando un universo de tenebrosa ficción que simula una agreste y apocalíptica eventualidad, una pesadilla posible, que consigue transmitir desesperación y desolación. La escenografía, destructiva y derruida, está presente en las ciudades olvidadas y solitarias, en las carreteras eternas atestadas de cadáveres y vehículos abandonados, en los sueños proféticos y las oscuras quebradas en medio de los parajes. Como antítesis de aquello, un infierno terrenal ubicado en Las Vegas, reproduce la figura del hombre que camina en carteles publicitarios. Una tierra prometida levantada por el hechicero, es iluminada por hipnóticas luces de neón sirviendo de hogar a todos  los desesperados, aquellos que aspiran a un nuevo orden caótico en donde ninguna regla los encadene.

The Stand es el onírico enfrentamiento del bien contra el mal. En aquella guerra sectaria, tanto justos como pecadores le seguirán el paso a la muerte. Algunos escaparán. Y otros serán condenados. ¿Qué hará el hombre en el momento en que todo se derrumbe? ¿Ha de optar por la libertad? ¿Elegirá el buen camino o perderá la esperanza? El demonio, haciendo sus cosas de demonio, se valdrá de trampas y encanto para tentar a los elegidos. Con alegorías cristianas a la orden del día, los protagonistas experimentarán tanto el engaño como la fidelidad, el odio y la hermandad. 

En esta lucha y redención, la victoria radica en una sola alegoría: la fe ciega en la verdad. Aquella, está representada en el versículo que repiten los personajes: «A pesar de caminar por un valle de sombras, no he de Temer. Tengo a Dios de mi lado». Aquel bíblico cantar actuará como escudo bajo lanzas oscuras. De esta manera, Randall Flagg, a pesar de las hordas de cobardes que le acompañan, no será capaz de responder ante el puñetazo celestial.  Las Vegas, emulando la caída de la antigua Babilonia, vestida como Lot, quien termina convertida en una estatua de sal, acabará devastada a causa de la ambición. La salida del laberinto, será desvelada por la Madre Abigail. El epílogo final, escrito por King para esta nueva versión, establece la premisa de gran parte de su universo: «el que cae una vez, se debe volver a levantar». Es aquello lo que prevalece. No hay otra manera. El mal, es propio de la vida. No te puedes esconder. Sólo te queda pelear.

 

Este literario Armageddon, vestido de New Age, tiene el sello de su autor. Aquello se palpita en cada toma y fotografía, tonalidades y brumas. Si te atrapa el misterio y la obra de King, The Stand, te gustará. Si no quieres que la mollera te de vueltas y vueltas, desentrañando un guion repleto de personajes, conexiones y preguntas, será difícil que te enganches. Como amante del género, de todos modos la recomiendo. No obstante, mis opiniones, no son para nada directrices. A mi me agradan las leyendas y los seres maquiavélicos. Es que soy una oscura chica seriéfila y me encanta vivir en permanente sobresalto. Que venga luego la plaga, que no me asusta la virulencia. Es más, la disfruto. Con todo el corazón.

The Stand está disponible completa bajo demanda en Starzplay.

‘Supongamos que Nueva York es una ciudad’: Fran Lebowitz por Fran Lebowitz

'Supongamos que Nueva York es una ciudad' es una serie documental sobre Fran Lebowitz disponible en Netflix

Netflix es una caja de sorpresas. Últimamente no para de utilizar la nula promoción de sus productos como estrategia para, precisamente para promocionarlos. A través del boca a boca, lo usuarios de la plataforma nos vamos contando qué merece la pena ver en ese mar de títulos. Incluso para alguien como nosotros, que escribimos sobre series y tenemos controlados los estrenos de todos los meses, hay cosas tan maravillosas como Supongamos que Nueva York es una ciudad, que se nos escapan de vez en cuando.

Pretend It’s a City, Supongamos que Nueva York es una ciudad en España, es una serie documental que sigue a Fran Lebowitz, la famosa escritora, contadora de anécdotas y cómica que comparte sus fascinantes historias sobre la ciudad de Nueva York junto a una persona tan especial como es el director Martin Scorsese. En cada episodio, Lebowitz da rienda suelta a sus divagaciones sobre cosas como las distracciones mortales, los inconvenientes del metro, el terror en Times Square, los riesgos de ser escritora, la alegría del sonido Motown o de aquella vez en la que Charles Mingus la persiguió por la calle.

Como decía, fueron las referencias de gente a la que sigo por las diferentes redes sociales las que, de alguna manera, me crearon la necesidad de acercarme a este documental. Pero amando Nueva York como la amo y estando detrás mi querido Martin Scorsese, me decidí a verlo. La serie trata sobre conversaciones que Lebowitz y Scorsese han tenido a lo largo de los años, como conferencias que han ido dando juntos o escenas grabadas para este documental como algunas que transcurren en un bar. 

Para quien no conozca a Fran Lebowitz, decir que es una escritora, humorista y contadora de anécdotas, sobre todo. En esta faceta es en la que más destaca junto en la de dar sus opiniones sobre todo lo que le molesta, que como buena neoyorkina, es casi todo. Pero lo mejor es que todo lo cuenta con una gracia tremenda, con humor inteligente y a veces con una lógica tan aplastante que es imposible no estar de acuerdo con ella. Tiene la capacidad de hablar de figuras históricas o artistas mundialmente conocidos como si fueran vecinos de un pueblo en el que se conoce todo el mundo. 

Scorsese y Lebowitz son los protagonistas y responsables de 'Supongamos que Nueva York es una ciudad'

Fran Lebowitz, y esto es alucinante, porque lleva viviendo en Nueva York desde los años 70 hasta ahora, conoce a todos los artistas y gente famosa e importante de la ciudad, desde Andy Warhol al propio Scorsese como a Sinatra o las principales estrellas del jazz. Ha estado en todas las fiestas de la gran manzana en los últimos 50 años. Tiene anécdotas inagotables y una forma de ver la vida un tanto especial. A todo el que le guste Nueva York y se divierta con las historias de una snob que odia a la gente a cada paso que da, se la recomiendo encarecidamente.

Supongamos que Nueva York es una ciudad consta de siete episodios de media hora que no merecen la pena ser contados (por mí), sino disfrutados en su conjunto y en los que, no sólo aprendemos sobre la figura de esta mujer, sino también sobre la historia de esta ciudad y su gente. También una visión específica sobre una infinidad de temas de la mano de una persona audaz, que a ratos te hace sentir inteligente a ti también, pero que la mayoría del tiempo te hace sentirte tonto, para que no despegues los pies del suelo.

Supongamos que Nueva York es una ciudad está disponible completo bajo demanda, en Netflix

Especiales de ‘Euphoria’: un viaje al corazón de las antiheroínas del glitter

'Euphoria' regresó con dos episodios especiales que sirven como puente hacia la segunda temporada

¿Qué es lo que viene luego de la ruptura? Pues la calma. La pesadumbre. Aquello que se posa como una mosca en la sopa. Y en el intermedio de aquel drama, para no quedarnos con el amargo sabor de la despedida, Euphoria regresa, a modo de aperitivo, con dos episodios de regalo, en un formato íntimo e introspectivo, ofreciendo un atisbo de lo sucedido con sus protagonistas, luego del devastador y llorado quiebre en la estación, allí donde los trenes vienen y se van. La poderosa narrativa de la ficción, se ha dedicado a bucear en la psique de sus personajes, dimensión que a momentos está llena de teatralidad y poderosos cuadros sobre la sexualidad, el amor y la marginalidad. Para esto, Sam Levinson, utiliza recursos entre poéticos y cotidianos, para organizar dos escenarios que se complementan y refuerzan, uno con el  otro. 

