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‘Las chicas del cable’: romance y feminismo en el debut español de Netflix

Blanca Suárez, Ana Fernández, Maggie Civantos, y Nadia de Santiago protagonizan Las Chicas del Cable, la primera serie española de Netflix

Un año y medio ha tardado Netflix en producir y estrenar su primera propuesta original hecha en España. Las chicas del cable, en colaboración con Bambú, sigue la línea de las últimas series de la productora, que han funcionado muy bien en la plataforma en todo el mundo. Un reparto con muchas caras conocidas, una fórmula de eficacia probada y la corrección de uno de los errores clásicos de la ficción española, la excesiva duración. ¿Veis como se puede? Ya he visto los primeros seis episodios y estas son mis primeras impresiones.

Las chicas del cable nos sitúa en la España de los años 20 del siglo XX, en pleno reinado de Alfonso XIII, cuando el teléfono empieza a despegar como medio de comunicación. El destino junta a cuatro mujeres con diferentes ambiciones pero con la meta común de ser independientes en una época en la que era algo casi imposible. Lidia (Blanca Suárez) se reencuentra con su novio de juventud, que ahora dirige la compañía, mientras intenta pagar una deuda. Ángeles (Maggie Civantos) lucha por liberarse de un marido adúltero y maltratador. Carlota (Ana Fernández) lucha por emanciparse de un padre autoritario y sueña con la liberación definitiva de la mujer. Y la inocente Marga (Nadia de Santiago), recién llegada desde su pueblo, tratará de hacerse hueco en una ciudad más adelantada que ella.

Romance y feminismo

Que nadie se engañe, estamos ante una serie de género eminentemente romántico. Y no pretende ser otra cosa. Su principal lastre es la eterna comparación con Velvet Gran Hotel, pero si hacemos tabula rasa eliminando los precedentes nos queda una muy buena serie “de amor”. Es decir, que puede funcionar muy bien a nivel mundial. Aunque está llena de tópicos del género (faltaría más, sin ellos no habría historia) como el triángulo amoroso, dos viejos amores que se reencuentran años después, falsas identidades o el pasado que siempre amenaza con salir a la luz, pero nunca lo hace, Las chicas del cable encuentra hueco para tratar otros temas muy interesantes e inherentes a la época que recrea.

Las chicas del cable, la nueva serie española de Netflix y Bambú

Recordemos que Velvet fue muy criticada por obviar el franquismo y centrarse en una alta sociedad ajena a cualquier falta de libertad. Las chicas del cable, por el contrario sí indaga en los problemas de su tiempo, sobre todo el feminismo, tema recurrente en las series actuales que siempre es bienvenido, dicho sea de paso. Las dificultades de la mujer de la época marcan la serie, no sólo a nivel romántico sino también social, familiar y laboral. Además del feminismo propiamente dicho, introduce superficialmente otro tema de moda, el de las escuchas telefónicas, esta vez para prevenir golpes de estado contra Alfonso XIII. Parece que es algo que se lleva haciendo toda la vida. Estos son a grandes rasgos los temas que trata la serie, aunque echamos en falta algo más de profundidad, escarbar un poco más en ellos, lo que enriquecería mucho la narración. Quizá más adelante.

Técnica y artística

No es ningún secreto que Bambú lleva años mejorando el nivel de producción de las series españolas, tanto a nivel artístico como técnico. Con el empujón de Netflix, Las chicas del cable luce aún mejor. La ambientación es muy buena, sobre todo los decorados interiores, aunque en ningún momento se elude rodar escenas exteriores, con un resultado más que aceptable. El equipo de producción ha hecho un buen trabajo investigando la época y eligiendo localizaciones. Con respecto a la parte técnica, me ha gustado la fotografía en términos generales pero me gustaría hacer hincapié en los fondos de colores de las escenas con poca luz, que hay muchas, dando un contraluz que aporta mucho a la narración. No es que me moleste que se use música actual en las series de época, hay suficientes ejemplos que demuestran que suele funcionar, pero me incomoda que dentro de la serie también suene porque se carga la ambientación y los personajes tienen que bailar a otro ritmo. Con el paso de los episodios nos vamos olvidando y, de hecho, empezamos a disfrutar de su cabecera y la canción de los créditos al final.

