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Autor: Rocío Gevaudan Infante

Futura cineasta. Escritora aficionada. Me gusta la ciencia ficción, Lovecraft, Lars Von Trier y Blade Runner, los días de lluvia, dormir y leer.

‘Servant’ T2: Humor negro, rituales y suspense

Este artículo contiene spoilers de las dos temporadas de Servant

Antes de la decadencia del cine de terror, antes del reciclaje, los jumpscares y los monstruos que dan más risa que miedo, hubo clásicos inolvidables y ganas de crear historias de calidad. El horror de nuestra época ha llegado convertirse en un género desprestigiado, uno que ha costado bastante reflotar y que merced al atrevimiento de algunos nóveles directores, ha vuelto a reencantar a los fanáticos acérrimos de lo  oculto y perturbador. Arrastrada por la corriente de estas renovadas ideas, Servant es un híbrido que se saborea como los deliciosos platillos del mejor de los cocineros.

Estrenada en 2020, por Apple TV+, nos regala lo más sólido de la filmografía de M. Night Shyamalan, creador de Sexto Sentido, Señales y El Protegido, quien acompañado de Tony Basgallop, da vida a la enigmática historia de los Turner, un matrimonio compuesto por un Chef de renombre y una vivaz reportera quienes pierden a su hijo en circunstancias macabras. Este pequeño, reemplazado por un muñeco debido a la hecatombe mental de la madre, volverá a llorar y a patalear cuando irrumpa en sus vidas el personaje de Leanne (Nell Tiger Free) una joven misteriosa contratada como niñera. La historia es un cuento fantástico sobre sectas y seres que vuelven de la muerte con la misión de servir a familias desesperadas. La desaparición de la muchacha y la pérdida de Jericho (bebé de los protagonistas) terminarán por cerrar la primera temporada, dejando a la pareja abatida y confusa. 

Un tiempo ha pasado y el imaginario regresa con diez nuevos episodios,  siendo igual de adictiva sobre la base de la ingeniosa mezcla de géneros que conviven en la obra. Servant, no es sólo misterio, es un abanico de posibilidades: humor negro, tragedia, thriller psicológico y enredos. Todo sobre la base de un acto coral reducido y brillante, con sólidas actuaciones y personajes queribles.

En esta nueva aventura, Sean (Toby Kebbel), Dorothy (Lauren Ambrose) y Julian (Rupert Grint) buscarán incansablemente a la desaparecida sirvienta, creyendo que tanto ella como su inquietante tío George (Boris McGiver) son responsables del rapto. La serie sale a ratos de la claustrofóbica casa de los protagonistas. Sin embargo, sigue transcurriendo mayormente en el hogar. Dicha casa es el útero que contiene la tragedia entre sus paredes. No obstante, este monolito sacrosanto se fractura para volverse caótico y asfixiante. Este aspecto simbólico, se une a otros como la comida, elemento asociado a la transmutación. Los animales sacrificados, renacen sobre la mesa como si fueran ofrendas preparadas por Sean. Servant se nutre de la ritualidad, las artes mágicas y el dogmatismo. Un cristianismo penitente, reglamentos sectarios y el miedo a la autonomía son recurrentes en la historia, así como la inmaculada virtud de la joven. La virginidad, el apetito sexual e incluso el amor, son actos pecaminosos y por ende prohibidos.

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Bajo este punto de vista, los Turner, socialmente exitosos, se transforman en pálidas representaciones de lo que fueron, incapaces de procesar lo sucedido en el pasado. Involucrados en situaciones absurdas y disparatadas, son actores de una obra montada sobre la mentira. Luego de idear una serie de planes, llegarán hasta el paradero de la enigmática sirvienta, la que será secuestrada y encerrada en la casa. Mientras tanto, una grieta en el sótano se abre y agiganta. Pugna por revelar la horrible verdad. Como si gritase desde el fondo de la húmeda tierra. Allí,  la cordura se evapora y los insectos deambulan. Dorothy, colapsada por la situación, vivirá episodios psicóticos y violentos. Leanne, encerrada en el ático bajo la silenciosa mirada de un pulcro maniquí, será víctima de sus ataques. Estresada por la situación, agotada y aburrida, decide sepultar la figura de una madre malvada y narcisista mientras renuncia a los mandatos de la secta a la que pertenece.

En este punto, logra conectar con la agonía de los Turner y decide ayudarlos. La honestidad con la que desean el regreso de Jericho y la firme decisión de la madre del bebé quien está al borde del suicidio, logran su cometido. A pesar de que sus actos sean más que cuestionables, conseguirán la redención para reconciliarse con la joven. La promesa de una nueva y auténtica familia, terminará por unirlos a pesar de las consecuencias. La sirvienta, utilizará sus poderes para devolverles la felicidad asumiendo el castigo.

Servant se nutre de un espíritu urbano y moderno e incorpora elementos propios de la leyenda. Tiene un aire rural, un folk horror de personajes extraños e inquietantes siendo un cuento que entretiene, con sus idas y venidas. A pesar de redundar y de perder contundencia en uno o dos episodios, de igual modo te agarra con sus pálidas manos.  La tradición de los muertos y el puente que los une con los seres humanos, sigue siendo atractiva pues se utiliza con ingenio. La tierra y el cielo, pactan como lo hace el diablo con sus fieles. Leanne evoluciona y se fortalece al romper con el contrato y yendo en contra de sus tíos. La guerra se avecina y termina siendo inevitable.

Un show espeluznante, una comedia de horror, un thriller psicológico, una rara novela o mito contemporáneo: Servant es un pulpo de largas y ventosas extremidades. Una buena medicina para los días de encierro. Pues, que siga adelante. Nos merecemos la extrañeza y la endeble salubridad mental de sus historias. 

‘Allen vs. Farrow’: un final ‘made in Hollywood’ (o no)

Mia Farrow y su hija Dylan exponen el caso 'Allen vs. Farrow', en HBO España

Cuando los documentales apelan al sensacionalismo, pueden resultar en adictivas historias a pesar de sus falencias, o caer en la mediocridad siendo pálidas expresiones de los acontecimientos. Allen vs. Farrow, es un poco de aquello. Trozos dispersos que buscan sobrecoger, generar rabia o empatía pero que acaban convertidos en una antojadiza representación.

Kirby Dick y Amy Ziering nos remontan al año 1992. Woody Allen, galardonado director, es acusado por Mia Farrow, su novia y actriz, de abuso sexual. La víctima, su hija adoptiva, Dylan, de cinco años de edad. Los tabloides, privilegiados testigos de aquella época, fueron espectadores activos de este melodrama judicial, una sórdida historia de acusaciones y demandas entre reconocidas y exitosas estrellas de Hollywood. El también escritor, hacía pública entonces su inaudita relación con otra de las niñas adoptadas por Mia, Soon Yi-Previn, lo que terminaría por colocar toneladas de carbón en el fuego incandescente. Finalmente, Allen sería exonerado y declarado inocente del cargo imputado. Luego, en un juicio posterior terminaría perdiendo la custodia de sus hijos, la que había reclamado acusando a Farrow de incapaz y de manipular a su retoño para que inventase lo del abuso.

Un par de décadas han pasado en un mundo sobresaltado y dominado por Internet. En un afán correctivo, hombres y mujeres han abandonado el conformismo para pavonearse en las calles con el fin de censurar, clausurar y cancelar todo acto considerado incorrecto o extremista. Aquel clamor popular ha sido liberador y más que necesario. Sin embargo, hijos míos: a veces las cenizas huelen como las hogueras encendidas en Salem. Existen grises en el mundo. Y no todo justiciero es un hombre venerable. Extrapolando esto a la televisión, este fenómeno se instala y se expande como la gripe, cuestionando los hábitos de la poderosa industria del entretenimiento. Secretos y conspiraciones, vicios y crímenes encubiertos por señores de cuello y corbata, son platillos cotidianos. 

