¿Hay cantidad o hay calidad? Esa es la gran pregunta que nos hacemos en el episodio 9×16 de Cultura Seriéfila. La primera quincena de febrero de 2026 nos ha dejado una avalancha de títulos en las plataformas, y aunque quizá falte ese «bombazo» incontestable, nos han sobrado motivos para darle al play.
Acompaña a Alberto TV Series, Swanilda y Miguel Romero en este repaso exhaustivo por las novedades de Netflix, Movistar Plus+, Disney+ y muchas más.
Los grandes destacados de la quincena
Aunque el ritmo de estrenos no da tregua, en este programa hemos querido separar el grano de la paja. Aquí van nuestras apuestas seguras de estas semanas:
‘Salvador’ (Netflix)
El sello de Aitor Gabilondo y la imponente presencia de Luis Tosar (acompañado de una excelente Claudia Salas) marcan este thriller social. La historia de un padre que descubre que su hija está metida en un grupo neonazi nos ha mantenido pegados a la pantalla. ¿Es el gran estreno español de lo que va de año?
‘Más que rivales’ (Heated Rivalry) (Movistar Plus+)
La adaptación de la novela de Rachel Reid ha llegado haciendo ruido. La química entre Shane e Ilya en el mundo del hockey profesional es innegable. Un drama deportivo y romántico que trata con mucha honestidad la identidad y el amor bajo el foco mediático.
‘Cómo llegar al cielo desde Belfast’ (Netflix)
Si echabas de menos el ingenio de Lisa McGee (Derry Girls), esta es tu serie. Tres amigas, una muerte sospechosa y mucho humor negro en una Belfast que se siente viva. Misterio y carcajadas a partes iguales.
‘Días de ceniza’ (Trespasses) (Movistar Plus+)
Un relato desgarrador ambientado en la Irlanda del Norte de los 70. La adaptación de la novela de Louise Kennedy es una joya visual y emocional, con Gillian Anderson en el reparto, que explora cómo el amor puede ser el acto más político de todos.
Un repaso por todas las plataformas
No nos dejamos nada en el tintero. En este episodio también analizamos:
Netflix: La dureza de la miniserie polaca Niños de plomo.
SkyShowtime: El hackeo cerebral de Simu Liu en The Copenhagen Test.
Disney+: El glamour trágico de Love Story: John F. Kennedy Jr. & Carolyn Bessett.
Filmin: La tensión de Código de silencio.
Atresplayer: El universo particular de Rafaela y su loco mundo.
Como siempre, cerramos el programa con vuestros comentarios de iVoox y el repaso a las últimas cancelaciones y renovaciones del mundillo.
El cine y las series de televisión son mi pasión, aunque la Edad de Oro de la pequeña pantalla me conquistó sobre todas las cosas. En Cultura Seriéfila analizo toda ficción que lo merezca con una dosis muy alta de opinión. También me podéis escuchar en el podcast de Cultura Seriéfila y eventualmente en La Jungla Radio.
Repasamos las series más esperadas de 2026: adaptaciones literarias, superhéroes, ciencia ficción y nuevas apuestas españolas que marcarán el año televisivo.
Se esperaba con mucho entusiasmo esta serie original de la cadena Crave en Canadá, que ha causado furor en Estados Unidos. Su llegada a España a través de Movistar Plus+ no ha hecho más que confirmar que Más que rivales (Heated Rivalry) es una serie sensacional. Simple, pero efectiva, divertida a la vez que comprometida. Una serie que te hace sentir bien y al mismo tiempo te hace reflexionar.
Sinopsis: Rivales en el hielo, amantes en secreto
Vamos a ponernos en contexto con la sinopsis oficial: Rivales en la pista, amantes en secreto. Shane e Ilya son jóvenes, brillantes, ambiciosos y enemigos declarados sobre el hielo. A pesar de la intensa competencia y la animosidad pública entre sus equipos, ambos sienten una innegable y abrumadora atracción mutua que los lleva a vivir una relación oculta durante años. La serie explora cómo esta conexión prohibida evoluciona a lo largo de siete años, poniendo a prueba su lealtad, sus carreras profesionales y sus corazones.
Más que rivales (Heated Rivalry) se basa en la serie de libros escritos por Rachel Reid, Game Changers, en el que cada uno de ellos se basa en una pareja diferente siempre dentro del mundo del deporte profesional. En este caso ha tocado esta pareja de orígenes tan distintos dentro de un deporte tan canadiense como el hockey sobre hielo.
El hockey sobre hielo: la masculinidad tóxica
La homosexualidad ha conseguido ganar mucho terreno en los últimos años. Las artes escénicas, la música e incluso cualquier trabajo de oficina o de servicios cuentan con personas del colectivo LGTBIQ+. Es cierto que muchas siguen teniendo problemas de aceptación y que según qué trabajos muy masculinizados todavía es tabú. Pero el hockey sobre hielo, ese deporte donde los hombres chocan constantemente los unos con los otros, donde incluso se generan peleas esporádicas y la testosterona está suelta sin control, la visibilidad por parte de los que están dentro de la pista y en las gradas está lejos de ser aceptada.
Lo que plantea Más que rivales es una fantasía que en el deporte masculino profesional está muy lejos de cumplirse. Obviamente que existe como existe en cualquier rincón de la sociedad, pero el miedo entra en escena. A pesar de lo abiertos que nos creemos que somos, las marcas son las primeras en retirar apoyos si alguien sale del armario y dicha marca piensa que sus potenciales compradores no aceptarían algo así. De ahí radica el miedo a perder poder adquisitivo, a fallarle a gente que dependen de ti, a crear mal ambiente en el equipo o en tu propia afición. En el mundo civilizado, ya no es delito ser gay, ni temes por tu vida pero los miedos pasar a ser otros.
