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‘The Marvelous Mrs. Maisel’, la joya de Amy Sherman Palladino y Rachel Brosnahan

The marvelous Mrs. Maisel es la serie de Rachel Brosnahan que emite Amazon

Vaya sorpresa me llevé cuando supe que Amy Sherman Palladino estaba detrás de una nueva serie para Amazon Prime Video. Además que no tenía ninguna información hasta que preparamos el guión del podcast del mes de noviembre. Las expectativas, que subieron como la espuma, se vieron superadas por una serie que me reencontraba con una forma de escribir situaciones, diálogos y personajes que echaba mucho de menos. No es un secreto que soy un gran amante de Las chicas Gilmorepor tanto, The Marvelous Mrs. Maisel me ha encantado.

Miriam Maisel es la típica esposa perfecta de clase alta del Nueva York de finales de los años 50. Su dedicación por su marido, un empresario cuyo sueño es ser cómico, es total hasta que éste la abandona por su secretaria, momento en el que se da cuenta que es ella la que tiene el talento para hacer chistes. Como es sabido, no era una época favorable para que una mujer cambiara de forma de vida tan radical y menos que se exponga ante el público que llena los bares. Sobre todo en su posición social. Midge, con un desparpajo y una gracia fuera de lo normal, se va abriendo camino entre todas las vicisitudes que se le van presentando.

Como ya hemos mencionado, The Marvelous Mrs. Maisel está producida y escrita por Amy Sherman Palladino junto con su esposo Daniel Palladino y Scott Ellis (Weeds). Delante de las cámaras, la gran protagonista es Rachel Brosnahan, que consigue crear un personaje tan adorable como hilarante, además de carismática y fresca. Junto a ella, Alex Borstein (Padre de Familia, Las chicas Gilmore), que interpreta a su agente, Michael Zegen (Boardwalk Empire), su marido, y Tony Shalhoub (Monk), su padre.

No es que la historia de una mujer que cambie su vida y se meta a cómica de stand-up me llame la atención a las primeras de cambio. De hecho los precedentes tampoco me han dicho gran cosa a excepción de Louie, Seinfield El fin de la comedia. Pero claro, en realidad The Marvelous Mrs. Maisel no tiene nada que ver con esas series. No trata de una cómica y su forma de entender la vida cuando se baja de las tablas. Sino una historia donde la comedia está presente pero lo importante son los personajes, o mejor dicho, la protagonista. Y eso a mí me llama más la atención. Tampoco me apetecía demasiado volver a los años de Mad Men, pero tengo que decir que a la historia le viene fenomenal estar situada a finales de los 50.

The Marvelous Mrs. Maisel, como le pasaba a Mad Men, es una serie feminista. Aunque en este caso su protagonista absoluta es una mujer, aquí ellas también tienen que luchar contra los convencionalismos y el machismo imperante. Es cierto que su lucha empieza cuando su marido la abandona y cuando su abnegada dedicación se ve penalizada por su parte. Pero a partir de ahí vemos a otra Midge, que siempre estuvo ahí pero que ahora no se mueve bajo la sombra de nadie. Ella empieza a romper barreras, de forma accidental, en un negocio en el que impera el humor políticamente correcto y es un sector acotado al género masculino. A pesar de tenerlo todo en contra, incluso a la ley, no se da por vencida hasta conseguir el éxito que merece. Por el camino, Rachel Brosnahan, nos regala un carisma y una vis cómica que francamente creía que no tenía. Claro que está apoyada por los maravillosos guiones de Amy Sherman Palladino, pero consigue construir un personaje al que ella le ha aportado mucho.

 

Técnicamente, la serie no se queda atrás en cuanto a calidad. La buena ambientación se ve apoyada por una selección de temas musicales que no somos capaces de dejar de tararear, una fotografía colorista y positiva como es ella y un vestuario muy atrevido usando mucho color, que va a muy acorde con la época. Hay que estar atentos a los modelitos que luce Brosnahan porque son geniales. Pero si tengo que destacar sólo una cosa de la parte técnica, ésta sería la dirección de los episodios, a nivel de actores y a nivel de manejo de la cámara. Los movimientos de cámara son impresionantes en algunas partes de la serie, que no se conforma con contarnos una historia sino que nos la cuenta muy bien.

Rachel Brosnahan y Alex Bornstein en The Marvelous Mrs. Maisel, de Amazon Prime Video

Me gustaría destacar varios movimientos de cámara absolutamente deliciosos. El primero transcurre en el primer episodio, cuando Midge y su marido llegan al bar de monólogos tenemos un plano secuencia desde que entran hasta que se sientan en su mesa que recuerda a Uno de los nuestros, salvando las distancias. No es el único, también hay otro que aporta teatralidad a la situación y juega muy en favor de la comedia, y se trata de una secuencia en la cocina de sus padres en la que los personajes van entrando y saliendo de escena mientras Miriam se va moviendo. Y por último, destaco creo que también en el primero, una secuencia en la que nuestra protagonista recoge a su bebé de casa de su madre, en la que la cámara estática va grabando mientras ellas dos hacen un poco el juego de las puertas, entrando y saliendo de habitaciones. Dos buenas pruebas de que no sólo con un buen guión y trabajo actoral se puede hacer buena comedia. También el lenguaje audiovisual puede contribuir. 

La historia de la señora Miriam “Midge” Maisel no ha hecho más que empezar pero a lo largo de los ocho episodios que componen la primera temporada nos ha hecho pasar un buen rato y nos ha hecho reír. Y además nos ha dado una serie muy bien hecha desde todos los puntos de vista. Sólo me queda decir que ya está renovada para una segunda entrega de diez episodios. Gracias y buenas noches.

The Marvelous Mrs. Maisel está disponible en Amazon Prime Video.

El cine y las series de televisión son mi pasión, aunque la Edad de Oro de la pequeña pantalla me tiene conquistado del todo. En Cultura Seriéfila analizo toda ficción que lo merezca con una dosis muy alta de opinión. También me podéis leer en tvspoileralert.com. Y no olvidéis seguirme en las redes sociales.