La primera entrega, bajo el título de Las rayadas no son eternas, transcurre en vísperas de Navidad. En un escenario urbano y melancólico,  Rue (Zendaya , ganadora del Emmy 2020) retorna triste y agotada acompañada de Ali (Colman Domingo) el compañero rehabilitado quien la enfrenta en un rol casi paternal, hablando de la vida, las drogas y sus demonios. La secuencia es un largo cara a cara en donde se exponen las debilidades y las fortalezas de ambos, en una acuarela de emociones donde hay pausas y reflexiones, con enfoques hermosos y filmados con sobria elegancia y equilibrio. Ambos, se potencian en aquella escenografía nocturna, ejecutada a la perfección. El tono de la charla bordea el secretismo, la fraternidad y la revelación y nos lanza hacia el vacío que aflige a la protagonista , la que a ratos parece desear la redención, del mismo modo que la condena. 

Las heridas de Rue son pesadas cadenas. Y su adicción, la sentencia, que parece eterna e irreversible. En aquella tragedia ha perdido la integridad. Es alguien diferente, un fantasma que deambula junto a un cuerpo desconectado de toda realidad. La ética y la moral, son puestas a prueba. La expiación se convierte en un proceso caótico y nudoso, en un acto de valor que involucra regresar a la cruda humanidad, dejando atrás a la marioneta, a la fuerza que maneja los hilos del cuerpo a través de las drogas. 

La tragedia de Rue, es como un cable que la sostiene. Y se debate entre morir, en un acto pseudo heroico, o luchar contra los demonios, dejándolos atrás. Sociedad, desigualdad, falta de oportunidades. En una arquitectura de hostilidad, en donde la violencia y la discriminación son actos habituales, sólo queda aferrarse, apelar al amor, aquel humano contacto que hace llevadera la vida. Todo esto, te romperá el corazón, de todas maneras. Euphoria, no es un relato agradable. Pero lo vale en su poética, en la figura delgada y absorta de su protagonista, que sobrecoge y fascina junto un partner perfecto, que funciona como conductor y reverso de la página, para concluir un episodio redondo en su narrativa, al compás de la música que se repite nostálgica mientras se difumina la imagen, dejando un halo de destrucción, belleza y ensoñación. 

Rue (Zendaya) y Ali (Colman Domingo) protagonizan el primer episodio especial de 'Euphoria', en HBO España

El siguiente especial de esta Euphoria, empapado en cuadros surrealistas, se abre luego con Jules (Hunter Schafer) en el episodio titulado Que se Joda cualquiera que no sea una gota de mar (F*ck Anyone Who’s Not A Sea Blob) onírica presentación que utiliza, nuevamente, el recurso de la conversación, ahora en la sala de la terapista de la joven. En este espacio de sobriedad que funciona como detonador ideal para las revelaciones, los traumas subterráneos aparecen al bucear en lo profundo del mar, recuperando recuerdos en busca de respuestas.  Acertados flashbacks y escenarios de la niñez, nos remontan a la familia. Una madre acongojada, ha pretendido ocultar la naturaleza transexual descubierta  en su retoño. Tiempo después, acabará arruinada por la adicción, perdida y ausente, con las consecuencias que conlleva la separación de una hija. Aquella novel fractura, dejará marcas en Jules. Más tarde, deslumbrada por el amor, buscará convertirse en el salvavidas de Rue, la única persona que la conoce de verdad. De manera indirecta, se ha condenado en un juicio que no ha merecido. 

Un remolino pasional habita en la chica como la brillantina en su rostro. En aquella selva exultante, el sexo y la promiscuidad, son los pilares de su identidad. Busca la aceptación. Como mujer e individuo. En busca de agradar y aferrarse a la feminidad, transforma este concepto en una especie de ídolo que parece inaccesible. Este ángel de alas rotas ha creado ante el mundo una personificación de sí misma, cuyo fin es gustar, ser objeto de deseo y anhelo de los hombres. Se ha olvidado de encontrarse. Sin tanto artificio. La rubia es la mariposa metida en la crisálida, la gota de agua en el océano. Sus fantasías y delirios  en forma de sueños de posesión, húmedos y violentos, la muestran siempre entregada a una satisfacción que la hiere y empodera a la vez, en una dualidad nebulosa. Al final del relato, queda un rayo de luz, que se desvanece como la neblina ante el primer atisbo de sol. 

Jules (Hunter Schafer) protagoniza el segundo episodio especial de 'Euphoria', en HBO España

A ratos surrealista, como dije al principio, a ratos efectista, Euphoria puede pecar de caer en lugares comunes o abusar de una especie de glorificación de la tristeza, ofreciendo al espectador un crisol de pesadumbre. Sin embargo, su lírica depresión no se siente forzada y funciona como un puente que sirve para entrelazar los nudos argumentales, los de Rue y los de Jules, potenciando la trama. 

Euphoria,  es aquello. Emociones al desnudo. Al borde del precipicio. Sus protagonistas, inmersas en procesos que parecen inconmensurables, seguirán tropezando, embriagadas de juventud, juntando lágrimas con sonrisas, así como muchas apasionadas en el mundo. Por mi parte, perfecto. Me agradan la tragedia y el romanticismo novelesco. Anti heroínas modernas. Destruidas y reconstruidas. Románticas y mártires.  

‘Yellowstone’: vuelven los cowboys

'Yellowstone' por fin llega a España de la mano de Paramount Network y Pluto TV

Yellowstone es una de esas series que incomprensiblemente todavía nadie se había dignado a traer a este país. Hasta ahora llevan tres temporadas pero, visto el nivel, auguro unas cuantas más o al menos, albergo esa esperanza. Se ha podido ver en Paramount Network, en abierto, desde el 18 de enero, pero a partir de hoy se podrá ver en Pluto TV bajo demanda, plataforma gratuita también.

La familia con el rancho más grande de los Estados Unidos tiene que luchar contra viento y marea para que nadie les quite ni un ápice de sus extensos terrenos; aunque se les ofrezca todo el oro del mundo. Aquí, lo que vale son las tradiciones al más puro estilo redneckcowboy y punto. Ellos no vendrán jamás a por ti, siempre y cuando no les toques tú a ellos. Luchan en múltiples frentes: con los indios autóctonos del lugar, el gobierno federal americano o cualquier mafioso que se les acerque para ofrecer, presionar o coaccionar para que vendan.

El boss es el genuino Kevin Costner (John Dutton), un tipo hirsuto como una piedra, implacable cuando lo ve necesario e incapaz de arrugarse ante nada ni por nadie. Sus progenie son el alma de la fiesta; por ello, cada cual con un rol muy específico. Antagónicos entre ellos pero con un único nexo de unión, su adorado padre. Son uno para todos y todos para uno… ¿no os suena?