Shane e Ilya: Dos caras de la misma moneda
En este contexto, tenemos a Shane Hollander, una estrella en ciernes, el yerno que todas las madres desearían tener, el jugador por el que se pelean todas las marcas, el que tiene que aparentar ser el chico perfecto. Y también el más hombre. Por el otro lado tenemos a Ilya Rozanov, de nacionalidad rusa (ojo que en ese país sí siguen teniendo problemas los homosexuales), un villano díscolo que cae mal y, por tanto, otro exponente máximo de masculinidad.
Un «Caballo de Troya» en formato serie
Más que rivalesno es una serie excelsa, no es ninguna obra maestra. Es entretenida a más no poder, llega a un espectro de público muy amplio no solo en gustos sino también en edad. Pero es que no lo necesita, para denunciar un problema no hace falta crear un dramón en el que los protagonistas sufren sin parar el rechazo que los rodea. La serie se centra en la relación de amor entre ambos, con sus altibajos, sí, en su clandestinidad, pero no se centra en los obstáculos que tienen por delante. Eso es lo que nos hace disfrutar, vivir su historia de amor junto a ellos.
Dicho esto, gran parte del éxito de Más que rivales viene gracias a la química entre sus protagonistas. Es imposible ver una conversación entre ellos sin una media sonrisa en la boca. Es ese tipo de series en la que quieres que les vaya todo lo bien que merecen. En este sentido Hudson Williams y Connor Storrie se salen. Es verdad que la serie utiliza un tono deliberadamente ligero en el que las escenas de sexo están presentes constantemente y de forma bastante explícita, aunque con rodadas con un buen gusto extraordinario.
Conclusión: Mucho más que «salseo»
En definitiva, Más que rivales actúa como un «caballo de Troya» que nos atrae en un primer instante por el morbo, el salseo y una bonita historia de amor con idas y venidas, pero una vez terminada nos deja esa puerta abierta a la reflexión. ¿Por qué en 2026 una historia como esta tiene que seguir siendo una fantasía? Una muy buena pregunta con una respuesta difícil e incómoda.
¿Qué te ha parecido Más que rivales? ¿Has disfrutado más con el salseo de la historia de amor y las escenas tórridas o con la reflexión que la serie nos lanza? Te leo en comentarios.
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Salvador se ha convertido en el nuevo fenómeno de Netflix en España. En apenas 24 horas desde su estreno, la miniserie se ha colocado como número 1 en el ranking de series más vistas, impulsada por un tema especialmente sensible en el contexto político actual: el auge de la ultraderecha y la radicalización ideológica. Sin embargo, pese a la claridad de su mensaje, la serie plantea más de un problema en su desarrollo.
¿De qué trata Salvador? Sinopsis y equipo creativo
Salvador es una miniserie española de Netflix estrenada el viernes 6 de febrero. Su principal reclamo es Luis Tosar, uno de los actores más reconocibles de la ficción nacional. La dirección corre a cargo de Daniel Calparsoro, cineasta especializado en thrillers y cine de acción, mientras que la producción ejecutiva recae en Aitor Gabilondo, responsable de títulos como El príncipe, Vivir sin permiso o Entrevías.
La sinopsis oficial presenta a Salvador Aguirre, un conductor de ambulancias que descubre que su hija Milena forma parte de un grupo neonazi. Decidido a rescatarla y a entender cómo ha llegado hasta ahí —pese a no haber recibido una educación fascista—, Salvador se infiltra en el grupo tras un violento enfrentamiento entre hinchas radicales de fútbol en el que su hija resulta gravemente herida.
Lo mejor de Salvador: dirección y tensión narrativa
Uno de los mayores aciertos de Salvador es su dirección. Calparsoro sabe manejar la tensión, manteniendo al espectador en vilo tanto en las secuencias de acción como en los momentos dramáticos donde la violencia parece a punto de estallar. El pulso narrativo es sólido y eficaz, lo que convierte la miniserie en un producto altamente adictivo.
La fotografía y la planificación cumplen sin grandes alardes: no son especialmente llamativas, pero sí funcionales, lo que encaja con el tono áspero y realista de la historia.
Interpretaciones: Tosar destaca, pero no está solo
En cuanto al reparto, el nivel es irregular, algo habitual en este tipo de producciones. Luis Tosar sostiene la serie con solvencia, pero merece una mención especial Claudia Salas, que consigue construir un personaje complejo y comprensible, incluso cuando sus decisiones resultan incómodas para el espectador. Tanto Patricia Vico como Leonor Watling cumplen en sus papeles, aunque sus personajes se sienten muy estereotipados, al igual que muchos de los miembros de los White Souls, así como el jefe de policía y el abogado.
El gran problema de Salvador: la equidistancia ideológica
El núcleo temático de Salvador es claro: un padre ex alcohólico, ex ludópata y ausente se acerca a un grupo neonazi para comprender la deriva ideológica de su hija. El problema surge cuando la serie intenta humanizar a los miembros del grupo y acaba yéndose demasiado lejos.
El personaje de Carla (Leonor Watling) se presenta como una figura filantrópica, con una ONG dedicada exclusivamente a ayudar a españoles, mientras Salvador se va acercando progresivamente al grupo, aparentemente seducido —al menos en parte— por su discurso. Aquí es donde la serie falla: el conflicto no está bien trabajado y genera una sensación de equidistancia que puede interpretarse como un blanqueamiento del fascismo.