‘The End of The F***ing World’: el todo o nada de Alyssa y James

El exitazo de enero en Netflix, The End of The F***ing World

Que salga este artículo en marzo de una serie que se emitió en enero no es casual. Bueno, un poco sí, pero aprovecho la tesitura para reflexionar sobre esta bulimia cultural que provoca que nos olvidemos de ficciones que han hecho mucho ruido casi al instante, daños colaterales de lo que hemos venido a llamar Peak TV. El “marcar como visto” de TV Time se ha convertido en deporte nacional y eso nos impide reflexionar sobre lo que hay detrás de las historias que vemos a diario. The End of The F***ing World ha gustado mucho en general, pero no todo el mundo ha llegado a la raíz de lo que quería contar en realidad.

The End of The Fucking World (así, sin censura) nos cuenta la historia de dos adolescentes, James y Alyssa. James cree que es un psicópata y hasta ahora ha dado rienda suelta a su instinto matando animales, pero cree que ha llegado el momento de escoger una víctima humana, que donde entra ella. Alyssa es una chica una chica enfadada con el mundo a la que se le ha juntado la adolescencia con carencias afectivas graves. Juntos iniciarán un loco viaje en el que cada uno busca una cosa pero en el que encontrarán mucho más de lo que esperaban. Está basada en una novela gráfica escrita por Charles S. Forsman, adaptada por Charlie Covell, conocida como actriz de Marcella y escritora de un par de episodios de Banana. Los protagonistas son Jessica Barden (Penny Dreadful) y Alex Lawther (Black Mirror, Howard’s End).

Jessica Barden y Alex Lawther, protagonistas de El maldito fin del mundo (The End of The Fucking World)

Para mi gusto, El fin del maldito mundo es una serie fea, muy incómoda de ver. Y es curioso porque lo tiene todo para ser muy atractiva, incluso tiene el toque indie que tanto me gusta y otros criterios objetivos, bueno, los más objetivos posible. Tiene una fotografía y una realización muy arriesgadas, un ritmo muy interesante gracias a su montaje, una colección de temas musicales genial y una narrativa muy llamativa, que dista mucho de productos recientes de temática similar como Everything Sucks. Todo bien, excepto una cosa: los personajes. Durante los ocho episodios me he preguntado si el psicópata soy yo porque ambos me han parecido asesinables. Están escritos de forma muy extrema, tanto que me cuesta comprender sus motivaciones incluso después de haber vivido semejantes traumas que no voy a desvelar. Es decir, la vida no te puede hacer nada para que seas así de gilipollas, dicho con toda la frivolidad del mundo, lo sé.

Ahora bien, como metáfora funciona a las mil maravillas. La exposición de sus traumas y sus consecuencias sirven para contarnos cómo son los sentimientos a los que los adolescentes se enfrentan a menudo, como la falta de comprensión por parte de los adultos, los problemas de identidad o la falta de pertenencia. Pero no sólo ellos son extremos, sino también el mundo en el que se mueven y la gente con la que se van encontrando en su road trip particular. Y a pesar de todo lo anterior le vas cogiendo cariño a James y Alyssa, porque realmente lo que tienen alrededor está podrido y les está pudriendo por dentro, aunque por más que huyen no consiguen dejar atrás la putrefacción de la sociedad.

Jessica Barden y Alex Lawther hacen un gran trabajo en El maldito fin del mundo

Por eso, y porque te das cuenta de que los adultos son horribles y ellos al fin y al cabo son sólo niños, adolescentes a punto de cambiar su punto de vista sobre el mundo. Aunque parezca que Alyssa y James no tienen ni pizca de inocencia, el viaje que emprenden no es más que su salida del cascarón y comprobar lo duro que es el mundo por mucho que sus vidas ya sean una mierda. Eso les hará madurar definitivamente. O no. Ese es el valor de The End of The F***ing World, el trasfondo que tiene la historia, que ha sido contada de forma muy exagerada para llamar la atención de los jóvenes y no tan jóvenes, aunque puede que yo me esté haciendo viejo y no me guste nada la forma.

The End of The F***ing World (El maldito fin del mundo) está disponible en Netflix

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‘Todo es una mierda’, los noventa eran cuquis

Todo es una mierda se ha convertido en una de las sopresas de este invierno en Netflix

A veces Netflix nos regala algunas series sorpresa de las que esperábamos poco o nada. Está claro que la plataforma no puede dar la misma publicidad a todas las ficciones que estrena pero es que además este handicap a priori lo convierte en una virtud. El factor sorpresa juega un papel muy importante para series como Everything Sucks, que son capaces de absorber la conversación en las redes, aunque sea durante muy poco tiempo. Y eso que se trata de un producto que tiene unos ingredientes que podríamos considerar como apuesta segura: adolescentes, nostalgia, identidad sexual, buena música, ternura…

Todo es una mierda está creada por Michael Mohan, que además dirige siete episodios, y Ben York Jones, que además interpreta al personaje de Mr. Stargrove. Ambos nacieron aproximadamente en la misma época que los protagonistas de la serie por lo que hablan desde el conocimiento y cuentan la historia desde sus ojos. Está protagonizada por adolescentes de primer año de institutos interpretados por Jahi Di’Allo Winston (Feed The Beast), Peyton Kennedy (Odd Squad), Elijah Stevenson (Captain Fantastic) y Sidney Sweeney, que veremos en este año ni más ni menos que en The Handmaid’s Tale y en Heridas abiertas (Sharp Objects), la serie de Amy Adams en HBO.

Todo es una mierda nos cuenta la historia de Luke, que junto a sus amigos Tyler y McQuaid, se apuntan al club de audiovisuales. Allí conocerá a una chica, Kate, de la que se enamora a primera vista y que además es la hija del director. Junto a los integrantes del club de teatro iniciarán el rodaje de una loca película de extraterrestres en la que descubrirán muchas cosas sobre sí mismos y sobre la vida en general. La serie contiene muchos toques de drama, personajes entrañables y mucho humor en los 25 minutos de duración de cada episodio de esta comedia.

