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Autor: Rocío Gevaudan Infante

Futura cineasta. Escritora aficionada. Me gusta la ciencia ficción, Lovecraft, Lars Von Trier y Blade Runner, los días de lluvia, dormir y leer.

‘Equinox’: ciclos naturales, ritos y desapariciones

'Equinox', la nueva serie danesa de misterio de Netflix

El misterio, aquella sensación que nos eriza y nos alerta, forma parte de aquellos miedos que construyen muros con la finalidad de dejar atrás el pasado, antiguas experiencias y cuentos repetidos. Canciones de cuna de melodías macabras, o acontecimientos que marcaron parte de nuestra vida, rememorando siluetas bailando en el tragaluz o la ventana de la habitación, antes de dormir atrapados por el sonido del viento, crispado sobre las copas de los árboles legendarios. Equinox, es una probada de lo anterior. Eventos grabados en la memoria, rupturas familiares y entidades fantásticas que se niegan a desaparecer. Dentro del catálogo de Netflix, desde las lejanas tierras  danesas, con un estilo folk horror y un aire de Stephen King, un grupo de adolescentes ochenteros, sin saberlo, irán rumbo a la tragedia. 

Ida (Karoline Hann) de manera inexplicable, desaparece junto a  un grupo de compañeros de colegio durante un viaje en autobús. Tres de ellos  regresarán: Amelia (Fanny  Leander  Bornedal), Jakob (August Carter) y Falke (Ask Mossberg Truelsen). Interrogados por la policía, contarán sólo partes inconexas de la verdad, dejando el rompecabezas inconcluso sobre la mesa. Así, el tiempo pasará en un aparente silencio, hasta que los antiguos fantasmas del pasado, regresen por  Astrid (Danica Curcic) en forma de  extrañas visiones y paranoias, las mismas que marcaron su complicada infancia. Un confuso universo, siniestro y caótico, aparece recurrente y violento en sus sueños. En ellos, Ida, su hermana, aún se encuentra cautiva, luego de años de oscuridad. Los padres de las niñas, Dennis (Lars Brygmann) y Lene (Hanne Hedelund) sufrirán las consecuencias de lo sucedido con sus hijas, cada uno con sus propias maneras de afrontar la tragedia. De este modo, serán influyentes en la personalidad y la vida adulta de Astrid, asolada constantemente por la  angustia. Luego de recibir una extraña llamada telefónica al programa radial que conduce, comenzará una ardua búsqueda e investigación, intentando desentrañar aquel mítico acertijo del pasado. En aquella tarea, conocerá a Henrik (Alexandre Villaume) uno de los profesores de los chicos perdidos, el cual jugará un papel determinante hacia final de este teatro de secretos.

La serie no somete al espectador con sorprendentes efectos o giros imposibles. Logra prevalecer con un paso cauteloso, dejando rastros e insinuaciones una y otra vez a lo largo de la aventura. Equinox establece un universo fantástico y primordial, cuyo génesis encontramos en la leyenda de Ostara, diosa femenina quien se enamora perdidamente de un ser maravilloso y extraño. Aquí, la narración jugará con algunos elementos típicos del crime story y el horror psicológico pero, sobre todo, similar a una fábula, un relato rural que relaciona a los seres humanos con dioses arquetípicos, los mismos que ofrecen y piden favores a cambio, arraigados en el acerbo cultural de la comunidad.

El relato, se compone de  dos historias relacionadas con la protagonista, utilizando una permanente irrupción del pasado en el presente, al igual que una caja de muñecas infinita en donde las habitaciones ocultan espejos y cajones. De este modo, a través de constantes flashbacks y recuerdos, la heroína luchará por encontrar la verdad, aquella que parece haber sido olvidada. Con sus tonos opacos, un tanto grises y duros, la atmósfera simulará un onírico anti paraíso, en donde los personajes parecen afectados por la locura o una especie de amnesia, lo que los mantiene protegidos de aquel agujero dimensional en donde yacen cautivos los actos del pasado.

'Equinox', la serie danesa de Netflix, se adentra en un mundo de ritos ancestrales

Sin ser demasiado inteligente, tiene buenos momentos, a pesar de sus múltiples preguntas sin respuesta. En aquel apartado se desequilibra y cojea, prisionera de un guion que deja constantes interrogantes. Mientras, a ratos es un poco burda al revelar la conclusión de la historia, de manera premeditada o no, por otro lado, deja abiertas las puertas, cabos sin atar y puntos suspensivos de paréntesis vacíos. Sin embargo, funciona en su mitología y genera curiosidad. 

Equinox, es un buen ejercicio sobre el género fantástico, con deidades antropomorfas y una liturgia legendaria, que da cuenta de un teriomorfismo vivo en la comunidad, cuyo objetivo es mantener el equilibrio de la naturaleza, en un ciclo infinito. Con aspectos sectarios, místicos y ritos que aluden a la fertilidad, es una ventana hacia los sueños, la conciencia y la manera en que la niñez determina la personalidad de los individuos, su psicología y los límites entre la realidad y la imaginación. Aquel mundo que construimos luego de traumas profundos y heridas emocionales. Bien actuada y correcta, puede ser adictiva y un buen plato de ficción para aquellos que gustan del género de lo inexplicable. 

Ida y Astrid son dos hermanas separadas por una tragedia en 'Equinox'

Mientras tanto, en medio de nuestra propia jungla confortable, hecha de vanidades y modernidad, más de alguno soñará con seres imposibles, animales de rostros y ojos humanos al oír uno que otro cuento escuchado junto al fuego luego de largos inviernos. Es la maravilla de los hombres: soñar e imaginar. Hasta donde sea posible. 

Equinox está disponible en Netflix completa bajo demanda.

‘Romulus’: El origen del héroe bajo la espada de la traición

 

'Romulus', la serie prerromana de HBO

Cuando la ambición comienza a carcomer el seso de la gente, no es posible regresar. No existen los hermanos, padres, madres, amigos o familiares. Es el principio de la barbarie y la caída de la moralidad. En este juego de poderes, que pretende ser conspiranoico y salvaje, Romulus es una lucha hacia la madurez, el destino y la aceptación.

La historia, nos sumerge en los orígenes del magno Imperio Romano, siglo VIII antes de Cristo, en una época tribal en donde diversos grupos están regidos por reyes, de los cuales el rey de Alba, Numitor (Yorgo Voyagis) es quien lleva la batuta siendo la cabeza de todos ellos. Éste será desterrado luego de que los dioses abandonen a los hombres, asolados por una prolongada sequía. Aquí, las oscuras intenciones de Amulius (Sergio Romano) comenzarán a manifestarse siendo estimulado por su codiciosa mujer, Gala (Ivana Lotito). El maquiavélico plan de ambos teñirá los campos de sangre y de muerte. Buscarán asesinar a los legítimos herederos del trono, Enitos (Giovanni Buselli) y Lemos (Andrea Arcangeli). Este último, conseguirá escapar y refugiarse en el bosque  donde conocerá a Wiros  (Francesco de Napoli), un ex esclavo con quien entablará una profunda relación de hermandad. Juntos, vivirán una aventura de supervivencia que terminará con los protagonistas siendo parte del temido culto de la diosa Rumia, cuyos súbditos y adoradores viven ocultos en cuevas y rindiendo tributo a la deidad pagana. Por otro lado, Ilia (Marianna Fontana), hija del traidor y antagonista del relato, abandonará el servicio de las vestales, luego de cometer una afrenta imperdonable. Tras esto, será enterrada en una oscura caverna, pretendiendo escapar sin conseguirlo. Ya en la agonía, será rescatada gracias a la obra del Dios Marte, quedando consagrada a su servicio y transformándose en guerrera. Una vez establecido el conflicto, dos bandos chocarán en una fiera persecución, unos en busca de mantener el  poder y otros sedientos de venganza y justicia. 