Ronan, Mia y Dylan Farrow en una imagen de 'Allen vs. Farrow'

En Allen vs. Farrow, esta fórmula constituye el meollo del asunto. Establece el poder, personificado en un ente todopoderoso y brutal que se encarga de tapar oscuros asuntos, protegiendo a los suyos. El documental actualiza (o pretende actualizar) lo que ya conocemos. Las versiones del hecho se vuelven a explicar entre testimonios y charlas. Sin embargo, desde el principio tropezamos con una premisa evidente. Allen, no existe. Existe Farrow. Las amigas de Farrow y los testimonios de los Farrow. No hay nuevos aportes. Tampoco revelaciones. Sólo la palabra del clan involucrado. Aquella exclusión de uno de los intervinientes, genera molestia pues la exposición de los acontecimientos se vuelve unilateral. 

Los dos primeros episodios son un crisol de declaraciones que pretenden argumentar y dar claridad a los hechos, los que terminan en especulaciones a pesar de que se esfuerzan en dar vívida credibilidad. Especial atención merecen las asociaciones realizadas por escritoras o cronistas de espectáculo que han seguido y estudiado la obra de Allen, los que establecen un nexo entre la obra del autor y la vida real (¿?) pasando por alto, sin arrugar una ceja, que la literatura es ficción, que se constituye de la imitación y la verosimilitud con nuestro mundo pero que no representa una prueba criminal o es suficiente para diagnosticar algún tipo de trastorno o inclinación. Curioso, en verdad. No hay duda de que tenemos a un adulto atípico y extraño. Su carácter y personalidad siempre han sido particulares. Pero, si vamos a catalogar a la gente por sus actitudes, los Farrow tampoco son un modelo de normalidad. Conforman una especie de aldea sectaria, llena de hijos adoptados que viven como hippies en un mundo feliz. También hay tela que cortar en la atalaya de la actriz. Y aquí no se habla de los aspectos turbios de la familia, también conocidos a través de la prensa. Las razones del quiebre que termina con Soon-Yi (actual esposa de Woody) desvinculada de su madre, carecen de versiones actualizadas de la contraparte. Tanto ella como Allen, se han negado a participar. Tampoco hay mucho de Moses (Moses Farrow), uno más de los niños distanciados de Mia quien sigue apoyando tajantemente a su padre alegando maltrato y golpes en el hogar. Tampoco se mencionan los hechos que llevaron al lamentable suicidio de otros dos hijos adoptados. Y podríamos seguir aludiendo a diversas historias y notas. Como vemos, hay mucha nebulosa en torno a los protagonistas. Demasiada, a mi parecer. 

Foto familiar de Woody Allen y Mia Farrow con sus hijos

Los episodios finales, especialmente el tercero, se empeñan en estructurar un piso firme y contundente, sin conseguirlo. Evidencian la pobreza del material utilizado. Sólo hay audios entrecortados, grabaciones que podrían ser o no modificadas y algunas notas pequeñas que parecen irónicas por lo breve que son, en una obra que se construye sobre la única visión de las víctimas (supuestas) de esta tórrida historia. Acaba siendo un melodrama cruel de la realidad, porque no logra convencer y se vuelve una guerra de todos contra Allen. Finalmente, con encuadres tristes y melancólicos, vemos a Dylan reviviendo el abuso de antaño. Su relato es reflexivo, ajeno a datos escabrosos y solidario en su retórica. La joven, opta por establecer un nexo con el mundo para convertirse en referente de otras mujeres violentadas. Hay rabia, trauma y dolor. Pero, todo controlado, para no pecar de amarillismo. Es casi conciliadora, protegida por el hogar y  los brazos de su cónyuge. Esta joven, manipulada por su madre, imaginando lo sucedido o narrando la verdad, plantea una pregunta difícil de responder. Todo apela a nuestra percepción, enteramente subjetiva. 

Desde mi océano de expectativas, visto el total de la serie, se torna insuficiente. Algo evita que puedas empatizar con el relato. Posiblemente, la intención. La forma de construir y mostrar las evidencias. Los testimonios. Las teorías. Se siente como caminar dos horas sobre la arena. Para terminar fastidiada y con los tenis llenos de piedras. 

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Allen vs. Farrow, se olvida de la rigurosidad. Se viste de bondad para manipular  las emociones y la percepción del espectador. Es unilateral, desbalanceada, capciosa y especulativa, repitiendo la premisa de algunas predecesoras pero sin dar en el clavo. Peca de exacerbar presunciones y comentarios empujando el carro hacia un lado, sin un ápice de culpa. Y lo hace a propósito, porque así lo decide. Lo que es indiscutible, es la cortina que se niega a desaparecer con los años en donde cada contrincante ha permanecido inalterable, a costa de estropear la vida de unos niños que han crecido bajo la sombra de la  lucha y el resentimiento. Hay destrucción por donde se mire. Seguramente, traiciones. Venganza. Desamor. El colapso de un idílico sueño hollywoodense. Y, como cita el documental, seguramente jamás sabremos lo que ocurrió. Bueno o malo, juzgue usted por su cuenta. Podríamos debatir sobre la obra y el artista. Sobre la moral y la rectitud. Sobre lo que amamos de nuestros ídolos y lo que podemos perdonar. Nos cuesta cuestionar o ir en contra de lo que admiramos. Por eso existe la ley. Para iluminarnos, supongo. En este caso, puedes optar y resolver el problema por tu cuenta. Bucear en lo profundo para terminar con el misterio. 

Allen vs. Farrow está disponible completo bajo demanda en HBO España

‘The Stand’: el profético fin la humanidad

Starzplay estrenó 'The Stand', la adaptación de la novela 'Apocalipsis', de Stephen King

Este artículo ha sido escrito después de ver la temporada completa de The Stand y contiene spoilers.

Stephen King ha establecido un universo que ya conocemos bastante, siendo reinterpretado con buenos y malos resultados, tanto en el cine como en la televisión dejando bondades y sin sabores, tan variados como las opiniones de sus acérrimos fans. En esta oportunidad le ha tocado el turno a The Stand, novela del chico de las lentes bohemias, publicada en el año 1978, cuya primera adaptación vio la luz en el 94, dirigida por Mick Harris en formato de miniserie. Ahora, con Josh Boone a la cabeza, el apocalipsis y sus demonios errantes, regresan con una atmósfera que palpita surrealismo y una poética malvada, en un viaje de heroísmo, esperanza y sobrevivencia. 

Cuando un virus experimental, creado por el gobierno se sale de control, una brutal epidemia amenaza con destruir a toda la humanidad. Esta fuerza letal, la super gripe conocida como Capitán Trotamundos se esparce como abejas asesinas en cada continente, matando a millones. Los pocos sobrevivientes, aquellos inmunes a la enfermedad, serán elegidos y acudirán al llamado de una centenaria mujer. La anciana Madre Abigail (Whoopi Goldberg) aparece en los sueños de estos atípicos apóstoles, con el objetivo de construir un último bastión, un pueblo recóndito que habrá de levantarse para perpetuar la  humanidad. 

La señora de los dreadlocks, ha hecho lo necesario. Sin embargo, no es la única con la habilidad de reclutar misioneros. Una maligna entidad, seductora y carismática, se ocupará de los egoístas, maleables y disconformes, enajenados que se unirán a este falso mesías prometeico en la ciudad de Las Vegas. De este modo, Randall Flagg, El Hombre Oscuro (Alexander Skarsgard) se valdrá de sus almas, proporcionándoles un falso paraíso de recompensas, placeres y libertad. 

Alexander Skarsgard y Whoopi Goldberg encabezan el reparto de 'The Stand', disponible en Starzplay

Entre los aliados del brujo, Lloyd Henreid (Nat Wolff, Bajo la misma estrella) será  su mano derecha, un delincuente de poca monta sediento de ambición. Nadine Cross (Amber Heard, La Liga de la Justicia) será la amante secreta,  la mujer que  jugará un papel clave en la narración tras ser seducida por Flagg. Y Harold Lauder (Owen Teague, Bloodline, It) un muchacho vengativo, lleno de rencor y desilusión, serán parte de un plan para acabar con la  congregación de la Madre Abigail.

