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The Handmaid’s Tale: la dictadura de la fertilidad

The Handmaid's Tale es una de las series de este año 2017

Hace unas semanas que no escribo en el blog, cosas de la temporada estival, pero volvemos con uno de los platos fuertes de este 2017. The Hadmaid’s Tale es ya una de las series del año a pesar de que queda casi la mitad pero hay que reconocer que Hulu se ha apuntado un tanto con esta versión de la novela homónima de Margaret Atwood, que en España ha sido emitida por HBO. Su estética, su dura historia, su música y, sobre todo, el trabajo de sus actrices, me ha fascinado. Pasamos a desgranarla.

The Handmaid’s Tale es un drama distópico de corte social en el que las mujeres han perdido todos sus derechos, desde trabajar hasta incluso leer libros. En un mundo en el que la infertilidad es una plaga que afecta a todo el planeta, el régimen totalitario que gobierna el territorio que antes era Estados Unidos somete a las pocas mujeres capaces de engendrar niños para que sean las madres de los hijos de los líderes del mismo. Crean así un estado de esclavitud basado únicamente en la reproducción, entre otras muchas connotaciones.

¿Distopía?

La propia autora se apresuró años atrás, la novela data de 1985, a aclarar que no se había inventado nada porque todo lo que narraba ya había sucedido en el mundo. En efecto, uno de sus puntos fuertes es su credibilidad y en más de una ocasión nos preguntamos cuánto de cerca podríamos estar de un régimen así, o si sería posible que pudiera llevarse a cabo en el mundo desarrollado. Parece difícil teniendo en cuenta los grandes avances del feminismo en los últimos tiempos, pero recordemos que en la serie los hijos de Jacob surgen como respuesta a un problema de infertilidad global, igual que el nazismo o más recientemente el “trumpismo”, aunque éstos últimos sí llegaron al poder democrática y pacíficamente.

Defred y Serena Joy en The Handmaid's Tale

The Handmaid’s Tale, además acierta de lleno en el trasfondo en el que se produce esta infertilidad global, al parecer provocada por la contaminación y el cambio climático, que también está causando escasez de alimentos. Por otro lado, se menciona otro aspecto que me parece importante como es la inacción de la población ante las constantes agresiones contra la democracia y la libertad individual y colectiva. Algo parecido pasa ahora cuando los gobiernos hacen y deshacen sin que el pueblo se manifieste, pues nos tienen maniatados con el trabajo, las obligaciones y las constantes distracciones a las que somos sometidos.

Este movimiento retrógrada surge como intento de solución a un problema, por tanto debemos preguntarnos (y aquí estoy siendo abogado del diablo) si su objetivo final justifica los medios. En efecto, están consiguiendo que nazcan bebés y países como México ya se plantean importar a las criadas. Por tanto, debemos hacernos la pregunta: ¿qué opción habría que fuera justa e igualitaria para que la humanidad no se extinguiese, teniendo en cuenta que las mujeres fértiles libres no tendrían más de dos o tres hijos como ocurre en la actualidad? Puede que la respuesta sea que en caso de que hayamos llegado hasta ese punto, quizás no merezcamos seguir sobre la faz de la Tierra.

Fondo… y forma

Estamos de acuerdo en que The Handmaid’s Tale tiene una temática sobre la que podríamos debatir eternamente y una potente historia detrás, pero la serie de Hulu (HBO España) ha conseguido que nos quedemos boquiabiertos con su fotografía, muy gris en el fondo que juega con los claroscuros como si de la pintura holandesa del renacimiento se tratara. Y sólo el color de los uniformes, sobre todo el rojo de las criadas y el verde azulado de las señoras rompen una monotonía totalmente buscada. Incluso éstos dos colores no son vivos sino también un poco apagados. El lenguaje audiovisual consigue causarnos mucha angustia gracias a, por ejemplo, los primerísimos planos sobre los protagonistas, que además de lograr expresividad, también nos da sensación de opresión y falta de libertad. Algo que también consigue el sonido ambiente de las walkies de los guardias, que siempre están presentes cuando Defred y su compañera pasean por la calle. La música ofrece un envoltorio de lujo a la serie, mezclando composiciones originales con temas de rock clásico haciendo referencia a la época de publicación de la novela.

La estética cumple una función esencial en The Handmaid's Tale

Como buena serie de mujeres que es, las actrices brillan con luz propia. Elizabeth Moss aguanta los primeros planos de la misma forma que su personaje aguanta las constantes vejaciones a las que está siendo sometida. Le da la réplica una espléndida Yvonne Strahovski, aunque no haya conseguido una nominación al Emmy que habría sido muy merecido. Tampoco la han conseguido Samira Wiley o Alexis Bledel, aunque consigan transmitir muchísimo en el poco que aparecen en pantalla. Sobre ellas en autoridad, la siempre creíble Ann Doud, que sí opta a estatuilla, borda otro papel de institutriz severa y violenta. Una decisión de casting muy acertada.

En definitiva, The Handmaid’s Tale tiene todo lo necesario para ser tratada como una gran serie. Podemos echarle en cara cierta parsimonia en la narración, o que esta primera temporada haya sido una mera introducción, pero cumple la función de presentación de personajes y de una sociedad compleja. Lo más importante es que sus creadores han conseguido despertar la sensibilidad del espectador, alcanzando niveles de crudeza muy alto que no nos sacan de la narración, e insisto, el trabajo de las actrices consiguen que acabemos los capítulos con un nudo en la garganta.

Si queréis ampliar la información o simplemente profundizar en The Handmaid’s Tale, os dejo a continuación un podcast en el que tengo el placer de colaborar, Idiócratas Aficcionados, espero que lo disfrutéis y disculpad el spam.