Las chicas del cable (Netflix) está protagonizada por Blanca Suárez, Ana Fernández, Maggie Civantos, Nadia de Santiago, Ana Polvorosa, Martiño Rivas y Yon Gonzalez.

A nivel artístico, Bambú y Netflix han hecho un buen casting, escogiendo actores muy conocidos en España, cualquiera podría decir que demasiado explotados, como Blanca Suárez, Yon González o Martiño Rivas, que han coincidido varias veces, o Maggie Civantos, protagonista de la gran Vis A Vis. Los combinan con actores y actrices jóvenes que serán estrellas televisivas de aquí a un tiempo como Nadia de Santiago, Ana Fernández, Borja Luna o Nico Romero. Por supuesto, no pueden faltar las viejas glorias como Concha Velasco, Tina Sainz, María Garralón, etc. El nivel interpretativo es bastante alto, así como la dirección de actores, salvo contadas excepciones. Como nota negativa tendríamos que destacar la voz en off de Blanca Suárez, creo que es demasiado descriptiva y entorpece a las imágenes, sobre todo en los inicios y finales de los episodios.

En líneas generales, creo que Las chicas del cable está por encima de la media de las series españolas, pero también de las de Netflix a nivel global. La plataforma sabía lo que quería tras el éxito de Velvet en Estados Unidos y ya lo tiene. Una serie romántica que tendrá buena acogida en todo el mundo aunque no profundice demasiado en otros temas que la harían ser mejor.

 

El cine y las series de televisión son mi pasión, aunque la Edad de Oro de la pequeña pantalla me tiene conquistado del todo. En Cultura Seriéfila analizo toda ficción que lo merezca con una dosis muy alta de opinión. También me podéis leer en tvspoileralert.com. Y no olvidéis seguirme en las redes sociales.

‘Girlboss’, la historia detrás de Nasty Gal ha resultado ser graciosa

Girlboss, protagonizada por Britt Robertson como Sophia Amoruso. La nueva comedia de Netflix

Hoy se estrena la nueva comedia de Netflix, Girlboss, una adaptación libre del libro homónimo (pero con hashtag, #Girlboss) de Sophia Amoruso, fundadora de la marca de ropa Nasty Gal. Ya hemos podido ver los cuatro primeros episodios y, siendo honestos, si no hubiera visto el cuarto, esta sería una mala crítica. Tras verlo, creo que todavía hay esperanza para ella.

Girlboss nos sitúa en San Francisco en el año 2006, donde una joven y despreocupada Sophia (Britt Robertson) malvive de trabajo en trabajo buscando su verdadera vocación sin éxito. Su objetivo es encontrarla para no tener que volver a trabajar nunca más, como decía Steve Jobs. Tras hacerse con una ganga, decide venderla en una subasta de Ebay, donde consigue una gran suma de dinero. Sophia ha encontrado su vocación, ahora tendrá que hacerlo su modo de vida. La joven empresaria montó una gran marca tras haber empezado revendiendo ropa de segunda mano robada o encontrada en contenedores de basura. Nasty Gal llegó a facturar 100 millones de dólares y tenía 300 empleados. Una historia que bien merece ser contada. 

El libro de Sophia Amoruso llegó a las manos de Charlize Theron y ésta decidió convertirla en serie de televisión con la ayuda de Kay Cannon, que ya había trabajado en otras importantes comedias como 30 Rock, New Girl o la saga cinematográfica Dando la nota. Todas sus obras se caracterizan por tener personajes femeninos protagonistas y esa visión le venía muy bien a Girlboss, por lo que fue perfecta para liderar el proyecto. Tras unos cuantos portazos de las principales networks, que querían hacer algunos cambios incluso en el título, Netflix apostó finalmente por ella, ávidos de nuevos títulos para engrosar su catálogo. Theron, Cannon y la propia Amoruso acabaron al frente de la producción ejecutiva.

Gurlboss, con Britt Robertson y producida por Charlize Theron

Efectivamente, Girlboss es otra de esas historias que tanto el cine como la televisión americana nos ha contado en múltiples ocasiones. Por tanto, la serie de Netflix no nos va a aportar nada nuevo en cuanto a su temática. Una chica joven, excéntrica, despreocupada y casi delincuente habitual consigue dar el pelotazo en el país de las oportunidades, cumpliendo así su sueño americano. Sí es cierto que su narrativa es atractiva, no busca ser la clásica comedia de situación, sino que intenta ir un poco más allá (pero no mucho). Episodios contados en cuenta atrás, otros en flashbacks casi al completo y una recreación muy interesante del pasado reciente. Hay muchas series ambientadas en 2006 que parecen prácticamente la actualidad cambiando únicamente teléfonos móviles y ordenadores, sin embargo, con la excusa de la moda, Girlboss refleja a la perfección que ya han pasado más de diez años de aquello y que en los 2000 también se cometían algunos atentados a la hora de vestir.