Kelly Reilly es Beth Dutton, la hija de Kevin Costner en 'Yellowstone'

Desde luego cada personaje de Yellowstone es digno de estudiar en esta serie, una especie de Succession a los Hijos de la Anarquía, adictiva y envolvente. Pero… ¡qué puñetas! Pasemos a lo serio: mi rendición absoluta con el personaje con más testosterona que he visto en televisión, la inconmensurable reina-diva y emperatriz Kelly Reilly (Beth Dutton). Es decir, la única hija, absolutamente magistral. La auténtica joya de la corona… ¡menuda interpretación se marca aquí! Digna de cualquier premio; a eso, le sumas la mano derecha del patriarca, el amigo Rip, una especie a extinguir, parco en palabras, híspido de pro y con una fuerza poderosa en pantalla en todo los sentidos. Vamos, como dirían de una prestigiosa película de Tarantino, el Señor Lobo con dotes rudas. Pues bien, aquí tienes el combo perfecto con una magnitud que echa rayos cuál Vengadores 3.0, así son los cowboys modernos.

Como handicap diré que tiene, en según qué momentos, ese aroma a telenovela, sin pretender ser pedante al respecto; por ende, funciona como una auténtica máquina engrasada que te atrapa y no te suelta. Esta serie desde luego no necesita ningún efecto especial ni lo utiliza pero no nos engañemos. No en vano hay detrás una auténtica producción de lujo, con un creador Taylor Sheridan ,que viendo sus anteriores participaciones, entiendes todo. Y, para más bemoles, ¡menudo cliffhanger se han marcado esta última temporada! No puede ser, quiero, deseo, cowboys por doquier…En definitiva, larga vida a Yellowstone y no confundir con Bubú y su secuaz.

Ah!! Cambiando de tema, ayer empecé a ver otra serie que…bueno casi os lo explico otro día que voy a escuchar Cultura Seriéfila.

‘The Undoing’: ruinas, máscaras y mentiras

'The Undoing', la miniserie de HBO creada por David E. Kelley y dirigida por Susanne Bier

Profundas heridas, traumas, secretos que jamás salen a la luz, cubiertos bajo aquella máscara social que nos colocamos a diario. En este universo melodramático y terrenal, bordado con la fibra de rosas amargas, se encuentra The Undoing, un thriller psicológico, pasional, con un crimen de por medio y varios sinsabores en el camino. 

 

La reconocida y galardonada Nicole Kidman (Big Little Lies) interpreta a la psicóloga Grace Fraser, una popular especialista quien se gana la vida solucionando los problemas de parejas infieles, intentando reparar aquello que se oxida. Su marido, es un médico exitoso que trabaja en oncología, profesión que lo mantiene en permanente contacto con niños víctimas de cáncer. Este hombre, Johantan Sash (Hugh Grand, A Very English Scandal) es un tipo simpático, inteligente y  leal. En resumen: el padre ideal y el marido perfecto. Todo cambiará cuando la joven y hermosa  Elena Alves (Matilda de Angelis, Youtopia) se haga parte de sus vidas, provocando un inesperado suceso que pondrá de cabeza a los protagonistas. Esta auténtica tormenta afectará directamente al hijo de ambos, Henry (Noah Jupe, Extraordinario) y al mismo tiempo al padre de Grace, Franklin Renner (Donald Sutherland, Trust) quien se ocupará de proteger y tenderle una mano a la familia, aún estando en contra de muchas de las decisiones y acuerdos establecidos. Una vez puestos en la palestra, los involucrados se colocarán en manos de la abogada Haley Fitzgerald (Noma Dumesweni, El niño que domó el viento) una mujer calculadora y feroz, quien será partícipe de un juicio que será determinante en sus vidas.

The Undoing, sigue la senda lacrimógena del drama familiar. Un clan que lo tiene todo, en una compleja encrucijada que pondrá en jaque su futuro. Esta vez, el acento se coloca en  un concepto clave del entramado: la confianza. La sensación de seguridad, aquel confort que se distorsiona como una moneda lanzada que flota en la pecera, engañando al ojo de quien observa al otro lado del cristal. Lo que parece incorrupto, prístino y transparente, comenzará a agrietarse ante la más mínima pisada de mosquito, terminando en cientos de cristales punzantes y afilados. 

'The Undoing', la nueva miniserie de HBO está protagonizada por dos grandes actores, Nicole Kidman y Hugh Grant

La serie se vale de recursos intimistas, recuerdos creados, una sobredosis de primeros planos y un discurso sugerente, de diálogos clásicos, sin grandes volteretas, con un misterio un tanto plano en su argumentación. Los giros no llegan, y cuando llegan son tibios y un poco faltos de peso. A pesar de constar de buenas actuaciones, te deja la impresión de quedarse a media tabla, de no explotar un potencial que está presente y que se palpa, pero que acaba extraviado en vanidades narrativas. Te mantiene sujeto durante un rato prolongado, pero nunca echa las amarras, te insta a  vagar entre sus idas y vueltas, sus encuadres fotográficos, una figura caminante de rostro pensativo, o en el rictus o mirada que se quedan sólo en eso, en espuma que se va. La ola se retrae y jamás golpea contra el roquerío. La crisis que viven sus personajes, lucha por convertirse en una honda exploración de la psiquis humana, sus debilidades y catalizadores, así como en un tratado visceral de la pareja, los actos y pactos que conviven en la unión, la conciencia de la pureza y la verdad del amor. Y lo consigue entre cortinas. Lo ejecuta en fracciones, con elementos que funcionan y otros que no, intentando mezclar un sórdido policial con una tragedia romántica , más introspectiva y metafórica. Brilla como lo hace la polilla en la lámpara. Con un opaco resplandor. Al final, carece de vitalidad. Como un cuerpo maravilloso al cual se le ha drenado la sangre. No es una serie que vaya a no gustar. Se deja ver y sus aciertos, te mantienen alerta, encadenado a su evolución. Consigue deslumbrar con sólidas actuaciones, buenas tomas y momentos. Sin embargo, el enigma, el cerebro de su arquitectura, no consigue generar un impacto apabullante. Se nota cierto afán por expandir su misterio a base de tiempo, sumando escenas y marañas que no  se explican del todo, dejando la sensación de rellenar los espacios con trozos de masilla. Su encanto, enamora en su construcción refinada y elegancia, su fílmica sobriedad de paletas otoñales y encuadres depurados. No obstante, más allá de aquel horizonte, faltan trucos y trampillas que dejen huecos en la cabeza, que te dejen la impresión de haber pagado por observar una heroica opereta interpretada con pulcritud. 