A diferencia de lo que ocurría en Patria, donde el tratamiento del conflicto era mucho más preciso, en Salvador la intención es comprensible, pero la ejecución resulta problemática.
Un final más claro… pero no suficiente
En su tramo final, la serie aclara mucho mejor su postura ideológica, especialmente gracias a un potente monólogo del personaje interpretado por Pedro Casablanc, uno de los momentos más destacados de la miniserie. Sin entrar en spoilers, ese discurso resume con precisión tanto el viaje de la serie como el contexto global del auge de la ultraderecha.
No obstante, ciertas decisiones de guion —especialmente relacionadas con la identidad del asesino y la intervención de los poderes fácticos— debilitan el mensaje, llegando incluso a convertir al grupo neonazi en víctimas o marionetas del sistema.
Conclusión: una serie efectiva, pero fallida en su discurso
A estos problemas se suma un metraje excesivo: a Salvador le sobran, al menos, un par de episodios. El resultado es una miniserie con buenas intenciones y capacidad de enganchar, pero con una ejecución irregular que lastra su discurso político.
Como entretenimiento, Salvador funciona. Como reflexión sobre la radicalización y la ultraderecha, se queda a medio camino. Siendo generosos, podemos situarla ligeramente por encima de la corrección, aunque lejos de lo que podría haber sido.
¿Qué te ha parecido Salvador? ¿Te quedas con su acción y su ritmo o echas en falta una mayor profundidad política? Déjanos tu opinión en los comentarios.
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¡Feliz año, seriéfilos! Arrancamos este 2026 con la resaca de las uvas y, seamos sinceros, un catálogo de estrenos que nos ha obligado a separar mucho el grano de la paja. En el último episodio de Cultura Seriéfila (9×13), Miguel Romero, Alberto TV Series y Swanilda nos sentamos a analizar si este mes de enero realmente tiene algo que merezca nuestro tiempo.
La conclusión es clara: no estamos ante las series que liderarán los tops de «lo mejor del año» en diciembre, pero hay un puñado de títulos que han logrado destacar en un desierto de estrenos mediocres.
Los platos fuertes del mes
A pesar de que el nivel general ha sido discreto, estas son las ficciones que han conseguido que no soltemos el mando a distancia:
‘Amadeus’ (SkyShowtime)
Es, sin duda, una de las grandes apuestas de la temporada. Trasladar la genialidad y la rivalidad de Mozart a la pantalla siempre es un reto, y SkyShowtime parece haber encontrado el tono adecuado para mantenernos pegados a la butaca.
‘Legítima defensa’ (Movistar Plus+)
Movistar sigue apostando fuerte por el drama de calidad. Legítima defensa se posiciona como lo mejorcito de la plataforma en este inicio de año, ofreciendo ese pulso narrativo que tanto nos gusta.
‘Él y ella’ & En fuga (Netflix)
Netflix ha abierto el grifo de contenido como de costumbre. Entre tanto ruido, destacamos ‘En fuga’ y ‘Él y ella’. No van a revolucionar la historia de la televisión, pero cumplen con creces su función de mantenernos entretenidos durante el fin de semana.
Un repaso por plataformas
En el podcast desgranamos cada rincón del streaming. Aquí tienes un resumen rápido de lo que comentamos:
Netflix: Además de los platos fuertes, echamos un vistazo a El tiempo de las moscas, La tierra del pecado y la nueva adaptación de Agatha Christie: las siete esferas.
Movistar Plus+: No te pierdas nuestro análisis de Nibelungos: la guerra de los reinos y el esperado estreno de El turco.
Filmin: Para los que buscan algo distinto, analizamos El magnate.
Otras plataformas: Pasamos revista a las novedades (y alguna que otra decepción) en Prime Video, Disney+, HBO Max, Apple TV+ y AMC+.
Noticias, renovaciones y el futuro próximo
No todo son estrenos. En este episodio también sacamos el bisturí para analizar las últimas cancelaciones y renovaciones que han sacudido la industria en las últimas semanas. ¿Ha sobrevivido tu serie favorita al inicio de año?
Además, os damos un adelanto de lo que esperamos para la próxima quincena, porque aunque enero haya empezado tímido, el calendario no se detiene.
¡Escucha el episodio completo! Si quieres saber exactamente qué minuto dedicarle a cada serie (y cuáles es mejor ignorar), tienes el desglose detallado en nuestro podcast. Además, aquí abajo tienes el reproductor para escucharlo aquí mismo.
¿Has visto ya alguno de estos estrenos? ¿Estás de acuerdo con nuestra opinión o crees que hemos sido demasiado duros? ¡Cuéntanoslo en los comentarios!
El cine y las series de televisión son mi pasión, aunque la Edad de Oro de la pequeña pantalla me conquistó sobre todas las cosas. En Cultura Seriéfila analizo toda ficción que lo merezca con una dosis muy alta de opinión. También me podéis escuchar en el podcast de Cultura Seriéfila y eventualmente en La Jungla Radio.
El panorama seriéfilo actual está un poco parado estas semanas de vacaciones, pero en Cultura Seriéfila no podemos parar de ver series. En el nuevo episodio del podcast analizamos, sin spoilers, uno de los acontecimientos televisivos más esperados de los últimos años: el final de Stranger Things. La serie de Netflix se despide tras convertirse en un fenómeno global que ha marcado a toda una generación y ha redefinido el concepto de gran evento televisivo.
