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Netflix y sus problemas con la estructura narrativa

Narcos, la última gran serie de Netflix

Netflix aún no ha llegado a España pero ya hemos visto sus series, cuya indiscutible calidad le ha valido multitud de elogios, pero también ha generado varios tópicos que hemos aceptado sin pestañear. Tras ver muchos de sus productos de este 2015, tengo que contradecir uno de ellos, el que dice que las series de Netflix son para maratonearlas.

Generalmente, las series de televisión están concebidas como historias independientes, que forman parte de un gran todo, incluso en la ficción seriada. En este caso, todo el conjunto funciona como una historia clásica: planteamiento, desarrollo y desenlace. Las primeras series originales de Netflix, siguen siendo las mejores todavía, House of Cards y Orange Is The New Black seguían este esquema hasta este año. La primera no puedo juzgarla porque aún no la he visto, pero la segunda está siendo una auténtica tortura seguirla. Esto se debe a que los creadores de las series de Netflix han decidido modificar la forma de contar las historias, siendo concebidas como algo parecido a una película larga de doce horas.

He aquí donde reside el principal problema. Una serie con una estructura clásica tiene los episodios igualmente estructurados en planteamiento, desarrollo y desenlace, de ahí a que al final siempre intentaban engancharnos para ver el siguiente. Si en Netflix esto desaparece, el binge watching no sirve para nada. Mencionaba en mi crítica de Bloodline que había tardado varios meses en acabarla porque los episodios era muy largos y el ritmo e intensidad eran insoportables para verlos en forma de maratón. Considero que ver una serie como esta así es una auténtica locura que sólo se explicaría de dos formas, o te ha conquistado de verdad, o lo haces por puro postureo. Más bien la segunda.

Esta forma de estructurar las series puede venir bien en comedias de media hora como Unbreakable Kimmy Schmidt o Grace & Frankie, pero jamás en dramas tan densos como los que propone Netflix. Ese sería otro de sus problemas, su predilección por productos de autor que en ocasiones carecen de todo ritmo. Las series de televisión tienen un lenguaje propio y el interés de la plataforma en modificarlo en su beneficio creo que es una mala decisión. No creo que ninguna de sus series originales tengan la cantidad de espectadores en binge watching que puede tener, por ejemplo, The Good Wife o Lost, cuyos episodios son más cortos y adictivos.

Insisto en que Netflix lleva un tiempo sorprendiéndonos a todos con series francamente buenas. Narcos es la última, también podemos decir lo mismo de Sense 8 o Daredevil, pero sinceramente la concepción tradicional de la estructura narrativa es lo que seguirá haciendo crecer a la plataforma, cuyos experimentos siempre son bienvenidos pero también susceptibles de críticas como esta. ¿Y vosotros qué pensais al respecto?

Bloodline, todo queda en familia

Bloodline, la serie de Netflix con Kyle Chandler

Últimamente se da por hecho que todas las series de Netflix están pensadas para el binge-watching y que, por tanto, sus historias no son pequeños todos que se unen para formar un relato unificado, sino un todo seccionado en trece partes. No es la primera vez que me pasa, pero Bloodline es el ejemplo más claro que encuentro para explicar que no todas las series de la plataforma son maratoneables, puesto que es densa, larga y con un episodio tenemos suficiente para un mes. Desde marzo, no he podido finalizarla hasta ahora.

Con estas afirmaciones no quiero decir que Bloodline no me haya gustado, todo lo contrario, simplemente que un atracón de la familia Rayburn no puede ser bueno para la salud. Ya que me he centrado en su punto más negativo al empezar, voy a continuar desglosando lo que no me ha gustado de la serie, que casi todo tiene que ver con su duración, me parece excesivo que los episodios duren una hora, y su ritmo, demasiado lento al principio, lo cual seguramente hizo que muchos espectadores desconectasen junto por la escasa presencia de catalizadores que generasen una adicción irrefrenable, cosa rara porque el drama familiar suele ser el género ideal para dar giros inesperados e inverosímiles e imprimir un buen ritmo narrativo. Sin duda, este arranque un tanto lento junto con la sensación de que podrían estar contando algo más y que no lo hacen porque no quieren son los punto débiles de la serie.

A cambio, durante este inicio nos hace una minusciosa presentación de todos los personajes, quizás un tanto innecesaria, porque a priori casi todos se ciñen a unos arquetipos que no son nuevos para nosotros y que en esta nueva forma de hacer televisión vemos casi a diario, como el hermano protector encarnado por Kyle Chandler, la oveja negra, el hermano pequeño débil pero agresivo, etc. Pero lo bueno de Bloodline es que todos son lo que parecen, no se preocupan en ocultarlo, y sin embargo acabamos teniendo unos protagonistas muy complejos, verosímiles y fácilmente extrapolables al mundo real. Salvando las distancias, la historia nos cuenta cómo gente normal se puede ver envuelta en unos problemas que ni ha buscado ni en los que esperaban verse implicados.