Nicole Kidman es el principal reclamo de 'The Undoing', la última miniserie de HBO

The Undoing, es una correcta performance, una pieza que satisface, pero que da la impresión de no arriesgar demasiado, tomando una fórmula que no opta por la experimentación, sino que sigue los planos, desde a la A hasta la Z, sin órbitas extrañas.  Al igual que las emociones, nos disgustan sus decisiones, o las abrazamos como si fueran eslabones amados. Allí, en donde late aquel órgano que tenemos en el pecho, conviven los espejismos y la claridad de las aguas. Hay turbios manantiales, traiciones, moralidad disfrazada, y rostros que conviven con máscaras de bondad. Es un ramillete de ambiciones y quimeras, donde el  amor lucha por someter a la frivolidad y las culpas, peleando por no hincar la rodilla  ante la tentación, en su intento por aplastar la cabeza  de la serpiente en el jardín del Edén. Es en este proceso,  en esta guerra que afrontamos con el fin de acabar con los seductores fantasmas, cuando hallamos la razón. La razón que nos permite separar lo bueno de lo malo. El engaño del amor. Recoger las ruinas que guardamos en el fondo del alma, para reconstruir  desde abajo, porque aquello es la vida, quieras o no: decepcionarse, rearmarse, vivir el luto y continuar. 

 

‘El pájaro carpintero’: cuando los profetas llevan pistola

Jordan Peele produce 'El pájaro carpintero', una serie original de Showtime que emite Movistar+ en España

Hombres rudos cabalgando bajo un sol infernal, metidos hasta el cuello en pantanosas tierras, o enredados en peleas de bares, luchas por la libertad o guerras. El género del Western nos ha traído de todo. Género que ha evolucionado desde épocas doradas, hasta la actualidad, resucitando viejos personajes clásicos y épicas batallas a punta de pistola. De esta manera, el escenario se ha mezclado con libros de historia, para despertar y traer a la pantalla al viejo anti héroe que algunos aman y otros odian, recreando con pinceladas surrealistas épocas pasadas en donde la gloria se vestía con viejas chaquetas y sombreros.

En esta El pájaro carpintero, nos encontramos con la mítica historia del excéntrico John Brown, un fanático religioso cuyas acciones y discursos, fueron uno de aquellos catalizadores que más tarde darían paso a la sangrienta lucha entre el Norte y el Sur, en los Estados Unidos. En el año 1856, este hombre, cuyas raíces habían estado plagadas de una crianza libertaria desde muy pequeño, comenzará a convertirse en un baluarte para los abolicionistas, y en una pesadilla para los explotadores y negociantes, tras comenzar una violenta lucha armada junto a una pequeña milicia compuesta por sus hijos y seguidores.

En El pájaro carpintero, Ethan Hawke interpreta al intrépido personaje, un hombre exaltado y loco, que deambula entre momentos de sabiduría y paz religiosa, citando permanentemente los pasajes de la biblia, para luego estallar en ira y discursos grandilocuentes capaces de estremecer a las mismas piedras, iglesias y viejas casonas con las que se cruza. Es en una de estas incursiones, que tienen como fin liberar a cada esclavo de la tierra, que se encuentra con Henry (Joshua Caleb Johnson, It’s Young a Gun) un joven negro al que confunde con una mujer, el que terminará en las filas del capitán con un vestido y el apodo de ‘Cebollita ‘. Ya a bordo de la cruzada y a través de parajes plenos de salvaje vigor, el pícaro comenzará a descubrir el mundo, los pecados y la violencia de una tierra esclavizada, en donde hay hombres que son tratados como bestias y bestias que fingen ser grandes señores, pisoteando la integridad y los derechos de un pueblo oprimido. En la travesía, buscarán aliados y creyentes que estén dispuestos a abordar este barco maltrecho y tambaleante. Entre ellos, Frederick Douglas (Daveed Diggs, Hamilton, Snowpiercer) un abolicionista de color, intelectual y encantador, con el que pretende trazar un osado y arriesgado plan. El objetivo de este: la definitiva emancipación de los descendientes del gran continente africano.

La serie es un nido de escenarios plagados del aroma clásico del viejo oeste: carretas desvencijadas, ropajes sucios, bares en donde se fuma y se bebe con prostitutas, y ciudades de colonos, teñidas de una fotografía agridulce, noches oscuras como la cueva de un oso y caminos polvosos en donde el sol es opaco y brutal. La historia en El pájaro carpintero se desarrolla con prisa y un poco atropellada al inicio, queriendo presentar un buen número de personajes y situaciones con un poco de descuido, entre pleitos y conversaciones que van y vienen. Sin embargo, luego de los primeros episodios, logra asentarse y funciona con eficacia, unificando la tragedia con la comedia, en una representación que se balancea entre ambos géneros, siendo a veces grandilocuente en su narrativa, como si tratase de una epopeya, para luego mostrarse como una irónica representación tarantinesca del ser humano, su moral y su espíritu.

John Brown acoge a un joven negro al que llama Cebollita y lo viste de mujer, en 'El pájaro carpintero'

La ideología y creencias de Brown serán la madeja desde donde se desprenden los debates morales, políticos y cristianos, representando con escandaloso brío los valores y exigencias del abolicionismo, mientras el entorno, expone el yugo de la esclavitud, la riqueza de algunos, la avaricia y el sesgo racista, dos veredas cuyo tránsito nos conducirá hacia un polvorín a punto de estallar. En este camino, el hombre y el aprendiz llevarán una relación fraternal con idas y venidas, en donde el joven de color recorrerá el camino que lo llevará a la madurez, experimentando la pérdida, el miedo y la confusión, junto a un grupo de gente que parece más loca que cuerda. La idea de la muerte, no será nada agradable. Sin embargo, al final de la cabalgata, la oveja vuelve al redil, junto al calor de la fogata y las peroratas del pastor.

Elegidos para limpiar los campos de alimañas y cortar el cuello del esclavista, el rebaño avanzará, como una plaga justiciera. No tienen más alternativa. Las palabras no bastan. La política sonriente y los discursos, no acabarán con la ignominia. John habrá de cumplir con la palabra del creador. Ha sido víctima de las habladurías, perseguido, engañado y traicionado. Sin embargo, no claudica. Su tragedia es poética, como los versículos del viejo libro. Así, guiará a su rebaño hacia la última batalla. Un acto pleno de fe. Una prédica final.

Ethan Hawke clava el papel de abolicionista John Brown en 'El pájaro carpintero', uno de los responsables de la Guerra Civil americana

La historia es plena y vigorosa. Su valor no está sólo en la caparazón. Como telas de cebolla, aludiendo a uno de sus personajes, pica más a los ojos por debajo del vegetal. Porque, vestida de aventura, de situaciones alocadas y personajes curiosos, El pájaro carpintero guarda en su plumaje una moraleja sobre la libertad. Las pesadas cadenas, son las cadenas de la razón. Sólo  la voluntad, el férreo convencimiento de que las obras ejecutadas son las obras correctas, te darán la fuerza necesaria, el impulso que necesitas para luchar. Lo sabe el capitán. Es la misma mano de Dios, la que acicala sus barbas. Es entonces que el hombre, deja la carne y el hueso, abandonando el cuerpo terreno para transformarse en un espectro fantasmal y legendario. Su nombre se oirá una y otra vez en la lejanía como el estallido de un rifle. De esta manera, no puede ser en vano el sacrificio. Porque el pájaro necesita vociferar y aletear hasta morir, para morir con honor. Cantar bajo los cielos cubiertos de nubarrones, a pesar de la barbarie. Es un hermoso país, a pesar del dolor. Pues, está plagado de esperanza, plagado de valor y de hombres con sueños que no dejarán de pelear.