El cine y las series de televisión son mi pasión, aunque la Edad de Oro de la pequeña pantalla me tiene conquistado del todo. En Cultura Seriéfila analizo toda ficción que lo merezca con una dosis muy alta de opinión. También me podéis leer en tvspoileralert.com. Y no olvidéis seguirme en las redes sociales.

‘American Gods’, ¿qué me estás contando?

American Gods, de Starz (Amazon en España) está protagonizada por Ricky Wittle

American Gods es una las series que más ruido mediático está generando desde que se estrenó el día 1 de mayo en Amazon Prime Video en España (Starz en Estados Unidos). Incluso antes si contamos la cantidad de noticias que ha ido generando durante el último año. La novela de Neil Gaiman tiene una base sólida de fans pero el hecho de tener en sus filas a Bryan Fuller como showrunner llamó la atención del universo seriéfilo. Visualmente estamos absolutamente entregados, pero tras cinco episodios no sabemos de qué va más allá de la vaga frase “una guerra entre los dioses modernos y los antiguos”.

Shadow Moon (Ricky Wittle, The 100) está a punto de salir de la cárcel cuando recibe la noticia de la muerte de su esposa Laura (Emily Browning, Pompeya), lo que acelera su puesta en libertad. De vuelta a casa conoce a Mr. Wednesday (Ian McShane, Deadwood), que le propone trabajar para él aunque no especifica qué tendrá que hacer. Cuando llega a su pueblo, le cuentan que su mujer tenía una aventura con su mejor amigo, lo que genera sentimientos encontrados que le ayudan a decantarse por aceptar la oferta laboral. Tras el funeral, Shadow es raptado por unos seres sin cara que le dan una paliza de muerte, aunque consigue salvarse de milagro.

Este arco argumental es el único que queda del todo claro pero en medio tenemos presentación de personajes que no sabemos muy bien por qué están ahí, como Mad Sweeney (Pablo Schreiber, Orange Is The New Black), Media (Gillian Anderson, Expediente X), o Bilquis (Yetide Badaki, Masters of Sex), la mujer que… O algunas introducciones que presentan a dioses antiquísimos, ya sean vikingos o de la edad de piedra, que por ahora no tienen un encaje claro en la historia. No sabemos si aparecerán más adelante o si son una mera presentación de dioses.

Shadow Moon, Mad Sweeney y Mr. Wednesday en American Gods

Todas estas historias son comprensibles de forma independiente aunque se trate sólo de una o dos secuencias pero no sabemos aún cómo pueden encajar en la historia. Me parecen muy independientes del hilo principal, demasiado, lo cual no me parecería un problema si me interesaran tan sólo un poquito. Ninguna de esas tramas logre que conecte con American Gods, no llama mi atención, cuando es lo que pretenden, o lo que deberían pretender. Tan sólo Shadow y Wednesday me hace seguir enganchado a la serie. Es cierto, y lo comprendo, que podemos estar ante algo muy grande que acabe juntando el camino de todos a largo plazo en plan Juego de Tronos pero necesito algo más que una estética formidable.

Porque American Gods tiene una estética formidable, eso es innegable. Las luces de neón de los créditos son una pasada y parecen siempre presente en el resto de la serie. Es imposible no sentirse atraído por su fotografía y la forma de planificar de David Slade o la maestría de Vincenzo Natali, dos cómplices habituales de Fuller. Y ojo, que yo no soy muy fan del creador de Hannibal, pero la belleza que desprende puede ser suficiente para no abandonarla. Y no lo haré.

Como conclusión final, creo que Americans Gods es una experiencia a la que todo seriéfilo que se precie debe acercarse. El piloto, sobre todo, crea una sensación de estar viendo algo nuevo (como cuando vimos Matrix por primera vez), pero los personajes y tramas no terminan de desarrollarse, decreciendo el interés de cualquiera. Una serie más dinámica con ese nivel visual sería una auténtica locura. La primera temporada huele a (larga) introducción, así que esperamos que su espesor narrativo mejore en el futuro.

El cine y las series de televisión son mi pasión, aunque la Edad de Oro de la pequeña pantalla me tiene conquistado del todo. En Cultura Seriéfila analizo toda ficción que lo merezca con una dosis muy alta de opinión. También me podéis leer en tvspoileralert.com. Y no olvidéis seguirme en las redes sociales.

‘Las chicas del cable’: romance y feminismo en el debut español de Netflix

Blanca Suárez, Ana Fernández, Maggie Civantos, y Nadia de Santiago protagonizan Las Chicas del Cable, la primera serie española de Netflix

Un año y medio ha tardado Netflix en producir y estrenar su primera propuesta original hecha en España. Las chicas del cable, en colaboración con Bambú, sigue la línea de las últimas series de la productora, que han funcionado muy bien en la plataforma en todo el mundo. Un reparto con muchas caras conocidas, una fórmula de eficacia probada y la corrección de uno de los errores clásicos de la ficción española, la excesiva duración. ¿Veis como se puede? Ya he visto los primeros seis episodios y estas son mis primeras impresiones.

Las chicas del cable nos sitúa en la España de los años 20 del siglo XX, en pleno reinado de Alfonso XIII, cuando el teléfono empieza a despegar como medio de comunicación. El destino junta a cuatro mujeres con diferentes ambiciones pero con la meta común de ser independientes en una época en la que era algo casi imposible. Lidia (Blanca Suárez) se reencuentra con su novio de juventud, que ahora dirige la compañía, mientras intenta pagar una deuda. Ángeles (Maggie Civantos) lucha por liberarse de un marido adúltero y maltratador. Carlota (Ana Fernández) lucha por emanciparse de un padre autoritario y sueña con la liberación definitiva de la mujer. Y la inocente Marga (Nadia de Santiago), recién llegada desde su pueblo, tratará de hacerse hueco en una ciudad más adelantada que ella.