El adiós de Stranger Things: legado e impacto
Más allá del cierre de su historia, en el podcast reflexionamos sobre qué ha significado Stranger Things dentro de la ficción televisiva moderna: su influencia en la cultura pop, su papel en la consolidación de Netflix como plataforma dominante y su capacidad para conectar con públicos muy distintos. Un análisis pensado tanto para fans de la serie como para quienes observan la evolución de la televisión desde una perspectiva más amplia.
El fenómeno Pluribus
Otro de los ejes del episodio es Pluribus, una propuesta que está despertando interés por su enfoque narrativo y sus ambiciones creativas. Comentamos qué la hace especial y cómo encaja dentro de un momento en el que las series buscan diferenciarse y arriesgar más que nunca.
Recomendaciones y títulos a seguir de cerca
El programa se completa con un repaso a otras series que merecen atención y que amplían el mapa seriéfilo actual. Entre ellas hablamos de El precio de una confesión, Reykjavik Fusion, Días de ceniza (Trespasses), Heated Rivalry, Amadeus, I Love L.A., Él y ella, Su peor pesadilla, entre otros títulos que confirman la diversidad de géneros, tonos y procedencias que ofrece hoy la televisión.
Un podcast coral y sin spoilers
El episodio está presentado por Alberto TV Series, con la participación de Miguel Romero, Swanilda y Ramón Montojo, y cuenta además con Monnittini Series como invitada especial. Una charla dinámica, cercana y apasionada, pensada para disfrutar del debate seriéfilo sin destripes y descubrir nuevas recomendaciones.
Si te interesa el análisis de series, los finales más esperados, las novedades televisivas y ampliar tu lista de pendientes, puedes escuchar el podcast completo justo aquí debajo.
El cine y las series de televisión son mi pasión, aunque la Edad de Oro de la pequeña pantalla me conquistó sobre todas las cosas. En Cultura Seriéfila analizo toda ficción que lo merezca con una dosis muy alta de opinión. También me podéis escuchar en el podcast de Cultura Seriéfila y eventualmente en La Jungla Radio.
Se acabó el 2025 y, como es tradición en esta casa, nos toca mirar por el retrovisor. Pero este año el ranking tiene un sabor especial. No es mi lista, ni la del equipo del podcast; es la vuestra. Tras semanas de intensos debates en nuestro grupo de Telegram y de recibir vuestros votos a través de nuestra tradicional encuesta, hoy publicamos las 10 series que han definido el año para la comunidad de Cultura Seriéfila.
Un año marcado por la ambición técnica (esos planos secuencia que nos han dejado sin aliento), el regreso de géneros clásicos con una vuelta de tuerca y, sobre todo, la confirmación de que el espectador busca historias con alma, independientemente del presupuesto.
Aquí tenéis vuestro Top 10.
10. ‘The Last of Us’ – Temporada 2 (HBO Max)
Había miedo. Adaptar la parte más divisiva de la obra de Neil Druckmann era un reto suicida, pero Craig Mazin ha vuelto a demostrar que es uno de los mejores cirujanos de guiones de la industria. Los oyentes habéis destacado la capacidad de la serie para hacernos empatizar con lo «injustificable». Bella Ramsey se ha echado la serie a la espalda, y la entrada de Kaitlyn Dever como Abby ha sido, sencillamente, un terremoto emocional. Una temporada casi a la altura de la primera.
9. ‘Separación’ – Temporada 2 (Apple TV)
La serie de Dan Erickson y Ben Stiller se ha hecho de rogar, pero el regreso a Lumon Industries ha valido cada segundo de espera. Habéis premiado esa capacidad única de Apple para mantener el misterio sin caer en el vacío narrativo. Una segunda temporada que ha expandido el mundo exterior de los «Innies» con una estética clínica que sigue siendo la más fascinante de la televisión actual. Una temporada que ha acabado ofreciendo más respuestas de lo esperado y que nos tiene en tensa espera para la tercera.
8. ‘Pluribus’ (Apple TV+)
No hay año sin que Apple nos regale una «Sci-Fi de prestigio» y esta vez vuestro voto ha ido para Pluribus. Esta distopía sobre la gobernanza global y la identidad digital ha calado por su inteligencia y su puesta en escena. Una serie que no da respuestas masticadas y que nos ha tenido horas analizando cada detalle. Ya sabemos quién es su creador, Vince Gilligan, uno de los showrunners infalibles de la industria de Hollywood, que cuenta prácticamente sus series como éxitos asegurados. Mención especial para Rhea Seehorn, actriz para la que se escribió el papel, y vaya si estaba justificado.
7. ‘Anatomía de un instante’ (Movistar Plus+)
La sorpresa nacional del año. Ver a Alberto Rodríguez contenido, preciso y obsesionado con el detalle histórico para adaptar a Javier Cercas ha sido un regalo. Habéis valorado especialmente cómo ha logrado transmitir la tensión de un momento que todos conocemos, convirtiendo los pasillos del Congreso en el escenario de un thriller de espionaje político de primer nivel. El director sevillano ha bordado un retrato psicológico colectivo personificado en los tres hombres que se mantuvieron en pie ante los disparos de Tejero. Suárez, Carrillo y Gutiérrez Mellado, además, son interpretados con brillantez por Álvaro Morte, Eduard Fernández y Manolo Solo respectivamente. Por último, recordaos que tenéis vídeo en YouTube y artículo en este blog.
6. ‘The Studio’ (Apple TV+)
La sátira necesaria. Seth Rogen y Evan Goldberg se han llevado el sexto puesto con este dardo envenenado al corazón de Hollywood. Los oyentes de Cultura Seriéfila, que amáis los entresijos de la industria, habéis disfrutado con esta mirada cínica a la guerra del streaming, los egos de los actores y la absurda burocracia de los grandes estudios. Ácida, inteligente y muy autoconsciente. Y, por si fuera poco, técnicamente perfecta.