‘Gambito de dama’: un tablero dominado por la elegancia y la obsesión

'Gambito de Dama' ha sido una de las grandes sorpresas del año en Netflix

Este artículo contiene spoilers de Gambito de dama

Hay personajes que poseen el enigmático poder de seducirnos. Los hay en la ficción. Y también viven entre nosotros. Las estrellas de rock, los grandes artistas, las figuras del espectáculo, son seres curiosos a los cuales adoramos sin motivos aparentes, pues son la personificación de las cosas que deseamos. No nos importa si tienen defectos. Su poder emana desde otra fuente, de aquello que son capaces de transmitir y que nos deja un hueco en la cabeza, regalándonos un poco de locura y fantasía. Bajo esta premisa, muchos poseen personalidades extrañas, apáticas, o bordean los océanos como peces angustiados, melancólicos y víctimas de la ansiedad. Sentirse fuera del mundo, es como una navaja que permanece en la mesa, pronta a ser usada. 

Gambito de Dama (The Queen’s Gambit) podría encajar en aquel teorema. La historia de alguien atípico, que se abre paso entre un bosque de animales extraños. Esta producción, salida desde los baúles de Netflix, pertenece al grupo de series que aparecen de vez en cuando, con un bajo perfil y un conejo oculto en el sombrero. Anya Taylor – Joy (The Witch) es la introvertida Elizabeth Harmon, una niña huérfana que pasa la mayor parte de su infancia en un hogar de acogida, lugar en donde conoce a Mr. Shaibel (Bill Camp, The Outsider) un empleado, amante del ajedrez, el que se convertirá en su maestro. La brillante mente de la joven la llevará entonces a experimentar una obsesión por el juego desde el inicio. Tiempo después, será adoptada por Alma Whitley (Marielle Heller, Can You Ever Forgive Me) y su esposo Allston (Patrick Kennedy, Murder On The Home Front) quienes le brindarán un nuevo hogar y educación. Allí, Beth, deberá aprender a convivir con un padre postizo que desaparece al poco tiempo, y con una mujer presa de la angustia y la tristeza. Poco a poco, entablará amistad con aquella dama, la que se convertirá en la compañera de viajes de la chica, mientras  participa de diversos torneos de ajedrez, destacando rápidamente por su implacable y magnífico juego. 

La protagonista absoluta de 'Gambito de Dama' es Anya Taylor-Joy, lanzada al estrellato gracias a la miniserie de Netflix.

A medida que avanza Gambito de dama, Elizabeth, se volverá más fuerte en el tablero, circunstancia que alimentará su obsesión, encontrando alivio en las pastillas y el alcohol, presa de una especie de ausencia y soledad inalienables, atrapada muchas veces en aquel abismo de genialidad, que se manifiesta con rasgos autistas, para luego desencadenarse en un carácter enigmático y seductor. A su lado, tendremos la aparición de diversos edecanes. En un principio, se verá prendada de Townes ( Jacob Fortune Lloyd, Star Wars episodio IX ), periodista y ajedrecista, y más tarde,   aceptará  la amistad de  Harry Beltik (Harry Melling, The War of the Worlds)  y la de Benny Watts (Thomas Brodie-Sangster, Godless ) el carismático campeón de los Estados Unidos.

La fantástica interpretación de esta pálida actriz, que encandila por su belleza y elegancia, no puede ser más que aplaudida. Convertida en un imán hacia donde todo va y viene, brilla y transmite sutil y naturalmente, haciendo que la serie, aún constando de buenas subtramas y sólidos personajes secundarios, descanse sobre los hombros de Beth, quien es capaz de llenar cada espacio con su sola presencia, sus gestos graciosos y su caminar, en una mixtura que coloca trozos de sensualidad e intelecto en un solo plato delicioso. Esto, a la par de una banda musical que viene como anillo al dedo, acompañando a la perfección los planos y la fotografía, siempre cuidada en tonos sobrios, que no por eso, dejan de ser exquisitos. 

El guion de Gambito de dama se elabora a partir de la vieja premisa del personaje que debe enfrentarse a su destino, en un mundo que lo hace sentir incomprendido. Sin embargo, cada episodio mantiene un equilibrio digno del mejor vals, entregando detalles y momentos que se adhieren como moscas a la miel al esqueleto de la heroína, que al igual que un sol errante, se tambalea en la atmósfera, mientras los demás astros giran a su alrededor. No necesita grandes revelaciones, ni grandes enigmas, ni giros locos e inesperados. Paso a paso, el clímax se levanta como una ola enorme, mientras la tensión del juego nos mantiene alertas, fijos en las miradas, atentos a la narración y a las piezas desplazadas por los participantes del espectáculo. Pues, en verdad, Gambito de dama, lo es. Es un show bien montado, ejecutado sin quebraduras.

Elizabeth, representa fielmente a quienes poseen un espíritu que necesita salir en busca de respuestas. Es especial, no por ser impulsiva o vivir al borde de las adicciones, sino por la fuerza y la pasión que desata. Este genio pelirrojo, se debate entre la cordura y el despilfarro, probándose el disfraz de la chica rebelde, para luego dejarlo a un lado y vestirse de sobrio esplendor. No es la rockstar del ajedrez por estar en la cuerda floja de la fama. Lo es por su carácter, porque pelea de igual a igual entre los  hombres, gigantes a los que debe derrotar, dejando un rastro de carmín y pinceladas de un discurso feminista muy bien cubierto y esmaltado para que no ser demasiado obvio o efectista. 

'Gambito de Dama o cómo una serie de ajedrez puede conquistar a crítica y público

Al final, habremos llegado a la cima de la montaña, deleitándonos con una vista magnífica. Nuestro personaje, luego de caer y arrastrarse, se ha puesto de pie, encontrando la reconciliación en aquel azaroso pasado que vimos al inicio, en aquel sótano lleno de memorias, en la hermandad que va más allá de la sangre y en los pasillos de aquel refugio primigenio. Ha sido capaz de mirarse al espejo, en donde el reflejo de la orfandad sigue anclado, rondando como un fantasma, haciéndola dudar de sí misma. Son esos viejos y agridulces recuerdos los mismos que le entregarán la armadura que necesita para vencer a esos grandes caballeros del tablero y a su rey. Allá, en tierras lejanas, en donde ancianos y desocupados, se reúnen cada día para jugar una partida melancólica y gris, que termina por darles esperanza y alegría.

Gambito de dama está disponible completa bajo demanda en Netflix.