Ante el inminente peligro, Stu Redman (James Marsden, Westworld), Frannie Goldsmith (Odessa Young), Glen Bateman (Greg Kinnear, Little Miss Sunshine), Larry Underwood (Jovan Adepo, Watchmen), Ray Bretner (Irene Bedard, El Nuevo mundo) y Nick Andros (Henry Saga, The New Mutants) serán advertidos formando un equipo para proteger a la comunidad.  Más tarde, cuatro miembros de la misma, serán enviados hacia el núcleo radioactivo del mal. Allí, Tom Cullen (Brad William Henke, Fragmentado) servirá como espía, siendo clave al colarse y pasar desapercibido en la Sodoma y Gomorra post apocalíptica.

The Stand, pudiera pasar como una serie desestimada. La estructura de su relato puede estar falta de ritmo, sobre todo al inicio. Se toma su tiempo estableciendo las premisas que encenderán la narrativa. Es un acto coral, en donde cada personaje debe encajar. Algunos, serán relevantes y de perfiles elaborados. Otros, serán pasajeros y servirán como desencadenantes de otras situaciones. No obstante, todos cumplen un rol, como en un juego de ajedrez. Es un punto a destacar, pues las relaciones y consecuencias que resultan de ellos, no son fáciles de manejar  y la serie lo consigue dejando pocos vacíos. 

Las actuaciones, avaladas por un grupo de muy buenos actores, no decaen. Un sólido elenco da vida al espectáculo, moldeando un universo de tenebrosa ficción que simula una agreste y apocalíptica eventualidad, una pesadilla posible, que consigue transmitir desesperación y desolación. La escenografía, destructiva y derruida, está presente en las ciudades olvidadas y solitarias, en las carreteras eternas atestadas de cadáveres y vehículos abandonados, en los sueños proféticos y las oscuras quebradas en medio de los parajes. Como antítesis de aquello, un infierno terrenal ubicado en Las Vegas, reproduce la figura del hombre que camina en carteles publicitarios. Una tierra prometida levantada por el hechicero, es iluminada por hipnóticas luces de neón sirviendo de hogar a todos  los desesperados, aquellos que aspiran a un nuevo orden caótico en donde ninguna regla los encadene.

The Stand es el onírico enfrentamiento del bien contra el mal. En aquella guerra sectaria, tanto justos como pecadores le seguirán el paso a la muerte. Algunos escaparán. Y otros serán condenados. ¿Qué hará el hombre en el momento en que todo se derrumbe? ¿Ha de optar por la libertad? ¿Elegirá el buen camino o perderá la esperanza? El demonio, haciendo sus cosas de demonio, se valdrá de trampas y encanto para tentar a los elegidos. Con alegorías cristianas a la orden del día, los protagonistas experimentarán tanto el engaño como la fidelidad, el odio y la hermandad. 

En esta lucha y redención, la victoria radica en una sola alegoría: la fe ciega en la verdad. Aquella, está representada en el versículo que repiten los personajes: «A pesar de caminar por un valle de sombras, no he de Temer. Tengo a Dios de mi lado». Aquel bíblico cantar actuará como escudo bajo lanzas oscuras. De esta manera, Randall Flagg, a pesar de las hordas de cobardes que le acompañan, no será capaz de responder ante el puñetazo celestial.  Las Vegas, emulando la caída de la antigua Babilonia, vestida como Lot, quien termina convertida en una estatua de sal, acabará devastada a causa de la ambición. La salida del laberinto, será desvelada por la Madre Abigail. El epílogo final, escrito por King para esta nueva versión, establece la premisa de gran parte de su universo: «el que cae una vez, se debe volver a levantar». Es aquello lo que prevalece. No hay otra manera. El mal, es propio de la vida. No te puedes esconder. Sólo te queda pelear.

 

Este literario Armageddon, vestido de New Age, tiene el sello de su autor. Aquello se palpita en cada toma y fotografía, tonalidades y brumas. Si te atrapa el misterio y la obra de King, The Stand, te gustará. Si no quieres que la mollera te de vueltas y vueltas, desentrañando un guion repleto de personajes, conexiones y preguntas, será difícil que te enganches. Como amante del género, de todos modos la recomiendo. No obstante, mis opiniones, no son para nada directrices. A mi me agradan las leyendas y los seres maquiavélicos. Es que soy una oscura chica seriéfila y me encanta vivir en permanente sobresalto. Que venga luego la plaga, que no me asusta la virulencia. Es más, la disfruto. Con todo el corazón.

The Stand está disponible completa bajo demanda en Starzplay.

Especiales de ‘Euphoria’: un viaje al corazón de las antiheroínas del glitter

'Euphoria' regresó con dos episodios especiales que sirven como puente hacia la segunda temporada

¿Qué es lo que viene luego de la ruptura? Pues la calma. La pesadumbre. Aquello que se posa como una mosca en la sopa. Y en el intermedio de aquel drama, para no quedarnos con el amargo sabor de la despedida, Euphoria regresa, a modo de aperitivo, con dos episodios de regalo, en un formato íntimo e introspectivo, ofreciendo un atisbo de lo sucedido con sus protagonistas, luego del devastador y llorado quiebre en la estación, allí donde los trenes vienen y se van. La poderosa narrativa de la ficción, se ha dedicado a bucear en la psique de sus personajes, dimensión que a momentos está llena de teatralidad y poderosos cuadros sobre la sexualidad, el amor y la marginalidad. Para esto, Sam Levinson, utiliza recursos entre poéticos y cotidianos, para organizar dos escenarios que se complementan y refuerzan, uno con el  otro. 

La primera entrega, bajo el título de Las rayadas no son eternas, transcurre en vísperas de Navidad. En un escenario urbano y melancólico,  Rue (Zendaya , ganadora del Emmy 2020) retorna triste y agotada acompañada de Ali (Colman Domingo) el compañero rehabilitado quien la enfrenta en un rol casi paternal, hablando de la vida, las drogas y sus demonios. La secuencia es un largo cara a cara en donde se exponen las debilidades y las fortalezas de ambos, en una acuarela de emociones donde hay pausas y reflexiones, con enfoques hermosos y filmados con sobria elegancia y equilibrio. Ambos, se potencian en aquella escenografía nocturna, ejecutada a la perfección. El tono de la charla bordea el secretismo, la fraternidad y la revelación y nos lanza hacia el vacío que aflige a la protagonista , la que a ratos parece desear la redención, del mismo modo que la condena. 

Las heridas de Rue son pesadas cadenas. Y su adicción, la sentencia, que parece eterna e irreversible. En aquella tragedia ha perdido la integridad. Es alguien diferente, un fantasma que deambula junto a un cuerpo desconectado de toda realidad. La ética y la moral, son puestas a prueba. La expiación se convierte en un proceso caótico y nudoso, en un acto de valor que involucra regresar a la cruda humanidad, dejando atrás a la marioneta, a la fuerza que maneja los hilos del cuerpo a través de las drogas. 

La tragedia de Rue, es como un cable que la sostiene. Y se debate entre morir, en un acto pseudo heroico, o luchar contra los demonios, dejándolos atrás. Sociedad, desigualdad, falta de oportunidades. En una arquitectura de hostilidad, en donde la violencia y la discriminación son actos habituales, sólo queda aferrarse, apelar al amor, aquel humano contacto que hace llevadera la vida. Todo esto, te romperá el corazón, de todas maneras. Euphoria, no es un relato agradable. Pero lo vale en su poética, en la figura delgada y absorta de su protagonista, que sobrecoge y fascina junto un partner perfecto, que funciona como conductor y reverso de la página, para concluir un episodio redondo en su narrativa, al compás de la música que se repite nostálgica mientras se difumina la imagen, dejando un halo de destrucción, belleza y ensoñación. 

