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Better Call Saul: de rodillas en el desierto

Spin off de Breaking BadEl escepticismo era probablemente el sentimiento generalizado ante un spin off de Breaking Bad protagonizado por Saul Goodman, que en principio iba a ser una comedia pero durante el desarrollo Vince Gilligan y Peter Gould se dieron cuenta de que tenían entre manos mimbres para un drama similar a su obra madre. Y no se equivocaron, Better Call Saul le hace justicia.

Como ya sabréis, la serie es una precuela de Breaking Bad y nos sitúa varios años antes de toda la trama de Walter White y compañía, cuando Saul Goodman era Jimmy McGill, un abogado recién licenciado que busca su hueco en la profesión tras ser rechazado en el bufete de su hermano. Better Call Saul nos presenta a un personaje que dista mucho del que veremos en el futuro, salvo en su extrema cutrez, que busca hacer el bien como buenamente puede. Su llegada a Alburquerque era un segundo comienzo en su vida tras haber ejercido de estafador en Chicago. Como le ocurría a Walter, Jimmy se ve atrapado en una telaraña de la que no puede salir pero en la que cada vez se encuentra más cómodo.

Las premisas de Better Call Saul son similares a las de Breaking Bad y su ejecución también. Gilligan y Gould aciertan en el tono de la serie y se agradece que al final apostaran por el drama, la verdad es que después de ver el resultado se haría difícil de prescindir de ella tal y como es y una comedia está claro que no era lo más adecuado. Además, los showrunners ya se puede decir que tengan un sello propio: la música y la fotografía siguen siendo iguales de desérticas, la primera con sus clásicos acordes y una selección muy buena de temas y la segunda con esos tonos amarillentos que tanta sensación de calor transmiten. La iluminación también es muy destacada y los claroscuros están muy presentes ante la multitud de zonas en penumbra como la casa de su hermano, el garaje del bufete o su despacho situado en un establecimiento chino de pedicura. Con respecto a los planos, volvemos a encontrar esos planos imposibles, aberrantes y contrapicados. Por supuesto, la atención al detalle es máxima y son habituales los guiños a Breaking Bad, ya sea en cuanto a personajes o lugares y que son difíciles de detectar si no eres un fanático pero que aportan mucho valor si los descubres.

Protagonista de Better Call Saul

La primera temporada de Better Call Saul tiene momentos brillantes y algunos capítulos redondos, como en el que conocemos el pasado de Mike o el segundo, que ya pone a los personajes en las típicas situaciones tan extremas que nos servía Breaking Bad. De rodillas y en el desierto. Los cambios de ritmo son una constante en la serie, yendo desde momentos muy lentos que recuerdan mucho a las películas de los hermanos Coen, de los que también bebe a la hora de usar el humor negro, a ritmos muy rápidos en los que las acciones se precipitan con el habitual macarrismo de Tarantino. El equilibrio entre ambos parece ser la clave del éxito del lenguaje de sus creadores.

Aunque funcione perfectamente de forma autónoma, Better Call Saul siempre queda un poco ensombrecida por Breaking Bad, de ahí a que salga perdiendo en muchas comparaciones. Es muy importante verla con la suficiente perspectiva y asimilar que son dos series diferentes aunque a veces sea realmente complicado y éste sin duda es punto más débil. La serie también adolece de falta de personajes, pues realmente salvo la trama de Mike y los asuntos del bufete, las demás son tangenciales y tienen muy poco peso. El arco de su hermano Chuck y sus problemas con la tecnología es la más floja de todas y me cansa por momentos. Aunque el final de la temporada nos deja abierta la puerta a muchos cambios en la serie y esperamos que así sea.

En definitiva, Better Call Saul es un excelente complemento para los fanáticos de Breaking Bad pues está lleno de referencias, huevos de pascua y personajes familiares para todos. Como serie independiente también funciona bien y los temores de que Bob Odenkirk no pudiera aguantar tanto protagonismo han quedado en nada pues su trabajo es sencillamente espectacular. Además, la fiesta no ha hecho más que comenzar así que auguramos muchos éxitos a esta serie de AMC.