Romance y feminismo

Que nadie se engañe, estamos ante una serie de género eminentemente romántico. Y no pretende ser otra cosa. Su principal lastre es la eterna comparación con Velvet Gran Hotel, pero si hacemos tabula rasa eliminando los precedentes nos queda una muy buena serie “de amor”. Es decir, que puede funcionar muy bien a nivel mundial. Aunque está llena de tópicos del género (faltaría más, sin ellos no habría historia) como el triángulo amoroso, dos viejos amores que se reencuentran años después, falsas identidades o el pasado que siempre amenaza con salir a la luz, pero nunca lo hace, Las chicas del cable encuentra hueco para tratar otros temas muy interesantes e inherentes a la época que recrea.

Las chicas del cable, la nueva serie española de Netflix y Bambú

Recordemos que Velvet fue muy criticada por obviar el franquismo y centrarse en una alta sociedad ajena a cualquier falta de libertad. Las chicas del cable, por el contrario sí indaga en los problemas de su tiempo, sobre todo el feminismo, tema recurrente en las series actuales que siempre es bienvenido, dicho sea de paso. Las dificultades de la mujer de la época marcan la serie, no sólo a nivel romántico sino también social, familiar y laboral. Además del feminismo propiamente dicho, introduce superficialmente otro tema de moda, el de las escuchas telefónicas, esta vez para prevenir golpes de estado contra Alfonso XIII. Parece que es algo que se lleva haciendo toda la vida. Estos son a grandes rasgos los temas que trata la serie, aunque echamos en falta algo más de profundidad, escarbar un poco más en ellos, lo que enriquecería mucho la narración. Quizá más adelante.

Técnica y artística

No es ningún secreto que Bambú lleva años mejorando el nivel de producción de las series españolas, tanto a nivel artístico como técnico. Con el empujón de Netflix, Las chicas del cable luce aún mejor. La ambientación es muy buena, sobre todo los decorados interiores, aunque en ningún momento se elude rodar escenas exteriores, con un resultado más que aceptable. El equipo de producción ha hecho un buen trabajo investigando la época y eligiendo localizaciones. Con respecto a la parte técnica, me ha gustado la fotografía en términos generales pero me gustaría hacer hincapié en los fondos de colores de las escenas con poca luz, que hay muchas, dando un contraluz que aporta mucho a la narración. No es que me moleste que se use música actual en las series de época, hay suficientes ejemplos que demuestran que suele funcionar, pero me incomoda que dentro de la serie también suene porque se carga la ambientación y los personajes tienen que bailar a otro ritmo. Con el paso de los episodios nos vamos olvidando y, de hecho, empezamos a disfrutar de su cabecera y la canción de los créditos al final.

Las chicas del cable (Netflix) está protagonizada por Blanca Suárez, Ana Fernández, Maggie Civantos, Nadia de Santiago, Ana Polvorosa, Martiño Rivas y Yon Gonzalez.

A nivel artístico, Bambú y Netflix han hecho un buen casting, escogiendo actores muy conocidos en España, cualquiera podría decir que demasiado explotados, como Blanca Suárez, Yon González o Martiño Rivas, que han coincidido varias veces, o Maggie Civantos, protagonista de la gran Vis A Vis. Los combinan con actores y actrices jóvenes que serán estrellas televisivas de aquí a un tiempo como Nadia de Santiago, Ana Fernández, Borja Luna o Nico Romero. Por supuesto, no pueden faltar las viejas glorias como Concha Velasco, Tina Sainz, María Garralón, etc. El nivel interpretativo es bastante alto, así como la dirección de actores, salvo contadas excepciones. Como nota negativa tendríamos que destacar la voz en off de Blanca Suárez, creo que es demasiado descriptiva y entorpece a las imágenes, sobre todo en los inicios y finales de los episodios.

En líneas generales, creo que Las chicas del cable está por encima de la media de las series españolas, pero también de las de Netflix a nivel global. La plataforma sabía lo que quería tras el éxito de Velvet en Estados Unidos y ya lo tiene. Una serie romántica que tendrá buena acogida en todo el mundo aunque no profundice demasiado en otros temas que la harían ser mejor.

 

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‘Girlboss’, la historia detrás de Nasty Gal ha resultado ser graciosa

Girlboss, protagonizada por Britt Robertson como Sophia Amoruso. La nueva comedia de Netflix

Hoy se estrena la nueva comedia de Netflix, Girlboss, una adaptación libre del libro homónimo (pero con hashtag, #Girlboss) de Sophia Amoruso, fundadora de la marca de ropa Nasty Gal. Ya hemos podido ver los cuatro primeros episodios y, siendo honestos, si no hubiera visto el cuarto, esta sería una mala crítica. Tras verlo, creo que todavía hay esperanza para ella.

Girlboss nos sitúa en San Francisco en el año 2006, donde una joven y despreocupada Sophia (Britt Robertson) malvive de trabajo en trabajo buscando su verdadera vocación sin éxito. Su objetivo es encontrarla para no tener que volver a trabajar nunca más, como decía Steve Jobs. Tras hacerse con una ganga, decide venderla en una subasta de Ebay, donde consigue una gran suma de dinero. Sophia ha encontrado su vocación, ahora tendrá que hacerlo su modo de vida. La joven empresaria montó una gran marca tras haber empezado revendiendo ropa de segunda mano robada o encontrada en contenedores de basura. Nasty Gal llegó a facturar 100 millones de dólares y tenía 300 empleados. Una historia que bien merece ser contada. 