La pareja protagonista de Todo es una mierda ha sido lo mejor de la serie

Nostalgia… Noventera

Reconozco que estoy hasta el último pelo de la nostalgia de los años 80 e incluso gente como yo hemos aborrecido la palabra “nostalgia” en sí misma. Hasta que nos toca la nuestra claro, porque a la generación de los treinta y tantos no nos pillan tan cerca los ochenta, que es más una cosa cosa de la infancia. Pero los 90 son nuestra época, la de la adolescencia, y estar en el mismo punto que los protagonistas de Todo es una mierda es un plus muy especial. Objetos como los Discman, las cintas VHS, el antiguo módem con el que navegábamos por la red, expresiones, la música… todos ellos son capaces de darle la vuelta a la serie.

Porque la serie no es gran cosa, no tiene nada de especial a simple vista. Una dramedia adolescente que en ocasiones busca la lágrima fácil, personajes odiables y otros entrañables interactuando en un happy place de manual. Sólo que a medida que avanzan los episodios no son tan happy como pensábamos, que los personajes sufren carencias afectivas, crisis de identidad y amores frustrados. Y además sufren como lo hacíamos nosotros, con una inocencia que no tienen los adolescentes de ahora, cuando las relaciones cara a cara eran más importantes que las que se establecen a través de la pantalla. Por eso funciona tan bien Esto es una mierda, porque consigue que los elementos noventeros no sean sólo accesorios, por mucho que puedan ser excesivos, sino que son una herramienta con la que contar la historia de siempre de la forma en que se hace ahora, añadiendo diversidad sexual racial y dando más poder a los personajes femeninos.

Los antagonistas de Todo es una mierda

Otra muestra más, por tanto, del valor de la serie, que pasa por ser de los noventa incluso en la forma de rodar y que sus referencias están mejor insertadas que en otras ficciones nostálgicas. Podríamos decir que Todo es una mierda hace lo mismo que Stranger Things, pero en otra época y con otro género. A pesar de todo, lo que mejor funciona es la música, capaz de mejorar algunos episodios mediocres, capaz de cambiar nuestra percepción sobre los personajes y algunas tramas realmente aburridas o ridículas, directamente.

No podemos sacar la vara de medir las grandes series, no sería justo, simplemente sentémonos en el sofá y dejemos que nos entretengan con un producto sin más pretensión que gustar a la generación que se hizo mayor en los noventa, y aportar elementos modernizados como parejas interraciales, protagonistas homosexuales o bisexuales, o que el clásico personaje graciosete sea un blanco esta vez. Todo esto, además de hacernos pasar un buen rato, sirve para echar una mano a los colectivos que lo necesitan. Y eso está muy bien.

Todo es una mierda está disponible en Netflix.

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‘McMafia’: el crimen franquiciado

McMafia es una de las mejores series hasta el momento de 2018

McMafia es una de las mejores series de lo que llevamos de 2018. No es que hasta el momento esté siendo un gran año pero muchas de las ficciones estrenadas prometían más. Y entonces esta producción británica de la BBC, como casi todo lo que viene de las islas, llegó haciendo poco ruido excepto para los tres o cuatro que lo sigan todo demasiado al día. Quizás llamarla sorpresa parece excesivo, pero después de un inicio un poco titubeante, ha terminado por ganarme del todo.

Vamos a empezar por los nombres al frente de McMafia. Está dirigida, producida y escrita por James Watkins entre otros guionistas, basándose en un libro del mismo nombre escrito por Mischa Glenny hace diez años. Para hacer la serie sólo se han adaptado los episodios referentes a la mafia rusa y los personajes y situaciones están sacados de la realidad. El nombre hace referencia a cómo las bandas mafiosas franquician a bandas más pequeñas para que usen su nombre a cambio de un porcentaje, en una estrategia que recuerda mucho a la famosa marca de comida rápida McDonald’s.

McMafia nos sitúa en Londres, donde vive la familia Godman, expatriados de Rusia. El padre, Dmitri, se dedicaba a negocios ilícitos hasta que decidió retirarse y criar a sus hijos en la alta sociedad británica. Ahí entran en juego Katya, la oveja negra de la familia, niña mimada enganchada al alcohol y la juerga, y Alex, el hijo perfecto que estudió en Harvard y dirige un fondo de inversión que respeta la legalidad y la ética profesional. Pero las circunstancias provocan que se vea en el ojo del huracán y tenga que tomar decisiones para saldar deudas con un mafioso ruso.

Buenas interpretaciones y gran reparto el de McMafia

La serie está protagonizada por James Norton, un actor muy prolífico de la ficción británica, al que hemos podido ver en Happy Valley, Grantchester Guerra y Paz. Pero además de Norton como protagonista absoluto, podemos ver a David Strathairn (Billions, The Blacklist) o Juliet Rylance (American Gothic, The Knick). Además de algunos actores rusos e incluso uno español, Fernando Cayo, que vimos recientemente en Mar de Plástico y otras como La Señora, Amar es para siempre, Punta Escarlata El Caso. Crónica de Sucesos.

En McMafia vamos a encontrar lo que esperamos de cualquier ficción de la BBC, una producción exquisita y una historia contada con la precisión de un reloj pero eso sí, sin muchos fuegos artificiales, que algunas veces es mejor prescindir de ellos pero otras pueden mejorar un producto soso o plano. Como es habitual en las producciones britanicas no sobra ni falta nada, pero a veces se echa de menos que se desaten como hacen las estadounidenses aunque la perfección nos embelese tanto. Tras un par de capítulos en los que la premisa resulta de lo más sugerente, la serie se va perdiendo entre aeropuertos y conversaciones de alto nivel sin saber qué función podía cumplir la trama de la familia de Alex, por poner un ejemplo. Sin embargo, en los últimos tres o cuatro episodios mete la directa hacia la historia que queríamos que nos contaran. No es nada novedosa, no esperemos nada del otro mundo, y además recuerda mucho a otras producciones recientes como El Infiltrado (The Night Manager) y otras que no voy a nombrar para no marcaros el camino del protagonista.