5. ‘The Pitt’ (Max)
El regreso del drama médico con mayúsculas. Noah Wyle vuelve a casa, pero no para hacer un ejercicio de nostalgia, sino para retratar la cruda realidad de un hospital de Pittsburgh. Bajo la batuta de R. Scott Gemmill, la serie ha conquistado a nuestra audiencia por su realismo sucio y su ritmo frenético, alejándose del culebrón para centrarse en la ética y el colapso del sistema sanitario. Además, el formato de una hora real por episodio y un turno de 15 horas, le han sentado muy bien, aportando ese frenetismo y realismo que necesitaba la serie.
4. ‘Pubertat’ (Max)
Leticia Dolera ha firmado en Max su obra más madura y necesaria. Abordar una agresión sexual en un entorno adolescente sin caer en el juicio fácil ni en el amarillismo es una proeza. La comunidad ha destacado la valentía de la propuesta y esa sensibilidad tan propia de Dolera para narrar lo invisible. Es una serie que duele, que incomoda y que, precisamente por eso, no se puede dejar de ver.
3. ‘Task’ (Max)
La medalla de bronce es para uno de los creadores más interesantes del drama criminal estadounidense: Brad Ingelsby. Tras Mare of Easttown, el showrunner nos lleva de nuevo a la Pensilvania profunda con un Mark Ruffalo que huele a Emmy. Task es la esencia de lo que nos gusta en este blog: personajes rotos, investigaciones que avanzan al ritmo del corazón de sus protagonistas y una atmósfera que puedes cortar con un cuchillo. Televisión gourmet.
2. ‘Tierra de mafiosos’ (‘Mobland’) (SkyShowtime)
La medalla de plata ha sido para la adrenalina pura. Ronan Bennett, creador de Top Boy y Chacal, desembarca en SkyShowtime con su sello inconfundible: montaje rítmico, diálogos afilados y una violencia con estilo, aderezado además con la dirección y producción de Guy Ritche. Pero la clave del éxito entre nuestros oyentes ha sido la presencia de Tom Hardy, que encaja como un guante en este universo de criminales y códigos de honor. Un neo-western de acción que ha sido el «guilty pleasure» (y no tan guilty) de la temporada.
1. ‘Adolescencia’ (Netflix)
Y llegamos a lo más alto. No ha habido discusión: Adolescencia(Adolescence) es la serie del año para los oyentes de Cultura Seriéfila. La proeza técnica de Philip Barantini rodando en plano secuencia cada episodio no es un simple truco visual; es una herramienta para atraparnos en la angustia de ese padre (Stephen Graham) y ese hijo acusados de lo peor. El guion de Jack Thorne es una clase magistral de drama social británico. Una obra maestra que nos ha recordado por qué amamos las series.
¿Qué os parece el ranking definitivo de la audiencia? ¿Se ha quedado vuestra favorita fuera del podio? Nos leemos en los comentarios y, como siempre, nos escuchamos en el podcast para analizar cada uno de estos títulos al detalle.
Por último, os dejo por aquí el podcast de Mejores Series de 2025, en el que se publicó este ranking que vosotros, oyentes de Cultura Seriéfila, habéis elegido.
El cine y las series de televisión son mi pasión, aunque la Edad de Oro de la pequeña pantalla me conquistó sobre todas las cosas. En Cultura Seriéfila analizo toda ficción que lo merezca con una dosis muy alta de opinión. También me podéis escuchar en el podcast de Cultura Seriéfila y eventualmente en La Jungla Radio.
Este artículo acompaña al análisis en vídeo de Cultura Seriéfila, que puedes ver incrustado más abajo.
Seamos honestos: una de las grandes verdades incómodas de Netflix es que pasamos más tiempo buscando algo que ver que viéndolo. Y no hay nada peor que invertir seis horas en una miniserie para descubrir que podrías habértelas ahorrado. Por eso proyectos como La bestia en mí son tan importantes… y tan peligrosos. Sobre el papel lo tienen todo para triunfar: Claire Danes, Matthew Rhys y parte del equipo creativo detrás de Homeland y 24. Pero la pregunta es inevitable: ¿estamos ante un thriller psicológico que justifica el maratón o solo frente a otro producto bien interpretado con una trama reconocible?
Ficha técnica y sinopsis
La bestia en mí es una miniserie limitada de Netflix, estrenada el 13 de noviembre, creada por Gabe Rotter (guionista de Expediente X) junto al showrunner Howard Gordon, responsable de algunos de los momentos más tensos de 24 y Homeland. La dirección corre a cargo de Antonio Campos, especialista en thrillers psicológicos y true crime como The Staircase o The Sinner.
La premisa es tan clásica como efectiva:
Aggie Wiggs (Claire Danes) es una escritora ganadora del Pulitzer que, tras la muerte de su hijo pequeño, se ha retirado de la vida pública. Incapaz de escribir, con problemas económicos y un matrimonio roto, su vida se encuentra en un estado casi fantasmagórico.
Todo cambia cuando Nile Jarvis (Matthew Rhys), un carismático magnate inmobiliario, se muda a la casa de al lado. Nile es conocido por un hecho inquietante: su esposa desapareció misteriosamente y, aunque nunca se pudo demostrar nada, la opinión pública está convencida de que él la asesinó.
Lejos de huir, Aggie se obsesiona. Y lo que empieza como una investigación acaba convirtiéndose en una relación enfermiza cuando Nile le propone escribir su historia.