El libro de Sophia Amoruso llegó a las manos de Charlize Theron y ésta decidió convertirla en serie de televisión con la ayuda de Kay Cannon, que ya había trabajado en otras importantes comedias como 30 Rock, New Girl o la saga cinematográfica Dando la nota. Todas sus obras se caracterizan por tener personajes femeninos protagonistas y esa visión le venía muy bien a Girlboss, por lo que fue perfecta para liderar el proyecto. Tras unos cuantos portazos de las principales networks, que querían hacer algunos cambios incluso en el título, Netflix apostó finalmente por ella, ávidos de nuevos títulos para engrosar su catálogo. Theron, Cannon y la propia Amoruso acabaron al frente de la producción ejecutiva.

Gurlboss, con Britt Robertson y producida por Charlize Theron

Efectivamente, Girlboss es otra de esas historias que tanto el cine como la televisión americana nos ha contado en múltiples ocasiones. Por tanto, la serie de Netflix no nos va a aportar nada nuevo en cuanto a su temática. Una chica joven, excéntrica, despreocupada y casi delincuente habitual consigue dar el pelotazo en el país de las oportunidades, cumpliendo así su sueño americano. Sí es cierto que su narrativa es atractiva, no busca ser la clásica comedia de situación, sino que intenta ir un poco más allá (pero no mucho). Episodios contados en cuenta atrás, otros en flashbacks casi al completo y una recreación muy interesante del pasado reciente. Hay muchas series ambientadas en 2006 que parecen prácticamente la actualidad cambiando únicamente teléfonos móviles y ordenadores, sin embargo, con la excusa de la moda, Girlboss refleja a la perfección que ya han pasado más de diez años de aquello y que en los 2000 también se cometían algunos atentados a la hora de vestir.

El principal problema de la serie es su precisamente su personaje principal, Sophia, no por culpa de la actriz sino de las directrices que le habrán marcado los directores. Kay Cannon quería deformar aún más a la protagonista, hacerla más excéntrica de lo que ya era. En mi opinión, se han pasado de frenada. Britt Robertson está sobreactuada al menos en los tres primeros episodios, cuando más que excéntrica, estaba totalmente eufórica, fuera de control. Puede que la intención sea descolocar al espectador, y lo consiguen, pero a mí me sacaron de la narración a las primeras de cambio. Su hiperactividad te pone de los nervios hasta el cuarto episodio, cuando la historia se centra más en ver cómo trabaja Sophia que en describirla. Es ahí cuando el personaje se asienta y la comedia empieza a funcionar, teniendo detalles más que interesantes.

Girlboss sigue la línea de las últimas comedias de Netflix, que busca series para todos los gustos. Con esta, busca reforzar un segmento femenino por el que está haciendo mucho, con personajes fuertes, que realmente llevan el peso de la historia, lo cual sigue haciendo falta. No es que sea ninguna maravilla pero es entretenida y, puestos a ver series que aporten poco, prefiero quedarme con ella antes que con otras.

Girlboss se estrena hoy, viernes 21 de abril, en Netflix.

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‘Por Trece Razones’, acoso escolar en cintas de cassette

Por Trece Razones, la nueva serie de adolescentes de Netflix.

Hoy se estrena en Netflix Por Trece Razones, serie basada en la novela de Jay Asher, muy esperada por sus fans. Ya hemos visto los cuatro primeros episodios y podemos afirmar, sin duda, que estamos ante la nueva obsesión de los suscriptores de la plataforma. Antes de sumergirnos en ella, eso sí, debemos desprendernos de la idea de serie adolescente al uso, porque no lo es. Es una serie de adolescentes que puede ver todo tipo de público.

Por Trece Razones nos sitúa dos semanas después del suicidio de una chica llamada Hannah Baker, cuando un compañero de clase, Clay Jensen, recibe un paquete con unas cintas donde explica las razones que le han llevado a tomar la fatal decisión. En las grabaciones, señala a los compañeros y sus acciones que ella considera responsables, y a todo el que le llegan las cintas, lo es. Clay, walkman en mano, revisita todo el dolor de Hannah a lo largo de los trece episodios que componen la temporada. El juego narrativo que propone es muy interesante. Mientras Clay escucha las grabaciones, es Hannah la que va narrando y viviendo toda la historia a modo de flashback, y sus transiciones con el presente son meritorias.

Junto a ellos, el espectador se embarca en un viaje muy necesario de hacer. Por Trece Razones trata una gran cantidad de temas interesantes y da la sensación de que llega en el momento adecuado, aunque igual siempre es el momento adecuado. El acoso escolar es el primer gran tema que se nos viene a la cabeza cuando leemos la sinopsis. Efectivamente, el acoso va a ser el eje sobre el que gire toda la narración. Las razones que va dando Hannah coinciden con el inicio de algún tipo de bullying, aunque ningún hecho sea tan grave como para suicidarse, son granos de arena que se van acumulando. Y en una persona más sensible puede llegar a pesar como una losa hasta que la salida más fácil es la propia muerte. Por lo que he visto, Hannah no parece encajar en un perfil de víctima, al menos desde mi punto de vista. Que no se ofenda nadie, pero todos hemos vividos situaciones similares en el instituto.

Por Trece Razones, la nueva serie de Netflix

Otro de los grandes temas de la serie es el acoso sexual, muy de moda en Estados Unidos principalmente, por la proliferación de las denuncias por violación en los campus universitarios. También por la concienciación feminista que poco a poco se va haciendo más relevante. Presentar las consecuencias, leves en apariencia, de que le agarren el culo a Hannah, puede derivar en algo más grave y envía un mensaje claro a los jóvenes en una secuencia genial. El efecto mariposa es un concepto recurrente en Por Trece Razones, hemos visto el aleteo de la mariposa y las consecuencias del huracán, pero nos queda por saber lo más interesante: cómo llegamos al huracán.