El principal problema de la serie es su precisamente su personaje principal, Sophia, no por culpa de la actriz sino de las directrices que le habrán marcado los directores. Kay Cannon quería deformar aún más a la protagonista, hacerla más excéntrica de lo que ya era. En mi opinión, se han pasado de frenada. Britt Robertson está sobreactuada al menos en los tres primeros episodios, cuando más que excéntrica, estaba totalmente eufórica, fuera de control. Puede que la intención sea descolocar al espectador, y lo consiguen, pero a mí me sacaron de la narración a las primeras de cambio. Su hiperactividad te pone de los nervios hasta el cuarto episodio, cuando la historia se centra más en ver cómo trabaja Sophia que en describirla. Es ahí cuando el personaje se asienta y la comedia empieza a funcionar, teniendo detalles más que interesantes.

Girlboss sigue la línea de las últimas comedias de Netflix, que busca series para todos los gustos. Con esta, busca reforzar un segmento femenino por el que está haciendo mucho, con personajes fuertes, que realmente llevan el peso de la historia, lo cual sigue haciendo falta. No es que sea ninguna maravilla pero es entretenida y, puestos a ver series que aporten poco, prefiero quedarme con ella antes que con otras.

Girlboss se estrena hoy, viernes 21 de abril, en Netflix.

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‘Por Trece Razones’, acoso escolar en cintas de cassette

Por Trece Razones, la nueva serie de adolescentes de Netflix.

Hoy se estrena en Netflix Por Trece Razones, serie basada en la novela de Jay Asher, muy esperada por sus fans. Ya hemos visto los cuatro primeros episodios y podemos afirmar, sin duda, que estamos ante la nueva obsesión de los suscriptores de la plataforma. Antes de sumergirnos en ella, eso sí, debemos desprendernos de la idea de serie adolescente al uso, porque no lo es. Es una serie de adolescentes que puede ver todo tipo de público.

Por Trece Razones nos sitúa dos semanas después del suicidio de una chica llamada Hannah Baker, cuando un compañero de clase, Clay Jensen, recibe un paquete con unas cintas donde explica las razones que le han llevado a tomar la fatal decisión. En las grabaciones, señala a los compañeros y sus acciones que ella considera responsables, y a todo el que le llegan las cintas, lo es. Clay, walkman en mano, revisita todo el dolor de Hannah a lo largo de los trece episodios que componen la temporada. El juego narrativo que propone es muy interesante. Mientras Clay escucha las grabaciones, es Hannah la que va narrando y viviendo toda la historia a modo de flashback, y sus transiciones con el presente son meritorias.

Junto a ellos, el espectador se embarca en un viaje muy necesario de hacer. Por Trece Razones trata una gran cantidad de temas interesantes y da la sensación de que llega en el momento adecuado, aunque igual siempre es el momento adecuado. El acoso escolar es el primer gran tema que se nos viene a la cabeza cuando leemos la sinopsis. Efectivamente, el acoso va a ser el eje sobre el que gire toda la narración. Las razones que va dando Hannah coinciden con el inicio de algún tipo de bullying, aunque ningún hecho sea tan grave como para suicidarse, son granos de arena que se van acumulando. Y en una persona más sensible puede llegar a pesar como una losa hasta que la salida más fácil es la propia muerte. Por lo que he visto, Hannah no parece encajar en un perfil de víctima, al menos desde mi punto de vista. Que no se ofenda nadie, pero todos hemos vividos situaciones similares en el instituto.

Por Trece Razones, la nueva serie de Netflix

Otro de los grandes temas de la serie es el acoso sexual, muy de moda en Estados Unidos principalmente, por la proliferación de las denuncias por violación en los campus universitarios. También por la concienciación feminista que poco a poco se va haciendo más relevante. Presentar las consecuencias, leves en apariencia, de que le agarren el culo a Hannah, puede derivar en algo más grave y envía un mensaje claro a los jóvenes en una secuencia genial. El efecto mariposa es un concepto recurrente en Por Trece Razones, hemos visto el aleteo de la mariposa y las consecuencias del huracán, pero nos queda por saber lo más interesante: cómo llegamos al huracán.