Rue (Zendaya) y Ali (Colman Domingo) protagonizan el primer episodio especial de 'Euphoria', en HBO España

El siguiente especial de esta Euphoria, empapado en cuadros surrealistas, se abre luego con Jules (Hunter Schafer) en el episodio titulado Que se Joda cualquiera que no sea una gota de mar (F*ck Anyone Who’s Not A Sea Blob) onírica presentación que utiliza, nuevamente, el recurso de la conversación, ahora en la sala de la terapista de la joven. En este espacio de sobriedad que funciona como detonador ideal para las revelaciones, los traumas subterráneos aparecen al bucear en lo profundo del mar, recuperando recuerdos en busca de respuestas.  Acertados flashbacks y escenarios de la niñez, nos remontan a la familia. Una madre acongojada, ha pretendido ocultar la naturaleza transexual descubierta  en su retoño. Tiempo después, acabará arruinada por la adicción, perdida y ausente, con las consecuencias que conlleva la separación de una hija. Aquella novel fractura, dejará marcas en Jules. Más tarde, deslumbrada por el amor, buscará convertirse en el salvavidas de Rue, la única persona que la conoce de verdad. De manera indirecta, se ha condenado en un juicio que no ha merecido. 

Un remolino pasional habita en la chica como la brillantina en su rostro. En aquella selva exultante, el sexo y la promiscuidad, son los pilares de su identidad. Busca la aceptación. Como mujer e individuo. En busca de agradar y aferrarse a la feminidad, transforma este concepto en una especie de ídolo que parece inaccesible. Este ángel de alas rotas ha creado ante el mundo una personificación de sí misma, cuyo fin es gustar, ser objeto de deseo y anhelo de los hombres. Se ha olvidado de encontrarse. Sin tanto artificio. La rubia es la mariposa metida en la crisálida, la gota de agua en el océano. Sus fantasías y delirios  en forma de sueños de posesión, húmedos y violentos, la muestran siempre entregada a una satisfacción que la hiere y empodera a la vez, en una dualidad nebulosa. Al final del relato, queda un rayo de luz, que se desvanece como la neblina ante el primer atisbo de sol. 

Jules (Hunter Schafer) protagoniza el segundo episodio especial de 'Euphoria', en HBO España

A ratos surrealista, como dije al principio, a ratos efectista, Euphoria puede pecar de caer en lugares comunes o abusar de una especie de glorificación de la tristeza, ofreciendo al espectador un crisol de pesadumbre. Sin embargo, su lírica depresión no se siente forzada y funciona como un puente que sirve para entrelazar los nudos argumentales, los de Rue y los de Jules, potenciando la trama. 

Euphoria,  es aquello. Emociones al desnudo. Al borde del precipicio. Sus protagonistas, inmersas en procesos que parecen inconmensurables, seguirán tropezando, embriagadas de juventud, juntando lágrimas con sonrisas, así como muchas apasionadas en el mundo. Por mi parte, perfecto. Me agradan la tragedia y el romanticismo novelesco. Anti heroínas modernas. Destruidas y reconstruidas. Románticas y mártires.  

‘Equinox’: ciclos naturales, ritos y desapariciones

'Equinox', la nueva serie danesa de misterio de Netflix

El misterio, aquella sensación que nos eriza y nos alerta, forma parte de aquellos miedos que construyen muros con la finalidad de dejar atrás el pasado, antiguas experiencias y cuentos repetidos. Canciones de cuna de melodías macabras, o acontecimientos que marcaron parte de nuestra vida, rememorando siluetas bailando en el tragaluz o la ventana de la habitación, antes de dormir atrapados por el sonido del viento, crispado sobre las copas de los árboles legendarios. Equinox, es una probada de lo anterior. Eventos grabados en la memoria, rupturas familiares y entidades fantásticas que se niegan a desaparecer. Dentro del catálogo de Netflix, desde las lejanas tierras  danesas, con un estilo folk horror y un aire de Stephen King, un grupo de adolescentes ochenteros, sin saberlo, irán rumbo a la tragedia. 

Ida (Karoline Hann) de manera inexplicable, desaparece junto a  un grupo de compañeros de colegio durante un viaje en autobús. Tres de ellos  regresarán: Amelia (Fanny  Leander  Bornedal), Jakob (August Carter) y Falke (Ask Mossberg Truelsen). Interrogados por la policía, contarán sólo partes inconexas de la verdad, dejando el rompecabezas inconcluso sobre la mesa. Así, el tiempo pasará en un aparente silencio, hasta que los antiguos fantasmas del pasado, regresen por  Astrid (Danica Curcic) en forma de  extrañas visiones y paranoias, las mismas que marcaron su complicada infancia. Un confuso universo, siniestro y caótico, aparece recurrente y violento en sus sueños. En ellos, Ida, su hermana, aún se encuentra cautiva, luego de años de oscuridad. Los padres de las niñas, Dennis (Lars Brygmann) y Lene (Hanne Hedelund) sufrirán las consecuencias de lo sucedido con sus hijas, cada uno con sus propias maneras de afrontar la tragedia. De este modo, serán influyentes en la personalidad y la vida adulta de Astrid, asolada constantemente por la  angustia. Luego de recibir una extraña llamada telefónica al programa radial que conduce, comenzará una ardua búsqueda e investigación, intentando desentrañar aquel mítico acertijo del pasado. En aquella tarea, conocerá a Henrik (Alexandre Villaume) uno de los profesores de los chicos perdidos, el cual jugará un papel determinante hacia final de este teatro de secretos.

La serie no somete al espectador con sorprendentes efectos o giros imposibles. Logra prevalecer con un paso cauteloso, dejando rastros e insinuaciones una y otra vez a lo largo de la aventura. Equinox establece un universo fantástico y primordial, cuyo génesis encontramos en la leyenda de Ostara, diosa femenina quien se enamora perdidamente de un ser maravilloso y extraño. Aquí, la narración jugará con algunos elementos típicos del crime story y el horror psicológico pero, sobre todo, similar a una fábula, un relato rural que relaciona a los seres humanos con dioses arquetípicos, los mismos que ofrecen y piden favores a cambio, arraigados en el acerbo cultural de la comunidad.

El relato, se compone de  dos historias relacionadas con la protagonista, utilizando una permanente irrupción del pasado en el presente, al igual que una caja de muñecas infinita en donde las habitaciones ocultan espejos y cajones. De este modo, a través de constantes flashbacks y recuerdos, la heroína luchará por encontrar la verdad, aquella que parece haber sido olvidada. Con sus tonos opacos, un tanto grises y duros, la atmósfera simulará un onírico anti paraíso, en donde los personajes parecen afectados por la locura o una especie de amnesia, lo que los mantiene protegidos de aquel agujero dimensional en donde yacen cautivos los actos del pasado.

'Equinox', la serie danesa de Netflix, se adentra en un mundo de ritos ancestrales

Sin ser demasiado inteligente, tiene buenos momentos, a pesar de sus múltiples preguntas sin respuesta. En aquel apartado se desequilibra y cojea, prisionera de un guion que deja constantes interrogantes. Mientras, a ratos es un poco burda al revelar la conclusión de la historia, de manera premeditada o no, por otro lado, deja abiertas las puertas, cabos sin atar y puntos suspensivos de paréntesis vacíos. Sin embargo, funciona en su mitología y genera curiosidad. 

Equinox, es un buen ejercicio sobre el género fantástico, con deidades antropomorfas y una liturgia legendaria, que da cuenta de un teriomorfismo vivo en la comunidad, cuyo objetivo es mantener el equilibrio de la naturaleza, en un ciclo infinito. Con aspectos sectarios, místicos y ritos que aluden a la fertilidad, es una ventana hacia los sueños, la conciencia y la manera en que la niñez determina la personalidad de los individuos, su psicología y los límites entre la realidad y la imaginación. Aquel mundo que construimos luego de traumas profundos y heridas emocionales. Bien actuada y correcta, puede ser adictiva y un buen plato de ficción para aquellos que gustan del género de lo inexplicable. 