Para ello nos falta una tercera pata importatísima para entender el acoso escolar en la actualidad, las redes sociales. Por experiencia propia, veo que los adolescentes utilizan mal las redes sociales, lo hacen sin código ético y sin filtros. Publicación de fotos, difusión de rumores y humillación 2.0 es la clave de la alarma social que el bullying está generando hoy en día. La serie lo refleja muy bien, cómo ese aleteo de la mariposa se va convirtiendo en un huracán que arrasa con todo. En los primeros episodios, Hannah se enfrentará a las redes sociales en más de una ocasión.

Hannah Baker (Katherine Langford) es la protagonista de Por Trece Razones, la nueva serie de Netflix

Por Trece Razones engancha desde el principio porque hay cabos sueltos, se va generando un misterio bien llevado por los guionistas que no nos puede despegar de nuestra pantalla. Clay, que va oyendo las cintas a su ritmo, se va dando cuenta de que sus compañeros saben más de lo que él cree. Ellos, además, ven las cosas de forma diferente a la joven y van sembrando la duda sobre lo que aparece en las grabaciones. Y después está la figura de su amigo Tony, el personaje más enigmático de todos, que parece un cómplice de Hannah y actúa como protector de la persona que tiene los cassettes.

Como siempre, creo que Netflix alarga demasiado los episodios de sus series y ese estiramiento juega un poco en su contra, pero no se nota tanto como en otros de sus productos, como Bloodline, por ejemplo. En líneas generales, la factura técnica es muy efectiva, componiendo imágenes con valor estético, acompañadas de una banda sonora con protagonismo de The CurePor Trece Razones lo tiene todo a favor para ser el próximo gran tema del que se hable en los próximos días, la serie que tendréis que ver para no quedaros atrás hasta que llegue la siguiente. Y esta vez con motivo, porque estamos ante una serie necesaria y, si además es adictiva, pues mejor.

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‘Iron Fist’, aprobado raspado para lo nuevo de Marvel y Netflix

La cuarta serie de Marvel y Netflix es Iron Fist

Hoy llega a nuestras casas la primera temporada de Iron Fist, la cuarta colaboración de Marvel y Netflix. Después de ver los primeros seis episodios tengo sentimientos encontrados. Por un lado me parece un producto decente, entretenido, y por otro me parece que tiene muchos fallos y se queda corta en sus pretensiones. Todo esto teniendo en cuenta que no soy nada fan ni de Marvel, ni de los superhéroes en general. Vamos a verlo en profundidad.

Iron Fist nos cuenta la historia de Danny Rand, el hijo de un multimillonario al que se daba por muerto desde hacía quince años, cuando su avión se estrelló en el Himalaya. Desde entonces ha vivido con unos monjes que le han enseñado kung-fu. A su regreso a Nueva York intenta recuperar su nombre y su legado, aunque su verdadera motivación es acabar con el ente maligno llamado La Mano.

Los seis primeros episodios tienen dos partes bien diferenciadas: la primera dedicada a recuperar el imperio que le pertenece, y la segunda el inicio de su lucha contra La Mano. El primer problema que identificamos es que nuestro protagonista no parece tener un objetivo marcado desde el principio. Cuesta saber hacia dónde va a girar el guión y ante qué tipo de serie estamos. Durante los tres primeros episodios hay muy poca acción y la trama se sustenta en su lucha con la familia Meachum porque le reconozcan como Danny Rand. En los tres siguientes, el protagonista intenta averiguar su destino, ya vemos más escenas de acción, algunas de ellas muy interesantes, y poco más.

Danny Rand (Finn Jones), Ward y Joy Meachum (Tom Pelphrey y Jessica Stroup)

No tengo ningún problema con esa primera parte, sabemos que las series de Marvel-Netflix comienzan a construir sus historias lentamente y sus primeras temporadas son prácticamente un planteamiento. Es cierto que Danny es demasiado inocente, las tramas empresariales son demasiado básicas y los ejecutivos no tienen la “maldad” que estamos acostumbrados a ver últimamente. Estos episodios se resuelven muy rápido y de forma poco trabajada. Los personajes, aunque están bien definidos, no consiguen que nos identifiquemos con sus motivaciones. A partir del cuarto empezamos a intuir que Iron Fist es una serie de Marvel, cuando ya tenemos identificado a un enemigo aunque no esté personificado. A medida que Danny empieza a pelear notamos las reminiscencia del buen cine de artes marciales, el kung-fu es un arte muy bello. A partir de aquí los episodios están mejor estructurados y los finales tienen buenos cliffhangers que consiguen su propósito.

Todo ello sin muchos alardes, no olvidemos que estamos ante una serie de Marvel. En mi opinión, la productora/editora de cómics, por el público al que se dirige, se queda corta en su profundidad en los personajes, en la violencia de las escenas de acción y acaba siendo demasiado naif, más si cabe en una época en la que los productos cada vez son más atrevidos. Iron Fist es una ficción creada para los fans y un público juvenil, y como tal creo que funciona bien. No busquemos donde no hay que buscar.

Iron Fist, Marvel y Netflix. Todo héroe necesita ayuda. Rosario Dawson (Claire Temple) y Colleen Wing (Jessica Henwick)

Como veis, en ningún momento he comparado Iron Fist con sus predecesoras. Primero porque cada serie merece ser tratada con independencia, es decir, yo no la juzgo como parte de un grupo de series sino como una ficción independiente. Y segundo porque pierde en todas las comparaciones, sólo estando cerca de Luke Cage. Y lo es por un motivo ajeno a cualquier argumento válido para cualquier marveliano, y es que Daredevil Jessica Jones me parecen mucho más arriesgadas en su temática y adultas en la ejecución de su historia. Yo defiendo Iron Fist porque a pesar de sus fallos, que tiene un buen puñado, me ha resultado entretenida, que es lo mejor que se puede decir de una serie de sus características. Porque no pretende más.