Para ello nos falta una tercera pata importatísima para entender el acoso escolar en la actualidad, las redes sociales. Por experiencia propia, veo que los adolescentes utilizan mal las redes sociales, lo hacen sin código ético y sin filtros. Publicación de fotos, difusión de rumores y humillación 2.0 es la clave de la alarma social que el bullying está generando hoy en día. La serie lo refleja muy bien, cómo ese aleteo de la mariposa se va convirtiendo en un huracán que arrasa con todo. En los primeros episodios, Hannah se enfrentará a las redes sociales en más de una ocasión.

Hannah Baker (Katherine Langford) es la protagonista de Por Trece Razones, la nueva serie de Netflix

Por Trece Razones engancha desde el principio porque hay cabos sueltos, se va generando un misterio bien llevado por los guionistas que no nos puede despegar de nuestra pantalla. Clay, que va oyendo las cintas a su ritmo, se va dando cuenta de que sus compañeros saben más de lo que él cree. Ellos, además, ven las cosas de forma diferente a la joven y van sembrando la duda sobre lo que aparece en las grabaciones. Y después está la figura de su amigo Tony, el personaje más enigmático de todos, que parece un cómplice de Hannah y actúa como protector de la persona que tiene los cassettes.

Como siempre, creo que Netflix alarga demasiado los episodios de sus series y ese estiramiento juega un poco en su contra, pero no se nota tanto como en otros de sus productos, como Bloodline, por ejemplo. En líneas generales, la factura técnica es muy efectiva, componiendo imágenes con valor estético, acompañadas de una banda sonora con protagonismo de The CurePor Trece Razones lo tiene todo a favor para ser el próximo gran tema del que se hable en los próximos días, la serie que tendréis que ver para no quedaros atrás hasta que llegue la siguiente. Y esta vez con motivo, porque estamos ante una serie necesaria y, si además es adictiva, pues mejor.

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‘Iron Fist’, aprobado raspado para lo nuevo de Marvel y Netflix

La cuarta serie de Marvel y Netflix es Iron Fist

Hoy llega a nuestras casas la primera temporada de Iron Fist, la cuarta colaboración de Marvel y Netflix. Después de ver los primeros seis episodios tengo sentimientos encontrados. Por un lado me parece un producto decente, entretenido, y por otro me parece que tiene muchos fallos y se queda corta en sus pretensiones. Todo esto teniendo en cuenta que no soy nada fan ni de Marvel, ni de los superhéroes en general. Vamos a verlo en profundidad.

Iron Fist nos cuenta la historia de Danny Rand, el hijo de un multimillonario al que se daba por muerto desde hacía quince años, cuando su avión se estrelló en el Himalaya. Desde entonces ha vivido con unos monjes que le han enseñado kung-fu. A su regreso a Nueva York intenta recuperar su nombre y su legado, aunque su verdadera motivación es acabar con el ente maligno llamado La Mano.

Los seis primeros episodios tienen dos partes bien diferenciadas: la primera dedicada a recuperar el imperio que le pertenece, y la segunda el inicio de su lucha contra La Mano. El primer problema que identificamos es que nuestro protagonista no parece tener un objetivo marcado desde el principio. Cuesta saber hacia dónde va a girar el guión y ante qué tipo de serie estamos. Durante los tres primeros episodios hay muy poca acción y la trama se sustenta en su lucha con la familia Meachum porque le reconozcan como Danny Rand. En los tres siguientes, el protagonista intenta averiguar su destino, ya vemos más escenas de acción, algunas de ellas muy interesantes, y poco más.