Recordamos que Better Call Saul se ha visto en España de la mano de Movistar Series, que aún la conserva en su catálogo. 

El Ministerio del Tiempo: calidad, entretenimiento y cultura

Rodolfo Sancho, Aura Garrido y Nacho Fresneda

La primera temporada de El Ministerio del Tiempo finalizó el pasado lunes con un final que deja todo muy abierto, menos mal que el sentido común imperó por fin en el ente público y escuchó las súplicas de los ministéricos, que pedíamos la renovación a gritos y a golpe de hashtag. Y aciertan de pleno porque tienen entre manos una serie que, además de ser una gran serie, es el ejemplo de servicio público que debería ofrecer toda televisión gubernamental.

Calificar a El Ministerio del Tiempo como una serie quizás sea un poco genérico y el término se queda muy corto. Ha sido un fenómeno transmedia pues su presencia en Twitter gracias a su gloriosa cuenta oficial y a otras que han creado los fans, como la de los personajes y hasta un podcast no oficial, han conseguido crear una telaraña que trasciende más allá de la pantalla. Por supuesto, las colaboraciones de la productora, de Javier Olivares, Marc Vigil y los actores han sido fundamental en la creación del fenómeno fandom, facilitando entrevistas por doquier incluso a medios más humildes como pequeños blogs y podcasts. Y han sido muy inteligentes porque sabían que su producto era buenísimo pero también que tenían que ir más allá para conseguir una relevancia que seguro que habrá superado sus expectativas.

Que las audiencias no sean importantes para TVE es algo relativo porque es un termómetro para medir el alcance que ha tenido un producto. El Ministerio del Tiempo no se puede calificar de bombazo en cuanto a número de espectadores pero sí a la calidad de los mismos. Todavía los directivos de las cadenas, quizás por culpa del método de medición, no se han dado cuenta de que lo que importa es tener un público de calidad, que es el que realmente consume. Esto no es nuevo, es algo que Estados Unidos se dieron cuenta hace cuarenta años y ha sido el motor que ha hecho evolucionar a la ficción. Si esto no fuera así, series como Hannibal o The Good Wife no tendrían cabida en NBC y CBS respectivamente. Hablando de los fríos números, El Ministerio del Tiempo tuvo en su season finale un 10,8% de share y 2.245.000 espectadores, pero fieles y devotos. Nunca lo tuvo fácil en la noche del lunes con Bajo Sospecha, Los Nuestros o La Voz pero ha recuperado a un público que había perdido la fe en la ficción español y que ha vuelto a creer.

Efectos de El Ministerio del Tiempo

Técnicamente, El Ministerio del Tiempo es impecable. Javier Olivares ha sabido entender el papel de showrunner como nadie lo ha hecho hasta ahora en España, puesto que ha llevado el control total de su creación con muchísima libertad, algo que hay que agradecer a la cadena, no está de más reconocerlo, que se la concedió. Para llevar a cabo su idea y la de su hermano Pablo, se rodeó de los mejores. Nombró a Marc Vigil director de la serie y no ha defraudado para nada, pues ha conseguido dar cohesión e identidad a todos los episodios como si fuera uno sólo y eso se nota a pesar de que no firmar cada uno de ellos, pero sí supo dar con el tono adecuado y crear un concepto. La fotografía, la música y los efectos especiales también han resultado esenciales y han conseguido dotarla de identidad visual, ambientación adecuada y credibilidad, respectivamente.

Pero lo mejor de El Ministerio del Tiempo es que ha creado su propio universo y lo ha hecho tomando un tema muy atractivo a nivel global como los viajes en el tiempo pero desarrollado con los localismos propios. Por eso funciona a la perfección, porque parte de la improbable premisa de que es nuestro país el que posee una arma tan poderosa, con toda la correspondiente mofa que conlleva. Esto ayuda a crear un entorno propicio para todo tipo de gags relacionados con la idiosincrasia de España. Se puede decir que la serie mezcla muchos géneros diferentes y que todos ellos se pueden cantar en cada episodio pues hay drama, comedia, historia y aventura. Todos funcionan gracias al tono y a los diálogos, más frescos y realistas de lo que estamos acostumbrados, y ayudan a facilitar la labor de unos actores que parecen más naturales y mejor interpretados. Es cierto que el casting de El Ministerio del Tiempo es otro de sus aciertos pero éstos no son los únicos actores buenos de nuestro país, lo que ha cambiado es que el libreto que interpretan es brillante, creíble y con gancho, y que tras las cámaras hay gente que realmente los saben dirigir, por no hablar del buen ambiente que hay entre todo el equipo, que se deja sentir en el resultado final.

Tras ver los ocho capítulos que componen la primera temporada, no he conseguido encontrar a mi personaje favorito ni tampoco al que odie. A pesar de que son tres protagonistas, tres principales y un buen puñado de secundarios y episódicos, todos cumplen a la perfección con su cometido. Me gustaría mencionar a los últimos en primer lugar porque se han ganado al espectador a pesar del poco tiempo en pantalla del que han dispuesto, gracias a que en cierta manera, ya los conocemos de antes, entre otros Velázquez, Lope de Vega, Hitler, Franco, Torquemada, Picasso, Dalí, Buñuel y el maravilloso Federico García Lorca. Lo que han hecho con el poeta ha sido muy muy grande. Los tres personajes protagonistas funcionan desde el principio gracias a los anacronismos entre ellos, más acentuados en el caso de Alonso, que provoca situaciones hilarantes, o las referencias a la cultura popular que sus compañeros no están ni cerca de entender, un guiño al espectador. Y Amelia Folch es uno de los personajes más interesantes de los últimos años en la ficción española, es la que aporta la cordura, la inteligencia y el equilibrio. Pero no podíamos dejar de comentar a un personaje que ha desatado la locura, Irene Larra (Cayetana Guillén Cuervo), un personaje de los llamados bitch que ha generado todo un movimiento en Twitter, el de los Cayetaners. También se ha llevado una catarata de elogios Juan Gea, cuyo Ernesto es un personaje sobrio pero de la misma forma entrañable.

Cayetana Guillén Cuervo y Juan Gea

Por último, me gustaría destacar la labor educativa que ha llevado a cabo El Ministerio del Tiempo. Estoy seguro de que muchos padres y maestros tienen que estar dando las gracias porque al fin los jóvenes se están interesando por los clásicos. Muchos de ellos han sido trending topic en Twitter y estoy seguro que a más de uno le han entrado ganas de descubrir sus obras. Esta serie es un caramelo en manos de la televisión pública pues está ofreciendo una ficción espectacular en cuanto a entretenimiento y, al mismo tiempo, una poderosísima herramienta cultural libre de adoctrinamientos. TVE no podía dejarla escapar, menos mal que al final se ha impuesto la cordura. Larga vida al Ministerio.

Bajo Sospecha, otro pequeño paso adelante para la ficción española

Yon González, Blanca Romero, Lluis Homar

No lo ha tenido fácil Bajo Sospecha desde su estreno, pues ha sido víctima de la contraprogramación, tanto de la competencia como de la que ha practicado su propia cadena, Antena 3, que no ha dudado en usarla como arma arrojadiza. Afortunadamente, la serie ha aguantado los cambios de día y ha retenido a una audiencia que se ha mantenido fiel a pesar de tener enfrente a El Ministerio del Tiempo, Los Nuestros o La Voz. Sus 3,7 millones de espectadores y su 20,4% de share deberían garantizar su renovación pero aún nadie ha confirmado nada.

No hay dudas de que Bajo Sospecha ha supuesto un paso adelante, pequeño eso sí, pero importante. Al igual que El Ministerio del Tiempo, se ha atrevido a encuadrarse en un género, aunque sea en uno que gusta a todos, como es el thriller. Bambú viene haciendo las cosas muy bien durante años y cada serie que producen es mejor, aunque este aumento de calidad se está dando poco a poco, bien porque quieren hacer productos más exitosos o bien porque las cadenas imponen muchas cortapisas como para poder trabajar con más libertad. El estilo visual de la serie es definitorio y la música aporta el tono que necesita aunque podríamos echar en falta una atmósfera más característica del suspense. La fotografía es impecable y técnicamente le podemos poner pocas pegas.

Ejecutar un guión con tantos giros y tantos posibles sospechosos como el de Bajo Sospecha es casi imposible sin cometer ciertos errores. En primer lugar, hay que achacarle que no haya sabido explorar más detenidamente a los dos protagonistas, de los que apenas sabemos nada, dos o tres pinceladas, y a los que les ha faltado interactuar más entre ellos, profundizar más en su relación. En cambio, Víctor y Laura han sido en muchas ocasiones un pivote sobre el que han girado las tramas, unos meros espectadores ante todo lo que pasaba ante ellos y da la sensación que al final no aportan casi nada a la investigación del caso. Por otro lado tenemos a la familia Vega, en la que el exceso de miembros juega en contra del desarrollo de muchos de ellos que hubieran dado mucho de sí, tan solo el personaje de Alicia Borrachero, apoyado por su enorme trabajo, ha resultado tener más aristas, el resto, muy planos.

Alicia Borrachero y Pedro Alonso

Alerta de posibles spoilers, si aún no habéis visto Bajo Sospecha y tienes intención de verla no sigáis leyendo.

Por otro lado, el buen hacer de Bajo Sospecha se ve empañado por ciertos errores en detalles, como esas persecuciones tan descaradas, las constantes miradas desde las ventanas de los dos protagonistas, la fácil limpieza de huellas y sangre de un arma homicida solo con agua, la fuerza que un niño puede tener con una linterna en la mano y el hecho de que no esté toda la familia al final entre rejas por diferentes delitos como encubrimiento, ocultación de pruebas, obstrucción a la justicia… Licencias aceptables en algunos casos pero que, sumándolas, son suficientes para que sean un punto débil de la serie.

Por el contrario, Bajo Sospecha nos ha deleitado con giros verdaderamente sorprendentes y no se ha escondido a la hora de tratar temas delicados como la pedofilia en el último episodio o los secuestros y asesinatos de niños, tratados sin pudor y con toda su dureza. Además, la resolución del caso da una vuelta de tuerca siendo culpables al final los propios niños del secuestro de Alicia y su hermano responsable de la muerte de Nuria. Eso sí, el final es totalmente anticlimático cuando descubren la verdad y el resumen de todos los hechos me parece demasiado largo, sobre todo porque nos muestran imágenes que ya hemos visto. Si hubiera ido más al grano hubiera resultado más efectivo.

Mis conclusiones son muy positivas, creo que Bajo Sospecha tiene muchos pequeños errores, pero en términos generales me parece una serie interesante y adictiva, que es justo lo que necesita la ficción española, productos que consigan que el espectador se identifique con ellos y realmente les guste. Antena 3 y Bambú poco a poco lo están consiguiendo, pero espero que logren ir mucho más allá en el futuro, desde luego talento e ideas no faltan.

The Fall: crimen, atmósfera y feminismo

The Fall BBC Two

A pesar de que el subgénero de los asesinos en serie está demasiado trillado tanto en el cine como en la televisión, es cierto que siempre tiene su público y si además consigue un buen guión y unos personajes atractivos, es muy probable que se conviertan en una obra para tomar en consideración. Exactamente eso le pasa a The Fall, que suma una forma de narrar muy inteligente a esta ecuación, lo que la convierten en una de esas series que tenéis que amar si os gusta el género policiaco, pero los que no también podéis disfrutar gracias a la multitud de virtudes de las que hace gala.

La detective superintendente Stella Gibson viaja hasta Belfast para investigar el asesinato de la nuera de un Ministro que la policía norirlandesa tiene en punto muerto, pero pronto se da cuenta de que está tras los pasos de un asesino en serie, Paul Spector, un hombre de familia que desaparece por las noches para estrangular mujeres jóvenes profesionales de alta cualificación. Ella tendrá que cazarlo mientras él sigue dando caza a sus víctimas, de ahí a su nombre The Fall (La Caza). Esta doble persecución sacará a la luz el trasfondo del entorno en que se desarrolla, una ciudad en la que el conflicto sigue latente a pesar de que oficialmente vive en paz. El tono de la serie también tiene una importancia y un atractivo especial, pues lejos de los cliffhangers y giros argumentales propios del género, sus creadores optan por un ritmo lento, más reposado y cargado de silencios, que ayudan a meternos de lleno en la psicología de los personajes.

Jamie Dornan en The Fall

Es precisamente Belfast uno de los elementos diferenciales de The Fall. Ya estamos acostumbrados a ver en la ficción británica esas ciudades tan frías y oscuras que la piedra de las fachadas nunca se seca, pero es en la capital de Irlanda del Norte donde nos encontramos una realidad distinta al resto de Reino Unido. El conflicto religioso entre católicos y protestantes se puede palpar en muchos momentos de la primera temporada. Nada más aterrizar el jefe de policía alerta a Stella de que allí todo es diferente, a lo que ella responde: “¿Todo eso de que mi Jesús es mejor que el tuyo?” Ese y otro momentos clave como la investigación de uno de los asesinatos en la parte sur de la ciudad hablan por sí solos de que la situación sigue latente, lo que aporta un contexto muy interesante para entender muchas de las cosas que pasan allí, y de la forma de actuar de muchos de los personajes.

Precisamente los personajes son otro de los puntos fuertes de The Fall, los dos protagonistas situados a ambos extremos de la ley mantienen una conversación constante a lo largo de los cinco episodios a pesar de que no se conocen. Paul Spector es un monstruo terrible que prepara las escenas del crimen con una minusciosidad asombrosa, desde la elección de sus víctimas hasta la ejecución y su posterior ceremonia fetichista, hasta que se vuelve descuidado. Por su parte, Stella Gibson no tarda en elaborar un perfil bastante preciso de Spector y a medida que nosotros vamos conociéndolo, ella también, con su visión tan profesional como feminista de la vida. Porque Stella es uno de esos personajes femeninos modernos, que rompen clichés y sitúan a su género en el lugar que les corresponde en la sociedad, siendo especialmente la televisión un lugar donde han estado tan menospreciadas. Esta es otra de las bondades que nos ofrece la industria audiovisual británica.

El papel de la mujer en The Fall

Si hablamos de personajes, también tenemos que hablar de actores. Spector es interpretado por uno de los hombres de moda en todo el mundo, Jamie Dornan, lanzado al estrellato recientemente por 50 Sombras de Grey. En The Fall, da vida a un asesino en serie que poco tiene que ver en la práctica con Christian Grey pero que comparte ciertos rasgos fetichistas. En el lado opuesto está Stella, interpretada por Gillian Anderson, (también de moda en los últimos días por el reboot de Expediente X) que, a pesar de ser de Chicago, consigue un acento de inglesa pija muy marcado, lo que sin duda potencia su trabajo y a su personaje. No sólo ellos, el resto del casting cumple a la perfección el tópico de que los actores británicos son buenísimos. No podemos olvidarnos de Archie Panjabi, que presenta un personaje bien distinto al de Kalinda en The Good Wife y eso hay que agradecerlo.

Tengo que admitir que uno de mis puntos débiles como seriéfilo es la ficción británica. Con series como The Fall corro el riesgo de volverme en un adicto. Sólo he visto la primera temporada y me ha sorprendido bastante por todos los motivos anteriormente expuestos pero su tono, atmósfera y su forma tan cruda de retratar la sociedad y la realidad han terminado por enamorarme del todo. Por supuesto, volveré a hablar sobre la segunda temporada dentro de un tiempo.

The Fall se puede ver en España bajo el nombre de La Caza en el canal de pago AXN, que ha emitido ya sus dos temporadas.