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The Beast in Me: ¿merece la pena este thriller psicológico de Netflix?

La bestia en mí, Claire Danes y Matthew Rhys en un juego del ratoón y el gato entre vecinos

Este artículo acompaña al análisis en vídeo de Cultura Seriéfila, que puedes ver incrustado más abajo.

Seamos honestos: una de las grandes verdades incómodas de Netflix es que pasamos más tiempo buscando algo que ver que viéndolo. Y no hay nada peor que invertir seis horas en una miniserie para descubrir que podrías habértelas ahorrado. Por eso proyectos como La bestia en mí son tan importantes… y tan peligrosos. Sobre el papel lo tienen todo para triunfar: Claire Danes, Matthew Rhys y parte del equipo creativo detrás de Homeland y 24. Pero la pregunta es inevitable: ¿estamos ante un thriller psicológico que justifica el maratón o solo frente a otro producto bien interpretado con una trama reconocible?

Ficha técnica y sinopsis

La bestia en mí es una miniserie limitada de Netflix, estrenada el 13 de noviembre, creada por Gabe Rotter (guionista de Expediente X) junto al showrunner Howard Gordon, responsable de algunos de los momentos más tensos de 24 y Homeland. La dirección corre a cargo de Antonio Campos, especialista en thrillers psicológicos y true crime como The Staircase o The Sinner.

La premisa es tan clásica como efectiva:

Aggie Wiggs (Claire Danes) es una escritora ganadora del Pulitzer que, tras la muerte de su hijo pequeño, se ha retirado de la vida pública. Incapaz de escribir, con problemas económicos y un matrimonio roto, su vida se encuentra en un estado casi fantasmagórico.

Todo cambia cuando Nile Jarvis (Matthew Rhys), un carismático magnate inmobiliario, se muda a la casa de al lado. Nile es conocido por un hecho inquietante: su esposa desapareció misteriosamente y, aunque nunca se pudo demostrar nada, la opinión pública está convencida de que él la asesinó.

Lejos de huir, Aggie se obsesiona. Y lo que empieza como una investigación acaba convirtiéndose en una relación enfermiza cuando Nile le propone escribir su historia.

El duelo interpretativo: el verdadero motor de la serie

Si La bestia en mí funciona, es sobre todo por el cara a cara entre Claire Danes y Matthew Rhys.

Danes vuelve a demostrar por qué es una de las mejores actrices de su generación. Su Aggie es ansiedad pura, pero también dolor contenido. No hay glamour ni artificio: hay una madre rota que se aferra al peligro como única forma de no enfrentarse al vacío. Su interpretación convierte el duelo en algo físico, casi incómodo de observar.

Matthew Rhys, por su parte, construye a Nile Jarvis como un depredador silencioso. No necesita alzar la voz ni recurrir a la violencia explícita. Su amenaza está en la sonrisa, en la invasión constante del espacio personal, en ese encanto que resulta profundamente perturbador. Si te conquistó en The Americans o Perry Mason, aquí disfrutarás odiándolo.

La relación entre ambos no es romántica, es tóxica. Un juego de gato y ratón en el que nunca está claro quién observa a quién.

Mención especial para el reparto secundario: Brittany Snow, como la nueva esposa de Nile, aporta capas inesperadas bajo su fachada perfecta, y Jonathan Banks impone autoridad con la sola presencia, fiel a su reputación.

Matthew Rhys encarna a un personaje muy parecido a Robert Durst en 'La bestia en mí'

La bestia interior: duelo, morbo y true crime

El título no engaña. La bestia en mí habla, sobre todo, de lo que ocurre cuando el duelo no se procesa.

Aggie cree estar persiguiendo a un monstruo externo, pero la serie se pregunta constantemente qué ocurre cuando miramos demasiado tiempo al abismo. ¿Qué parte oscura despertamos dentro de nosotros?

Aquí entra una crítica interesante a nuestra obsesión colectiva por el true crime. En una escena clave, Nile afirma que el público no quiere esperanza, sino carnicería. La serie nos devuelve la pregunta: ¿por qué nos resulta tan entretenido el dolor ajeno?

Aggie utiliza la historia de Nile como una forma de vampirismo emocional, una vía para volver a sentirse viva y creativa. En este punto, los paralelismos con Robert Durst, protagonista del documental The Jinx, son imposibles de ignorar: heredero inmobiliario, esposa desaparecida, carisma inquietante y una verdad siempre fuera de alcance.

Si te interesa cómo la ficción usa el thriller para hablar de temas incómodos, Andor es otro ejemplo reciente que, desde la ciencia ficción, analiza el poder, la moralidad y las zonas grises de sus personajes.

Apartado técnico y problemas de ritmo

A nivel técnico, La bestia en mí es un producto claramente alineado con el sello “Netflix Prestige”. La fotografía apuesta por tonos fríos y azules para reflejar la soledad de Aggie, en contraste con la calidez engañosa del hogar de Nile.

Antonio Campos arriesga con una puesta en escena cuidada y algunos planos poco convencionales que elevan la serie por encima del thriller televisivo estándar. La mayor parte de la acción se desarrolla en las dos casas, reforzando una sensación de encierro constante.

El principal problema está en el guion. Aunque los diálogos son afilados, la trama recurre en ocasiones a lugares comunes del género. Algunos giros resultan previsibles y, en el tramo central (especialmente en los episodios 4 y 5), el ritmo se resiente. Ciertas decisiones de los personajes rozan lo inverosímil para mantener la tensión.

Aun así, la atmósfera consigue sostener el interés hasta el final.

Veredicto final

La bestia en mí no reinventa el thriller psicológico. No es Mindhunter ni la primera temporada de True Detective.

Pero sí es una serie tremendamente adictiva, perfecta para un fin de semana lluvioso. Merece la pena solo por el nivel interpretativo de Claire Danes y Matthew Rhys, que elevan un guion correcto hasta convertirlo en un producto notable.

No es una serie de 10, pero dentro del océano de estrenos de Netflix, es una de las opciones más sólidas..

Como ocurre en Anatomía de un instante, la serie no se centra tanto en el misterio como en las decisiones morales de sus personajes cuando el contexto los empuja al límite.

Veredicto Cultura Seriéfila:

  • Si buscas una trama revolucionaria, puede que te frustre.
  • Si buscas tensión, actuaciones de nivel Emmy y un final que invita al debate, deberías verla.

¿Y tú qué opinas? ¿Crees que Aggie cruza una línea peligrosa o es la única forma que tiene de sobrevivir a su dolor?

Si quieres más análisis como este, en el podcast Cultura Seriéfila hablamos de estrenos, thrillers y series desde una mirada crítica y cinematográfica. Disponible en iVoox, Spotify y Apple Podcasts. De hecho, aquí tienes el episodio donde hablamos de La bestia en mí.

‘Andor’: por qué es una de las mejores series políticas de los últimos años

Este artículo acompaña al análisis en vídeo de Cultura Seriéfila, que puedes ver incrustado más abajo.

Cuando pensamos en Star Wars, solemos pensar en aventuras, mitología, héroes claros y villanos definidos. Lo político siempre ha estado ahí, pero casi como un decorado. Por eso resulta tan sorprendente que una de las series políticas más potentes de los últimos años se encuentre precisamente dentro de este universo.

Andor no solo amplía la franquicia: la redefine. Y lo hace desde un lugar incómodo, adulto y profundamente humano.

Ficha técnica y sinopsis

Andor es una precuela de Rogue One, que a su vez lo es de Star Wars: Episodio IV. La serie está protagonizada por Diego Luna, acompañado por un reparto de enorme nivel en el que destacan Stellan Skarsgård, además de numerosos secundarios de peso.

El creador y showrunner es Tony Gilroy, guionista de Rogue One, que aquí dispone de un margen creativo mucho mayor. La serie cuenta con dos temporadas de 12 episodios, estructuradas en arcos narrativos de tres capítulos, una decisión clave para su ritmo y desarrollo dramático.

La serie sigue a Cassian Andor cinco años antes de los acontecimientos de Rogue One, mostrando su transformación de ladrón cínico y superviviente a pieza clave de la Alianza Rebelde. En paralelo, la historia explora el nacimiento de la rebelión, los mecanismos del Imperio y las complejas decisiones morales que deben afrontar tanto los oprimidos como los opresores.

Un cambio radical de enfoque dentro de Star Wars

Muchas de las ideas que plantea Andor no son nuevas en la saga: el individuo que acaba liderando una causa mayor, los sacrificios necesarios para lograr el bien común o las primeras pinceladas políticas. Lo hemos visto antes en personajes como Han Solo o Lando Calrissian.

La diferencia está en el enfoque. En Andor, la política deja de ser un telón de fondo para convertirse en el verdadero tema central. Y lo hace desde un prisma mucho más realista, adulto y humano.

Tony Gilroy toma una decisión clave: humanizar absolutamente a todos los personajes. Aquí no hay héroes impolutos ni villanos caricaturescos. Los rebeldes manipulan, mienten y sacrifican personas. Los imperiales no son malos “porque sí”: tienen rutinas, turnos, días libres y una vida fuera del trabajo.

Esto cambia por completo la experiencia del espectador. Cuando llega la acción, ya conocemos las motivaciones de cada bando. Sabemos por qué hacen lo que hacen.

Los héroes y lo villanos se mueven en terrenos grises en 'Andor'

Nadie sale limpio: moralidad y supervivencia

Personajes como Luthen Rael encarnan a la perfección esta ambigüedad moral. Es consciente de que está condenado: para luchar contra el Imperio ha tenido que traicionar, delatar y utilizar a otros como piezas sacrificables.

Cassian Andor tampoco es un héroe clásico. Toma decisiones egoístas, actúa muchas veces por pura supervivencia y no por convicción ideológica. La rebelión no nace del idealismo, sino de la necesidad. Aquí, hacer el bien es una consecuencia, no un objetivo inicial.

Andor plantea una idea incómoda pero honesta: toda revolución tiene un coste, y ese coste rara vez lo pagan quienes toman las decisiones desde arriba.

Realismo político y paralelismos inquietantes

El Imperio siempre ha sido una metáfora de los regímenes autoritarios, pero Andor lleva esta idea mucho más lejos. En la serie vemos represión sistemática, exterminio de poblaciones, expolio de recursos, prisiones políticas y trabajos forzados.

Sin embargo, uno de los aspectos más interesantes es su control del relato. Por primera vez, el Imperio no solo gobierna con violencia, sino también con desinformación y propaganda. El caso de Ghorman es especialmente revelador: manipular a una población hasta lograr sus objetivos y, además, hacerlo parecer legítimo.

Aquí Andor conecta directamente con nuestro presente y convierte la ciencia ficción en un espejo incómodamente reconocible.

Un nivel técnico de primer nivel cinematográfico

Disney+ apostó fuerte por Andor, y se nota. El presupuesto está en pantalla en cada apartado técnico: desde el reparto, pasando por la recreación de planetas inéditos, el uso del CGI o la puesta en escena de las secuencias más espectaculares.

Pero lo verdaderamente importante es que todo ese despliegue visual está al servicio del guion, no al revés. La serie podría funcionar incluso con menos artificio, porque la base dramática es sólida.

No es un producto pensado para todos los públicos ni para todas las edades, como The Mandalorian. Es una serie exigente, reflexiva y política, que busca ir más allá del entretenimiento inmediato y enfrentarnos al mundo en el que vivimos.

Conclusión: una anomalía necesaria

Andor ha devuelto la fe en una franquicia que parecía atrapada en la repetición y el miedo al riesgo. No es una serie perfecta: puede dar pereza empezar, algunos arcos funcionan mejor que otros y exige paciencia.

Pero precisamente por eso es tan valiosa. En un panorama audiovisual conservador, Andor es casi un milagro creativo.

Para mí, sin duda, es una de las mejores series de 2025 y un ejemplo de cómo las grandes franquicias todavía pueden contar historias adultas, incómodas y relevantes.

En ese sentido, Andor dialoga muy bien con otras ficciones recientes que analizan el poder, la política y la fragilidad de los sistemas democráticos desde una puesta en escena cinematográfica. Un buen ejemplo es Anatomía de un instante, la miniserie de Movistar Plus+ dirigida por Alberto Rodríguez, que aborda el 23-F no como una lección de historia, sino como un thriller político sobre decisiones morales en momentos límite.

Ambas series, desde universos radicalmente distintos, comparten una misma mirada: mostrar que la política no es abstracta, sino que se construye a partir de personas imperfectas tomando decisiones irreversibles bajo una presión extrema.

Ahora te toca a ti: ¿qué opinas de Andor? ¿Crees que otras sagas deberían atreverse con propuestas similares?

Si te interesa este tipo de análisis, en el podcast Cultura Seriéfila hablamos de estrenos, tendencias y series desde una mirada crítica y cinematográfica. Disponible en iVoox, Spotify y Apple Podcasts. De hecho, te dejo aquí abajo el episodio en el que mencionamos las mejores series de 2025.