Danny Rand (Finn Jones), Ward y Joy Meachum (Tom Pelphrey y Jessica Stroup)

No tengo ningún problema con esa primera parte, sabemos que las series de Marvel-Netflix comienzan a construir sus historias lentamente y sus primeras temporadas son prácticamente un planteamiento. Es cierto que Danny es demasiado inocente, las tramas empresariales son demasiado básicas y los ejecutivos no tienen la “maldad” que estamos acostumbrados a ver últimamente. Estos episodios se resuelven muy rápido y de forma poco trabajada. Los personajes, aunque están bien definidos, no consiguen que nos identifiquemos con sus motivaciones. A partir del cuarto empezamos a intuir que Iron Fist es una serie de Marvel, cuando ya tenemos identificado a un enemigo aunque no esté personificado. A medida que Danny empieza a pelear notamos las reminiscencia del buen cine de artes marciales, el kung-fu es un arte muy bello. A partir de aquí los episodios están mejor estructurados y los finales tienen buenos cliffhangers que consiguen su propósito.

Todo ello sin muchos alardes, no olvidemos que estamos ante una serie de Marvel. En mi opinión, la productora/editora de cómics, por el público al que se dirige, se queda corta en su profundidad en los personajes, en la violencia de las escenas de acción y acaba siendo demasiado naif, más si cabe en una época en la que los productos cada vez son más atrevidos. Iron Fist es una ficción creada para los fans y un público juvenil, y como tal creo que funciona bien. No busquemos donde no hay que buscar.

Iron Fist, Marvel y Netflix. Todo héroe necesita ayuda. Rosario Dawson (Claire Temple) y Colleen Wing (Jessica Henwick)

Como veis, en ningún momento he comparado Iron Fist con sus predecesoras. Primero porque cada serie merece ser tratada con independencia, es decir, yo no la juzgo como parte de un grupo de series sino como una ficción independiente. Y segundo porque pierde en todas las comparaciones, sólo estando cerca de Luke Cage. Y lo es por un motivo ajeno a cualquier argumento válido para cualquier marveliano, y es que Daredevil Jessica Jones me parecen mucho más arriesgadas en su temática y adultas en la ejecución de su historia. Yo defiendo Iron Fist porque a pesar de sus fallos, que tiene un buen puñado, me ha resultado entretenida, que es lo mejor que se puede decir de una serie de sus características. Porque no pretende más.

 

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Tráilers de la semana: ‘Ingobernable’, ‘Por Trece Razones’, ‘Grace & Frankie…

La nueva serie de Netflix y los otros tráilers de la semana

Segunda semana de nuestra sección de tráilers de la semana y Netflix vuelve a tener un papel protagonista, pues cuatro de los cinco avances son de la plataforma y tan sólo uno de HBO. Además, entre ellas hay dos nuevos dramas que pueden ser su próximo bombazo: Ingobernable Por Trece Razones.

  • Ingobernable (Netflix)

La polémica está servida. La nueva serie de Netflix Latinoamérica en asociación con la valiente productora Argos protagoniza los tráilers de la semana. Ingobernable lo tiene todo para que se hable de ella hasta la saciedad. Lo primero es la presencia de Kate del Castillo como protagonista después de su episodio con el narcotraficante ‘Chapo’ Guzmán. También porque se aproxima de forma ficticia al Presidente de México y a su esposa pero recuerdan demasiado a los reales, Enrique Peña Nieto y su mujer Angélica Rivera. Se estrena el próximo 24 de marzo.

 

  • Grace & Frankie 3T (Netflix)

Grace & Frankie se está convirtiendo en una de las mejores comedias de Netflix, consolidándose con su tercera temporada. Su magnífico reparto, encabezado por Jane Fonda y Lily Tomlin, ponen en alza a la madurez demostrando que nunca es tarde para reconducir unas vidas que se daban por hechas. Llegará a la plataforma el próximo 24 de marzo también.

 

  • Por Trece Razones (Netflix)

Igual es aventurarse un poco, pero Por Trece Razones tiene todo lo necesario para convertirse en la próxima obsesión de los adolescentes, y los no tan adolescentes. Y el próximo tema de conversación en redes sociales propiciado por un producto de Netflix. Es otra serie de instituto, sí, pero su premisa es muy interesante siempre y cuando no caiga en el culebrón. No parece que sea el caso. Tom McCarthy (Spotlight) dirige los dos primeros episodios.