En cuanto a interpretaciones más o menos lo mismo. Norton compone a un Alex muy sobrio y contenido, reflejando a la perfección lo que los escritores buscaban del personaje, que contrasta con la tragedia y el histrionismo del resto de la familia Godman. Mención especial merece el villano de la historia, Vadim Kalyagin, interpretado por Merab Ninidze (Berlin Station) que se va humanizando a lo largo de los episodios mostrándonos su vida privada, al mismo tiempo que sus enemigos se van volviendo más villanos. Y al contrario, el personaje de David Strathairn, Semiyon Kleiman, que se ofrece en un principio como una cara amable, va mostrando su reverso más oscuro mientras mantiene su sonrisa.

Protagonistas de McMafia, de Amazon y BBC

Como otras tantas series británicas nos muestra en un principio cómo deberían ser las cosas, me refiero a banqueros éticos, y en lo que se puede convertir cuando se acumulan malas decisiones. Me gusta la cantidad de temas que se presentan en McMafia, desde explicarnos cómo funciona el movimiento de dinero hasta que se le pierde el rastro, en la serie ejemplificado en el narcotráfico aunque sospecho que nos quieren contar cómo lo hacen los ricos, futbolistas, políticos, etc. para evadir impuestos. Además, vemos cómo las redes secuestran chicas para la prostitución o cómo los narcotraficantes están avalados por las altas esferas. Todos temas actuales e interesantes.

En definitiva, McMafia es una serie muy recomendable para quien busque una serie británica que no se quede en la superficie, con el habitual rigor de la BBC. Ocho episodios que se dejan ver de forma ágil, sin hacerse pesada y que está disponible en Amazon Prime Video.

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‘Mindhunter’: un viaje a la mente del asesino en serie

Mindhunter se ha convertido en uno de los grandes aciertos de Netflix en 2017

Hemos tenido que esperar hasta octubre para ver una de las series más esperadas de este 2017. Mindhunter ha llegado tarde pero quizás gracias a eso estará en los primeros puestos de todas las listas de mejores ficciones del año, en detrimento de otras que pueden haber quedado más atrás en el tiempo. La propuesta de David Fincher y Joe Penhall, que no olvidemos que es el showrunner no ha decepcionado a nadie y lo mejor es que su progreso en los próximos años puede ser estratosférico.

Holden Ford (Jonathan Groff) es un agente del FBI que se dedica a formar a los futuros agentes en Quantico. Con el fin de formarlos mejor, intenta descifrar la mente de lo que entonces se conocían como “asesinos secuenciales”. Para ello le asigna al agente Bill Tench (Holt McCallany), otro agente encargado de dar cursos a las policías locales de todo el país. Con la excusa de ayudarlo, Holden puede viajar a las prisiones donde están encerrados esos monstruos y así poder entrevistarlos. Más tarde reciben la ayuda de una profesora de universidad, Wendy Carr (Anna Torv), que dotará al equipo de un método científico y pondrá orden en el proyecto.

Lejos de ser un “whodunnit” (“quienlohizo”), Mindhunter va mucho más allá de capturar asesinos y resolver crímenes. Los agentes Ford y Tench buscan hacer un perfil psicológico de los asesinos más famosos del país para elaborar así un patrón que les permita detectar y prevenir futuros asesinatos secuenciales. Por tanto, llama la atención la celeridad con la que sus protagonistas descubren a los culpables, porque ese no es el fin de la serie. Ésta tiene dos partes bien diferenciadas, la primera es estudiar, entrevistar a los psicópatas que ya están entre rejas, elaborar una serie de pautas; y la segunda es ponerlas en práctica en los casos que se van encontrando allá por donde viajan.

Holt McCallany y

Un aliciente al que hay que sumar un buen puñado más. Mindhunter tiene muchas aristas, y todas ellas interesantes por igual. La investigación en su doble vertiente es una de ellas. Los diálogos con los asesinos pueden hacerse tediosos si no se presta la debida atención. En ellos descubrimos multitud de detalles de la personalidad de éstos pero también de los protagonistas. El cambio en ambos a medida de que se dan cuenta de que el estudio funciona y también la forma en la que afecta las aberraciones que les están contando a sus vidas privadas. No es que éstas formen una parte esencial de la serie pero sí ayuda a configurar, a hacer un perfil de los personajes más completo, por lo que nos cuentan también una parte muy interesante de la historia. El contexto histórico nos hace comprender mucho de lo que ocurre, sobre todo dentro del FBI, donde consideran una pérdida de tiempo que dos agentes se dediquen a hurgar en las mentes criminales en lugar de entregar datos fehacientes, pruebas, que es lo que se suponía que debía hacer un policía.

Hay quien puede decir que Mindhunter tiene un ritmo muy lento, sobre todo al principio, pero éste es fruto de una presentación de la trama y de exposición inicial de sus intenciones, lo que puede parecer un poco pesado al principio. A mí tampoco me lo parece demasiado. Pero es a partir de la segunda mitad cuando se recogen los frutos, cuando la maquinaria ya ha echado a rodar, cuando todo empieza a encajar. A partir de ahí, cuando los protagonistas empiezan a aplicar, de forma un poco inconsciente todavía, lo que han estado aprendiendo. Sinceramente, la serie ha sido planificada al milímetro y el guión no tiene fisuras de ningún tipo.