Ida y Astrid son dos hermanas separadas por una tragedia en 'Equinox'

Mientras tanto, en medio de nuestra propia jungla confortable, hecha de vanidades y modernidad, más de alguno soñará con seres imposibles, animales de rostros y ojos humanos al oír uno que otro cuento escuchado junto al fuego luego de largos inviernos. Es la maravilla de los hombres: soñar e imaginar. Hasta donde sea posible. 

Equinox está disponible en Netflix completa bajo demanda.

‘Romulus’: El origen del héroe bajo la espada de la traición

 

'Romulus', la serie prerromana de HBO

Cuando la ambición comienza a carcomer el seso de la gente, no es posible regresar. No existen los hermanos, padres, madres, amigos o familiares. Es el principio de la barbarie y la caída de la moralidad. En este juego de poderes, que pretende ser conspiranoico y salvaje, Romulus es una lucha hacia la madurez, el destino y la aceptación.

La historia, nos sumerge en los orígenes del magno Imperio Romano, siglo VIII antes de Cristo, en una época tribal en donde diversos grupos están regidos por reyes, de los cuales el rey de Alba, Numitor (Yorgo Voyagis) es quien lleva la batuta siendo la cabeza de todos ellos. Éste será desterrado luego de que los dioses abandonen a los hombres, asolados por una prolongada sequía. Aquí, las oscuras intenciones de Amulius (Sergio Romano) comenzarán a manifestarse siendo estimulado por su codiciosa mujer, Gala (Ivana Lotito). El maquiavélico plan de ambos teñirá los campos de sangre y de muerte. Buscarán asesinar a los legítimos herederos del trono, Enitos (Giovanni Buselli) y Lemos (Andrea Arcangeli). Este último, conseguirá escapar y refugiarse en el bosque  donde conocerá a Wiros  (Francesco de Napoli), un ex esclavo con quien entablará una profunda relación de hermandad. Juntos, vivirán una aventura de supervivencia que terminará con los protagonistas siendo parte del temido culto de la diosa Rumia, cuyos súbditos y adoradores viven ocultos en cuevas y rindiendo tributo a la deidad pagana. Por otro lado, Ilia (Marianna Fontana), hija del traidor y antagonista del relato, abandonará el servicio de las vestales, luego de cometer una afrenta imperdonable. Tras esto, será enterrada en una oscura caverna, pretendiendo escapar sin conseguirlo. Ya en la agonía, será rescatada gracias a la obra del Dios Marte, quedando consagrada a su servicio y transformándose en guerrera. Una vez establecido el conflicto, dos bandos chocarán en una fiera persecución, unos en busca de mantener el  poder y otros sedientos de venganza y justicia. 

'Romulus' recompone el mito de Rómulo y Remo en la nueva serie de HBO

Romulus, sigue la tradición de las  épicas de origen, la narración de aventuras y el nacimiento del héroe, aludiendo a la tragedia griega y al destino del hombre en manos de los dioses. En ella, tenemos una reinterpretación del mito original, en donde dos niños son alimentados por una loba, en el amanecer del imperio. Hay elementos realistas, que buscan cierta historicidad, pero siempre en relación a una mítica atmósfera que logra conseguir un aspecto sucio y agreste, que corresponde perfectamente al modo de vida de antaño. Es rudimentaria en su estética, brutal y primitiva. Completamente hablada en latín, lengua madre de la antigüedad , aquella curiosa estrategia, consigue acentuar la visión de aquel mundo, una sociedad diferente, ajena a la nuestra. Es violenta y pasional, sin embargo, su ritmo pausado al inicio, tiene un  par de capítulos que podrían asustar. Hay lapsos en donde decae, para luego acelerar con poco diálogo y elementos convenientes para el guion. Aquello, le resulta efectivo, inyectando energía y  más equilibrio al entramado. De este modo, genera expectativa, sin la necesidad de adormilar al cómodo espectador con marañas filosóficas o elaboradas conspiraciones. 

Llena de personajes que han sido criados bajo la agreste visión de un mundo explosivo, áspero y peligroso, es un cuadro potente sobre las raíces de la civilización.  Noches de tiniebla, en donde los animales acechan, el peligro es invisible y la vida es efímera, como un corazón acelerado, en alerta permanente. En este crisol primigenio, la traición y las ambiciones humanas, afloran y se desatan en busca de poder, siguiendo las leyes de la estirpe y el linaje. Es entonces cuando el héroe, primogénito de la tragedia, deberá aceptar su destino, huyendo de la muerte para poder renacer. Será más fuerte y más justo con el fin de brindarles un nuevo hogar a los suyos. Será un esclavo en cautiverio, pasará hambre y humillaciones.  Y tendrá que asesinar siendo parte de un clan que le brindará confianza y hermandad. Abrazará las creencias de los  relegados como si fuesen las suyas, haciendo lo necesario para sobrevivir y vencer. 

Imagen de 'Romulus', disponible completa en HBO España

Al amparo de estas observaciones, hay que acotar que Romulus, a pesar de su rudeza, no es sólo una aventura brutal y despiadada. No es una amalgama sangrienta como pudiera esperarse, sino que matiza estos elementos con un abanico de tramas que exponen las emociones y debilidades humanas, sus fortalezas y culpas. Se vale de su naturaleza, salvaje y sudorosa, para entregar un mensaje sobre la hermandad y los lazos que nacen de la desgracia, la miseria y el abandono. Es, a la vez, una metáfora visceral que nos ilustra, una  fábula mitológica sobre la servidumbre de los pueblos bajo el dominio de dioses belicosos, imperfectos y castigadores, en una sociedad que se rige por sus caprichos y deseos. La mítica presencia de estos seres celestiales, marcará el destino de los hombres. En esta  encrucijada, el joven destinado a ser rey y gobernar, pasará por encima de aquellas creencias para abrazar otro dogma, un dogma que personifica la semilla de un imperio tan poderoso como el sol.

Testigos de los albores de un magnífico pasado, quedarán cortes y heridas grabadas en la piel. Sangre y suciedad. Miedo y valor. Tras la  reconstrucción fidedigna de aquella escenografía, algún vuelco inesperado, podría inyectar más acción al argumento. Sin embargo, la maqueta realista de la época, con su fotografía grisácea, sus atuendos y rostros curtidos por la desesperación, bastan para gustar. Romulus funciona sin fuegos artificiales, en sus idas y venidas. Hubiera deseado más cosas, para convertirla en una épica legendaria y visceral. Pero, aún queda conflicto. Ojalá con más trampas, atrevimiento y sorpresas. 

Romulus está disponible completa bajo demanda en HBO

‘The Undoing’: ruinas, máscaras y mentiras

'The Undoing', la miniserie de HBO creada por David E. Kelley y dirigida por Susanne Bier

Profundas heridas, traumas, secretos que jamás salen a la luz, cubiertos bajo aquella máscara social que nos colocamos a diario. En este universo melodramático y terrenal, bordado con la fibra de rosas amargas, se encuentra The Undoing, un thriller psicológico, pasional, con un crimen de por medio y varios sinsabores en el camino. 

 

La reconocida y galardonada Nicole Kidman (Big Little Lies) interpreta a la psicóloga Grace Fraser, una popular especialista quien se gana la vida solucionando los problemas de parejas infieles, intentando reparar aquello que se oxida. Su marido, es un médico exitoso que trabaja en oncología, profesión que lo mantiene en permanente contacto con niños víctimas de cáncer. Este hombre, Johantan Sash (Hugh Grand, A Very English Scandal) es un tipo simpático, inteligente y  leal. En resumen: el padre ideal y el marido perfecto. Todo cambiará cuando la joven y hermosa  Elena Alves (Matilda de Angelis, Youtopia) se haga parte de sus vidas, provocando un inesperado suceso que pondrá de cabeza a los protagonistas. Esta auténtica tormenta afectará directamente al hijo de ambos, Henry (Noah Jupe, Extraordinario) y al mismo tiempo al padre de Grace, Franklin Renner (Donald Sutherland, Trust) quien se ocupará de proteger y tenderle una mano a la familia, aún estando en contra de muchas de las decisiones y acuerdos establecidos. Una vez puestos en la palestra, los involucrados se colocarán en manos de la abogada Haley Fitzgerald (Noma Dumesweni, El niño que domó el viento) una mujer calculadora y feroz, quien será partícipe de un juicio que será determinante en sus vidas.

The Undoing, sigue la senda lacrimógena del drama familiar. Un clan que lo tiene todo, en una compleja encrucijada que pondrá en jaque su futuro. Esta vez, el acento se coloca en  un concepto clave del entramado: la confianza. La sensación de seguridad, aquel confort que se distorsiona como una moneda lanzada que flota en la pecera, engañando al ojo de quien observa al otro lado del cristal. Lo que parece incorrupto, prístino y transparente, comenzará a agrietarse ante la más mínima pisada de mosquito, terminando en cientos de cristales punzantes y afilados. 

'The Undoing', la nueva miniserie de HBO está protagonizada por dos grandes actores, Nicole Kidman y Hugh Grant

La serie se vale de recursos intimistas, recuerdos creados, una sobredosis de primeros planos y un discurso sugerente, de diálogos clásicos, sin grandes volteretas, con un misterio un tanto plano en su argumentación. Los giros no llegan, y cuando llegan son tibios y un poco faltos de peso. A pesar de constar de buenas actuaciones, te deja la impresión de quedarse a media tabla, de no explotar un potencial que está presente y que se palpa, pero que acaba extraviado en vanidades narrativas. Te mantiene sujeto durante un rato prolongado, pero nunca echa las amarras, te insta a  vagar entre sus idas y vueltas, sus encuadres fotográficos, una figura caminante de rostro pensativo, o en el rictus o mirada que se quedan sólo en eso, en espuma que se va. La ola se retrae y jamás golpea contra el roquerío. La crisis que viven sus personajes, lucha por convertirse en una honda exploración de la psiquis humana, sus debilidades y catalizadores, así como en un tratado visceral de la pareja, los actos y pactos que conviven en la unión, la conciencia de la pureza y la verdad del amor. Y lo consigue entre cortinas. Lo ejecuta en fracciones, con elementos que funcionan y otros que no, intentando mezclar un sórdido policial con una tragedia romántica , más introspectiva y metafórica. Brilla como lo hace la polilla en la lámpara. Con un opaco resplandor. Al final, carece de vitalidad. Como un cuerpo maravilloso al cual se le ha drenado la sangre. No es una serie que vaya a no gustar. Se deja ver y sus aciertos, te mantienen alerta, encadenado a su evolución. Consigue deslumbrar con sólidas actuaciones, buenas tomas y momentos. Sin embargo, el enigma, el cerebro de su arquitectura, no consigue generar un impacto apabullante. Se nota cierto afán por expandir su misterio a base de tiempo, sumando escenas y marañas que no  se explican del todo, dejando la sensación de rellenar los espacios con trozos de masilla. Su encanto, enamora en su construcción refinada y elegancia, su fílmica sobriedad de paletas otoñales y encuadres depurados. No obstante, más allá de aquel horizonte, faltan trucos y trampillas que dejen huecos en la cabeza, que te dejen la impresión de haber pagado por observar una heroica opereta interpretada con pulcritud. 

Nicole Kidman es el principal reclamo de 'The Undoing', la última miniserie de HBO

The Undoing, es una correcta performance, una pieza que satisface, pero que da la impresión de no arriesgar demasiado, tomando una fórmula que no opta por la experimentación, sino que sigue los planos, desde a la A hasta la Z, sin órbitas extrañas.  Al igual que las emociones, nos disgustan sus decisiones, o las abrazamos como si fueran eslabones amados. Allí, en donde late aquel órgano que tenemos en el pecho, conviven los espejismos y la claridad de las aguas. Hay turbios manantiales, traiciones, moralidad disfrazada, y rostros que conviven con máscaras de bondad. Es un ramillete de ambiciones y quimeras, donde el  amor lucha por someter a la frivolidad y las culpas, peleando por no hincar la rodilla  ante la tentación, en su intento por aplastar la cabeza  de la serpiente en el jardín del Edén. Es en este proceso,  en esta guerra que afrontamos con el fin de acabar con los seductores fantasmas, cuando hallamos la razón. La razón que nos permite separar lo bueno de lo malo. El engaño del amor. Recoger las ruinas que guardamos en el fondo del alma, para reconstruir  desde abajo, porque aquello es la vida, quieras o no: decepcionarse, rearmarse, vivir el luto y continuar. 

 

‘Roadkill’: entre la política y la melancolía

 

'Roadkill', la nueva miniserie de Hugh Laurie para BBC que emite en España Movistar+

Luego de protagonizar Avenue 5, para HBO, Hugh Laurie regresa a la pantalla con Roadkill, una breve serie de cuatro capítulos, en donde el carismático actor de la ya mítica House, interpreta al político británico Peter Laurence, un hombre cuya vida oscila entre los quehaceres gubernamentales y las trampas, turbias negociaciones y dineros conseguidos por cuestionados favores nada correctos para un respetado ministro, sea de donde sea. En esta ensalada de situaciones, su intimidad dista mucho de  ser ideal,  con  una esposa, Helen (Saskia Revees, Wolf Hall) que vive en un limbo de conformidad, y dos hijas lejanas, Lily (Millie Brady, Teen Spirit) y Susan (Ophelia Lovibond, Elementary) cuyo afecto obtiene sólo a migajas. Este pulcro caballero se verá enfrentado a un juicio del cual deberá salir con la bandera de la impunidad entre las manos, teniendo el favor de una ciudadanía que cree en su integridad, pero que comenzará a dudar de sus valores en este tira y afloja de eventos. Aquí, entrará en escena la periodista Charmian Pepper  (Sarah Greene, Dublin Murders) quien buscará alinearse con Rochelle Madeley (Pippa Bennett-Warner, Gangs of London) buscando pistas sobre turbios aspectos de la carrera del político. Este deberá zafarse del entuerto, para luego enfrentarse con la Primera Ministra del país, Dawn Ellison (Hellen Mc Crory, The Queen) quien lo pondrá a prueba tras asignarle un nuevo puesto, totalmente inesperado y que le obligará a modificar sus planes y proyectos. 

La serie se toma su tiempo desde el capítulo uno, constando con un buen número de personajes que formarán parte de las subtramas, unas más relevantes que otras, conformando un  rompecabezas de bordes un tanto romos, en donde las piezas necesitan una pausa para encajar. El primer giro importante de Roadkill, llegará desde los cuartos y rejas de una prisión estatal, lugar en donde se encuentra prisionera por fraude la joven Rose Dietl (Shalom Brune-Franklin). La reclusa, luego de conocer la identidad de su padre biológico, buscará la manera de contactarse con él, generando una serie de efectos y nuevos arcos que acabarán por estallar en una inteligente movida, hacia el final de la temporada. 

Roadkill es una serie clásica en donde el estilo va de la mano con un guion elaborado, que se sustenta en la intriga y la exploración de los personajes en un acto coral, donde la virtud es como un arbusto pisoteado por la bota de la arrogancia. El poder y las ambiciones conforman un universo de verdades y mentiras, en donde se vive y respira en un permanente estado de vigilia, en una niebla que confunde y embriaga a la vez. En este ambiente, se balancean códigos e introspecciones, valores tambaleantes sobre la familia, el matrimonio y las relaciones con los hijos, uniones fraternales que se convierten muchas veces en instrumentos, o en meras formalidades en esta selva política que rodea al protagonista. Aquello es como un perfume que cautiva y descoloca en una misma probada. Un nido enmarañado de amantes, de convenientes delitos, de cobardes por elección, individualidades que contrastan con idealistas incomprendidos que no temen a  la verdad, renunciando a la seguridad, el confort y el conformismo. Es una sopa multiforme de fecundos títeres y titiriteros, cada quien con una llave en la  cerradura del guion.

