
El pasado domingo finalizó en Estados Unidos (anoche en FoxLife) una de las mejores series de los últimos años, The Good Wife. Como ocurre con la mayoría de finales, éste ha decepcionado a muchos y ha gustado a otros tantos. El drama legal de CBS ha sido un referente del feminismo en televisión pero también una lección magistral de guión, por eso este final nos deja un sabor agridulce.
A partir de aquí hay detalles del último episodio de The Good Wife.
Empecemos por las cosas buenas que nos ha dejado el final de The Good Wife, que han sido pocas pero muy importantes. Lo mejor ha sido el regreso de Will Gardner en forma de subconsciente de Alicia, a quien parece recurrir para obtener las respuestas que necesita para ganar el juicio o para elegir con quién quedarse. La secuencia del beso en la cocina es la más emotiva del episodio y una merecida despedida para el personaje de Josh Charles, que murió de forma abrupta en la quinta temporada. La escena final también me ha parecido correcta de forma visual y dramática, es decir, me ha gustado el qué y el cómo pero no me ha convencido el por qué hemos llegado a ella. Ambas secuencias resumen y empaquetan la serie de forma correcta, pero un recorrido de siete temporadas merecía una episodio completo de cierre y no sólo pinceladas.

Empecemos a desgranar por qué pienso que el final de The Good Wife ha sido insuficiente. La última temporada, y en especial esta segunda parte, se ha dedicado a intentar emparejar a Alicia, un personaje que tras la muerte de Will había enterrado su romanticismo y había aprendido a no necesitar amar y ser amada, y a tener relaciones esporádicas sin expectativas como con Finn Polmar o Johnny Elfman. Siempre ha planeado la posibilidad de emparejarse y divorciarse de Peter, pero siempre como catalizador para una mayor independencia de la protagonista. Por tanto, no me parece correcto que la trama de Jason haya llegado a ser prácticamente central en la recta final de la temporada y la serie, por consiguiente.
Y no me parece correcto porque The Good Wife ha marcado un hito creando personajes femeninos poderosos, capaces de ser el motor de un drama legal, tradicionalmente gobernadas por los hombres. La independencia económica y sentimental, el poder, la inteligencia, e incluso la mala leche ha estado en posesión de las mujeres. La ambición de Alicia ha sido el motor de la serie, su evolución de ama de casa a socia de bufete y, quién sabe, si una política importante; por eso la escena final se desvirtúa cuando la bofetada no es más que la versión pija de los tirones de pelos de las adolescentes cuando se pelean por los hombres. En mi opinión, es Diane la que sale peor parada del conflicto porque da prioridad a la reputación de su marido a pesar de que está retirado y no debe importarle lo más mínimo, a la libertad de un cliente, aunque es cierto que Alicia, a sabiendas de que necesitaba la absolución de Peter para librarse de él para siempre, utiliza la carta de la aventura de Kurt con su alumna para desacreditarlo. Una decisión moralmente reprobable tomada para beneficiar a un cliente, pero movida por razones sentimentales.

Desde el punto de vista narrativo, el último episodio no me ha parecido digno de ser el final de The Good Wife, principalmente porque desde siempre ha sabido dar giros asombrosos a los casos y resoluciones dramáticas muy poderosas. La resolución del caso de Peter me parece muy pobre, con giros y revelaciones superfluas que no han hecho más que perder el tiempo. De hecho, ni siquiera parece un cierre de un drama, no hay apenas sentimientos, no hay tensión y a muchos personajes no se les da un cierre digno, algunos ni aparecen. El tratamiento que se le ha dado a Cary o Diane ha sido indigno de ellos, la primera reducida a la bofetada y la aportación de Cary, convertido en profesor, ha sido introducida sólo para que apareciera Matt Czuchry. El juicio en el penúltimo capítulo, así como el anterior con la fiesta en casa de los Florrick me parecen interesantes para dar carpetazo a muchos personajes y acabar con la materia judicial, pero el último se merecía algo más.
La conclusión tras el final de The Good Wife es la de siempre, lo que importa es el camino y el camino de esta serie ha sido brillante, nos ha dado televisión de altísima calidad durante al menos cinco temporadas y destellos en las dos últimas, nos tenemos que quedar con eso. Pero también es verdad que hasta el último segundo todo es serie y los creadores Robert y Michelle King, que han hecho un trabajo impresionante, debieron esforzarse un poco más en esta recta final para redondear esta maravilla (in my opinion).