 

  • La Guerra en Hollywood (Netflix)

Como vemos, Netflix no tiene límites a la hora de crear productos. En esta ocasión hablamos de una serie documental sobre cineastas contado por cineastas. Laurent Bouzereau dirige La Guerra en Hollywood (Five Came Back) sobre un libro de Mark Harris. Se trata de la historia de cinco directores que arriesgaron su vida para contarle a América la verdad de lo que estaba pasando: John Ford, William Wyler, John Huston, Frank Capra y George Stevens. En la serie participan con su testimonio: Francis Ford Coppola, Guillermo del Toro, Steven Spielberg, Lawrence Kasdan y Paul Greengrass. Y Meryl Streep como narradora. Se estrena el 31 de marzo.

 

  • Animals 2T (HBO)

La serie de animación de HBO sobre la fauna de Nueva York despide los tráilers de la semana. No es la comedia más exitosa de la cadena ni tampoco la mejor pero crea un fondo de armario para el gigante de cable y seguro que tiene un público fiel. Su segunda temporada se estrena el 17 de marzo.

 

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Tráilers de la semana: ‘Iron Fist’, ‘The Get Down’, ‘Silicon Valley’…

Tráiler y vídeo promocional de ¿Qué fue de Jorge Sanz?

¡Estrenamos sección semanal! Cada sábado, siempre y cuando las circunstancias y el material lo permitan, os vamos a traer en un sólo artículo los tráilers más destacados de la semana para que no te tengas que marear buscando por las redes. Esta semana ha sido muy activa para los chicos de Netflix, que nos traen un tráiler y un anuncio. HBO calienta motores con lo nuevo de Silicon Valley y Movistar nos trae un vídeo divertido sobre el octavo capítulo de ¿Qué fue de Jorge Sanz?

  • Iron Fist (Netflix)

Netflix ha empezado la promoción de su cuarta colaboración con Marvel, Iron Fist, protagonizada por el ex actor de Juego de Tronos Finn Jones. En realidad no se trata de un tráiler propiamente dicho, sino un first look con declaraciones de los protagonistas. Os recuerdo que no falta nada para su estreno, el 17 de marzo estarán disponibles sus trece episodios.

  • The Get Down (Netflix)

Una de las sorpresas de la semana nos la hemos llevado con el anuncio de la segunda temporada de The Get Down. Tampoco es un tráiler oficial pero contiene nuevas imágenes y desvela la fecha del 7 de abril como día del estreno.

  • Silicon Valley

HBO ya ha empezado a promocionar una de sus comedias estrella. Silicon Valley ha ido ganando adeptos con el tiempo y, si bien no se ha convertido en una referencia intelectual como Girls, sí que le sale muy rentable a la cadena que la produce. Su cuarta temporada se estrena el 23 de abril, en HBO España y también en Movistar+.

  • ¿Qué fue de Jorge Sanz?

Por último, os traemos un divertido vídeo promocional del octavo episodio de la comedia de Movistar+, ¿Qué fue de Jorge Sanz? Cada cierto tiempo el actor, que ha sabido encajar con muchísimo humor los sinsabores del éxito, y el gran David Trueba, nos trae un nuevo capítulo que esperamos ver con más frecuencia. Éste, el octavo, se podrá ver en Movistar Series desde el día 4 de marzo.

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‘Santa Clarita Diet’, la comedia fallida de Netflix

La última serie de Netflix, Santa Clarita Diet, nos ha decepcionado mucho.

Hace justo una semana llegaba a Netflix su última serie, Santa Clarita Diet, una comedia con actores reconocibles y una premisa tan loca como interesante a priori. Como era de esperar, las expectativas superaron con creces a la realidad, pero no esperábamos que fuera tan grave como para darnos vergüenza ajena. No voy a perder demasiado tiempo con esta crítica, pero voy a tratar que sea constructiva y esté bien argumentada.

Sheila (Drew Barrymore) y Joel (Timothy Olyphant) son una pareja de agentes inmobiliarios que vive en un pequeño pueblo de Los Angeles llamado Santa Clarita. Un día, ella se convierte en una especie de zombie, aunque sin estar muerta del todo aparentemente. Sus dos características principales son que necesita saciar su hambre con carne humana y un incontrolable apetito sexual. Su marido y su hija se convierten en sus cómplices buscando malas personas a las que asesinar y almacenar en su congelador.