'Romulus' recompone el mito de Rómulo y Remo en la nueva serie de HBO

Romulus, sigue la tradición de las  épicas de origen, la narración de aventuras y el nacimiento del héroe, aludiendo a la tragedia griega y al destino del hombre en manos de los dioses. En ella, tenemos una reinterpretación del mito original, en donde dos niños son alimentados por una loba, en el amanecer del imperio. Hay elementos realistas, que buscan cierta historicidad, pero siempre en relación a una mítica atmósfera que logra conseguir un aspecto sucio y agreste, que corresponde perfectamente al modo de vida de antaño. Es rudimentaria en su estética, brutal y primitiva. Completamente hablada en latín, lengua madre de la antigüedad , aquella curiosa estrategia, consigue acentuar la visión de aquel mundo, una sociedad diferente, ajena a la nuestra. Es violenta y pasional, sin embargo, su ritmo pausado al inicio, tiene un  par de capítulos que podrían asustar. Hay lapsos en donde decae, para luego acelerar con poco diálogo y elementos convenientes para el guion. Aquello, le resulta efectivo, inyectando energía y  más equilibrio al entramado. De este modo, genera expectativa, sin la necesidad de adormilar al cómodo espectador con marañas filosóficas o elaboradas conspiraciones. 

Llena de personajes que han sido criados bajo la agreste visión de un mundo explosivo, áspero y peligroso, es un cuadro potente sobre las raíces de la civilización.  Noches de tiniebla, en donde los animales acechan, el peligro es invisible y la vida es efímera, como un corazón acelerado, en alerta permanente. En este crisol primigenio, la traición y las ambiciones humanas, afloran y se desatan en busca de poder, siguiendo las leyes de la estirpe y el linaje. Es entonces cuando el héroe, primogénito de la tragedia, deberá aceptar su destino, huyendo de la muerte para poder renacer. Será más fuerte y más justo con el fin de brindarles un nuevo hogar a los suyos. Será un esclavo en cautiverio, pasará hambre y humillaciones.  Y tendrá que asesinar siendo parte de un clan que le brindará confianza y hermandad. Abrazará las creencias de los  relegados como si fuesen las suyas, haciendo lo necesario para sobrevivir y vencer. 

Imagen de 'Romulus', disponible completa en HBO España

Al amparo de estas observaciones, hay que acotar que Romulus, a pesar de su rudeza, no es sólo una aventura brutal y despiadada. No es una amalgama sangrienta como pudiera esperarse, sino que matiza estos elementos con un abanico de tramas que exponen las emociones y debilidades humanas, sus fortalezas y culpas. Se vale de su naturaleza, salvaje y sudorosa, para entregar un mensaje sobre la hermandad y los lazos que nacen de la desgracia, la miseria y el abandono. Es, a la vez, una metáfora visceral que nos ilustra, una  fábula mitológica sobre la servidumbre de los pueblos bajo el dominio de dioses belicosos, imperfectos y castigadores, en una sociedad que se rige por sus caprichos y deseos. La mítica presencia de estos seres celestiales, marcará el destino de los hombres. En esta  encrucijada, el joven destinado a ser rey y gobernar, pasará por encima de aquellas creencias para abrazar otro dogma, un dogma que personifica la semilla de un imperio tan poderoso como el sol.

Testigos de los albores de un magnífico pasado, quedarán cortes y heridas grabadas en la piel. Sangre y suciedad. Miedo y valor. Tras la  reconstrucción fidedigna de aquella escenografía, algún vuelco inesperado, podría inyectar más acción al argumento. Sin embargo, la maqueta realista de la época, con su fotografía grisácea, sus atuendos y rostros curtidos por la desesperación, bastan para gustar. Romulus funciona sin fuegos artificiales, en sus idas y venidas. Hubiera deseado más cosas, para convertirla en una épica legendaria y visceral. Pero, aún queda conflicto. Ojalá con más trampas, atrevimiento y sorpresas. 

Romulus está disponible completa bajo demanda en HBO

‘The Undoing’: ruinas, máscaras y mentiras

'The Undoing', la miniserie de HBO creada por David E. Kelley y dirigida por Susanne Bier

Profundas heridas, traumas, secretos que jamás salen a la luz, cubiertos bajo aquella máscara social que nos colocamos a diario. En este universo melodramático y terrenal, bordado con la fibra de rosas amargas, se encuentra The Undoing, un thriller psicológico, pasional, con un crimen de por medio y varios sinsabores en el camino. 

 

La reconocida y galardonada Nicole Kidman (Big Little Lies) interpreta a la psicóloga Grace Fraser, una popular especialista quien se gana la vida solucionando los problemas de parejas infieles, intentando reparar aquello que se oxida. Su marido, es un médico exitoso que trabaja en oncología, profesión que lo mantiene en permanente contacto con niños víctimas de cáncer. Este hombre, Johantan Sash (Hugh Grand, A Very English Scandal) es un tipo simpático, inteligente y  leal. En resumen: el padre ideal y el marido perfecto. Todo cambiará cuando la joven y hermosa  Elena Alves (Matilda de Angelis, Youtopia) se haga parte de sus vidas, provocando un inesperado suceso que pondrá de cabeza a los protagonistas. Esta auténtica tormenta afectará directamente al hijo de ambos, Henry (Noah Jupe, Extraordinario) y al mismo tiempo al padre de Grace, Franklin Renner (Donald Sutherland, Trust) quien se ocupará de proteger y tenderle una mano a la familia, aún estando en contra de muchas de las decisiones y acuerdos establecidos. Una vez puestos en la palestra, los involucrados se colocarán en manos de la abogada Haley Fitzgerald (Noma Dumesweni, El niño que domó el viento) una mujer calculadora y feroz, quien será partícipe de un juicio que será determinante en sus vidas.

The Undoing, sigue la senda lacrimógena del drama familiar. Un clan que lo tiene todo, en una compleja encrucijada que pondrá en jaque su futuro. Esta vez, el acento se coloca en  un concepto clave del entramado: la confianza. La sensación de seguridad, aquel confort que se distorsiona como una moneda lanzada que flota en la pecera, engañando al ojo de quien observa al otro lado del cristal. Lo que parece incorrupto, prístino y transparente, comenzará a agrietarse ante la más mínima pisada de mosquito, terminando en cientos de cristales punzantes y afilados. 

'The Undoing', la nueva miniserie de HBO está protagonizada por dos grandes actores, Nicole Kidman y Hugh Grant

La serie se vale de recursos intimistas, recuerdos creados, una sobredosis de primeros planos y un discurso sugerente, de diálogos clásicos, sin grandes volteretas, con un misterio un tanto plano en su argumentación. Los giros no llegan, y cuando llegan son tibios y un poco faltos de peso. A pesar de constar de buenas actuaciones, te deja la impresión de quedarse a media tabla, de no explotar un potencial que está presente y que se palpa, pero que acaba extraviado en vanidades narrativas. Te mantiene sujeto durante un rato prolongado, pero nunca echa las amarras, te insta a  vagar entre sus idas y vueltas, sus encuadres fotográficos, una figura caminante de rostro pensativo, o en el rictus o mirada que se quedan sólo en eso, en espuma que se va. La ola se retrae y jamás golpea contra el roquerío. La crisis que viven sus personajes, lucha por convertirse en una honda exploración de la psiquis humana, sus debilidades y catalizadores, así como en un tratado visceral de la pareja, los actos y pactos que conviven en la unión, la conciencia de la pureza y la verdad del amor. Y lo consigue entre cortinas. Lo ejecuta en fracciones, con elementos que funcionan y otros que no, intentando mezclar un sórdido policial con una tragedia romántica , más introspectiva y metafórica. Brilla como lo hace la polilla en la lámpara. Con un opaco resplandor. Al final, carece de vitalidad. Como un cuerpo maravilloso al cual se le ha drenado la sangre. No es una serie que vaya a no gustar. Se deja ver y sus aciertos, te mantienen alerta, encadenado a su evolución. Consigue deslumbrar con sólidas actuaciones, buenas tomas y momentos. Sin embargo, el enigma, el cerebro de su arquitectura, no consigue generar un impacto apabullante. Se nota cierto afán por expandir su misterio a base de tiempo, sumando escenas y marañas que no  se explican del todo, dejando la sensación de rellenar los espacios con trozos de masilla. Su encanto, enamora en su construcción refinada y elegancia, su fílmica sobriedad de paletas otoñales y encuadres depurados. No obstante, más allá de aquel horizonte, faltan trucos y trampillas que dejen huecos en la cabeza, que te dejen la impresión de haber pagado por observar una heroica opereta interpretada con pulcritud. 

Nicole Kidman es el principal reclamo de 'The Undoing', la última miniserie de HBO

The Undoing, es una correcta performance, una pieza que satisface, pero que da la impresión de no arriesgar demasiado, tomando una fórmula que no opta por la experimentación, sino que sigue los planos, desde a la A hasta la Z, sin órbitas extrañas.  Al igual que las emociones, nos disgustan sus decisiones, o las abrazamos como si fueran eslabones amados. Allí, en donde late aquel órgano que tenemos en el pecho, conviven los espejismos y la claridad de las aguas. Hay turbios manantiales, traiciones, moralidad disfrazada, y rostros que conviven con máscaras de bondad. Es un ramillete de ambiciones y quimeras, donde el  amor lucha por someter a la frivolidad y las culpas, peleando por no hincar la rodilla  ante la tentación, en su intento por aplastar la cabeza  de la serpiente en el jardín del Edén. Es en este proceso,  en esta guerra que afrontamos con el fin de acabar con los seductores fantasmas, cuando hallamos la razón. La razón que nos permite separar lo bueno de lo malo. El engaño del amor. Recoger las ruinas que guardamos en el fondo del alma, para reconstruir  desde abajo, porque aquello es la vida, quieras o no: decepcionarse, rearmarse, vivir el luto y continuar. 

 

‘Roadkill’: entre la política y la melancolía

 

'Roadkill', la nueva miniserie de Hugh Laurie para BBC que emite en España Movistar+

Luego de protagonizar Avenue 5, para HBO, Hugh Laurie regresa a la pantalla con Roadkill, una breve serie de cuatro capítulos, en donde el carismático actor de la ya mítica House, interpreta al político británico Peter Laurence, un hombre cuya vida oscila entre los quehaceres gubernamentales y las trampas, turbias negociaciones y dineros conseguidos por cuestionados favores nada correctos para un respetado ministro, sea de donde sea. En esta ensalada de situaciones, su intimidad dista mucho de  ser ideal,  con  una esposa, Helen (Saskia Revees, Wolf Hall) que vive en un limbo de conformidad, y dos hijas lejanas, Lily (Millie Brady, Teen Spirit) y Susan (Ophelia Lovibond, Elementary) cuyo afecto obtiene sólo a migajas. Este pulcro caballero se verá enfrentado a un juicio del cual deberá salir con la bandera de la impunidad entre las manos, teniendo el favor de una ciudadanía que cree en su integridad, pero que comenzará a dudar de sus valores en este tira y afloja de eventos. Aquí, entrará en escena la periodista Charmian Pepper  (Sarah Greene, Dublin Murders) quien buscará alinearse con Rochelle Madeley (Pippa Bennett-Warner, Gangs of London) buscando pistas sobre turbios aspectos de la carrera del político. Este deberá zafarse del entuerto, para luego enfrentarse con la Primera Ministra del país, Dawn Ellison (Hellen Mc Crory, The Queen) quien lo pondrá a prueba tras asignarle un nuevo puesto, totalmente inesperado y que le obligará a modificar sus planes y proyectos. 

La serie se toma su tiempo desde el capítulo uno, constando con un buen número de personajes que formarán parte de las subtramas, unas más relevantes que otras, conformando un  rompecabezas de bordes un tanto romos, en donde las piezas necesitan una pausa para encajar. El primer giro importante de Roadkill, llegará desde los cuartos y rejas de una prisión estatal, lugar en donde se encuentra prisionera por fraude la joven Rose Dietl (Shalom Brune-Franklin). La reclusa, luego de conocer la identidad de su padre biológico, buscará la manera de contactarse con él, generando una serie de efectos y nuevos arcos que acabarán por estallar en una inteligente movida, hacia el final de la temporada. 

Roadkill es una serie clásica en donde el estilo va de la mano con un guion elaborado, que se sustenta en la intriga y la exploración de los personajes en un acto coral, donde la virtud es como un arbusto pisoteado por la bota de la arrogancia. El poder y las ambiciones conforman un universo de verdades y mentiras, en donde se vive y respira en un permanente estado de vigilia, en una niebla que confunde y embriaga a la vez. En este ambiente, se balancean códigos e introspecciones, valores tambaleantes sobre la familia, el matrimonio y las relaciones con los hijos, uniones fraternales que se convierten muchas veces en instrumentos, o en meras formalidades en esta selva política que rodea al protagonista. Aquello es como un perfume que cautiva y descoloca en una misma probada. Un nido enmarañado de amantes, de convenientes delitos, de cobardes por elección, individualidades que contrastan con idealistas incomprendidos que no temen a  la verdad, renunciando a la seguridad, el confort y el conformismo. Es una sopa multiforme de fecundos títeres y titiriteros, cada quien con una llave en la  cerradura del guion.

Hugh Laurie encabeza 'Roadkill', miniserie original de BBC que emite Movistar+

Aquello no siempre resulta y puede resultar redundante. No aburrido, pero lento, como los pasos del perezoso. Falta carbón en la fogata y a veces las cenizas están prontas a extinguirse. Sin embargo, cuando logra picar en la vena correcta, consigue drenar interés, con deliciosa y brumosa melancolía. 

La historia de Roadkill logra un retrato acertado de la alta clase política, con sus animales y pieles de oveja, yaciendo sobre lomos de viejos lobos al acecho. Cada uno de los invitados va por su propio trozo de pastel. Algunos por necesidad, falta de amor o de vitalidad. Otros, por mera competencia o compensación. Son caballos en la meta, que levantarán el polvo necesario para conseguir la diadema de flores en el podio. Es cínica e incorrecta. A ratos, da balidos en falso que desvían la atención, para regresar luego al corral, con brotes de genialidad. No es un thriller crispante. Ni un melodrama social. Está en el medio del camino. Con un fino humor negro, diálogos mordaces y una nube de soledad, brisa que sustenta una atmósfera otoñal de colores sobrios y distinguidos. Nunca es honesta a cabalidad. Llena de momentos reflexivos que siempre levantan sospecha, pondrá en jaque la honestidad que pretende exponer, siempre al borde de dudas, burdos engaños o trampas, situación que nos  dejará entre dos aguas e interrogantes. 

Peter Laurence se enfrenta a la fiscal y a una periodista en 'Roadkill'

Peter, es un antihéroe limítrofe, que recibe balas y las dispara, admirado y cuestionado en su impecable traje oscuro, lleno de defectos, sobriedad a toda prueba, y presa de la ambición. No intenta salvarse ni salvar sus relaciones. Las acepta por lo que son: piezas necesarias que son parte de su motor, de su construcción personal y de su oficio. Con esta fachada, la serie nos plantea las imperfecciones de la moral, sin caer en dramatismos, siendo afilada como las puntas de una mesa fabricada para ser el centro de atención, en una reunión de altos mandos. Lo impropio y lo cuestionable, no se esparce con torpeza. Es meticuloso. Porque el juego está en aquello. Aprovecharse de la manipulación, el poder y las debilidades que todos arrastramos, no con obviedades cliché, sino con rostros seductores, promesas y sonrisas. No será un crisol de novedades narrativas. Es cierto. Sus recursos, son predecibles y reconocidos. Sin embargo, funciona. Basta un poco de paciencia para llegar al huerto de frutos, en donde te recompensan unas jugosas y sólidas actuaciones, de aquellas que no defraudan. 

Roadkill no ganará el cielo ni la santificación, al igual que su protagonista. Sin embargo, deja abierta la brecha para la evolución de su ecosistema. Y si te lo tomas con calma,  disfrutarás de esta figura que cojea de pronto, pero que sigue adelante con un bonito bastón. Creo que vale la pena otra buena taza de té acompañada de la cautivante personalidad del político. Esperemos que regrese, mucho más punzante y curtida, directo al populismo televisivo. 

‘El pájaro carpintero’: cuando los profetas llevan pistola

Jordan Peele produce 'El pájaro carpintero', una serie original de Showtime que emite Movistar+ en España

Hombres rudos cabalgando bajo un sol infernal, metidos hasta el cuello en pantanosas tierras, o enredados en peleas de bares, luchas por la libertad o guerras. El género del Western nos ha traído de todo. Género que ha evolucionado desde épocas doradas, hasta la actualidad, resucitando viejos personajes clásicos y épicas batallas a punta de pistola. De esta manera, el escenario se ha mezclado con libros de historia, para despertar y traer a la pantalla al viejo anti héroe que algunos aman y otros odian, recreando con pinceladas surrealistas épocas pasadas en donde la gloria se vestía con viejas chaquetas y sombreros.

En esta El pájaro carpintero, nos encontramos con la mítica historia del excéntrico John Brown, un fanático religioso cuyas acciones y discursos, fueron uno de aquellos catalizadores que más tarde darían paso a la sangrienta lucha entre el Norte y el Sur, en los Estados Unidos. En el año 1856, este hombre, cuyas raíces habían estado plagadas de una crianza libertaria desde muy pequeño, comenzará a convertirse en un baluarte para los abolicionistas, y en una pesadilla para los explotadores y negociantes, tras comenzar una violenta lucha armada junto a una pequeña milicia compuesta por sus hijos y seguidores.

En El pájaro carpintero, Ethan Hawke interpreta al intrépido personaje, un hombre exaltado y loco, que deambula entre momentos de sabiduría y paz religiosa, citando permanentemente los pasajes de la biblia, para luego estallar en ira y discursos grandilocuentes capaces de estremecer a las mismas piedras, iglesias y viejas casonas con las que se cruza. Es en una de estas incursiones, que tienen como fin liberar a cada esclavo de la tierra, que se encuentra con Henry (Joshua Caleb Johnson, It’s Young a Gun) un joven negro al que confunde con una mujer, el que terminará en las filas del capitán con un vestido y el apodo de ‘Cebollita ‘. Ya a bordo de la cruzada y a través de parajes plenos de salvaje vigor, el pícaro comenzará a descubrir el mundo, los pecados y la violencia de una tierra esclavizada, en donde hay hombres que son tratados como bestias y bestias que fingen ser grandes señores, pisoteando la integridad y los derechos de un pueblo oprimido. En la travesía, buscarán aliados y creyentes que estén dispuestos a abordar este barco maltrecho y tambaleante. Entre ellos, Frederick Douglas (Daveed Diggs, Hamilton, Snowpiercer) un abolicionista de color, intelectual y encantador, con el que pretende trazar un osado y arriesgado plan. El objetivo de este: la definitiva emancipación de los descendientes del gran continente africano.

La serie es un nido de escenarios plagados del aroma clásico del viejo oeste: carretas desvencijadas, ropajes sucios, bares en donde se fuma y se bebe con prostitutas, y ciudades de colonos, teñidas de una fotografía agridulce, noches oscuras como la cueva de un oso y caminos polvosos en donde el sol es opaco y brutal. La historia en El pájaro carpintero se desarrolla con prisa y un poco atropellada al inicio, queriendo presentar un buen número de personajes y situaciones con un poco de descuido, entre pleitos y conversaciones que van y vienen. Sin embargo, luego de los primeros episodios, logra asentarse y funciona con eficacia, unificando la tragedia con la comedia, en una representación que se balancea entre ambos géneros, siendo a veces grandilocuente en su narrativa, como si tratase de una epopeya, para luego mostrarse como una irónica representación tarantinesca del ser humano, su moral y su espíritu.

John Brown acoge a un joven negro al que llama Cebollita y lo viste de mujer, en 'El pájaro carpintero'

La ideología y creencias de Brown serán la madeja desde donde se desprenden los debates morales, políticos y cristianos, representando con escandaloso brío los valores y exigencias del abolicionismo, mientras el entorno, expone el yugo de la esclavitud, la riqueza de algunos, la avaricia y el sesgo racista, dos veredas cuyo tránsito nos conducirá hacia un polvorín a punto de estallar. En este camino, el hombre y el aprendiz llevarán una relación fraternal con idas y venidas, en donde el joven de color recorrerá el camino que lo llevará a la madurez, experimentando la pérdida, el miedo y la confusión, junto a un grupo de gente que parece más loca que cuerda. La idea de la muerte, no será nada agradable. Sin embargo, al final de la cabalgata, la oveja vuelve al redil, junto al calor de la fogata y las peroratas del pastor.

Elegidos para limpiar los campos de alimañas y cortar el cuello del esclavista, el rebaño avanzará, como una plaga justiciera. No tienen más alternativa. Las palabras no bastan. La política sonriente y los discursos, no acabarán con la ignominia. John habrá de cumplir con la palabra del creador. Ha sido víctima de las habladurías, perseguido, engañado y traicionado. Sin embargo, no claudica. Su tragedia es poética, como los versículos del viejo libro. Así, guiará a su rebaño hacia la última batalla. Un acto pleno de fe. Una prédica final.

Ethan Hawke clava el papel de abolicionista John Brown en 'El pájaro carpintero', uno de los responsables de la Guerra Civil americana

La historia es plena y vigorosa. Su valor no está sólo en la caparazón. Como telas de cebolla, aludiendo a uno de sus personajes, pica más a los ojos por debajo del vegetal. Porque, vestida de aventura, de situaciones alocadas y personajes curiosos, El pájaro carpintero guarda en su plumaje una moraleja sobre la libertad. Las pesadas cadenas, son las cadenas de la razón. Sólo  la voluntad, el férreo convencimiento de que las obras ejecutadas son las obras correctas, te darán la fuerza necesaria, el impulso que necesitas para luchar. Lo sabe el capitán. Es la misma mano de Dios, la que acicala sus barbas. Es entonces que el hombre, deja la carne y el hueso, abandonando el cuerpo terreno para transformarse en un espectro fantasmal y legendario. Su nombre se oirá una y otra vez en la lejanía como el estallido de un rifle. De esta manera, no puede ser en vano el sacrificio. Porque el pájaro necesita vociferar y aletear hasta morir, para morir con honor. Cantar bajo los cielos cubiertos de nubarrones, a pesar de la barbarie. Es un hermoso país, a pesar del dolor. Pues, está plagado de esperanza, plagado de valor y de hombres con sueños que no dejarán de pelear.

‘Gambito de dama’: un tablero dominado por la elegancia y la obsesión

'Gambito de Dama' ha sido una de las grandes sorpresas del año en Netflix

Este artículo contiene spoilers de Gambito de dama

Hay personajes que poseen el enigmático poder de seducirnos. Los hay en la ficción. Y también viven entre nosotros. Las estrellas de rock, los grandes artistas, las figuras del espectáculo, son seres curiosos a los cuales adoramos sin motivos aparentes, pues son la personificación de las cosas que deseamos. No nos importa si tienen defectos. Su poder emana desde otra fuente, de aquello que son capaces de transmitir y que nos deja un hueco en la cabeza, regalándonos un poco de locura y fantasía. Bajo esta premisa, muchos poseen personalidades extrañas, apáticas, o bordean los océanos como peces angustiados, melancólicos y víctimas de la ansiedad. Sentirse fuera del mundo, es como una navaja que permanece en la mesa, pronta a ser usada. 

Gambito de Dama (The Queen’s Gambit) podría encajar en aquel teorema. La historia de alguien atípico, que se abre paso entre un bosque de animales extraños. Esta producción, salida desde los baúles de Netflix, pertenece al grupo de series que aparecen de vez en cuando, con un bajo perfil y un conejo oculto en el sombrero. Anya Taylor – Joy (The Witch) es la introvertida Elizabeth Harmon, una niña huérfana que pasa la mayor parte de su infancia en un hogar de acogida, lugar en donde conoce a Mr. Shaibel (Bill Camp, The Outsider) un empleado, amante del ajedrez, el que se convertirá en su maestro. La brillante mente de la joven la llevará entonces a experimentar una obsesión por el juego desde el inicio. Tiempo después, será adoptada por Alma Whitley (Marielle Heller, Can You Ever Forgive Me) y su esposo Allston (Patrick Kennedy, Murder On The Home Front) quienes le brindarán un nuevo hogar y educación. Allí, Beth, deberá aprender a convivir con un padre postizo que desaparece al poco tiempo, y con una mujer presa de la angustia y la tristeza. Poco a poco, entablará amistad con aquella dama, la que se convertirá en la compañera de viajes de la chica, mientras  participa de diversos torneos de ajedrez, destacando rápidamente por su implacable y magnífico juego. 

La protagonista absoluta de 'Gambito de Dama' es Anya Taylor-Joy, lanzada al estrellato gracias a la miniserie de Netflix.

A medida que avanza Gambito de dama, Elizabeth, se volverá más fuerte en el tablero, circunstancia que alimentará su obsesión, encontrando alivio en las pastillas y el alcohol, presa de una especie de ausencia y soledad inalienables, atrapada muchas veces en aquel abismo de genialidad, que se manifiesta con rasgos autistas, para luego desencadenarse en un carácter enigmático y seductor. A su lado, tendremos la aparición de diversos edecanes. En un principio, se verá prendada de Townes ( Jacob Fortune Lloyd, Star Wars episodio IX ), periodista y ajedrecista, y más tarde,   aceptará  la amistad de  Harry Beltik (Harry Melling, The War of the Worlds)  y la de Benny Watts (Thomas Brodie-Sangster, Godless ) el carismático campeón de los Estados Unidos.

La fantástica interpretación de esta pálida actriz, que encandila por su belleza y elegancia, no puede ser más que aplaudida. Convertida en un imán hacia donde todo va y viene, brilla y transmite sutil y naturalmente, haciendo que la serie, aún constando de buenas subtramas y sólidos personajes secundarios, descanse sobre los hombros de Beth, quien es capaz de llenar cada espacio con su sola presencia, sus gestos graciosos y su caminar, en una mixtura que coloca trozos de sensualidad e intelecto en un solo plato delicioso. Esto, a la par de una banda musical que viene como anillo al dedo, acompañando a la perfección los planos y la fotografía, siempre cuidada en tonos sobrios, que no por eso, dejan de ser exquisitos. 

El guion de Gambito de dama se elabora a partir de la vieja premisa del personaje que debe enfrentarse a su destino, en un mundo que lo hace sentir incomprendido. Sin embargo, cada episodio mantiene un equilibrio digno del mejor vals, entregando detalles y momentos que se adhieren como moscas a la miel al esqueleto de la heroína, que al igual que un sol errante, se tambalea en la atmósfera, mientras los demás astros giran a su alrededor. No necesita grandes revelaciones, ni grandes enigmas, ni giros locos e inesperados. Paso a paso, el clímax se levanta como una ola enorme, mientras la tensión del juego nos mantiene alertas, fijos en las miradas, atentos a la narración y a las piezas desplazadas por los participantes del espectáculo. Pues, en verdad, Gambito de dama, lo es. Es un show bien montado, ejecutado sin quebraduras.

Elizabeth, representa fielmente a quienes poseen un espíritu que necesita salir en busca de respuestas. Es especial, no por ser impulsiva o vivir al borde de las adicciones, sino por la fuerza y la pasión que desata. Este genio pelirrojo, se debate entre la cordura y el despilfarro, probándose el disfraz de la chica rebelde, para luego dejarlo a un lado y vestirse de sobrio esplendor. No es la rockstar del ajedrez por estar en la cuerda floja de la fama. Lo es por su carácter, porque pelea de igual a igual entre los  hombres, gigantes a los que debe derrotar, dejando un rastro de carmín y pinceladas de un discurso feminista muy bien cubierto y esmaltado para que no ser demasiado obvio o efectista. 

'Gambito de Dama o cómo una serie de ajedrez puede conquistar a crítica y público

Al final, habremos llegado a la cima de la montaña, deleitándonos con una vista magnífica. Nuestro personaje, luego de caer y arrastrarse, se ha puesto de pie, encontrando la reconciliación en aquel azaroso pasado que vimos al inicio, en aquel sótano lleno de memorias, en la hermandad que va más allá de la sangre y en los pasillos de aquel refugio primigenio. Ha sido capaz de mirarse al espejo, en donde el reflejo de la orfandad sigue anclado, rondando como un fantasma, haciéndola dudar de sí misma. Son esos viejos y agridulces recuerdos los mismos que le entregarán la armadura que necesita para vencer a esos grandes caballeros del tablero y a su rey. Allá, en tierras lejanas, en donde ancianos y desocupados, se reúnen cada día para jugar una partida melancólica y gris, que termina por darles esperanza y alegría.

Gambito de dama está disponible completa bajo demanda en Netflix.

‘El Tercer Día: Invierno’: una estación sombría, como hojas muertas sobre Osea

La historia de Jude Law y Naomie Harris llega a su fin en 'Invierno', la segunda parte de 'El tercer día'

La particular obra de Dennis Kelly, El tercer día ha llegado a su fin. Por lo menos, aquello parece. Ya que en cuestiones de series, jamás se sabe con certeza. Aquel viaje alucinante, que ha partido con una sinfonía confusa y paranoica, ha estirado los brazos huesudos y enfermos para tomar la mano del destino, un destino que no está carente de reproches, culpas y dolor. Esta vez, el serpenteante camino que conduce hacia la Isla, trae consigo a tres mujeres: Helen (Naomi Harris, Small Island ) y sus dos hermosas hijas: Elli (Nico Parker, Dumbo ) y la  pequeña  Lu (Charlotte Gairdner, Mihell), quienes arriban con la promesa de un viaje especial, lleno de aventuras. Sin embargo, tan pronto pisan aquellos parajes, se encuentran con un pueblo decadente, sombrío, que dista mucho de aquel enjambre festivo que vimos   en Verano. Aquí, los nuevos visitantes habrán de toparse con personajes alienados, situaciones grotescas, imágenes y símbolos obscenos que les llenarán de temor. No obstante, pasarán la noche en el poblado, pues hay un secreto familiar que debe ser desvelado. Más tarde, la mayor de las niñas entablará amistad con Kail (Freya Allan,The Witcher) quién sembrará en ella la semilla de la incertidumbre con historias sobre la mítica comunidad. Quizás, Osea, pueda ser la respuesta a muchas de las miserias y maravillas del mundo. 

Invierno, a diferencia de la entrega anterior, funciona como una especie de reconciliación forzada, enfrentando a  los personajes a sus traumas, chocando con aquella enorme pared, de piedra, impenetrable, que es la cruda realidad. Aquella sanación pregonada por los habitantes de la Isla, personificada en la figura de Sam, termina por derrumbarse, víctima de la imperfección humana, un sentido opuesto de la moralidad, celos, envidia, diferencias irreconciliables y orgullo, males propios del individuo, pecados que no dejan de manifestarse, probablemente, anclados en la propia fiereza de aquel fanatismo que comparte fé y locura en un sólo cuerpo ideológico. Tanto el nuevo Patriarca, como su mujer y sus hijas, chocarán con este mundo paralelo, en donde los milagros parecen ocurrir como si fuese un oasis en un desierto desolado, para luego revelarse como una caja de Pandora, transformando los demonios internos en falsas quimeras, ilusiones y espejismos. Así, no quedará más alternativa que despertar y regresar al zigzagueante camino para escapar, dejando atrás dolor y sacrificio. 