El cine y las series de televisión son mi pasión, aunque la Edad de Oro de la pequeña pantalla me conquistó sobre todas las cosas. En Cultura Seriéfila analizo toda ficción que lo merezca con una dosis muy alta de opinión. También me podéis escuchar en el podcast de Cultura Seriéfila y eventualmente en La Jungla Radio.









El más fiel compañero de Alicia, a veces fue su peor enemigo, ha sido un personaje muy importante en The Good Wife, pero da la sensación de que podría haber sido mejor. Cary nos ha enseñado el prototipo de abogado joven y ambicioso que acaba intoxicado por el sistema. Su marcha del bufete casi al final de la serie demuestra lo absorbente que puede ser esta profesión.
Lucca recoge el testigo de lo que debió ser Kalinda para Alicia durante toda la serie, su fiel amiga y un activo muy importante en los juicios, aunque ella era abogada. Sólo ha estado una temporada pero se ha ganado a los socios del bufete y también a los espectadores.
El asesino más interesante de los últimos tiempos se ha comido la serie en los episodios que ha aparecido, que parecen muchos pero sólo han sido ocho. Su presencia siempre aportó mucho a The Good Wife, gracias a su catadura moral, su sarcasmo, inteligencia y su obsesión por Alicia.
La excéntrica Elsbeth Tascioni pone el contrapunto al mundo de la abogacía y, a pesar de su desorganización y la aparente despreocupación en sus casos, ha sido una de las mejores letradas de la serie. Debió ser la defensora de Peter al final, pero imagino que por problemas de agenda de Preston, recogió su testigo el señor Tascioni. Excéntrico también, pero no era lo mismo.
Como es habitual, Michael J. Fox lo borda cuando aparece en una serie de televisión. Su enfermedad no le permite hacer todo tipo de papeles y en The Good Wife los guionistas han sabido explotarlo a las mil maravillas. El abogado Louis Canning no dudaba en usarla para generar compasión en el jurado y los jueces, siendo un lobo con piel de cordero, un papel que llevaba al extremo hasta el punto de tomar el pelo al espectador.
Josh Charles le pudo el ritmo de trabajo de 22 episodios por temporada y Will acabó asesinado en el estrado. Su muerte fue una gran catarsis que hizo evolucionar a los protagonistas pero ejercía un contrapeso que no pudo ser compensado del todo desde entonces.
Muchos de vosotros lo esperabais en el primer lugar. En efecto, Eli ha sido una de las grandes sorpresas que nos deja The Good Wife y digno merecedor de un spin off que no sabemos si saldrá adelante. El personaje de Alan Cumming ha ofrecido multitud de aristas y matices. Ha sido cómico, ambicioso, tramposo, tierno pero sobre todo, ha sido importante.







En el extremo opuesto se sitúa la serie de Netflix, pues el elenco coral de Orange Is The New Black nos muestra a mujeres fuertes en un entorno muy hostil. Ya no hablamos de éxito, sino de supervivencia. Todas ellas, cada una dentro de su condición, y en mayor o menor medida, dibujan personajes con mucho coraje y capaces de desenvolverse ante cualquier dificultad, ya sea ante la autoridad, casi siempre masculina, como ante los prejuicios raciales. Luchas de poder, sexualidad y compañerismo son tratados con una naturalidad inusitada.