Hugh Laurie encabeza 'Roadkill', miniserie original de BBC que emite Movistar+

Aquello no siempre resulta y puede resultar redundante. No aburrido, pero lento, como los pasos del perezoso. Falta carbón en la fogata y a veces las cenizas están prontas a extinguirse. Sin embargo, cuando logra picar en la vena correcta, consigue drenar interés, con deliciosa y brumosa melancolía. 

La historia de Roadkill logra un retrato acertado de la alta clase política, con sus animales y pieles de oveja, yaciendo sobre lomos de viejos lobos al acecho. Cada uno de los invitados va por su propio trozo de pastel. Algunos por necesidad, falta de amor o de vitalidad. Otros, por mera competencia o compensación. Son caballos en la meta, que levantarán el polvo necesario para conseguir la diadema de flores en el podio. Es cínica e incorrecta. A ratos, da balidos en falso que desvían la atención, para regresar luego al corral, con brotes de genialidad. No es un thriller crispante. Ni un melodrama social. Está en el medio del camino. Con un fino humor negro, diálogos mordaces y una nube de soledad, brisa que sustenta una atmósfera otoñal de colores sobrios y distinguidos. Nunca es honesta a cabalidad. Llena de momentos reflexivos que siempre levantan sospecha, pondrá en jaque la honestidad que pretende exponer, siempre al borde de dudas, burdos engaños o trampas, situación que nos  dejará entre dos aguas e interrogantes. 

Peter Laurence se enfrenta a la fiscal y a una periodista en 'Roadkill'

Peter, es un antihéroe limítrofe, que recibe balas y las dispara, admirado y cuestionado en su impecable traje oscuro, lleno de defectos, sobriedad a toda prueba, y presa de la ambición. No intenta salvarse ni salvar sus relaciones. Las acepta por lo que son: piezas necesarias que son parte de su motor, de su construcción personal y de su oficio. Con esta fachada, la serie nos plantea las imperfecciones de la moral, sin caer en dramatismos, siendo afilada como las puntas de una mesa fabricada para ser el centro de atención, en una reunión de altos mandos. Lo impropio y lo cuestionable, no se esparce con torpeza. Es meticuloso. Porque el juego está en aquello. Aprovecharse de la manipulación, el poder y las debilidades que todos arrastramos, no con obviedades cliché, sino con rostros seductores, promesas y sonrisas. No será un crisol de novedades narrativas. Es cierto. Sus recursos, son predecibles y reconocidos. Sin embargo, funciona. Basta un poco de paciencia para llegar al huerto de frutos, en donde te recompensan unas jugosas y sólidas actuaciones, de aquellas que no defraudan. 

Roadkill no ganará el cielo ni la santificación, al igual que su protagonista. Sin embargo, deja abierta la brecha para la evolución de su ecosistema. Y si te lo tomas con calma,  disfrutarás de esta figura que cojea de pronto, pero que sigue adelante con un bonito bastón. Creo que vale la pena otra buena taza de té acompañada de la cautivante personalidad del político. Esperemos que regrese, mucho más punzante y curtida, directo al populismo televisivo. 

‘El pájaro carpintero’: cuando los profetas llevan pistola

Jordan Peele produce 'El pájaro carpintero', una serie original de Showtime que emite Movistar+ en España

Hombres rudos cabalgando bajo un sol infernal, metidos hasta el cuello en pantanosas tierras, o enredados en peleas de bares, luchas por la libertad o guerras. El género del Western nos ha traído de todo. Género que ha evolucionado desde épocas doradas, hasta la actualidad, resucitando viejos personajes clásicos y épicas batallas a punta de pistola. De esta manera, el escenario se ha mezclado con libros de historia, para despertar y traer a la pantalla al viejo anti héroe que algunos aman y otros odian, recreando con pinceladas surrealistas épocas pasadas en donde la gloria se vestía con viejas chaquetas y sombreros.

En esta El pájaro carpintero, nos encontramos con la mítica historia del excéntrico John Brown, un fanático religioso cuyas acciones y discursos, fueron uno de aquellos catalizadores que más tarde darían paso a la sangrienta lucha entre el Norte y el Sur, en los Estados Unidos. En el año 1856, este hombre, cuyas raíces habían estado plagadas de una crianza libertaria desde muy pequeño, comenzará a convertirse en un baluarte para los abolicionistas, y en una pesadilla para los explotadores y negociantes, tras comenzar una violenta lucha armada junto a una pequeña milicia compuesta por sus hijos y seguidores.

En El pájaro carpintero, Ethan Hawke interpreta al intrépido personaje, un hombre exaltado y loco, que deambula entre momentos de sabiduría y paz religiosa, citando permanentemente los pasajes de la biblia, para luego estallar en ira y discursos grandilocuentes capaces de estremecer a las mismas piedras, iglesias y viejas casonas con las que se cruza. Es en una de estas incursiones, que tienen como fin liberar a cada esclavo de la tierra, que se encuentra con Henry (Joshua Caleb Johnson, It’s Young a Gun) un joven negro al que confunde con una mujer, el que terminará en las filas del capitán con un vestido y el apodo de ‘Cebollita ‘. Ya a bordo de la cruzada y a través de parajes plenos de salvaje vigor, el pícaro comenzará a descubrir el mundo, los pecados y la violencia de una tierra esclavizada, en donde hay hombres que son tratados como bestias y bestias que fingen ser grandes señores, pisoteando la integridad y los derechos de un pueblo oprimido. En la travesía, buscarán aliados y creyentes que estén dispuestos a abordar este barco maltrecho y tambaleante. Entre ellos, Frederick Douglas (Daveed Diggs, Hamilton, Snowpiercer) un abolicionista de color, intelectual y encantador, con el que pretende trazar un osado y arriesgado plan. El objetivo de este: la definitiva emancipación de los descendientes del gran continente africano.

La serie es un nido de escenarios plagados del aroma clásico del viejo oeste: carretas desvencijadas, ropajes sucios, bares en donde se fuma y se bebe con prostitutas, y ciudades de colonos, teñidas de una fotografía agridulce, noches oscuras como la cueva de un oso y caminos polvosos en donde el sol es opaco y brutal. La historia en El pájaro carpintero se desarrolla con prisa y un poco atropellada al inicio, queriendo presentar un buen número de personajes y situaciones con un poco de descuido, entre pleitos y conversaciones que van y vienen. Sin embargo, luego de los primeros episodios, logra asentarse y funciona con eficacia, unificando la tragedia con la comedia, en una representación que se balancea entre ambos géneros, siendo a veces grandilocuente en su narrativa, como si tratase de una epopeya, para luego mostrarse como una irónica representación tarantinesca del ser humano, su moral y su espíritu.

John Brown acoge a un joven negro al que llama Cebollita y lo viste de mujer, en 'El pájaro carpintero'

La ideología y creencias de Brown serán la madeja desde donde se desprenden los debates morales, políticos y cristianos, representando con escandaloso brío los valores y exigencias del abolicionismo, mientras el entorno, expone el yugo de la esclavitud, la riqueza de algunos, la avaricia y el sesgo racista, dos veredas cuyo tránsito nos conducirá hacia un polvorín a punto de estallar. En este camino, el hombre y el aprendiz llevarán una relación fraternal con idas y venidas, en donde el joven de color recorrerá el camino que lo llevará a la madurez, experimentando la pérdida, el miedo y la confusión, junto a un grupo de gente que parece más loca que cuerda. La idea de la muerte, no será nada agradable. Sin embargo, al final de la cabalgata, la oveja vuelve al redil, junto al calor de la fogata y las peroratas del pastor.

Elegidos para limpiar los campos de alimañas y cortar el cuello del esclavista, el rebaño avanzará, como una plaga justiciera. No tienen más alternativa. Las palabras no bastan. La política sonriente y los discursos, no acabarán con la ignominia. John habrá de cumplir con la palabra del creador. Ha sido víctima de las habladurías, perseguido, engañado y traicionado. Sin embargo, no claudica. Su tragedia es poética, como los versículos del viejo libro. Así, guiará a su rebaño hacia la última batalla. Un acto pleno de fe. Una prédica final.