La serie, mantiene sus tonos difusos, colores grises y su imaginario grotesco, a la par de una buena fotografía y unos planos hermosos en aquella estética folk-horror, que combina elementos tradicionales con pinceladas de suspense. El tercer día: Invierno también utiliza alucinantes símbolos e iconografía para estructurar las bases de una arquitectura rural decadente y misteriosa. El mar que rodea aquella tierra prometida, es el mar de las almas prisioneras de un culto enajenado, mientras el bosque expande sus miles de hojas para ocultar el dolor, para servir como un refugio maternal,  prometiendo vestigios de esperanza, que pueden acabar en la más absoluta miseria y decepción. Así, a medida que avanza el relato, obtendremos las pistas necesarias que acabarán dando con la salida del laberinto. 

Naomie Harris es la gran protagonista de la segunda parte de 'El tercer día', 'Invierno', disponible en HBO

Aquellas psicodélicas alucinaciones de Sam (Jude Law) en la primera parte de El tercer día, serán entendidas en razón de su tambaleante voluntad y un espíritu desgarrado por la pérdida y el dolor. Nublados sus sentidos, caerá en manos de un grupo de fanáticos que lo convertirán en profeta. Él mismo, que será considerado impropio con el tiempo, generando la división de los pueblerinos, alienados y consumidos por una gula sectaria que se ha convertido en una trampa de osos, que amenaza con atrapar los  pies, manos y espíritus de cada uno de los habitantes. Ellie, por su parte, en medio de esta insólita guerra, se verá forzada a descubrir la cortina, revelando el motivo que la lleva a la Isla tras encontrarse con Jess (Katherine Waterston), portadora de un nuevo mesías, profeta y guía del corazón del mundo, quien deberá reestablecer la armonía entre los creyentes.


‘El tercer día: Otoño’

Me gustaría hacer un breve y necesario paréntesis en esta parte, para comentar ciertos aspectos de Otoño, capítulo especial que fue presentado en versión Live y que tuvo bastantes comentarios en ciertos grupos de seguidores y fans de la serie. Es cierto que presenta interesantes llaves y tuercas que pudieran expandir el universo distópico de este nirvana campesino. No obstante, es importante saber que  los hechos transcurridos en la emisión, no debilitan  para nada la  experiencia de la serie. En estricto rigor, se organiza como una fotografía panorámica de Osea, relatando la carnavalesca religiosidad y preparativos del Vía Crucis del Padre, durante la celebración y conclusión de un rito pagano. Entre cánticos, oraciones y sonidos metálicos inquietantes, nos rendiremos ante  a un Jude Law impactante, comprometido en cuerpo y alma a esta liturgia, peregrinando sobre la arena y la tierra en una suerte de expiación, que remite a los pasajes bíblicos de la crucifixión. Una alucinante y bizarra interpretación de un Cristo rendido, golpeado y resignado, que no decaerá hasta dar cumplimiento a su destino. La enigmática teatralidad de estas 12 horas de rodaje, sobrecogen y fascinan. Como experiencia artística, es bella y misteriosa. Sin embargo, repito, no será imprescindible para el final de El Tercer Día, una ecuación comprensible y coherente dentro de sus propios recursos. Por lo tanto, la caravana de fieles y sus estaciones, no serán obstáculos para el desenlace. De todos modos, creo que vale la pena experimentarla, si te atrapa la mitología y la exploración de aquella cristiandad new age, con sus revelaciones y actos apócrifos. 

Un evento de 12 horas en directo llamado 'Otoño' ha sido la gran novedad que ha traído 'El tercer día'


Aclarado esto, el motor de la historia y los pilares que la sostienen, se mantendrán firmes e intactos. Los personajes, llegarán a una encrucijada que parece predecible, empujados por el deseo de volver a la luz, olvidar la pesadilla y despertar. El acto final de El tercer día se construirá sobre el deseo lacerante de darle un sentido al duelo que aplasta y oprime el alma, encontrando la manera de reparar los errores y cubrir con hojas secas aquellas cicatrices que llevamos por dentro. Así como derribar aquellos mundos ficticios que un principio fueron la cura de la infección, aquella medicina que prometían las escrituras y pinturas extrañas dejadas en la Isla, testigos de un acervo religioso-cultural plagado de prácticas y cuentos profanos, altares y ritos de esperanza, sólo vivos gracias a la enajenación de los últimos devotos. Osea, representa la luz, no exenta de oscuridad.

Invierno concluirá como la consecuencia de una catarsis, un viaje personal que se ha vuelto comunitario, como si un germen se multiplicara creando una plaga de confusión en la atmósfera, la historia y los personajes. Una vez que el agua ha salido del vaso, se desborda y derrama sobre el suelo, sin que nada pueda evitarlo. Aquí, las culpas y los pecados de los protagonistas, podrán absolverlos o convertirlos en prisioneros, cada quien entregado a su propia fe, obligados a decidir y a enfrentarse con el miedo que los domina. En un acto de sacrificio, que asemeja más a un acto de cordura, aquel luto desgarrador y visceral que envuelve a Sam, encontrará paz y tranquilidad en un último escenario, que lo redime en parte, y lo condena por otra. 

Freya Allan en 'El tercer día' ('Invierno')

Porque así funcionan las cosas. Las tinieblas son emociones humanas que toman la forma de fantasmas, espinas que permanecen en la piel, rasgando, torturando y punzando una y otra vez, enviando señales que revolotean como moscas, o que saltan infinitas como los grillos anaranjados de Verano. El acto de olvidar es como una carta que permanece durante años en un cajón. Está presente, aunque creas que se ha ido. Ya sea en las creencias o en la voluntad, lo que hemos perdido, encontrará la manera de manifestarse y salir. En una isla, en un credo, en una enfermedad, en la ceguera o en la locura. Estará presente, siempre listo para ponernos a prueba y recordarnos lo que somos: seres humanos, con dolores, amores e imperfección. Bienvenidos a Osea, el alma de un planeta en permanente caos y peligro. 

‘Territorio Lovecraft’: breve crónica de una fantástica parodia  

'Territorio Lovecraft' ('Lovecraft Country') es una serie que se basa en el imaginario del escritor HP Lovecraft

Cuando HBO anunció el estreno de una ficción basada en las obras de H.P. Lovecraft llamada Territorio Lovecraft, todos los amantes del género del horror y la obra del escritor saltamos de nuestros asientos y nos preparamos para recibir la ansiada llegada de los entes, misterios y artilugios de aquel universo fantástico. Aquello despertó grandes expectativas en muchos. Expectativas, y televidentes que luego del fin de la temporada, o se quedaron felices, o masticando disconformidad. 

Primero que nada, despejemos la pista. Pues el espectáculo, no es realmente un relato de Howard. Territorio Lovecraft está basada en el libro homónimo de Matt Ruff, publicado en 2016. Quien, como muchos otros seguidores del maestro, creó un imaginario con variadas referencias a la obra del escritor, haciendo una reinterpretación libre de aquella mitología. En su novela, utiliza algunos matices lovecraftianos para generar una mezcla de variados elementos y temas de la ciencia ficción y el horror, en un tono pulp, un poco gore y aventurero, el que transcurre en el  Chicago de 1956, época en donde el racismo es como un látigo que castiga a la gente de color.

De esta manera, agregando ciertos matices sociales e ideológicos, transcurre la historia de Atticus (Jonathan Majors, When Why Rise) un ex veterano de la Guerra de Corea, amante de la literatura, quien regresa al hogar a reencontrarse con los suyos y que inesperadamente  se verá  envuelto en un misterio relacionado con su origen. Una vez sorprendido por el destino, emprenderá un viaje fantástico junto al tío George (Courtney B. Vance,  American Crime Story) y Leticia  (Jurnee Smollett-Bell, Aves de Presa) en busca de respuestas. A ellos, se unirán después Ruby (Wumbi Musaku, I am Slave), hermana de la chica,  Hippolyta (Aunjuane Ellis, When They See Us ) y  Montrose (Michael K. Williams, The Night Of, Boardwalk Empire), todos miembros del clan familiar. Luego de un primer encuentro con lo desconocido, conoceremos  a la enigmática Christina (Abbey Lee Kershaw, Elizabeth Harvest), la última heredera  de la magia sectaria de un grupo de místicos rubios como el sol.