‘El Tercer Día: Invierno’: una estación sombría, como hojas muertas sobre Osea

La historia de Jude Law y Naomie Harris llega a su fin en 'Invierno', la segunda parte de 'El tercer día'

La particular obra de Dennis Kelly, El tercer día ha llegado a su fin. Por lo menos, aquello parece. Ya que en cuestiones de series, jamás se sabe con certeza. Aquel viaje alucinante, que ha partido con una sinfonía confusa y paranoica, ha estirado los brazos huesudos y enfermos para tomar la mano del destino, un destino que no está carente de reproches, culpas y dolor. Esta vez, el serpenteante camino que conduce hacia la Isla, trae consigo a tres mujeres: Helen (Naomi Harris, Small Island ) y sus dos hermosas hijas: Elli (Nico Parker, Dumbo ) y la  pequeña  Lu (Charlotte Gairdner, Mihell), quienes arriban con la promesa de un viaje especial, lleno de aventuras. Sin embargo, tan pronto pisan aquellos parajes, se encuentran con un pueblo decadente, sombrío, que dista mucho de aquel enjambre festivo que vimos   en Verano. Aquí, los nuevos visitantes habrán de toparse con personajes alienados, situaciones grotescas, imágenes y símbolos obscenos que les llenarán de temor. No obstante, pasarán la noche en el poblado, pues hay un secreto familiar que debe ser desvelado. Más tarde, la mayor de las niñas entablará amistad con Kail (Freya Allan,The Witcher) quién sembrará en ella la semilla de la incertidumbre con historias sobre la mítica comunidad. Quizás, Osea, pueda ser la respuesta a muchas de las miserias y maravillas del mundo. 

Invierno, a diferencia de la entrega anterior, funciona como una especie de reconciliación forzada, enfrentando a  los personajes a sus traumas, chocando con aquella enorme pared, de piedra, impenetrable, que es la cruda realidad. Aquella sanación pregonada por los habitantes de la Isla, personificada en la figura de Sam, termina por derrumbarse, víctima de la imperfección humana, un sentido opuesto de la moralidad, celos, envidia, diferencias irreconciliables y orgullo, males propios del individuo, pecados que no dejan de manifestarse, probablemente, anclados en la propia fiereza de aquel fanatismo que comparte fé y locura en un sólo cuerpo ideológico. Tanto el nuevo Patriarca, como su mujer y sus hijas, chocarán con este mundo paralelo, en donde los milagros parecen ocurrir como si fuese un oasis en un desierto desolado, para luego revelarse como una caja de Pandora, transformando los demonios internos en falsas quimeras, ilusiones y espejismos. Así, no quedará más alternativa que despertar y regresar al zigzagueante camino para escapar, dejando atrás dolor y sacrificio. 

La serie, mantiene sus tonos difusos, colores grises y su imaginario grotesco, a la par de una buena fotografía y unos planos hermosos en aquella estética folk-horror, que combina elementos tradicionales con pinceladas de suspense. El tercer día: Invierno también utiliza alucinantes símbolos e iconografía para estructurar las bases de una arquitectura rural decadente y misteriosa. El mar que rodea aquella tierra prometida, es el mar de las almas prisioneras de un culto enajenado, mientras el bosque expande sus miles de hojas para ocultar el dolor, para servir como un refugio maternal,  prometiendo vestigios de esperanza, que pueden acabar en la más absoluta miseria y decepción. Así, a medida que avanza el relato, obtendremos las pistas necesarias que acabarán dando con la salida del laberinto. 

Naomie Harris es la gran protagonista de la segunda parte de 'El tercer día', 'Invierno', disponible en HBO

Aquellas psicodélicas alucinaciones de Sam (Jude Law) en la primera parte de El tercer día, serán entendidas en razón de su tambaleante voluntad y un espíritu desgarrado por la pérdida y el dolor. Nublados sus sentidos, caerá en manos de un grupo de fanáticos que lo convertirán en profeta. Él mismo, que será considerado impropio con el tiempo, generando la división de los pueblerinos, alienados y consumidos por una gula sectaria que se ha convertido en una trampa de osos, que amenaza con atrapar los  pies, manos y espíritus de cada uno de los habitantes. Ellie, por su parte, en medio de esta insólita guerra, se verá forzada a descubrir la cortina, revelando el motivo que la lleva a la Isla tras encontrarse con Jess (Katherine Waterston), portadora de un nuevo mesías, profeta y guía del corazón del mundo, quien deberá reestablecer la armonía entre los creyentes.


‘El tercer día: Otoño’

Me gustaría hacer un breve y necesario paréntesis en esta parte, para comentar ciertos aspectos de Otoño, capítulo especial que fue presentado en versión Live y que tuvo bastantes comentarios en ciertos grupos de seguidores y fans de la serie. Es cierto que presenta interesantes llaves y tuercas que pudieran expandir el universo distópico de este nirvana campesino. No obstante, es importante saber que  los hechos transcurridos en la emisión, no debilitan  para nada la  experiencia de la serie. En estricto rigor, se organiza como una fotografía panorámica de Osea, relatando la carnavalesca religiosidad y preparativos del Vía Crucis del Padre, durante la celebración y conclusión de un rito pagano. Entre cánticos, oraciones y sonidos metálicos inquietantes, nos rendiremos ante  a un Jude Law impactante, comprometido en cuerpo y alma a esta liturgia, peregrinando sobre la arena y la tierra en una suerte de expiación, que remite a los pasajes bíblicos de la crucifixión. Una alucinante y bizarra interpretación de un Cristo rendido, golpeado y resignado, que no decaerá hasta dar cumplimiento a su destino. La enigmática teatralidad de estas 12 horas de rodaje, sobrecogen y fascinan. Como experiencia artística, es bella y misteriosa. Sin embargo, repito, no será imprescindible para el final de El Tercer Día, una ecuación comprensible y coherente dentro de sus propios recursos. Por lo tanto, la caravana de fieles y sus estaciones, no serán obstáculos para el desenlace. De todos modos, creo que vale la pena experimentarla, si te atrapa la mitología y la exploración de aquella cristiandad new age, con sus revelaciones y actos apócrifos. 

Un evento de 12 horas en directo llamado 'Otoño' ha sido la gran novedad que ha traído 'El tercer día'


Aclarado esto, el motor de la historia y los pilares que la sostienen, se mantendrán firmes e intactos. Los personajes, llegarán a una encrucijada que parece predecible, empujados por el deseo de volver a la luz, olvidar la pesadilla y despertar. El acto final de El tercer día se construirá sobre el deseo lacerante de darle un sentido al duelo que aplasta y oprime el alma, encontrando la manera de reparar los errores y cubrir con hojas secas aquellas cicatrices que llevamos por dentro. Así como derribar aquellos mundos ficticios que un principio fueron la cura de la infección, aquella medicina que prometían las escrituras y pinturas extrañas dejadas en la Isla, testigos de un acervo religioso-cultural plagado de prácticas y cuentos profanos, altares y ritos de esperanza, sólo vivos gracias a la enajenación de los últimos devotos. Osea, representa la luz, no exenta de oscuridad.

Invierno concluirá como la consecuencia de una catarsis, un viaje personal que se ha vuelto comunitario, como si un germen se multiplicara creando una plaga de confusión en la atmósfera, la historia y los personajes. Una vez que el agua ha salido del vaso, se desborda y derrama sobre el suelo, sin que nada pueda evitarlo. Aquí, las culpas y los pecados de los protagonistas, podrán absolverlos o convertirlos en prisioneros, cada quien entregado a su propia fe, obligados a decidir y a enfrentarse con el miedo que los domina. En un acto de sacrificio, que asemeja más a un acto de cordura, aquel luto desgarrador y visceral que envuelve a Sam, encontrará paz y tranquilidad en un último escenario, que lo redime en parte, y lo condena por otra. 

