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‘La maldición de Bly Manor’, una preciosa historia de fantasmas y dramas

Mike Flanagan adapta el libro de Henry James, 'Otra vuelta de tuerca' en 'La maldición de Bly Manor'

Una de las series más esperadas de este otoño es La maldición de Bly Manor, segunda parte de la antología de terror creada por Mike Flanagan. La primera temporada, La maldición de Hill House fue una sorpresa y un gran éxito de crítica y público. Su mezcla perfectamente elaborada y estudiada entre el terror clásico y el drama familiar la aupó a las primeras posiciones de los rankings de mejores series de 2018. Si para la primera temporada, Flanagan se inspiró en una novela de Shirley Jackson, en esta segunda recurre al clásico de Henry James, Otra vuelta de tuerca. Sobre una adaptación libre, reúne otra vez los mismos ingredientes para conseguir que ambas series tengan su impronta, es decir, que podamos identificarlas como parte de la misma antología.

La maldición de Bly Manor nos sitúa en una mansión inglesa en 1987, donde viven dos huérfanos que, además de haber perdido a sus padres, también han perdido a su anterior institutriz. Dani Clayton (Victoria Pedretti) acepta el trabajo, a pesar de lo extraño de la oferta, con tal de huir de su pasado en Estados Unidos. Allí se encuentra con Miles (Benjamin Evan Ainsworth) y Flora (Amelie Bea Smith), dos niños adorables pero con un lado oscuro que inquieta a la protagonista. Al cuidado de la casa está Hannah Grose (T’Nia Miller), el cocinero Owen (Rahul Kohli) y a la jardinera Jamie (Amelia Eve). Dani pronto irá descubriendo los secretos de la casa y los misteriosos sucesos que ocurren en ella.

Victoria Pedretti como Dani en 'La maldición de Bly Manor

Gran parte del éxito de La maldición de Hill House fue conseguir una mezcla perfecta entre el trillado subgénero de las casas encantadas y el drama familiar. El primero estaba totalmente estancado desde hacía años y únicamente se valía del jumpscare para conseguir crear un efecto en el espectador. El segundo, ahora, es uno de los géneros de moda y, bueno, que siempre ha funcionado bien en televisión. Con esta unión, consiguieron que nos uniéramos sentimentalmente a los personajes, que sufriéramos a su lado. Pero Flanagan también consiguió que el único terror del relato no fueran los fantasmas, sino las consecuencias en la familia Crain de haber vivido en una casa encantada.

Por tanto, Otra vuelta de tuerca era la novela perfecta para seguir esa senda. El sentimiento de pérdida de los hermanos Wingrave tras perder a sus padres y a su institutriz era el caldo de cultivo perfecto para continuar con la fórmula sin desgastarla, con un material sólido detrás. La obra de Henry James dejaba a la interpretación de cada lector si los fantasmas eran reales o estaban en la cabeza de Dani Clayton. Obviamente, La maldición de Bly Manor no se podía permitir eso, los fantasmas deben ser reales, pero aprovechan todo el bagaje de los personajes para crear esos sentimientos encontrados de terror y tristeza que tanto nos sobrecoge.

Esta segunda entrega no se mueve tan bien en el terreno del terror. Lo tenía difícil porque los fantasmas de la primera tenían peores intenciones y la casa a medio construir era mucho más terrorífica. Pero también es verdad que el drama de personajes era más plomizo, con un tono de mucha más gravedad y con traumas muy parecidos a los que vemos en otras muchas series, como la drogadicción. La reducción de personajes en La maldición de Bly Manor le viene mejor para contar esas historias pequeñitas que, al final de cuentas, son las que calan en el espectador. El sistema es prácticamente el mismo, centrarse en un personaje concreto en cada episodio. Una estructura que entiendo que pueda hacerse lenta para algunos pero si entras de lleno en su juego, no podrás ver otra serie hasta que termines.

En esta tanda de nueve episodios, Flanagan también encuentra tiempo para recrearse. Si en Hill House nos abría la boca con ese plano secuencia espectacular, en Bly Manor nos deleita con dos episodios que destacan por encima del resto. El primero es el quinto, El altar de los muertos, que podía haber salido perfectamente de la mente de Christopher Nolan y que también se parece mucho al recordado octavo episodio de la primera temporada de Castle Rock. Una especie de sueño dentro de otro sueño, o no, que descoloca totalmente al espectador que gira en torno a la ama de llaves. El otro es La leyenda de ciertas ropas antiguasuna maravilla rodada en blanco y negro que nos cuenta la historia de todos los fantasmas de la casa, en parte magistral por la utilización de la voz en off de Carla Gugino, que narra toda la serie, y por el maravilloso texto que interpreta.

Los niños, interpretados por Benjamin Evan Ainsworth y Amelie Bea Smith son los grandes protagonistas de 'La maldición de Bly Manor'

Y ahora que menciono a Carla Gugino, una de las intérpretes que repite de la primera entrega, uno de los puntos fuertes es la dirección de actores. Mención especial deben recibir Benjamin Evan Ainsworth (Miles) y Amelie Bea Smith (Flora), los niños huérfanos protagonistas. Ambos dan mucho miedo, pero sobre todo él, que consigue crear muy mal rollo simplemente con sus expresiones faciales, sobrias como si fuera un adulto. Victoria Pedretti está más que correcta en su papel de protagonista, parece que ha nacido para ser perseguida por fantasmas. En realidad, todos los actores hacen un gran trabajo.

La maldición de Bly Manor no hace más que confirmar que la saga continúa con buena salud. Los dramas de los personajes siguen siendo efectivos y consigue que los fantasmas nos aterroricen más. Una buena serie que no va a permitirnos hacer otra cosa este fin de semana que no sea devorar estos nueve episodios.

La maldición de Bly Manor está disponible completa bajo demanda en Netflix