La ausencia de una trama clara es parte del encanto o la desgracia de 'Territorio Lovecraft'

Luego de un piloto bastante prometedor, la serie deambulará en una acuarela de subtramas bastante alocadas, utilizando una especie de relato coral que lucha por encajar piezas que no siempre ajustan como debieran. Saltando de un género a otro, es a ratos aventurera, a ratos misteriosa, y a ratos una droga alucinógena, con escenas entre bizarras y graciosas que parecen disimuladas parodias. El apartado técnico no es malo, sin embargo, me parece irregular. Hay aspectos destacados en la creación de los escenarios y cuidado en la fotografía, pero a ratos abusa de los CGI de manera evidente y hace que se vea demasiado artificial. No obstante, no es esa su mayor cojera, sino lo que sucede con la historia que subyace en el fondo. Carente de una mitología  o idea nuclear, de unas raíces sólidas en la narración, olvida aquel primer piso argumental que le otorgue coherencia a su universo, lo que da pie a que los capítulos se transformen en momentos, diálogos y secuencias gratuitas, actos huérfanos de consecuencias lógicas dentro de su propia anatomía. Situaciones sin una causa y efecto resultante, en un guion enrevesado que sólo se limita a colocar más y más elementos en un ritmo frenético, con varios momentos de incongruencia.

La historia, es una madeja de la cual pierdes el hilo con facilidad, complaciente consigo misma hasta el hartazgo, como si fuese un espectáculo de fuegos artificiales en donde las chispas y colores salen disparadas hacia cualquier lado, sólo con el fin de encandilar y entretener a un público sonriente. Al final, no sabes bien de lo que trata, ni lo que quiso decir. En ese afán de soltarse y explotar, como si fuese un corredor de los 100 metros lisos tras el disparo, los conceptos y la presentación de los temas que pretenden ser más serios se convierten en bosquejos, anillos de humo que no consiguen asentarse. El problema racial, la discriminación, la diversidad sexual, la liberación de la mujer, son tratados tibiamente, perdiendo la oportunidad de ser utilizados de mejor manera, inmersos en aquellas tramas psicodélicas que te sacan y transportan a un terreno circense, en donde acaban hundidos como piedras en el  río

Difícil de calificar, algunos encontrarán en la serie un justo premio a las extenuantes horas de trabajo, que son recompensadas luego en la comodidad de un sillón, disfrutando de una historia ligera y entretenida. Sin embargo, para aquellos odiosos como yo, que gustan no sólo de despejar la cabeza, sino también de expandir un poco más el conocimiento seriéfilo con historias bien contadas, sean estas humorísticas, dramáticas, tristes o felices, pero, bien contadas, seguramente vas a enojarte o asombrarte. Incluso soltar alguna buena carcajada con las aventuras y desventuras de este grupete de locos, que hablan de magia, hechizos, demonios, dioses y viajes en el tiempo como si estuviesen comprando los víveres en el supermercado. Total, esas cosas pasan a diario y no hay por qué sorprenderse. 

Imagen de 'Territorio Lovecraft', de HBO

Porque, Territorio Lovecraft, es lo que es. Indescifrable, como los soberanos cósmicos que duermen en el espacio infinito, inenarrables, susurrando en las obras del delgaducho y enfermizo Philips. Y  como se dice en alguna parte, leída por casualidad en la selva virtual de Google: lo más importante en una historia, no son los monstruos, sino la atmósfera. La ficción es real, dentro de su propia realidad. Sin aquello, el escenario comienza a tambalear. Puede haber naves en el cielo, planetas raros, transformaciones y tentáculos dispersos, pero pasarán como pasan las sombras que vemos, hermosas por un rato, para luego difuminarse tras la caída del sol.

Territorio Lovecraft está disponible completa bajo demanda en HBO España.

‘Raised by Wolves’: androides, fanatismo y aullidos

Foto promocional de Raised by Wolves, del canal TNT

Este artículo contiene spoilers de la primera temporada de Raised by Wolves

El futuro del planeta es incierto. Una devastadora guerra asola la Tierra mientras ateos y creyentes, contemplan la caída de las otrora magníficas ciudades. Aquellos que creen en Sol, único y omnipotente Dios, son dueños de la tecnología necesaria para crear un arma destructora inigualable: Los Nigromantes. Androides que planean sobre los escombros y los cuerpos humanos, aniquilando todo a su paso. Una de las máquinas es capturada por un solitario anarquista que decide convertirla en una protectora, la última esperanza de la humanidad. Luego de ser reprogramada, estará lista para llevar a cabo sus deseos. Madre (Amanda Collin, The Exeption) como es llamada por su creador, recorrerá el espacio junto a Padre (Abubakar Salim, Black Mirror, Informer) camino al exoplaneta Keppler 22b, llevando consigo 6 embriones humanos. La misión: forjar un nuevo mundo, una idealista civilización  atea y pacífica. 

Esta particular familia llevará durante años una ardua lucha por la supervivencia a costa de la pérdida de sus hijos. Finalmente, sólo serán acompañados por Campion  (Winta McGrath), el único de los niños que ha salvado de la muerte. Un día, la aparente soledad se verá quebrantada. Una gigantesca embarcación surcará los cielos de la comunidad,  amenazando la seguridad de los nuevos colonizadores. Marcus (Travis Fimmel, Vikings) y Sue (Niamh Algar, Pure), vendrán en ella junto a Paul (Felix Jamieson), uno de los pequeños sobrevivientes que han escapado de la tierra junto a cientos de creyentes, los que terminarán a la deriva en un paisaje desolador, emprendiendo una forzada travesía sobre las rocas, los huesos y el polvo de la inhóspita región. 

En una historia alucinante, que cosecha lo mejor de la ciencia ficción, Raised by Wolves, no descubre la pólvora, pero la utiliza no sólo para explorar los tópicos ya conocidos del género, sino para enriquecer las posibilidades del mismo. Producida por Ridley Scott, reconocido por trabajos anteriores como Alien y Prometheus, es también el encargado de dirigir los dos primeros episodios. Éstos nos devuelven lo mejor de las obras del director en una atmósfera que juega con el horror y la desolación, en donde inocencia y furia desatada, se funden para inundar la pantalla de momentos que van desde el gore a los diálogos teológicos, cuestionamientos sobre el sentido de la sociedad y el objetivo de la existencia. 

En esta línea, surgen dos brazos argumentales evidentes: La religión y el poder que emana de la fé, capaz de desatar un fanatismo extremista, y la finalidad de la existencia humana como clan, un nexo filial que involucra la defensa a toda prueba de los que forman este núcleo. Estos temas estarán presentes en una balanza cuyos extremos son equivalentes, enseñando un claroscuro en donde los personajes son grises y deambulan en permanente evolución.

Madre, interpretada por Amanda Collin, en una imagen de Raised by Wolves

La historia coloca en el horizonte a Madre y Padre, dos entidades de naturaleza mecánica que han sido rediseñados para generar un profundo nexo con los humanos,  defendiendo a los integrantes de esta familia adoptiva en todo momento. Madre, deambula entre la bondad y la violencia brutal, representando a una figura que es monstruosa y gentil a la vez, un híbrido que cautiva y espanta con aquella despiadada perfección. Por contrapartida, tenemos a Marcus y Sue, quienes cargan sobre sus hombros el peso de un crimen y la culpa de una mentira que no han podido eludir.  Esta elección los ha llevado a asumir el rol de progenitores, amando al pequeño Paul como si se tratara de su propio retoño. Sin ser padres biológicos, no dudarán en exponer sus vidas e incluso asesinar para mantenerse unidos como familia. 