No entiendo Santa Clarita Diet. Hay muchas cosas que no entiendo y soy consciente de que es culpa mía. Pero en el caso de esta serie creo que no está bien definido qué quiere ser. Pretende ser una comedia familiar con grandes dosis de humor negro y una pizca de gore. Según lo que he visto, el exceso de vísceras es un punto que juega en su contra porque no aportan ninguna novedad, no hay tanta creatividad en el guión como suele haber en las películas del género o, por citar algo de televisión, la ingeniosa Ash vs. Evil Dead. Es verdad que no es fácil mezclar dos géneros tan opuestos, quizás por eso no deberían haberlo hecho. Sobre todo porque los chistes impostados, las interpretaciones forzadas son propias de comedias blancas para toda la familia. Dicho esto, si en Modern Family hubieran hecho algo parecido en un episodio le habría salido mucho mejor. principalmente porque los actores funcionan.

La pareja protagonista no da la talla en Santa Clarita Diet

Lo siento mucho por Olyphant, un actor que siempre me ha gustado, pero no vale para este tipo de comedias. Y a la buena de Drew Barrymore no le vamos a descubrir las carencias ahora. En este caso, ambos van cada uno por su lado y están tan forzados que a veces parece que necesitan ayuda de un apuntador. Pero no vamos a culpar a ellos de todo lo malo que hay en Santa Clarita Diet, si los guiones no dan la talla, si las situaciones son previsibles y los intérpretes no están bien dirigidos.

Los problemas con esta serie empiezan desde el momento en el que se da luz verde al proyecto. Netflix debe recibir miles de guiones que aspiran a convertirse en series, pero su volumen de producción es demasiado alto, por lo que creo que es normal que muchas veces se cuelen ficciones fallidas. Para mí, Santa Clarita Diet, lo es; para Netflix seguro que no. Necesita mucho contenido propio y parece tener un grupo de seguidores que le ríe las gracias con cualquier cosa que hagan, como es el caso. Me gustaría recomendar este artículo que enlazo, en el que se entiende muy bien cuáles son las motivaciones de la plataforma.

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‘Las chicas Gilmore’: mucho más que un revival para nostálgicos

Las Chicas Gilmore regresaron con un revival a Netflix

El mes de noviembre nos dio mucho de qué hablar en cuanto a estrenos seriéfilos. Si en el anterior artículo os hablábamos de The Crown, hoy traemos otra crítica de una serie de Netflix. Las Chicas Gilmore han regresado nueve años después para dar cierre (o dejar más abierto aún) su insatisfactoria última temporada. Enfrentarse a un revival por parte del espectador suele ser un ejercicio de ilusión mezclada en idénticas proporciones con miedo. Las cadenas se han dado cuenta que el factor nostalgia es determinante para conseguir beneficios, suscriptores o como queramos llamarlos. La pregunta que hay que hacerse es: ¿qué aportan al espectador/fan? Si la respuesta es sólo nostalgia, mal vamos. En este caso, Las cuatro estaciones de las chicas Gilmore creo que hay mucho más.

Las cuatro estaciones de Sherman-Palladino

Para empezar, su formato me parece muy acertado para ser un revival sin pretensiones de seguir, al menos en un futuro cercano. Cuatro episodios que se corresponden con cada una de las estaciones del año, cada uno de una hora y media de duración. Pueden parecer un poco largos y algunas tramas están metidas a la fuerza pero funcionan a la perfección. Y lo hacen porque Las chicas Gilmore no sólo son las chicas Gilmore, sino el universo que se crea en torno a ellas en el pintoresco Stars Hollow. Si hubiéramos prescindido de los secundarios y episódicos, la esencia del relato habría sido incompleta. Cierto es que hay secuencias como la del musical que se podrían haber acortado, pero los cuatro episodios no tienen desperdicio a pesar de estos detalles sin importancia.

Cerrar el círculo a los personajes de Amy Sherman-Palladino era importante después de que su creadora se desvinculase de la serie en la séptima temporada. Ante la insatisfacción de muchos fans, la insistencia de Netflix ha servido para que el reencuentro se acerque más a lo que tenía pensado para sus personajes, que anduvieron perdidos sin ella como showrunner. Tras años de incertidumbre por fin conocemos las cuatro palabras que nos han intrigado y, efectivamente, eran coherentes con el leit motiv de la serie.

El universo Stars Hollow

A medida que avanzaban los cuatro episodios del revival, me iba dando cuenta de la proeza que han llevado a cabo los responsables de la serie. Conseguir reunir a casi todos los actores no es tarea fácil, pero el esfuerzo ha valido la pena. