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‘Salvador’ (Netflix): buenas intenciones y una ejecución problemática

Luis Tosar protagoniza 'Salvador', la nueva miniserie de Netflix, creada por Aitor Gabilondo y dirigida por Daniel Calparsoro.

Salvador se ha convertido en el nuevo fenómeno de Netflix en España. En apenas 24 horas desde su estreno, la miniserie se ha colocado como número 1 en el ranking de series más vistas, impulsada por un tema especialmente sensible en el contexto político actual: el auge de la ultraderecha y la radicalización ideológica. Sin embargo, pese a la claridad de su mensaje, la serie plantea más de un problema en su desarrollo.

¿De qué trata Salvador? Sinopsis y equipo creativo

Salvador es una miniserie española de Netflix estrenada el viernes 6 de febrero. Su principal reclamo es Luis Tosar, uno de los actores más reconocibles de la ficción nacional. La dirección corre a cargo de Daniel Calparsoro, cineasta especializado en thrillers y cine de acción, mientras que la producción ejecutiva recae en Aitor Gabilondo, responsable de títulos como El príncipe, Vivir sin permiso o Entrevías.

La sinopsis oficial presenta a Salvador Aguirre, un conductor de ambulancias que descubre que su hija Milena forma parte de un grupo neonazi. Decidido a rescatarla y a entender cómo ha llegado hasta ahí —pese a no haber recibido una educación fascista—, Salvador se infiltra en el grupo tras un violento enfrentamiento entre hinchas radicales de fútbol en el que su hija resulta gravemente herida.

Lo mejor de Salvador: dirección y tensión narrativa

Uno de los mayores aciertos de Salvador es su dirección. Calparsoro sabe manejar la tensión, manteniendo al espectador en vilo tanto en las secuencias de acción como en los momentos dramáticos donde la violencia parece a punto de estallar. El pulso narrativo es sólido y eficaz, lo que convierte la miniserie en un producto altamente adictivo.

La fotografía y la planificación cumplen sin grandes alardes: no son especialmente llamativas, pero sí funcionales, lo que encaja con el tono áspero y realista de la historia.

Interpretaciones: Tosar destaca, pero no está solo

Claudia Salas es el gran descubrimiento de la serie 'Salvador', una madre neonazi que hace lo que sea por recuperar a su hija.

En cuanto al reparto, el nivel es irregular, algo habitual en este tipo de producciones. Luis Tosar sostiene la serie con solvencia, pero merece una mención especial Claudia Salas, que consigue construir un personaje complejo y comprensible, incluso cuando sus decisiones resultan incómodas para el espectador. Tanto Patricia Vico como Leonor Watling cumplen en sus papeles, aunque sus personajes se sienten muy estereotipados, al igual que muchos de los miembros de los White Souls, así como el jefe de policía y el abogado.

El gran problema de Salvador: la equidistancia ideológica

El núcleo temático de Salvador es claro: un padre ex alcohólico, ex ludópata y ausente se acerca a un grupo neonazi para comprender la deriva ideológica de su hija. El problema surge cuando la serie intenta humanizar a los miembros del grupo y acaba yéndose demasiado lejos.

El personaje de Carla (Leonor Watling) se presenta como una figura filantrópica, con una ONG dedicada exclusivamente a ayudar a españoles, mientras Salvador se va acercando progresivamente al grupo, aparentemente seducido —al menos en parte— por su discurso. Aquí es donde la serie falla: el conflicto no está bien trabajado y genera una sensación de equidistancia que puede interpretarse como un blanqueamiento del fascismo.

A diferencia de lo que ocurría en Patria, donde el tratamiento del conflicto era mucho más preciso, en Salvador la intención es comprensible, pero la ejecución resulta problemática.

Un final más claro… pero no suficiente

En su tramo final, la serie aclara mucho mejor su postura ideológica, especialmente gracias a un potente monólogo del personaje interpretado por Pedro Casablanc, uno de los momentos más destacados de la miniserie. Sin entrar en spoilers, ese discurso resume con precisión tanto el viaje de la serie como el contexto global del auge de la ultraderecha.

No obstante, ciertas decisiones de guion —especialmente relacionadas con la identidad del asesino y la intervención de los poderes fácticos— debilitan el mensaje, llegando incluso a convertir al grupo neonazi en víctimas o marionetas del sistema.

Los ultraderechistas de 'Salvador', la nueva miniserie de Netflix protagonizada por Luis Tosar.

Conclusión: una serie efectiva, pero fallida en su discurso

A estos problemas se suma un metraje excesivo: a Salvador le sobran, al menos, un par de episodios. El resultado es una miniserie con buenas intenciones y capacidad de enganchar, pero con una ejecución irregular que lastra su discurso político.

Como entretenimiento, Salvador funciona. Como reflexión sobre la radicalización y la ultraderecha, se queda a medio camino. Siendo generosos, podemos situarla ligeramente por encima de la corrección, aunque lejos de lo que podría haber sido.

¿Qué te ha parecido Salvador?
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