
Jack Thorne es uno de esos guionistas que han dejado huella en la televisión británica sin necesidad de grandes alardes. Su sello está en los personajes rotos, en las historias que navegan entre la dureza de la realidad y una sensibilidad conmovedora. Si hay un drama en la parrilla que trate con respeto a sus protagonistas, es muy posible que él esté detrás. Además, Thorne es dramaturgo y guionista de cine, pero nosotros nos vamos a centrar exclusivamente en sus trabajos televisivos.
Su carrera en televisión comenzó con Shameless (2007-2008), la irreverente comedia dramática de Paul Abbott, donde trabajó como guionista (la versión británica, claro). Sin embargo, su gran oportunidad llegó con Skins (2007-2008), donde contribuyó a definir la segunda generación de personajes en esta serie icónica sobre la adolescencia británica. Su habilidad para retratar las inseguridades y contradicciones de los jóvenes lo convirtió en una pieza clave dentro del equipo de guionistas.
En 2010, dio un paso más allá con This Is England ’86, la secuela televisiva de la película de Shane Meadows, que posteriormente expandió con «This Is England ’88» y This Is England ’90. En estas miniseries, Thorne demostró su capacidad para plasmar el realismo social británico, explorando el paso a la adultez de sus personajes y las secuelas del thatcherismo en la clase trabajadora. Este trabajo consolidó su reputación como un narrador comprometido con la autenticidad y la profundidad emocional.
Después, hizo una incursión en el género fantástico con The Fades (2011), una serie de culto que combinaba terror y drama juvenil, un drama adolescente rural Glue y The Last Panthers, un drama criminal europeo basado en la historia real de una famosa banda de ladrones de diamantes.
En 2015, ya mostraba una debilidad por las causas sociales, como Don’t Take My Baby, una película para televisión que abordaba la lucha de una pareja discapacitada por conservar la custodia de su hija. Con este guion, Thorne recibió un BAFTA, consolidando su prestigio como escritor de dramas sociales sensibles y bien construidos. Ese compromiso con historias socialmente relevantes se vio reflejado en National Treasure (2016), una serie que abordó el escándalo de abuso sexual en el mundo del entretenimiento, y La desaparición de Kiri (2018), donde exploró las complejidades del sistema de adopción interracial en Reino Unido. Sin olvidarnos de El Accidente, otra serie con una profunda carga total en el que un pueblo galés se une tras una tragedia. También basada en hechos reales.
Más recientemente, Thorne se ha aventurado en proyectos más ambiciosos y de gran presupuesto. En 2019, fue el responsable de adaptar la trilogía literaria de Philip Pullman en La materia oscura (2019-2022), una superproducción de HBO y BBC que combinó fantasía y filosofía para crear un relato complejo sobre el libre albedrío y la opresión. También coescribió The Eddy (2020), un drama musical dirigido por Damien Chazelle y ambientado en el mundo del jazz parisino, esta vez para Netflix.
En 2023, escribió Querida Marnie, en España se estrenó en 2024 en Movistar+, un desgarrador drama sobre una familia enfrentada a una decisión médica devastadora. Y en 2025, ha presentado Ciudad tóxica, un drama sobre las secuelas de un desastre ambiental en una pequeña localidad británica. Todo esto antes de estrenar la que por ahora es la serie del año, Adolescencia, co creada junto a Stephen Graham y que ya todos sabemos de qué va y por qué todo el mundo habla de ella. El éxito es esta su última serie es un gran momento para descubrir a este autor, responsable de todas estas joyas de la televisión británica.
La versatilidad de Jack Thorne, su capacidad para humanizar cualquier historia y su compromiso con la representación de personajes complejos lo han convertido en uno de los guionistas más influyentes de su generación. Desde el drama adolescente hasta la fantasía épica, su huella en la televisión es inconfundible. Sobre todo, la capacidad de crear un sello propio basado en valores como la justicia social, las pequeñas historias, los dramas más duros y creando personajes con muchas capas. Jack Thorne demuestra que no necesita muchos episodios para crear obras complejas y que emocionen al espectador, y esa es una habilidad al alcance de pocos guionistas, por no hablar de que el tío no para de escribir.

El cine y las series de televisión son mi pasión, aunque la Edad de Oro de la pequeña pantalla me conquistó sobre todas las cosas. En Cultura Seriéfila analizo toda ficción que lo merezca con una dosis muy alta de opinión. También me podéis escuchar en el podcast de Cultura Seriéfila y eventualmente en La Jungla Radio.