 

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‘Santa Clarita Diet’, la comedia fallida de Netflix

La última serie de Netflix, Santa Clarita Diet, nos ha decepcionado mucho.

Hace justo una semana llegaba a Netflix su última serie, Santa Clarita Diet, una comedia con actores reconocibles y una premisa tan loca como interesante a priori. Como era de esperar, las expectativas superaron con creces a la realidad, pero no esperábamos que fuera tan grave como para darnos vergüenza ajena. No voy a perder demasiado tiempo con esta crítica, pero voy a tratar que sea constructiva y esté bien argumentada.

Sheila (Drew Barrymore) y Joel (Timothy Olyphant) son una pareja de agentes inmobiliarios que vive en un pequeño pueblo de Los Angeles llamado Santa Clarita. Un día, ella se convierte en una especie de zombie, aunque sin estar muerta del todo aparentemente. Sus dos características principales son que necesita saciar su hambre con carne humana y un incontrolable apetito sexual. Su marido y su hija se convierten en sus cómplices buscando malas personas a las que asesinar y almacenar en su congelador.

No entiendo Santa Clarita Diet. Hay muchas cosas que no entiendo y soy consciente de que es culpa mía. Pero en el caso de esta serie creo que no está bien definido qué quiere ser. Pretende ser una comedia familiar con grandes dosis de humor negro y una pizca de gore. Según lo que he visto, el exceso de vísceras es un punto que juega en su contra porque no aportan ninguna novedad, no hay tanta creatividad en el guión como suele haber en las películas del género o, por citar algo de televisión, la ingeniosa Ash vs. Evil Dead. Es verdad que no es fácil mezclar dos géneros tan opuestos, quizás por eso no deberían haberlo hecho. Sobre todo porque los chistes impostados, las interpretaciones forzadas son propias de comedias blancas para toda la familia. Dicho esto, si en Modern Family hubieran hecho algo parecido en un episodio le habría salido mucho mejor. principalmente porque los actores funcionan.

La pareja protagonista no da la talla en Santa Clarita Diet

Lo siento mucho por Olyphant, un actor que siempre me ha gustado, pero no vale para este tipo de comedias. Y a la buena de Drew Barrymore no le vamos a descubrir las carencias ahora. En este caso, ambos van cada uno por su lado y están tan forzados que a veces parece que necesitan ayuda de un apuntador. Pero no vamos a culpar a ellos de todo lo malo que hay en Santa Clarita Diet, si los guiones no dan la talla, si las situaciones son previsibles y los intérpretes no están bien dirigidos.

Los problemas con esta serie empiezan desde el momento en el que se da luz verde al proyecto. Netflix debe recibir miles de guiones que aspiran a convertirse en series, pero su volumen de producción es demasiado alto, por lo que creo que es normal que muchas veces se cuelen ficciones fallidas. Para mí, Santa Clarita Diet, lo es; para Netflix seguro que no. Necesita mucho contenido propio y parece tener un grupo de seguidores que le ríe las gracias con cualquier cosa que hagan, como es el caso. Me gustaría recomendar este artículo que enlazo, en el que se entiende muy bien cuáles son las motivaciones de la plataforma.

El cine y las series de televisión son mi pasión, aunque la Edad de Oro de la pequeña pantalla me tiene conquistado del todo. En Cultura Seriéfila analizo toda ficción que lo merezca con una dosis muy alta de opinión. También me podéis leer en tvspoileralert.com. Y no olvidéis seguirme en las redes sociales.

‘The Crown’, el biopic de manual de Netflix sobre la reina de Inglaterra

The Crown, biopic monárquico de Netflix

Antes de empezar el artículo me gustaría disculparme ante todos los lectores de este blog por el estado de semi abandono en el que se encuentra desde hace unos meses. Pero algo tan maravilloso como la paternidad resta tiempo para todo lo demás, como no podía ser de otra forma. Por tanto, si ver series se está convirtiendo en una labor difícil, imaginad lo que me supone pensar sobre ellas para poder escribir artículos de calidad. Aún así, esperamos recuperar en breve un ritmo de post por semana, al menos de momento. Mil disculpas y gracias por seguir ahí.

Hecho este inciso que consideraba necesario, entramos en materia de nuevo con la última serie de la que todo el mundo ha hablado desde que se estrenara hace unas semanas. The Crown se ha convertido en la nueva serie de moda y merece todos los elogios que está recibiendo. Bonita, preciosa, artística y cara son algunos de los adjetivos que mejor definen al biopic de la Reina Isabel II, casi nada.

Biopic en televisión

The Crown arranca en 1947, con la boda de Isabel con Felipe, el inicio del segundo mandato de Winston Churchill y la decadencia de su padre, que empieza a manifestar síntomas de la enfermedad que le matará cinco años después. En total, se han planificado seis temporadas que narrarán cada una diez de los más de sesenta años de reinado de la reina más famosa del mundo. En estos primeros episodios Isabel tendrá que lidiar con unas responsabilidades para las que no está preparada. Su relación con Churchill y con su marido, que asumirá el papel secundario que le ha tocado desempeñar para el resto de su vida.

Reparto de The Crown

La televisión no ha sabido explotar el biopic como debería. Teóricamente, es el medio ideal para hacerlo porque es posible estirar la historia durante muchas horas contando así más detalles del personaje en cuestión. Sin embargo, las familias reales son las que han protagonizado más series de este género. Isabel en España o Victoria en el Reino Unido, país que acumula un buen puñado de ejemplos más. Siempre buscando un tipo de público de edad avanzada y más conservador. Por eso resulta especialmente llamativo que Netflix haya conseguido crear un producto muy tradicional que, además de atraer nuevos nichos de mercado, ha gustado a su público más fiel, de un segmento de edad sensiblemente inferior.

Cueste lo que cueste

Netflix ha apostado una fortuna por esta serie, ni más ni menos que 100 millones de libras, en un producto fabricado por dos expertos en la materia: Peter Morgan, guionista de la película The Queen y voz autorizada para hablar sobre la monarquía más famosa del mundo. También cuenta con Stephen Daldry entre sus productores ejecutivos, un sobrio cineasta que también tiene experiencia con las biografías. Ya vemos que son nombres de primera fila para crear una serie estéticamente preciosa y escrita con rigor británico.

Claire Foy y Jared Harris encabezan el biopic de Neflix sobre la Reina Isabel II

Cuando hay mucho dinero en juego el resultado final ha de notarse sí o sí. Bien en el elenco de actores, aunque en este caso no hay una gran estrella de cine que se lleve la mayor parte del presupuesto. O bien a nivel técnico, donde The Crown se luce. Durante los primeros diez episodios asistimos a un esfuerzo titánico por mimetizar los escenarios reales. En el piloto encontramos uno de los ejemplos más ambiciosos en la reconstrucción de la boda de Isabel o las secuencias en Downing Street o el Palacio de Buckingham. El resultado es impresionante por su sobriedad y su fidelidad con respecto a las imágenes de archivo.

Con The Crown, Netflix incorpora otro subgénero más a su cada vez más amplio catálogo de series originales. La plataforma parece empeñada en seguir ampliando su público objetivo. Si con Stranger Things intentó atraer a los nostálgicos, con Easy a los amantes del cine independiente, la reina de Inglaterra y las monarquías en general puede servir para atraer a un tipo de público que hasta ahora no se suscribía. Después están los fanáticos de Netflix, que son capaces de poner de moda cualquier serie a pesar de que su único nexo de unión sea el canal por el que se emite. En muchos casos, tanto ruido me ha acabado por defraudar, pero The Crown sí merece realmente la pena. Es la nueva serie que hay que ver, hasta que llegue la próxima.

El cine y las series de televisión son mi pasión, aunque la Edad de Oro de la pequeña pantalla me tiene conquistado del todo. En Cultura Seriéfila analizo toda ficción que lo merezca con una dosis muy alta de opinión. También me podéis leer en tvspoileralert.com. Y no olvidéis seguirme en las redes sociales.

Robert Kirkman nos quiere acojonar con Outcast

La nueva serie de FOX España se llama Outcast

Las noches veraniegas de 2016 dan la bienvenida a Outcast, la nueva serie del creador de The Walking Dead, Robert Kirkman, que abandona los zombies momentáneamente para centrarse en las posesiones demoníacas pero sin perder sus señas de identidad. En Estados Unidos se estrena hoy en Cinemax, una cadena de cable que no hace ascos a la violencia explícita y escatólogica. En el piloto, la primera se pasa por el arco del triunfo la ley del menor, y la segunda nos hará volver la cara en más de una ocasión. En España, FOX será la encargada de emitirla a partir del próximo lunes 6 de junio.

Kyle Barnes (Patrick Fugit, Casi Famosos) es un hombre destrozado por un hecho traumático que le costó el matrimonio. Ahora vive confinado en su casa sin contacto con el exterior hasta que su hermana Megan (Wrenn Schmidt, The Americans) consigue sacarle de casa y se empieza a interesar por un chico que muestra claros síntomas de estar poseído por una fuerza oscura. Con la ayuda del reverendo Anderson (Philip Glenister, Life On Mars), intentará salvarlo y buscar respuestas.

Si hay una referencia clara en materia de posesiones está claro que es El Exorcista y, por tanto, Outcast está claramente influenciada por la película de William Friedkin pero, aunque se pudiera esperar una vuelta de tuerca viniendo de un escritor de cómics para adultos, me ha sorprendido que la respete tanto, casi la reverencia. Y puede ser porque Kirkman cree realmente que el diablo y las posesiones existen, por lo que su aproximación al tema no contiene nada de humor, aunque algunos puedan interpretar que haya cierta ironía en el relato.

Outcast está creada por Robert Kirkman y su universo se ve reflejado claramente en el episodio piloto

Viniendo del creador de The Walking Dead esperaba algo menos serio, con más acción y más comercial aunque esté programada en una cadena tan minoritaria como Cinemax. Por poner un ejemplo, esperaba que fuera la sucesora de Banshee, pero en Outcast la violencia no es gratuita y la trama se cuece más a fuego lento, no es tan literal, no lo cuenta todo, por lo que hay que estar muy atento a los detalles. Por otro lado, la serie consigue hacernos sentir terror del bueno, algo que no esperaba, y aunque vaya cumpliendo tópico tras tópico consigue sorprendernos gracias a la inagotable imaginación de Kirkman.

A nivel estético, el piloto de Outcast está muy bien dirigido por un experto en el cine de terror como es Adam Wingard. La iluminación en las escenas claves es extraordinaria, como en las que el niño está encerrado en su habitación a oscuras y los haces de luz entran entre las cortinas. La planificación en el terror suele dar un paso adelante, así como el montaje, pero además se puede observar cómo ciertos planos recuerdan a las viñetas de un cómic. Por último, como para crear ambiente todos los elementos son pocos, la música que funciona perfectamente con esos pequeños punteos pero también con los silencios ha sido obra de Atticus Ross.

Outcast tiene niños poseídos, sí.