Técnicamente, no podíamos esperar menos de David Fincher, que aunque no es el showrunner, sí dirige cuatro episodios y ha tenido voz y voto como productor ejecutivo que es. Los que dirige el maestro son todos sublimes en planificación, fotografía, ritmo, dirección de actores, sin desmerecer al resto, que han hecho un trabajo tremendo y me ha sorprendido bastante. La fotografía, que acentúa el color amarillento sepia propio de la evocación de épocas pasadas, es espectacular, bella y muy bien encuadrada. El montaje es otro de sus puntos fuertes, siempre hago referencia al rápido montaje de imágenes en el segundo episodio cuando Fincher busca contarnos la rutina de los viajes de Tench y Ford, una maravilla que recuerda a Scorsese o Guy Ritchie. Y no nos podemos ir de aquí sin comentar la maravillosa música de la serie, fruto, claro está, de la época en la que está ambientada, un repaso a grandes clásicos del rock y el glam de los 70.

Jonathan Groff y Anna Torv en Mindhunter, de Netflix

El resultado que nos queda después de todo lo que hemos comentado es una de las mejores series de 2017Mindhunter no decepcionó a los que esperábamos algo grande de Fincher y Netflix. Su renovación, que estaba cantada, ya ha sido confirmada y toca esperar para poder ver cómo sigue. Por último, recordar que ya hablamos de ella en nuestro podcast, que os dejo aquí abajo para quien quiera escucharlo.

 

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‘Dark’, así es la primera serie alemana producida por Netflix

Netflix debuta con su producción propia alemana con 'Dark'

Mañana viernes 1 de diciembre se estrena la primera serie alemana producida por Netflix, Dark. Se trata de una serie que mezcla terror con ciencia ficción y suspense, muy oscura como su propio nombre indica. Nosotros ya hemos visto los tres primeros episodios y podemos contaros cómo es y qué os vais a encontrar. Por supuesto, sin spoilers.

Dark nos sitúa en Winden, un pequeño pueblo alemán que alberga una central nuclear, en noviembre de 2019. Un adolescente lleva un par de semanas desaparecido y todos lo buscan con todos los medios a su alcance. Los más viejos del lugar ven muchas similitudes con un caso similar que ocurrió 33 años antes. Mientras estaba con su hermano y sus amigos en el bosque una noche, Mikkel, otro niño del pueblo, desparece en las mismas circunstancias, creándose una situación idéntica a la que ocurrió entonces.

La serie ha sido creada por el director y guionista Baran bo Odar, que dirige los diez episodios que componen esta primera temporada. Aunque la serie hace honor a su nombre, Dark, la oscuridad es un accesorio para crear ambiente en una historia que es básicamente el drama de varias familias que se ven afectadas por la desaparición de sus seres queridos, que han ido a parar a otras épocas aunque eso ellos no lo sepan. Eso es lo bueno, la construcción de unos personajes que han quedado marcados por la tragedia, pero a la vez el suspense que sus creadores inoculan en el espectador mediante una ambientación muy adecuada, ya sea sonido, fotografía o el guión. Si a todo esto le añades viajes temporales, queda un producto muy atractivo para diferentes segmentos de audiencia, que es lo que pretende Netflix con las producciones no americanas.

Dark no es Stranger Things

La serie Dark ha sido comparada con Stranger Things, aunque sólo son circunstanciales.

Seguramente habréis oído que Dark es la Stranger Things alemana. Nada más lejos de la realidad, no tienen nada que ver en lo importante, el tono. Mientras la serie de los Duffer hacía un ejercicio de nostalgia al tiempo que revisitaba los clásicos del cine de aventuras de los 80 de forma muy ligera, ésta es más adulta, más seria, y no tan dirigida a grandes masas. Obviamente, las similitudes son clarísimas y yo diría que algunas están forzadas. Podremos ver a niños desaparecidos y padres desesperados por encontrarlos, linternas en el bosque, instalación (en este caso una central nuclear) que oculta secretos en su interior y puede ser responsable de las desapariciones, rehenes encerrados en una habitación, referencias a los años 80, etc.

Aunque tiene una premisa muy interesante, Dark es muy confusa desde el comienzo con una escena inicial que en principio no sabemos si ocurre en realidad en ese momento o es un flashback es un flashforward. Después tenemos una presentación de personajes masiva, un poco atropellada. Muchos nombres y muchas caras que al no estar familiarizados con el idioma ni con los actores alemanes hacen que sea un poco difícil establecer las relaciones entre ellos. Una vez que se supere esa fase, que aviso que sigue pasando tras ver los tres primeros episodios, se disfrutará en toda su dimensión.

Dark tiene todos los ingredientes que no pueden faltar en una serie de terror: puertas que chirrían, música que puntualiza quizás demasiado, travellings de acercamiento, todo tipo de ruidos con eco, animales muertos, etc. Pero también juega muy bien con el suspense porque nos da muy poca información sobre lo que está pasando, algo esencial para mantener al espectador pegado a la pantalla. Me ha gustado que la poca que se nos da la recibimos principalmente a través de las imágenes y no de los diálogos, lo que da lugar a diferentes interpretaciones. La estética también ayuda sin ser nada novedoso, pues es muy oscura y húmeda pero suficiente para crear atmósfera.

Dark es la primera serie alemana de Netflix

Celebro que Netflix produzca allá donde se establece, creo que es un detalle que le hace ganar adeptos. Y sobre todo en casos como el de Dark, que me ha parecido una serie muy interesante en todos los aspectos. Además, la plataforma sabe que los suscriptores están buscando más allá de la ficción americana y de paso vamos descubriendo una forma de hacer diferente, más europea, que no hace sino enriquecer a la industria y al espectador. Así pues, queda hecha esta recomendación que podréis ver a partir de mañana día 1 de diciembre.

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‘The Sinner’, el thriller adictivo de Jessica Biel

Jessica Biel y Bill Pullman protagonizan The Sinner, un thriller estrenado por Netflix

La semana pasada Netflix estrenaba en España el último objeto de maratones de muchos de nosotros, la responsable de nuestras ojeras de esta semana y gracias a que sólo eran ocho episodios. The Sinner es un thriller policial sobre un caso con culpable claro, pero sobre el que se adivinan motivos psicológicos ocultos. Se estrenó el pasado verano en Estados Unidos de la mano de USA Network y está protagonizada por Jessica Biel y Bill Pullman, que hacen un notable trabajo.

Cora Tanetti (Jessica Biel) es una mujer descontenta con su vida de esposa y madre que apuñala hasta la muerte a un hombre a la vista de mucha gente sin que nadie, ni ella misma, conozca los motivos que le han llevado a ello. Tras declararse culpable, el policía Harry Ambrose (Bill Pullman), sigue investigando porque cree que algún trauma importante subyace sobre la personalidad de Cora. Tras someterse a varias terapias para intentar recordar lagunas de su pasado, éstos recuerdos van componiendo el puzzle.

The Sinner, por tanto, tiene un culpable claro desde el principio por lo que se sale de la línea habitual de cualquier serie con asesinos, víctimas y policías. Lo que nos queda por saber son las razones que han llevado a Cora a cometer el crimen. Se pasa así del whodunnit al whydunnit (del quiénlohizo al porquélohizo) y esa es su principal novedad y motivo de enganche del espectador. Aunque en la búsqueda del “por qué” surgen nuevos “cómos”, “dóndes”, “cuandos” y “quiénes” por lo que la narración no es tan novedosa y la fórmula no difiere prácticamente porque parte de la base de que Cora es inocente (o al menos no tan culpable) y, por tanto se buscan otros.

Cora Tanetti (Jessica Biel) )apuñala a un hombre a la vista de todo el mundo en The Sinner.

The Sinner mantiene muy bien el suspense durante la primera mitad, donde vamos descubriendo detalles confusos e inconexos, mientras que la segunda nos quiere dar todo mascado al final y se descuidan aspectos de personajes y tramas que favorecen al esclarecimiento del relato pero hace que la serie parezca que va a descarrilar en cualquier momento. Lo que antes eran los efectos de las acciones de Cora en su familia y la lucha interna de Harry con sus temas masoquistas y su separación, después se va diluyendo para dar prioridad a las respuestas.

La serie de USA Network ha sido hecha a medida para y por Jessica Biel, pues también ejerce de productora ejecutiva, supongo que de ahí a que intente pasar por alguien de veintitantos cuando no los tiene y parezca bastante más mayor que su marido y su hermana en The Sinner. Aún así tengo que decir está muy bien en este papel y lo dice alguien que no es su fan precisamente. También está muy bien Bill Pullman en el rol de detective atormentado, aunque hay algo que me falla y no sé qué es, quizás su barba o su aspecto descuidado.

Bill Pullman es el detective atormentado de The Sinner

En líneas generales podemos considerar The Sinner como un buen producto y un thriller interesante, pero sobre todo adictivo. Podría ser más redonda, estar un poco mejor narrada o haber dotado a los personajes secundarios de un poco más de protagonismo, pero ojalá todas las series hechas a medida de un actor o actriz tuvieran la mitad de calidad que esta. Queda hecha la recomendación.

El cine y las series de televisión son mi pasión, aunque la Edad de Oro de la pequeña pantalla me tiene conquistado del todo. En Cultura Seriéfila analizo toda ficción que lo merezca con una dosis muy alta de opinión. También me podéis leer en tvspoileralert.com. Y no olvidéis seguirme en las redes sociales.

‘Liar’, el thriller británico comprometido está de moda

La miniserie de ITV es Liar, protagonizada por Joanne Froggatt

Esta semana ha terminado una de las miniseries más destacadas de lo que llevamos de otoño. Liar se lo ha ganado por mérito propio, pues aúna todo lo bueno de la ficción británica y, aunque tiene sus defectos, ha conseguido evitar descarrilar al final, donde otras muchas fallaron. Además, pone el tema de la violación sobre la mesa, controvertido en los tiempos que corren, y lo hace con tino, eludiendo meterse en el fango, pero contentando a la mayoría, lo cual también es muy difícil.

Liar es un drama de la cadena británica ITV, aunque en España la hemos podido ver en HBO. Ha sido creada por Harry y Jack Williams, hermanos que están también detrás de otra de las series británicas de este otoño, Rellik y otras célebres como The Missing, la que los catapultó como dos de los creadores más destacados del panorama británico. Su protagonista es otra ilustre, Joanne Froggatt, conocida sobre todo por Downton Abbeyque la convirtió en una de las favoritas de la industria. Junto a ella, Ioan Gruffudd (UnReal, Forever) y Shelley Conn (Heartbeat, Mistresses). Se trata de una miniserie de seis episodios, aunque se especula con la posibilidad de que pueda renovar para una segunda temporada.

Laura es una maestra que acaba de romper con su novio, con quien mantuvo una larga relación. Tras una cita con Andrew, un reputado cirujano, ella lo acusa de haberla violado. Empieza entonces una guerra entre ambos en la que no sabemos quién miente y quién dice la verdad, y que acabará afectando a sus familias. Sin abandonar el thriller, la serie va cambiando de subgénero a medida que van surgiendo las revelaciones, lo cual le da un plus de interés, pues sus giros son resueltos con templanza y poco efectismo.

Joanne Froggatt es Laura, la protagonista de Liar

No sigas leyendo si no has visto la serie. Spoilers a partir de aquí.

Hemos dicho anteriormente que Liar aborda un tema tan complejo en la actualidad como son las violaciones. Y lo hace desde el punto de vista más actual si cabe, que es la culpabilización de la victima, a la que nadie parece creer en un principio. No es que la serie “sospeche” que Laura miente, de hecho es al contrario, desde el principio nos ponemos de su parte a pesar de que nos planten semillas que indican que podría mentir. De ahí al juego inicial de la serie, y digo inicial porque hacia la mitad ya sabemos que Andrew es un depredador sexual, ahí donde la trama se convierte en un juego para intentar cazar al culpable, que sigue actuando impunemente. Donde antes veíamos a una mujer desequilibrada, ahora vemos a una mujer impotente porque nosotros sí sabemos la verdad. Es ahí donde nos planteamos cuántos casos reales siguen sin tomarse en serio. La segunda mitad, sin embargo, comienza su declive a medida que se vuelve menos reivindicativa y se centra más en ofrecer al espectador una resolución más dramática. El final, que pudo ser previsible para muchos de nosotros, me parece digno, satisfactorio, pues nos compensa el sufrimiento de quienes pensábamos que todo se encaminaba hacia un escenario en el que Andrew no pagara por sus crímenes. Lo pagó con su vida, ahí ganó, porque a todos nos hubiera encantado verlo esposado por la policía.

Como siempre cuando hablamos de ficción británica, hay que mencionar la atmósfera que se consigue crear llevando la acción a una pequeña ciudad costera en lugar de llevarla a la gran ciudad. El espectador puede sentir el frío y la humedad del ambiente, con un paisaje siempre muy cubierto de nubes y nebuloso cuando se acercaba al mar. El desasosiego también está muy bien introducido en los planos cortos sobre los protagonistas o en esos planos en los que éstos parecen estar siendo observados en la distancia, cosa que ocurría en algunos de ellos. Liar tiene la impronta de la ficción británica, un país que se nos quiere hacer creer que funciona como un reloj, tanto su aparato administrativo como por la actitud leal hacia las normas de la gente de a pie. Es decir, en el Reino Unido todos parecen ser personas modélicas, y eso no nos lo creemos.

Ioan Gruffudd es Andrew, el cirujano en Liar

En definitiva, Liar me ha parecido una serie muy interesante por tratar un tema con mucho respeto y acierto sin ser gran cosa en realidad, pero tratándose de una serie británica siempre es conveniente echarle un ojo porque su forma de narrar tan natural es digna de elogio. Y muy diferente a lo que Estados Unidos nos ofrece.

El cine y las series de televisión son mi pasión, aunque la Edad de Oro de la pequeña pantalla me tiene conquistado del todo. En Cultura Seriéfila analizo toda ficción que lo merezca con una dosis muy alta de opinión. También me podéis leer en tvspoileralert.com. Y no olvidéis seguirme en las redes sociales.

The Handmaid’s Tale: la dictadura de la fertilidad

The Handmaid's Tale es una de las series de este año 2017

Hace unas semanas que no escribo en el blog, cosas de la temporada estival, pero volvemos con uno de los platos fuertes de este 2017. The Hadmaid’s Tale es ya una de las series del año a pesar de que queda casi la mitad pero hay que reconocer que Hulu se ha apuntado un tanto con esta versión de la novela homónima de Margaret Atwood, que en España ha sido emitida por HBO. Su estética, su dura historia, su música y, sobre todo, el trabajo de sus actrices, me ha fascinado. Pasamos a desgranarla.

The Handmaid’s Tale es un drama distópico de corte social en el que las mujeres han perdido todos sus derechos, desde trabajar hasta incluso leer libros. En un mundo en el que la infertilidad es una plaga que afecta a todo el planeta, el régimen totalitario que gobierna el territorio que antes era Estados Unidos somete a las pocas mujeres capaces de engendrar niños para que sean las madres de los hijos de los líderes del mismo. Crean así un estado de esclavitud basado únicamente en la reproducción, entre otras muchas connotaciones.

¿Distopía?

La propia autora se apresuró años atrás, la novela data de 1985, a aclarar que no se había inventado nada porque todo lo que narraba ya había sucedido en el mundo. En efecto, uno de sus puntos fuertes es su credibilidad y en más de una ocasión nos preguntamos cuánto de cerca podríamos estar de un régimen así, o si sería posible que pudiera llevarse a cabo en el mundo desarrollado. Parece difícil teniendo en cuenta los grandes avances del feminismo en los últimos tiempos, pero recordemos que en la serie los hijos de Jacob surgen como respuesta a un problema de infertilidad global, igual que el nazismo o más recientemente el “trumpismo”, aunque éstos últimos sí llegaron al poder democrática y pacíficamente.

Defred y Serena Joy en The Handmaid's Tale

The Handmaid’s Tale, además acierta de lleno en el trasfondo en el que se produce esta infertilidad global, al parecer provocada por la contaminación y el cambio climático, que también está causando escasez de alimentos. Por otro lado, se menciona otro aspecto que me parece importante como es la inacción de la población ante las constantes agresiones contra la democracia y la libertad individual y colectiva. Algo parecido pasa ahora cuando los gobiernos hacen y deshacen sin que el pueblo se manifieste, pues nos tienen maniatados con el trabajo, las obligaciones y las constantes distracciones a las que somos sometidos.

Este movimiento retrógrada surge como intento de solución a un problema, por tanto debemos preguntarnos (y aquí estoy siendo abogado del diablo) si su objetivo final justifica los medios. En efecto, están consiguiendo que nazcan bebés y países como México ya se plantean importar a las criadas. Por tanto, debemos hacernos la pregunta: ¿qué opción habría que fuera justa e igualitaria para que la humanidad no se extinguiese, teniendo en cuenta que las mujeres fértiles libres no tendrían más de dos o tres hijos como ocurre en la actualidad? Puede que la respuesta sea que en caso de que hayamos llegado hasta ese punto, quizás no merezcamos seguir sobre la faz de la Tierra.

Fondo… y forma

Estamos de acuerdo en que The Handmaid’s Tale tiene una temática sobre la que podríamos debatir eternamente y una potente historia detrás, pero la serie de Hulu (HBO España) ha conseguido que nos quedemos boquiabiertos con su fotografía, muy gris en el fondo que juega con los claroscuros como si de la pintura holandesa del renacimiento se tratara. Y sólo el color de los uniformes, sobre todo el rojo de las criadas y el verde azulado de las señoras rompen una monotonía totalmente buscada. Incluso éstos dos colores no son vivos sino también un poco apagados. El lenguaje audiovisual consigue causarnos mucha angustia gracias a, por ejemplo, los primerísimos planos sobre los protagonistas, que además de lograr expresividad, también nos da sensación de opresión y falta de libertad. Algo que también consigue el sonido ambiente de las walkies de los guardias, que siempre están presentes cuando Defred y su compañera pasean por la calle. La música ofrece un envoltorio de lujo a la serie, mezclando composiciones originales con temas de rock clásico haciendo referencia a la época de publicación de la novela.