El duelo interpretativo: el verdadero motor de la serie
Si La bestia en mí funciona, es sobre todo por el cara a cara entre Claire Danes y Matthew Rhys.
Danes vuelve a demostrar por qué es una de las mejores actrices de su generación. Su Aggie es ansiedad pura, pero también dolor contenido. No hay glamour ni artificio: hay una madre rota que se aferra al peligro como única forma de no enfrentarse al vacío. Su interpretación convierte el duelo en algo físico, casi incómodo de observar.
Matthew Rhys, por su parte, construye a Nile Jarvis como un depredador silencioso. No necesita alzar la voz ni recurrir a la violencia explícita. Su amenaza está en la sonrisa, en la invasión constante del espacio personal, en ese encanto que resulta profundamente perturbador. Si te conquistó en The Americans o Perry Mason, aquí disfrutarás odiándolo.
La relación entre ambos no es romántica, es tóxica. Un juego de gato y ratón en el que nunca está claro quién observa a quién.
Mención especial para el reparto secundario: Brittany Snow, como la nueva esposa de Nile, aporta capas inesperadas bajo su fachada perfecta, y Jonathan Banks impone autoridad con la sola presencia, fiel a su reputación.
La bestia interior: duelo, morbo y true crime
El título no engaña. La bestia en mí habla, sobre todo, de lo que ocurre cuando el duelo no se procesa.
Aggie cree estar persiguiendo a un monstruo externo, pero la serie se pregunta constantemente qué ocurre cuando miramos demasiado tiempo al abismo. ¿Qué parte oscura despertamos dentro de nosotros?
Aquí entra una crítica interesante a nuestra obsesión colectiva por el true crime. En una escena clave, Nile afirma que el público no quiere esperanza, sino carnicería. La serie nos devuelve la pregunta: ¿por qué nos resulta tan entretenido el dolor ajeno?
Aggie utiliza la historia de Nile como una forma de vampirismo emocional, una vía para volver a sentirse viva y creativa. En este punto, los paralelismos con Robert Durst, protagonista del documental The Jinx, son imposibles de ignorar: heredero inmobiliario, esposa desaparecida, carisma inquietante y una verdad siempre fuera de alcance.
Si te interesa cómo la ficción usa el thriller para hablar de temas incómodos, Andor es otro ejemplo reciente que, desde la ciencia ficción, analiza el poder, la moralidad y las zonas grises de sus personajes.
Apartado técnico y problemas de ritmo
A nivel técnico, La bestia en mí es un producto claramente alineado con el sello “Netflix Prestige”. La fotografía apuesta por tonos fríos y azules para reflejar la soledad de Aggie, en contraste con la calidez engañosa del hogar de Nile.
Antonio Campos arriesga con una puesta en escena cuidada y algunos planos poco convencionales que elevan la serie por encima del thriller televisivo estándar. La mayor parte de la acción se desarrolla en las dos casas, reforzando una sensación de encierro constante.
El principal problema está en el guion. Aunque los diálogos son afilados, la trama recurre en ocasiones a lugares comunes del género. Algunos giros resultan previsibles y, en el tramo central (especialmente en los episodios 4 y 5), el ritmo se resiente. Ciertas decisiones de los personajes rozan lo inverosímil para mantener la tensión.
Aun así, la atmósfera consigue sostener el interés hasta el final.
Veredicto final
La bestia en mí no reinventa el thriller psicológico. No es Mindhunterni la primera temporada de True Detective.
Pero sí es una serie tremendamente adictiva, perfecta para un fin de semana lluvioso. Merece la pena solo por el nivel interpretativo de Claire Danes y Matthew Rhys, que elevan un guion correcto hasta convertirlo en un producto notable.
No es una serie de 10, pero dentro del océano de estrenos de Netflix, es una de las opciones más sólidas..
Como ocurre en Anatomía de un instante, la serie no se centra tanto en el misterio como en las decisiones morales de sus personajes cuando el contexto los empuja al límite.
Veredicto Cultura Seriéfila:
Si buscas una trama revolucionaria, puede que te frustre.
Si buscas tensión, actuaciones de nivel Emmy y un final que invita al debate, deberías verla.
¿Y tú qué opinas? ¿Crees que Aggie cruza una línea peligrosa o es la única forma que tiene de sobrevivir a su dolor?
Si quieres más análisis como este, en el podcast Cultura Seriéfila hablamos de estrenos, thrillers y series desde una mirada crítica y cinematográfica. Disponible en iVoox, Spotify y Apple Podcasts. De hecho, aquí tienes el episodio donde hablamos de La bestia en mí.
El cine y las series de televisión son mi pasión, aunque la Edad de Oro de la pequeña pantalla me conquistó sobre todas las cosas. En Cultura Seriéfila analizo toda ficción que lo merezca con una dosis muy alta de opinión. También me podéis escuchar en el podcast de Cultura Seriéfila y eventualmente en La Jungla Radio.
Este artículo acompaña al análisis en vídeo de Cultura Seriéfila, que puedes ver incrustado más abajo.
Cuando pensamos en Star Wars, solemos pensar en aventuras, mitología, héroes claros y villanos definidos. Lo político siempre ha estado ahí, pero casi como un decorado. Por eso resulta tan sorprendente que una de las series políticas más potentes de los últimos años se encuentre precisamente dentro de este universo.
Andor no solo amplía la franquicia: la redefine. Y lo hace desde un lugar incómodo, adulto y profundamente humano.
Ficha técnica y sinopsis
Andor es una precuela de Rogue One, que a su vez lo es de Star Wars: Episodio IV. La serie está protagonizada por Diego Luna, acompañado por un reparto de enorme nivel en el que destacan Stellan Skarsgård, además de numerosos secundarios de peso.
El creador y showrunner es Tony Gilroy, guionista de Rogue One, que aquí dispone de un margen creativo mucho mayor. La serie cuenta con dos temporadas de 12 episodios, estructuradas en arcos narrativos de tres capítulos, una decisión clave para su ritmo y desarrollo dramático.
La serie sigue a Cassian Andor cinco años antes de los acontecimientos de Rogue One, mostrando su transformación de ladrón cínico y superviviente a pieza clave de la Alianza Rebelde. En paralelo, la historia explora el nacimiento de la rebelión, los mecanismos del Imperio y las complejas decisiones morales que deben afrontar tanto los oprimidos como los opresores.
Un cambio radical de enfoque dentro de Star Wars
Muchas de las ideas que plantea Andor no son nuevas en la saga: el individuo que acaba liderando una causa mayor, los sacrificios necesarios para lograr el bien común o las primeras pinceladas políticas. Lo hemos visto antes en personajes como Han Solo o Lando Calrissian.
La diferencia está en el enfoque. En Andor, la política deja de ser un telón de fondo para convertirse en el verdadero tema central. Y lo hace desde un prisma mucho más realista, adulto y humano.
Tony Gilroy toma una decisión clave: humanizar absolutamente a todos los personajes. Aquí no hay héroes impolutos ni villanos caricaturescos. Los rebeldes manipulan, mienten y sacrifican personas. Los imperiales no son malos “porque sí”: tienen rutinas, turnos, días libres y una vida fuera del trabajo.
Esto cambia por completo la experiencia del espectador. Cuando llega la acción, ya conocemos las motivaciones de cada bando. Sabemos por qué hacen lo que hacen.
Nadie sale limpio: moralidad y supervivencia
Personajes como Luthen Rael encarnan a la perfección esta ambigüedad moral. Es consciente de que está condenado: para luchar contra el Imperio ha tenido que traicionar, delatar y utilizar a otros como piezas sacrificables.
Cassian Andor tampoco es un héroe clásico. Toma decisiones egoístas, actúa muchas veces por pura supervivencia y no por convicción ideológica. La rebelión no nace del idealismo, sino de la necesidad. Aquí, hacer el bien es una consecuencia, no un objetivo inicial.
Andor plantea una idea incómoda pero honesta: toda revolución tiene un coste, y ese coste rara vez lo pagan quienes toman las decisiones desde arriba.
Realismo político y paralelismos inquietantes
El Imperio siempre ha sido una metáfora de los regímenes autoritarios, pero Andor lleva esta idea mucho más lejos. En la serie vemos represión sistemática, exterminio de poblaciones, expolio de recursos, prisiones políticas y trabajos forzados.
Sin embargo, uno de los aspectos más interesantes es su control del relato. Por primera vez, el Imperio no solo gobierna con violencia, sino también con desinformación y propaganda. El caso de Ghorman es especialmente revelador: manipular a una población hasta lograr sus objetivos y, además, hacerlo parecer legítimo.
Aquí Andor conecta directamente con nuestro presente y convierte la ciencia ficción en un espejo incómodamente reconocible.
Un nivel técnico de primer nivel cinematográfico
Disney+ apostó fuerte por Andor, y se nota. El presupuesto está en pantalla en cada apartado técnico: desde el reparto, pasando por la recreación de planetas inéditos, el uso del CGI o la puesta en escena de las secuencias más espectaculares.
Pero lo verdaderamente importante es que todo ese despliegue visual está al servicio del guion, no al revés. La serie podría funcionar incluso con menos artificio, porque la base dramática es sólida.
No es un producto pensado para todos los públicos ni para todas las edades, como The Mandalorian. Es una serie exigente, reflexiva y política, que busca ir más allá del entretenimiento inmediato y enfrentarnos al mundo en el que vivimos.
Conclusión: una anomalía necesaria
Andor ha devuelto la fe en una franquicia que parecía atrapada en la repetición y el miedo al riesgo. No es una serie perfecta: puede dar pereza empezar, algunos arcos funcionan mejor que otros y exige paciencia.
Pero precisamente por eso es tan valiosa. En un panorama audiovisual conservador, Andor es casi un milagro creativo.
Para mí, sin duda, es una de las mejores series de 2025 y un ejemplo de cómo las grandes franquicias todavía pueden contar historias adultas, incómodas y relevantes.
En ese sentido, Andor dialoga muy bien con otras ficciones recientes que analizan el poder, la política y la fragilidad de los sistemas democráticos desde una puesta en escena cinematográfica. Un buen ejemplo es Anatomía de un instante, la miniserie de Movistar Plus+ dirigida por Alberto Rodríguez, que aborda el 23-F no como una lección de historia, sino como un thriller político sobre decisiones morales en momentos límite.
Ambas series, desde universos radicalmente distintos, comparten una misma mirada: mostrar que la política no es abstracta, sino que se construye a partir de personas imperfectas tomando decisiones irreversibles bajo una presión extrema.
Ahora te toca a ti: ¿qué opinas de Andor? ¿Crees que otras sagas deberían atreverse con propuestas similares?
Si te interesa este tipo de análisis, en el podcast Cultura Seriéfila hablamos de estrenos, tendencias y series desde una mirada crítica y cinematográfica. Disponible en iVoox, Spotify y Apple Podcasts. De hecho, te dejo aquí abajo el episodio en el que mencionamos las mejores series de 2025.
El cine y las series de televisión son mi pasión, aunque la Edad de Oro de la pequeña pantalla me conquistó sobre todas las cosas. En Cultura Seriéfila analizo toda ficción que lo merezca con una dosis muy alta de opinión. También me podéis escuchar en el podcast de Cultura Seriéfila y eventualmente en La Jungla Radio.
Durante años parecía imposible acercarse al 23‑F sin caer en el tono académico, didáctico o directamente escolar. Todos conocemos el desenlace: Tejero entra, dispara al techo, los diputados se tiran al suelo, el Rey aparece en televisión y el golpe fracasa. Caso cerrado. Y, sin embargo, Movistar Plus+ y Alberto Rodríguez han conseguido algo poco habitual: convertir uno de los episodios más analizados de nuestra historia reciente en un thriller político de primer nivel. Anatomía de un instante no quiere que aprendas nada nuevo: quiere que lo sientas.
La serie adapta el ensayo homónimo de Javier Cercas, publicado en 2009. Un texto complejo, reflexivo y sin diálogos que parecía, a priori, poco agradecido para la ficción. El reto no era pequeño. Para afrontarlo, Alberto Rodríguez vuelve a apoyarse en su equipo habitual: Rafael Cobos al guion y Fran Araújo en producción, con la experiencia previa de proyectos como La Peste.
El reparto es uno de los grandes logros de la serie. Aquí no se buscaba el parecido físico exacto, sino actores capaces de sostener el peso dramático de la historia:
Álvaro Morte como Adolfo Suárez, en una transformación apabullante.
Eduard Fernández como Santiago Carrillo, sobrio y magnético.
Manolo Solo como Gutiérrez Mellado, irreconocible.
Junto a ellos, David Lorente (Tejero), Óscar de la Fuente (Milans del Bosch) y Miki Esparbé (Juan Carlos I).
El resultado es un casting al servicio del drama, no del mimetismo.
El sello Alberto Rodríguez: atmósfera y tensión
Si conoces La isla mínima o El hombre de las mil caras, sabes que Alberto Rodríguez domina como pocos la creación de atmósferas opresivas. Anatomía de un instante es una continuación natural de ese estilo.
Una España que se puede oler
El Congreso, La Moncloa o el piso desde el que Carrillo planea su regreso se sienten cerrados, cargados y asfixiantes. El humo del tabaco, el sudor en los rostros, la iluminación ocre… Todo construye un realismo sucio, muy lejos de la épica limpia de los libros de texto. No es la historia explicada: es la historia vivida desde dentro, cuando realmente no llegaba la camisa al cuerpo.
Ritmo de thriller sin tiros
Rodríguez demuestra, una vez más, su talento para convertir conversaciones de despacho en escenas de alto voltaje. Un intercambio de miradas o el gesto mecánico de encender un cigarrillo resulta más tenso que un tiroteo. Aquí no hay persecuciones: hay decisiones. Y pesan como toneladas.
La dignidad en el instante decisivo
El corazón temático de la serie está en una pregunta que atraviesa todo el relato:
¿Por qué no se agacharon?
Suárez, Carrillo y Gutiérrez Mellado representan ideologías enfrentadas, pero en ese momento forman el único cuerpo de la democracia. Los tres son, a su manera, traidores:
Un militar que ayudó a desmontar el régimen que lo formó.
Un falangista que abrió la puerta a la democracia.
Un comunista que aceptó pactar con quienes lo habrían ejecutado años atrás.
Permanecer sentados no es solo un acto de valentía individual. Es un gesto político que redefine el futuro del país. La serie consigue transmitir la fragilidad de la libertad con una potencia poco habitual en la ficción española.
Del ensayo a la ficción: el riesgo del guion
Adaptar un ensayo supone tomar decisiones arriesgadas. Aquí se han tenido que imaginar diálogos y situaciones privadas para convertir la reflexión de Cercas en acción dramática.
¿Funciona? Sí, porque la serie no pretende ser una enciclopedia. Es una radiografía del poder. Los planos cenitales, marca de la casa del director, refuerzan esa idea de piezas moviéndose sobre un tablero a punto de estallar.
El sonido como arma narrativa
Uno de los aspectos técnicos más brillantes es el diseño de sonido. El silencio del hemiciclo tras los disparos pesa más que cualquier partitura épica.
Pasos, crujidos, respiraciones… La amenaza se construye desde lo cotidiano. Una lección clásica de cine: a veces da más miedo lo que no se oye.
Veredicto final
Anatomía de un instante no es una serie para memorizar fechas. Es una experiencia para comprender la tensión de un país al borde del abismo.
Con una factura técnica impecable, interpretaciones soberbias y una dirección que entiende el suspense como pocos, estamos ante una de las series españolas más ambiciosas del año.
¿Y tú qué opinas? ¿Te atrapa su estilo visual o te resulta asfixiante? Te leo en comentarios.
Y si quieres seguir profundizando en series desde una mirada crítica y cinematográfica, te espero en el podcast Cultura Seriéfila, disponible en Spotify, iVoox y Apple Podcasts. De hecho, aquí te dejo el enlace con el programa en el que hablamos de Anatomía de un instante. Espero que lo disfrutes.
El cine y las series de televisión son mi pasión, aunque la Edad de Oro de la pequeña pantalla me conquistó sobre todas las cosas. En Cultura Seriéfila analizo toda ficción que lo merezca con una dosis muy alta de opinión. También me podéis escuchar en el podcast de Cultura Seriéfila y eventualmente en La Jungla Radio.