Freya Allan en 'El tercer día' ('Invierno')

Porque así funcionan las cosas. Las tinieblas son emociones humanas que toman la forma de fantasmas, espinas que permanecen en la piel, rasgando, torturando y punzando una y otra vez, enviando señales que revolotean como moscas, o que saltan infinitas como los grillos anaranjados de Verano. El acto de olvidar es como una carta que permanece durante años en un cajón. Está presente, aunque creas que se ha ido. Ya sea en las creencias o en la voluntad, lo que hemos perdido, encontrará la manera de manifestarse y salir. En una isla, en un credo, en una enfermedad, en la ceguera o en la locura. Estará presente, siempre listo para ponernos a prueba y recordarnos lo que somos: seres humanos, con dolores, amores e imperfección. Bienvenidos a Osea, el alma de un planeta en permanente caos y peligro. 

‘Territorio Lovecraft’: breve crónica de una fantástica parodia  

'Territorio Lovecraft' ('Lovecraft Country') es una serie que se basa en el imaginario del escritor HP Lovecraft

Cuando HBO anunció el estreno de una ficción basada en las obras de H.P. Lovecraft llamada Territorio Lovecraft, todos los amantes del género del horror y la obra del escritor saltamos de nuestros asientos y nos preparamos para recibir la ansiada llegada de los entes, misterios y artilugios de aquel universo fantástico. Aquello despertó grandes expectativas en muchos. Expectativas, y televidentes que luego del fin de la temporada, o se quedaron felices, o masticando disconformidad. 

Primero que nada, despejemos la pista. Pues el espectáculo, no es realmente un relato de Howard. Territorio Lovecraft está basada en el libro homónimo de Matt Ruff, publicado en 2016. Quien, como muchos otros seguidores del maestro, creó un imaginario con variadas referencias a la obra del escritor, haciendo una reinterpretación libre de aquella mitología. En su novela, utiliza algunos matices lovecraftianos para generar una mezcla de variados elementos y temas de la ciencia ficción y el horror, en un tono pulp, un poco gore y aventurero, el que transcurre en el  Chicago de 1956, época en donde el racismo es como un látigo que castiga a la gente de color.

De esta manera, agregando ciertos matices sociales e ideológicos, transcurre la historia de Atticus (Jonathan Majors, When Why Rise) un ex veterano de la Guerra de Corea, amante de la literatura, quien regresa al hogar a reencontrarse con los suyos y que inesperadamente  se verá  envuelto en un misterio relacionado con su origen. Una vez sorprendido por el destino, emprenderá un viaje fantástico junto al tío George (Courtney B. Vance,  American Crime Story) y Leticia  (Jurnee Smollett-Bell, Aves de Presa) en busca de respuestas. A ellos, se unirán después Ruby (Wumbi Musaku, I am Slave), hermana de la chica,  Hippolyta (Aunjuane Ellis, When They See Us ) y  Montrose (Michael K. Williams, The Night Of, Boardwalk Empire), todos miembros del clan familiar. Luego de un primer encuentro con lo desconocido, conoceremos  a la enigmática Christina (Abbey Lee Kershaw, Elizabeth Harvest), la última heredera  de la magia sectaria de un grupo de místicos rubios como el sol.

La ausencia de una trama clara es parte del encanto o la desgracia de 'Territorio Lovecraft'

Luego de un piloto bastante prometedor, la serie deambulará en una acuarela de subtramas bastante alocadas, utilizando una especie de relato coral que lucha por encajar piezas que no siempre ajustan como debieran. Saltando de un género a otro, es a ratos aventurera, a ratos misteriosa, y a ratos una droga alucinógena, con escenas entre bizarras y graciosas que parecen disimuladas parodias. El apartado técnico no es malo, sin embargo, me parece irregular. Hay aspectos destacados en la creación de los escenarios y cuidado en la fotografía, pero a ratos abusa de los CGI de manera evidente y hace que se vea demasiado artificial. No obstante, no es esa su mayor cojera, sino lo que sucede con la historia que subyace en el fondo. Carente de una mitología  o idea nuclear, de unas raíces sólidas en la narración, olvida aquel primer piso argumental que le otorgue coherencia a su universo, lo que da pie a que los capítulos se transformen en momentos, diálogos y secuencias gratuitas, actos huérfanos de consecuencias lógicas dentro de su propia anatomía. Situaciones sin una causa y efecto resultante, en un guion enrevesado que sólo se limita a colocar más y más elementos en un ritmo frenético, con varios momentos de incongruencia.

La historia, es una madeja de la cual pierdes el hilo con facilidad, complaciente consigo misma hasta el hartazgo, como si fuese un espectáculo de fuegos artificiales en donde las chispas y colores salen disparadas hacia cualquier lado, sólo con el fin de encandilar y entretener a un público sonriente. Al final, no sabes bien de lo que trata, ni lo que quiso decir. En ese afán de soltarse y explotar, como si fuese un corredor de los 100 metros lisos tras el disparo, los conceptos y la presentación de los temas que pretenden ser más serios se convierten en bosquejos, anillos de humo que no consiguen asentarse. El problema racial, la discriminación, la diversidad sexual, la liberación de la mujer, son tratados tibiamente, perdiendo la oportunidad de ser utilizados de mejor manera, inmersos en aquellas tramas psicodélicas que te sacan y transportan a un terreno circense, en donde acaban hundidos como piedras en el  río

Difícil de calificar, algunos encontrarán en la serie un justo premio a las extenuantes horas de trabajo, que son recompensadas luego en la comodidad de un sillón, disfrutando de una historia ligera y entretenida. Sin embargo, para aquellos odiosos como yo, que gustan no sólo de despejar la cabeza, sino también de expandir un poco más el conocimiento seriéfilo con historias bien contadas, sean estas humorísticas, dramáticas, tristes o felices, pero, bien contadas, seguramente vas a enojarte o asombrarte. Incluso soltar alguna buena carcajada con las aventuras y desventuras de este grupete de locos, que hablan de magia, hechizos, demonios, dioses y viajes en el tiempo como si estuviesen comprando los víveres en el supermercado. Total, esas cosas pasan a diario y no hay por qué sorprenderse. 

Imagen de 'Territorio Lovecraft', de HBO

Porque, Territorio Lovecraft, es lo que es. Indescifrable, como los soberanos cósmicos que duermen en el espacio infinito, inenarrables, susurrando en las obras del delgaducho y enfermizo Philips. Y  como se dice en alguna parte, leída por casualidad en la selva virtual de Google: lo más importante en una historia, no son los monstruos, sino la atmósfera. La ficción es real, dentro de su propia realidad. Sin aquello, el escenario comienza a tambalear. Puede haber naves en el cielo, planetas raros, transformaciones y tentáculos dispersos, pero pasarán como pasan las sombras que vemos, hermosas por un rato, para luego difuminarse tras la caída del sol.

Territorio Lovecraft está disponible completa bajo demanda en HBO España.