La estética cumple una función esencial en The Handmaid's Tale

Como buena serie de mujeres que es, las actrices brillan con luz propia. Elizabeth Moss aguanta los primeros planos de la misma forma que su personaje aguanta las constantes vejaciones a las que está siendo sometida. Le da la réplica una espléndida Yvonne Strahovski, aunque no haya conseguido una nominación al Emmy que habría sido muy merecido. Tampoco la han conseguido Samira Wiley o Alexis Bledel, aunque consigan transmitir muchísimo en el poco que aparecen en pantalla. Sobre ellas en autoridad, la siempre creíble Ann Doud, que sí opta a estatuilla, borda otro papel de institutriz severa y violenta. Una decisión de casting muy acertada.

En definitiva, The Handmaid’s Tale tiene todo lo necesario para ser tratada como una gran serie. Podemos echarle en cara cierta parsimonia en la narración, o que esta primera temporada haya sido una mera introducción, pero cumple la función de presentación de personajes y de una sociedad compleja. Lo más importante es que sus creadores han conseguido despertar la sensibilidad del espectador, alcanzando niveles de crudeza muy alto que no nos sacan de la narración, e insisto, el trabajo de las actrices consiguen que acabemos los capítulos con un nudo en la garganta.

Si queréis ampliar la información o simplemente profundizar en The Handmaid’s Tale, os dejo a continuación un podcast en el que tengo el placer de colaborar, Idiócratas Aficcionados, espero que lo disfrutéis y disculpad el spam.

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‘American Gods’, ¿qué me estás contando?

American Gods, de Starz (Amazon en España) está protagonizada por Ricky Wittle

American Gods es una las series que más ruido mediático está generando desde que se estrenó el día 1 de mayo en Amazon Prime Video en España (Starz en Estados Unidos). Incluso antes si contamos la cantidad de noticias que ha ido generando durante el último año. La novela de Neil Gaiman tiene una base sólida de fans pero el hecho de tener en sus filas a Bryan Fuller como showrunner llamó la atención del universo seriéfilo. Visualmente estamos absolutamente entregados, pero tras cinco episodios no sabemos de qué va más allá de la vaga frase “una guerra entre los dioses modernos y los antiguos”.

Shadow Moon (Ricky Wittle, The 100) está a punto de salir de la cárcel cuando recibe la noticia de la muerte de su esposa Laura (Emily Browning, Pompeya), lo que acelera su puesta en libertad. De vuelta a casa conoce a Mr. Wednesday (Ian McShane, Deadwood), que le propone trabajar para él aunque no especifica qué tendrá que hacer. Cuando llega a su pueblo, le cuentan que su mujer tenía una aventura con su mejor amigo, lo que genera sentimientos encontrados que le ayudan a decantarse por aceptar la oferta laboral. Tras el funeral, Shadow es raptado por unos seres sin cara que le dan una paliza de muerte, aunque consigue salvarse de milagro.

Este arco argumental es el único que queda del todo claro pero en medio tenemos presentación de personajes que no sabemos muy bien por qué están ahí, como Mad Sweeney (Pablo Schreiber, Orange Is The New Black), Media (Gillian Anderson, Expediente X), o Bilquis (Yetide Badaki, Masters of Sex), la mujer que… O algunas introducciones que presentan a dioses antiquísimos, ya sean vikingos o de la edad de piedra, que por ahora no tienen un encaje claro en la historia. No sabemos si aparecerán más adelante o si son una mera presentación de dioses.

Shadow Moon, Mad Sweeney y Mr. Wednesday en American Gods

Todas estas historias son comprensibles de forma independiente aunque se trate sólo de una o dos secuencias pero no sabemos aún cómo pueden encajar en la historia. Me parecen muy independientes del hilo principal, demasiado, lo cual no me parecería un problema si me interesaran tan sólo un poquito. Ninguna de esas tramas logre que conecte con American Gods, no llama mi atención, cuando es lo que pretenden, o lo que deberían pretender. Tan sólo Shadow y Wednesday me hace seguir enganchado a la serie. Es cierto, y lo comprendo, que podemos estar ante algo muy grande que acabe juntando el camino de todos a largo plazo en plan Juego de Tronos pero necesito algo más que una estética formidable.

Porque American Gods tiene una estética formidable, eso es innegable. Las luces de neón de los créditos son una pasada y parecen siempre presente en el resto de la serie. Es imposible no sentirse atraído por su fotografía y la forma de planificar de David Slade o la maestría de Vincenzo Natali, dos cómplices habituales de Fuller. Y ojo, que yo no soy muy fan del creador de Hannibal, pero la belleza que desprende puede ser suficiente para no abandonarla. Y no lo haré.

Como conclusión final, creo que Americans Gods es una experiencia a la que todo seriéfilo que se precie debe acercarse. El piloto, sobre todo, crea una sensación de estar viendo algo nuevo (como cuando vimos Matrix por primera vez), pero los personajes y tramas no terminan de desarrollarse, decreciendo el interés de cualquiera. Una serie más dinámica con ese nivel visual sería una auténtica locura. La primera temporada huele a (larga) introducción, así que esperamos que su espesor narrativo mejore en el futuro.

El cine y las series de televisión son mi pasión, aunque la Edad de Oro de la pequeña pantalla me tiene conquistado del todo. En Cultura Seriéfila analizo toda ficción que lo merezca con una dosis muy alta de opinión. También me podéis leer en tvspoileralert.com. Y no olvidéis seguirme en las redes sociales.