¿Son las emociones y los actos, elecciones propias del individuo? ¿Son estas cualidades las que nos hacen humanos? Si un androide es capaz de imitar y experimentar actos y sensaciones: ¿lo  transforma aquello en uno de nosotros? Cuestionamientos similares han tenido referentes en la literatura y en el cine, en imaginarios como Blade Runner, Ghost in the Shell  y obras similares. El futuro distópico y las consecuencias del desarrollo de la inteligencia artificial, son vertientes exploradas y recurrentes en la ficción. Sin embargo, Raised By Wolves, no se estanca en aquello. Aquí, beberá de otras mitologías para elaborar una subtrama que dará pie a un multiverso de posibilidades. Y lo hará dando vida a una entidad indescifrable, que trae consigo confusión y consecuencias: el propio mundo de Keppler 22b

Este planeta exterior, seleccionado para albergar a la nueva humanidad, posee una génesis desconocida llena de interrogantes. Territorio de antiguas y legendarias serpientes gigantes, ha sido la cuna de una civilización que parece deteriorada por el paso del tiempo. Más allá del árido poblado, un ecuador tropical se extiende salvaje e inexplorado. El mundo nuevo no está desolado. Nativos desconocidos, oscuros humanoides rodeados de un manto de misterio aparecen y desaparecen durante la historia. Quizás, guardianes de una cultura mística y bizarra que permanece en las tinieblas. 

Y es que las creencias, como parte neural de las sociedades, son tema recurrente en Raised By Wolves. La serie, desarrolla claros paralelismos  con el relato bíblico de la creación y el Jardín del Edén, aludiendo al pecado original y los orígenes del cristianismo. La dualidad compuesta por  lo masculino y femenino, está presente de forma constante en  su narrativa. Y como si se tratara de un cuento profético, una voz que parece venir desde los cielos de Keppler asumirá la identidad de un eco divino, que removerá las conciencias de los personajes afectando y distorsionando  su percepción de la realidad. Todo esto, extrapolado por aquel fanatismo religioso en los humanos y por el deseo de conocimiento e imitación de las emociones de las máquinas. La locura y una serie de actos erráticos, terminarán con la huida y el sacrificio de los mismos, quienes acabarán cerrando aquel primer arco argumental para regresar al principio, al origen de las preguntas e incógnitas que se abren como abanicos. 

Travis Fimmel encarna a un ateo infiltrado en un transporte mitraico en Raised by Wolves

De esta manera Raised By Wolves, opta por crear este rompecabezas futurista con variados elementos de suspenso, aventuras y acción, matizados con diálogos sobre la moralidad, el destino de la humanidad y el determinismo, aquella rueda irreconciliable que no se detiene  presa de la naturaleza destructiva del hombre y sus ideologías. Quizás, ciertos  discursos pecarán de ser un poco tibios ante la posibilidad de llegar al hueso en alguna jugada más filosófica y reflexiva. Sin embargo, esto no afecta para nada a un equilibrado y sólido guión que seguramente retomará aquellas  ideas en una temporada posterior. 

En resumen, esta manada de colonizadores luchará por la supervivencia y la naturaleza de los clanes con un instinto arrollador, programado o no, artificial o natural, da lo mismo, pues es inherente a la existencia. Visceral a momentos, con sus tejidos y partes de cuerpos, órganos y fetos viscosos, viajes en animación suspendida y conciencias virtuales, este entramado de lobos engancha y transporta hacia los túneles inmensos de Keppler 22b, agujeros de pesadilla tallados por arcaicas criaturas legendarias. Si amas el género, estarás rendido y satisfecho, esperando a que regrese con sus paisajes prometeicos, sus naves de plata y sus fluidos alienantes.

Raised by Wolves se emite semanalmente en el canal SyFy, los jueves a las 22:05h

 

‘El tercer día’, un verano con paranoia y confusión

Jude Law protagoniza 'Verano', los tres primeros episodios de 'El tercer día'

El Tercer Día es la esperada miniserie del creador de la reconocida y particular ficción británica Utopía, Dennis Kelly. Esta vez, nos sitúa en la enigmática Isla de Osea, un paraje rural y perdido en el cual transcurren diversos eventos divididos en capítulos. El primero, Verano, tiene como protagonista a Jude Law (The New Pope) en el personaje de Sam, un hombre atormentado por el pasado, que llega de manera aparentemente fortuita a esta especie de villa, luego de sorprender a la joven Epona (Freya Allan, The Witcher), en un bosque aledaño. Anclado y sin poder salir, decidirá quedarse y verse envuelto en el extraño modo de vida de sus habitantes, quienes se encuentran preparando una celebración folklórica y mística. 

Mr. Martin ( Paddy Considine, El Visitante) y Mrs. Martin (Emily Watson, Chernobyl), serán los anfitriones que acogerán a Sam, quien se hospedará en el bar dirigido por ambos. Allí, conocerá a Jess (Katherine Waterston, Animales Fantásticos), una mujer complicada por la custodia de sus hijas y las dificultades de un frustrado matrimonio.  

Podría decirse que la historia de El tercer día está centrada en la pérdida, el proceso que conlleva el duelo y la forma en que aplacamos aquel dolor, de manera consciente, o no. Un evento devastador, ha dejado profundas heridas en Sam, quien presa de ciertos momentos de poca claridad mental, caerá fácilmente en la red tejida por la gente de Osea, desconociendo su destino, el cual parece inevitable. 

El guion tiene la medida de un thriller psicológico, motivo que se evidencia en los traumas y conflictos de los personajes, así como en las creencias religiosas que profesan. Una polarización distorsionada del cristianismo, jugando con elementos que corresponden a tradiciones paganas, dioses y sacrificios, todo esto en pos de la riqueza y la buena fortuna de los habitantes de la isla. 

'El tercer día' es la nueva serie de Dennis Kelly, el creador de 'Utopía'

A partir de este núcleo, diversas subtramas reforzarán la idea de esta malsana teología; no obstante, aún siendo pertinentes, algunas son difusas o poco desarrolladas. Da la impresión de querer utilizar demasiados elementos para contarnos algo que podría haber funcionado de otra manera. Al final, los diálogos pueden parecer demasiado explicativos, a pesar de la abundante simbología que presenta la historia. En cuanto a los personajes, los que se llevan el peso son los protagonistas, sólidos y bien interpretados, a diferencia de los secundarios, muchos de ellos anodinos, individuos que son guiados sólo por los impulsos, o que simplemente no son relevantes en absoluto. Esto con la clara intención de mostrar cierta enajenación y locura en ellos, recurso que nos desvela la identidad distorsionada de los seres humanos que conviven en esta especie de secta. 

Es el deseo del creador, claro está, exponer estas fisuras y jugar con el tono de la realidad, dando vida a un remolino de confusión. Sin embargo, ciertas situaciones un tanto gratuitas, hacen que la historia se vuelva a ratos predecible.  Este efecto, es el resultado de una ficción que bebe de muchas otras, lo que hace difícil no compararla con obras similares. En un viaje a ratos alucinante, nos toparemos con un abanico de tonalidades, flashbacks y efectos de cámara, que serán parte de una atmósfera nebulosa, intensificando los momentos al son de un buen fondo musical y representaciones alegóricas que brotan permanentemente ( el bosque, el mar, los insectos, etc). Esto, sumado a la impecable performance de los actores más avezados, hacen que la serie consiga flotar, tapando la irregularidad de su guion, creando momentos de misterio y alcanzando algunos puntos de horror psicológico bastante logrados.

En resumen esta primera parte de El tercer día, Verano, siendo un tanto confusa y un poco obvia, logra imponer las condiciones necesarias para crear una trama interesante, instaurando la mitología del pueblo de Osea y sus particulares habitantes. Dolor, muerte, redención, perdón y olvido, yacen en esta bruma que se dispersa como el mar, dejando abierto el camino hacia la isla, un camino serpenteante que decides cruzar, o no. Allí, estarán esperando sus misterios, entre algunas sombras y pantanos, árboles, grillos anaranjados, claroscuros e imágenes oníricas al borde de la paranoia y la realidad.