Kyle Chandler, Ben Mendelsohn, Sissy Spacek, Linda Cardellini, Norbert Leo Butz

Lo mejor de Bloodline es el enorme trabajo de sus actores, sobre todo Kyle Chandler y Ben Mendelsohn, nominados al Emmy por estos papeles, y Sissy Spacek, aunque podemos dar un notable a todo el reparto. Su éxito se debe sobre todo a un guión muy bien escrito y unos personajes propicios para el lucimiento de los intérpretes, que están muy bien dirigidos por directores con amplia experiencia como Dan Attias o Ed Bianchi, que suelen trabajar en muchas de las grandes series de la actualidad. Por supuesto el apartado técnico es otro de sus puntos fuertes, una fotografía de calidad capaz de retratar lo mejor y lo peor de los Cayos de Florida, tanto su parte idílica como su parte más desconocida y realista, que suele omitirse en el ámbito más comercial, pero igual o más atractiva. Detrás de toda esa blancura ibicenca, también hay sudor, suciedad y oscuridad.

Con Bloodline, Netflix demuestra que sigue apostando muy fuerte por ficciones de calidad y, como en la mayoría de los casos, de televisión de autor, que puede salir mejor o peor pero cuya intención ya es digna de elogios. Su mérito es haber permitido que los hermanos Kessler y Daniel Zelman impriman una personalidad de la que carecería en manos de cualquier network, porque un drama familiar es un caramelo proclive a convertirse en un culebrón infinito y sumamente adictivo, sin más. Aunque no es perfecta ni mucho menos y podemos sacarle varios peros, creo que estamos ante otra buena serie que viene a definir una línea estratégica para la plataforma de contenido online, que recordemos que llegará en breve a España con esta Bloodline bajo el brazo. Habrá que estar atentos.

Las 5 mejores series de estreno en marzo

Ellie Kemper en Unbreakable Kimmy Schmidt

El mes de marzo en el diccionario seriéfilo significa midseason, otra fecha clave para el estreno de muchos nuevos títulos que vienen a sobrecargar un pelín más la amplia oferta que ya existe. Por tanto, entre este mes que ya acaba y el de abril se estrenarán la mayoría de series de esta época, multitud de pilotos que quedarán en nada y otros que conseguirán la ansiada renovación. Estos son los cinco mejores pilotos del mes de marzo:

5. iZombie (The CW)

La cadena en abierto The CW lleva un tiempo ofreciendo una calidad más que aceptable en sus nuevas series, como pudimos ver en otoño con la interesante Jane The Virgin. Ahora el turno es para los zombis con una versión adolescente en la que prácticamente lo que queda del género es el nombre. La protagonista, Liv Moore (Rose McIver) es una doctora residente que se convierte en una muerta viviente después de acudir a una fiesta y para mantenerse fresca recurre a comer cerebros que extrae de un laboratorio forense. Tiene la firma del creador de Veronica Mars, Rob Thomas, y si os gustó la serie de Kristen Bell también os gustará iZombie.

4. Last Man On Earth (FOX)

La serie creada y protagonizada por Will Forte no es la comedia concienzuda sobre la extinción de la raza humana que muchos esperaban y quizás por eso sea más fresca y graciosa de lo que debería. El ex de Saturday Night Live consigue llevar el peso de la historia él sólo durante buena parte del piloto pero está claro que era imposible que lo hiciera durante toda la serie. En su ayuda llega Carol (Kristen Schaaf), que no es precisamente el ideal femenino con el que soñaba para repoblar el planeta. Esta extraña relación funciona para el espectador, que termina el piloto con ganas de saber más de ellos.

3. Bloodline (Netflix)

Aunque esté entre los cinco mejores, a muchos les ha decepcionado la nueva serie de Netflix, que pintaba realmente bien visto el tráiler pero cuyo resultado final no ha sido para tanto. Este drama tiene detrás a los hermanos Kessler, creadores a su vez de la fantástica Damages (Daños y Perjuicios) y como protagonista a Kyle Chandler. Lo mejor de todo es que tiene buenos mimbres y una capacidad de mejora que esperamos ver en los siguientes capítulos. La historia se centra en una familia que regenta un hotel, cuyos trapos sucios corren el riesgo de quedar expuestos tras el regreso del hermano mayor.

2. Unbreakable Kimmy Schmidt (Netflix)

Asombrosamente rechazada por la NBC, la nueva creación de los aclamados Robert Carlock y Tina Fey ha encontrado acomodo en la plataforma Netflix, que ha acertado de lleno con uno de los mejores estrenos en lo que llevamos de año y parece destinada a ocupar un lugar destacado en el olimpo de las comedias junto con Parks & Recreation o 30 Rock, las series que más parecido guardan con Unbreakable Kimmy Schmidt. Además, su protagonista se ha metido al público en el bolsillo con su expresividad, perfecta para el papel de una joven víctima de una secta que lleva años sin ver la luz del sol.

1. American Crime (ABC)

La sorpresa del mes ha llegado de la mano de ABC, que ha arriesgado con un producto más propio de una cadena de cable que de una network tradicional, por su tono y sus formas. American Crime está creada por John Ridley, ganador de un Oscar por 12 Años de Esclavitud, e interpretada por grandes actores de la talla de Timothy Hutton o Felicity Huffman. La serie nos sumerge de lleno en un amplio catálogo de problemas sociales de Estados Unidos, sobre todo el racismo, la inmigración y las drogas. Con este producto, ABC no obtendrá grandes resultados de audiencia pero sí ganará prestigio, espectadores de calidad y quién sabe si algún premio..