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‘Todo es una mierda’, los noventa eran cuquis

Todo es una mierda se ha convertido en una de las sopresas de este invierno en Netflix

A veces Netflix nos regala algunas series sorpresa de las que esperábamos poco o nada. Está claro que la plataforma no puede dar la misma publicidad a todas las ficciones que estrena pero es que además este handicap a priori lo convierte en una virtud. El factor sorpresa juega un papel muy importante para series como Everything Sucks, que son capaces de absorber la conversación en las redes, aunque sea durante muy poco tiempo. Y eso que se trata de un producto que tiene unos ingredientes que podríamos considerar como apuesta segura: adolescentes, nostalgia, identidad sexual, buena música, ternura…

Todo es una mierda está creada por Michael Mohan, que además dirige siete episodios, y Ben York Jones, que además interpreta al personaje de Mr. Stargrove. Ambos nacieron aproximadamente en la misma época que los protagonistas de la serie por lo que hablan desde el conocimiento y cuentan la historia desde sus ojos. Está protagonizada por adolescentes de primer año de institutos interpretados por Jahi Di’Allo Winston (Feed The Beast), Peyton Kennedy (Odd Squad), Elijah Stevenson (Captain Fantastic) y Sidney Sweeney, que veremos en este año ni más ni menos que en The Handmaid’s Tale y en Heridas abiertas (Sharp Objects), la serie de Amy Adams en HBO.

Todo es una mierda nos cuenta la historia de Luke, que junto a sus amigos Tyler y McQuaid, se apuntan al club de audiovisuales. Allí conocerá a una chica, Kate, de la que se enamora a primera vista y que además es la hija del director. Junto a los integrantes del club de teatro iniciarán el rodaje de una loca película de extraterrestres en la que descubrirán muchas cosas sobre sí mismos y sobre la vida en general. La serie contiene muchos toques de drama, personajes entrañables y mucho humor en los 25 minutos de duración de cada episodio de esta comedia.

La pareja protagonista de Todo es una mierda ha sido lo mejor de la serie

Nostalgia… Noventera

Reconozco que estoy hasta el último pelo de la nostalgia de los años 80 e incluso gente como yo hemos aborrecido la palabra “nostalgia” en sí misma. Hasta que nos toca la nuestra claro, porque a la generación de los treinta y tantos no nos pillan tan cerca los ochenta, que es más una cosa cosa de la infancia. Pero los 90 son nuestra época, la de la adolescencia, y estar en el mismo punto que los protagonistas de Todo es una mierda es un plus muy especial. Objetos como los Discman, las cintas VHS, el antiguo módem con el que navegábamos por la red, expresiones, la música… todos ellos son capaces de darle la vuelta a la serie.

Porque la serie no es gran cosa, no tiene nada de especial a simple vista. Una dramedia adolescente que en ocasiones busca la lágrima fácil, personajes odiables y otros entrañables interactuando en un happy place de manual. Sólo que a medida que avanzan los episodios no son tan happy como pensábamos, que los personajes sufren carencias afectivas, crisis de identidad y amores frustrados. Y además sufren como lo hacíamos nosotros, con una inocencia que no tienen los adolescentes de ahora, cuando las relaciones cara a cara eran más importantes que las que se establecen a través de la pantalla. Por eso funciona tan bien Esto es una mierda, porque consigue que los elementos noventeros no sean sólo accesorios, por mucho que puedan ser excesivos, sino que son una herramienta con la que contar la historia de siempre de la forma en que se hace ahora, añadiendo diversidad sexual racial y dando más poder a los personajes femeninos.

Los antagonistas de Todo es una mierda

Otra muestra más, por tanto, del valor de la serie, que pasa por ser de los noventa incluso en la forma de rodar y que sus referencias están mejor insertadas que en otras ficciones nostálgicas. Podríamos decir que Todo es una mierda hace lo mismo que Stranger Things, pero en otra época y con otro género. A pesar de todo, lo que mejor funciona es la música, capaz de mejorar algunos episodios mediocres, capaz de cambiar nuestra percepción sobre los personajes y algunas tramas realmente aburridas o ridículas, directamente.

No podemos sacar la vara de medir las grandes series, no sería justo, simplemente sentémonos en el sofá y dejemos que nos entretengan con un producto sin más pretensión que gustar a la generación que se hizo mayor en los noventa, y aportar elementos modernizados como parejas interraciales, protagonistas homosexuales o bisexuales, o que el clásico personaje graciosete sea un blanco esta vez. Todo esto, además de hacernos pasar un buen rato, sirve para echar una mano a los colectivos que lo necesitan. Y eso está muy bien.

Todo es una mierda está disponible en Netflix.

El cine y las series de televisión son mi pasión, aunque la Edad de Oro de la pequeña pantalla me tiene conquistado del todo. En Cultura Seriéfila analizo toda ficción que lo merezca con una dosis muy alta de opinión. También me podéis leer en tvspoileralert.com. Y no olvidéis seguirme en las redes sociales.