Ethan Hawke clava el papel de abolicionista John Brown en 'El pájaro carpintero', uno de los responsables de la Guerra Civil americana

La historia es plena y vigorosa. Su valor no está sólo en la caparazón. Como telas de cebolla, aludiendo a uno de sus personajes, pica más a los ojos por debajo del vegetal. Porque, vestida de aventura, de situaciones alocadas y personajes curiosos, El pájaro carpintero guarda en su plumaje una moraleja sobre la libertad. Las pesadas cadenas, son las cadenas de la razón. Sólo  la voluntad, el férreo convencimiento de que las obras ejecutadas son las obras correctas, te darán la fuerza necesaria, el impulso que necesitas para luchar. Lo sabe el capitán. Es la misma mano de Dios, la que acicala sus barbas. Es entonces que el hombre, deja la carne y el hueso, abandonando el cuerpo terreno para transformarse en un espectro fantasmal y legendario. Su nombre se oirá una y otra vez en la lejanía como el estallido de un rifle. De esta manera, no puede ser en vano el sacrificio. Porque el pájaro necesita vociferar y aletear hasta morir, para morir con honor. Cantar bajo los cielos cubiertos de nubarrones, a pesar de la barbarie. Es un hermoso país, a pesar del dolor. Pues, está plagado de esperanza, plagado de valor y de hombres con sueños que no dejarán de pelear.

‘Gambito de dama’: un tablero dominado por la elegancia y la obsesión

'Gambito de Dama' ha sido una de las grandes sorpresas del año en Netflix

Este artículo contiene spoilers de Gambito de dama

Hay personajes que poseen el enigmático poder de seducirnos. Los hay en la ficción. Y también viven entre nosotros. Las estrellas de rock, los grandes artistas, las figuras del espectáculo, son seres curiosos a los cuales adoramos sin motivos aparentes, pues son la personificación de las cosas que deseamos. No nos importa si tienen defectos. Su poder emana desde otra fuente, de aquello que son capaces de transmitir y que nos deja un hueco en la cabeza, regalándonos un poco de locura y fantasía. Bajo esta premisa, muchos poseen personalidades extrañas, apáticas, o bordean los océanos como peces angustiados, melancólicos y víctimas de la ansiedad. Sentirse fuera del mundo, es como una navaja que permanece en la mesa, pronta a ser usada. 

Gambito de Dama (The Queen’s Gambit) podría encajar en aquel teorema. La historia de alguien atípico, que se abre paso entre un bosque de animales extraños. Esta producción, salida desde los baúles de Netflix, pertenece al grupo de series que aparecen de vez en cuando, con un bajo perfil y un conejo oculto en el sombrero. Anya Taylor – Joy (The Witch) es la introvertida Elizabeth Harmon, una niña huérfana que pasa la mayor parte de su infancia en un hogar de acogida, lugar en donde conoce a Mr. Shaibel (Bill Camp, The Outsider) un empleado, amante del ajedrez, el que se convertirá en su maestro. La brillante mente de la joven la llevará entonces a experimentar una obsesión por el juego desde el inicio. Tiempo después, será adoptada por Alma Whitley (Marielle Heller, Can You Ever Forgive Me) y su esposo Allston (Patrick Kennedy, Murder On The Home Front) quienes le brindarán un nuevo hogar y educación. Allí, Beth, deberá aprender a convivir con un padre postizo que desaparece al poco tiempo, y con una mujer presa de la angustia y la tristeza. Poco a poco, entablará amistad con aquella dama, la que se convertirá en la compañera de viajes de la chica, mientras  participa de diversos torneos de ajedrez, destacando rápidamente por su implacable y magnífico juego. 

La protagonista absoluta de 'Gambito de Dama' es Anya Taylor-Joy, lanzada al estrellato gracias a la miniserie de Netflix.

A medida que avanza Gambito de dama, Elizabeth, se volverá más fuerte en el tablero, circunstancia que alimentará su obsesión, encontrando alivio en las pastillas y el alcohol, presa de una especie de ausencia y soledad inalienables, atrapada muchas veces en aquel abismo de genialidad, que se manifiesta con rasgos autistas, para luego desencadenarse en un carácter enigmático y seductor. A su lado, tendremos la aparición de diversos edecanes. En un principio, se verá prendada de Townes ( Jacob Fortune Lloyd, Star Wars episodio IX ), periodista y ajedrecista, y más tarde,   aceptará  la amistad de  Harry Beltik (Harry Melling, The War of the Worlds)  y la de Benny Watts (Thomas Brodie-Sangster, Godless ) el carismático campeón de los Estados Unidos.

La fantástica interpretación de esta pálida actriz, que encandila por su belleza y elegancia, no puede ser más que aplaudida. Convertida en un imán hacia donde todo va y viene, brilla y transmite sutil y naturalmente, haciendo que la serie, aún constando de buenas subtramas y sólidos personajes secundarios, descanse sobre los hombros de Beth, quien es capaz de llenar cada espacio con su sola presencia, sus gestos graciosos y su caminar, en una mixtura que coloca trozos de sensualidad e intelecto en un solo plato delicioso. Esto, a la par de una banda musical que viene como anillo al dedo, acompañando a la perfección los planos y la fotografía, siempre cuidada en tonos sobrios, que no por eso, dejan de ser exquisitos. 

El guion de Gambito de dama se elabora a partir de la vieja premisa del personaje que debe enfrentarse a su destino, en un mundo que lo hace sentir incomprendido. Sin embargo, cada episodio mantiene un equilibrio digno del mejor vals, entregando detalles y momentos que se adhieren como moscas a la miel al esqueleto de la heroína, que al igual que un sol errante, se tambalea en la atmósfera, mientras los demás astros giran a su alrededor. No necesita grandes revelaciones, ni grandes enigmas, ni giros locos e inesperados. Paso a paso, el clímax se levanta como una ola enorme, mientras la tensión del juego nos mantiene alertas, fijos en las miradas, atentos a la narración y a las piezas desplazadas por los participantes del espectáculo. Pues, en verdad, Gambito de dama, lo es. Es un show bien montado, ejecutado sin quebraduras.

Elizabeth, representa fielmente a quienes poseen un espíritu que necesita salir en busca de respuestas. Es especial, no por ser impulsiva o vivir al borde de las adicciones, sino por la fuerza y la pasión que desata. Este genio pelirrojo, se debate entre la cordura y el despilfarro, probándose el disfraz de la chica rebelde, para luego dejarlo a un lado y vestirse de sobrio esplendor. No es la rockstar del ajedrez por estar en la cuerda floja de la fama. Lo es por su carácter, porque pelea de igual a igual entre los  hombres, gigantes a los que debe derrotar, dejando un rastro de carmín y pinceladas de un discurso feminista muy bien cubierto y esmaltado para que no ser demasiado obvio o efectista. 

'Gambito de Dama o cómo una serie de ajedrez puede conquistar a crítica y público

Al final, habremos llegado a la cima de la montaña, deleitándonos con una vista magnífica. Nuestro personaje, luego de caer y arrastrarse, se ha puesto de pie, encontrando la reconciliación en aquel azaroso pasado que vimos al inicio, en aquel sótano lleno de memorias, en la hermandad que va más allá de la sangre y en los pasillos de aquel refugio primigenio. Ha sido capaz de mirarse al espejo, en donde el reflejo de la orfandad sigue anclado, rondando como un fantasma, haciéndola dudar de sí misma. Son esos viejos y agridulces recuerdos los mismos que le entregarán la armadura que necesita para vencer a esos grandes caballeros del tablero y a su rey. Allá, en tierras lejanas, en donde ancianos y desocupados, se reúnen cada día para jugar una partida melancólica y gris, que termina por darles esperanza y alegría.

Gambito de dama está disponible completa bajo demanda en Netflix.