El piloto presenta a los personajes de forma efectiva y sin contarnos demasiado sobre ninguno de ellos, sólo dejándonos ciertos detalles que van completando la historia de cada uno. En mi opinión, todo un acierto pues mantiene al espectador en constante incertidumbre y logra una mayor conexión, sobre todo con un protagonista al que no entendemos en la primera secuencia y, sin embargo, en la última ya nos tiene ganados a todos. La elección de Patrick Fugit me parece muy acertada, cumple en el primer episodio y el resto del reparto, aunque no tan conocido para el gran público, tienen mucho recorrido por delante sobre todo cuando empecemos a saber más de sus vidas.

En definitiva, Outcast ha empezado con muy buen pie y todo hace indicar que mejorará con su desarrollo. Por ahora, junto con Preacher puede ser lo más atractivo que se ha estrenado de cara a este verano, por ser series diferentes cuando las demás empiezan a repetirse demasiado. Al final va a ser más productivo inspirarse en el mundo del cómic que en el cine.

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Preacher, primer vistazo a la nueva serie de AMC

La nueva serie de AMC está basada en otro cómic: Preacher

La adaptación televisiva o cinematográfica de Preacher empezaba a sonar a maldita. Desde hace dieciocho años se ha intentado crear la versión audiovisual de los cómics de Garth Ennis y Steve Dillon sin éxito debido a su extremo lenguaje, su extrema violencia y su extrema blasfemia constante. Ni siquiera HBO se atrevió hace diez años a pesar de ser una de las cadenas más libres en cuanto a mostrar violencia y sexo se refiere, pero en un país como Estados Unidos, la religión es un terreno vedado donde se puede perder más de lo que se puede ganar. Gracias a la evolución televisiva de los últimos años y del empeño de Seth Rogen, AMC ha creído conveniente dar luz verde a esta versión que pasamos a desgranar.

Jessie Custer (Dominic Cooper) es el predicador del pueblo tejano de Annville, donde llegó por una promesa hecha a su padre después de haber llevado una vida deshonrosa. Cuando está a punto de tirar la toalla por una crisis de fe, una extraña criatura fruto de la relación entre un demonio y un ángel le posee convirtiéndole en un ser tan poderoso que decide ir en busca de Dios para ajustar cuentas con él. Para tal empresa tendrá la ayuda de su ex, Tulip (Ruth Negga) y el vampiro Cassidy (Joseph Gilgun). Preacher no dejará sin tocar prácticamente ningún tema, ya sea divino o humano, con un gamberrismo extremo y sin ningún tipo de autocensura.

No voy a hacer una comparación entre serie y cómic, primero porque la serie no tiene el suficiente recorrido y segundo, y más importante, porque no he leído los cómics, que son muy explícitos en lenguaje, violencia y sexo; además de una temática demasiado controvertida, no sólo para el excesivo puritanismo religioso de Estados Unidos, sino para cualquier cristiano practicante. Mis primeras impresiones no van por ahí, al menos por el momento, porque el piloto no se ha mostrado demasiado irreverente, sólo lo justo. Sí hay violencia, sí hay tacos, pero no hay ni sexo ni demasiada controversia, pero no más de lo que vemos cualquier semana normal en cualquier cadena de cable. Pero ojo, que mis palabras no transmitan decepción porque Preacher tiene mucho potencial para darnos mucho entretenimiento puro, y estéticamente no está nada mal. Lo demás, vendrá después.

Dominic Cooper, Ruth Negga y Joseph Gilgun protagonizan Preacher

Lógicamente, la religión será el tema central de la trama tanto a nivel físico como metafísico. Después de la posesión de Jessie Custer se da por asumido que Dios existe (y todas las criaturas que conlleva), pero también incorpora otro tipo de personajes pertenecientes a otros universos, como los vampiros, por lo que no descartemos que más adelante veamos a otro tipo de criaturas. Para acabar con el pastiche, incorporamos los ingredientes habituales del noir, con toques de Tarantino, más sucio, parecido a Hap and Leonard, y unas peleas con coreografías similares a las de Banshee. Todo va a ser posible en Preacher.

Por tanto, los personajes también son de lo más variopintos, desde los terrenales a los sobrenaturales, los primeros explotando la idiosincrasia tejana y los segundos haciendo gala de los clásicos estereotipos de su especie. Los presentados por ahora son muy interesantes, sobre todo el vampiro Cassidy y Arseface (Caraculo), que tienen mucho potencial. Todos ellos, y son muchos, tienen particularidades que los hacen especiales y aportan cosas a la historia que hacen de Preacher algo relativamente nuevo, algo que consigue diferenciarla de los cientos de ficciones que podemos ver en televisión.

Uno de los originales e hilarantes personajes de Preacher

Desde el punto de vista estético, Preacher me ha parecido más atractiva de lo que pensaba en un primer momento. El inicio con la caída del meteorito, la presentación de los personajes, las transiciones de escenas tan abruptas y los rótulos gigantes son muy comiqueros, por lo que la base de fans de las historietas lo van a agradecer. La narración tiene un ritmo bastante alto y se agradece que las escenas de acción no ocupen gran parte del episodio, sino que se centre en dar protagonismo a los personajes.

En líneas generales, el piloto de Preacher, sin llegar a ser espectacular, cumple su función de forma notable, presentando a los personajes de forma atractiva y eficaz, estableciendo lo que va a ser la historia de forma clara y, sobre todo, enganchando desde el principio. La nueva serie de AMC no escandaliza como se esperaba pero, en cambio, muestra mucho potencial.

Preacher aún no tiene fecha de estreno en España. Os dejamos con el tráiler:

El cine y las series de televisión son mi pasión, aunque la Edad de Oro de la pequeña pantalla me tiene conquistado del todo. En Cultura Seriéfila analizo toda ficción que lo merezca con una dosis muy alta de opinión. También me podéis leer en tvspoileralert.com. Y no olvidéis seguirme en las redes sociales.