‘Raised by Wolves’: androides, fanatismo y aullidos

Foto promocional de Raised by Wolves, del canal TNT

Este artículo contiene spoilers de la primera temporada de Raised by Wolves

El futuro del planeta es incierto. Una devastadora guerra asola la Tierra mientras ateos y creyentes, contemplan la caída de las otrora magníficas ciudades. Aquellos que creen en Sol, único y omnipotente Dios, son dueños de la tecnología necesaria para crear un arma destructora inigualable: Los Nigromantes. Androides que planean sobre los escombros y los cuerpos humanos, aniquilando todo a su paso. Una de las máquinas es capturada por un solitario anarquista que decide convertirla en una protectora, la última esperanza de la humanidad. Luego de ser reprogramada, estará lista para llevar a cabo sus deseos. Madre (Amanda Collin, The Exeption) como es llamada por su creador, recorrerá el espacio junto a Padre (Abubakar Salim, Black Mirror, Informer) camino al exoplaneta Keppler 22b, llevando consigo 6 embriones humanos. La misión: forjar un nuevo mundo, una idealista civilización  atea y pacífica. 

Esta particular familia llevará durante años una ardua lucha por la supervivencia a costa de la pérdida de sus hijos. Finalmente, sólo serán acompañados por Campion  (Winta McGrath), el único de los niños que ha salvado de la muerte. Un día, la aparente soledad se verá quebrantada. Una gigantesca embarcación surcará los cielos de la comunidad,  amenazando la seguridad de los nuevos colonizadores. Marcus (Travis Fimmel, Vikings) y Sue (Niamh Algar, Pure), vendrán en ella junto a Paul (Felix Jamieson), uno de los pequeños sobrevivientes que han escapado de la tierra junto a cientos de creyentes, los que terminarán a la deriva en un paisaje desolador, emprendiendo una forzada travesía sobre las rocas, los huesos y el polvo de la inhóspita región. 

En una historia alucinante, que cosecha lo mejor de la ciencia ficción, Raised by Wolves, no descubre la pólvora, pero la utiliza no sólo para explorar los tópicos ya conocidos del género, sino para enriquecer las posibilidades del mismo. Producida por Ridley Scott, reconocido por trabajos anteriores como Alien y Prometheus, es también el encargado de dirigir los dos primeros episodios. Éstos nos devuelven lo mejor de las obras del director en una atmósfera que juega con el horror y la desolación, en donde inocencia y furia desatada, se funden para inundar la pantalla de momentos que van desde el gore a los diálogos teológicos, cuestionamientos sobre el sentido de la sociedad y el objetivo de la existencia. 

En esta línea, surgen dos brazos argumentales evidentes: La religión y el poder que emana de la fé, capaz de desatar un fanatismo extremista, y la finalidad de la existencia humana como clan, un nexo filial que involucra la defensa a toda prueba de los que forman este núcleo. Estos temas estarán presentes en una balanza cuyos extremos son equivalentes, enseñando un claroscuro en donde los personajes son grises y deambulan en permanente evolución.

Madre, interpretada por Amanda Collin, en una imagen de Raised by Wolves

La historia coloca en el horizonte a Madre y Padre, dos entidades de naturaleza mecánica que han sido rediseñados para generar un profundo nexo con los humanos,  defendiendo a los integrantes de esta familia adoptiva en todo momento. Madre, deambula entre la bondad y la violencia brutal, representando a una figura que es monstruosa y gentil a la vez, un híbrido que cautiva y espanta con aquella despiadada perfección. Por contrapartida, tenemos a Marcus y Sue, quienes cargan sobre sus hombros el peso de un crimen y la culpa de una mentira que no han podido eludir.  Esta elección los ha llevado a asumir el rol de progenitores, amando al pequeño Paul como si se tratara de su propio retoño. Sin ser padres biológicos, no dudarán en exponer sus vidas e incluso asesinar para mantenerse unidos como familia. 

¿Son las emociones y los actos, elecciones propias del individuo? ¿Son estas cualidades las que nos hacen humanos? Si un androide es capaz de imitar y experimentar actos y sensaciones: ¿lo  transforma aquello en uno de nosotros? Cuestionamientos similares han tenido referentes en la literatura y en el cine, en imaginarios como Blade Runner, Ghost in the Shell  y obras similares. El futuro distópico y las consecuencias del desarrollo de la inteligencia artificial, son vertientes exploradas y recurrentes en la ficción. Sin embargo, Raised By Wolves, no se estanca en aquello. Aquí, beberá de otras mitologías para elaborar una subtrama que dará pie a un multiverso de posibilidades. Y lo hará dando vida a una entidad indescifrable, que trae consigo confusión y consecuencias: el propio mundo de Keppler 22b

Este planeta exterior, seleccionado para albergar a la nueva humanidad, posee una génesis desconocida llena de interrogantes. Territorio de antiguas y legendarias serpientes gigantes, ha sido la cuna de una civilización que parece deteriorada por el paso del tiempo. Más allá del árido poblado, un ecuador tropical se extiende salvaje e inexplorado. El mundo nuevo no está desolado. Nativos desconocidos, oscuros humanoides rodeados de un manto de misterio aparecen y desaparecen durante la historia. Quizás, guardianes de una cultura mística y bizarra que permanece en las tinieblas. 

Y es que las creencias, como parte neural de las sociedades, son tema recurrente en Raised By Wolves. La serie, desarrolla claros paralelismos  con el relato bíblico de la creación y el Jardín del Edén, aludiendo al pecado original y los orígenes del cristianismo. La dualidad compuesta por  lo masculino y femenino, está presente de forma constante en  su narrativa. Y como si se tratara de un cuento profético, una voz que parece venir desde los cielos de Keppler asumirá la identidad de un eco divino, que removerá las conciencias de los personajes afectando y distorsionando  su percepción de la realidad. Todo esto, extrapolado por aquel fanatismo religioso en los humanos y por el deseo de conocimiento e imitación de las emociones de las máquinas. La locura y una serie de actos erráticos, terminarán con la huida y el sacrificio de los mismos, quienes acabarán cerrando aquel primer arco argumental para regresar al principio, al origen de las preguntas e incógnitas que se abren como abanicos. 

Travis Fimmel encarna a un ateo infiltrado en un transporte mitraico en Raised by Wolves

De esta manera Raised By Wolves, opta por crear este rompecabezas futurista con variados elementos de suspenso, aventuras y acción, matizados con diálogos sobre la moralidad, el destino de la humanidad y el determinismo, aquella rueda irreconciliable que no se detiene  presa de la naturaleza destructiva del hombre y sus ideologías. Quizás, ciertos  discursos pecarán de ser un poco tibios ante la posibilidad de llegar al hueso en alguna jugada más filosófica y reflexiva. Sin embargo, esto no afecta para nada a un equilibrado y sólido guión que seguramente retomará aquellas  ideas en una temporada posterior. 

En resumen, esta manada de colonizadores luchará por la supervivencia y la naturaleza de los clanes con un instinto arrollador, programado o no, artificial o natural, da lo mismo, pues es inherente a la existencia. Visceral a momentos, con sus tejidos y partes de cuerpos, órganos y fetos viscosos, viajes en animación suspendida y conciencias virtuales, este entramado de lobos engancha y transporta hacia los túneles inmensos de Keppler 22b, agujeros de pesadilla tallados por arcaicas criaturas legendarias. Si amas el género, estarás rendido y satisfecho, esperando a que regrese con sus paisajes prometeicos, sus naves de plata y sus fluidos alienantes.

Raised by Wolves se emite semanalmente en el canal SyFy, los jueves a las 22:05h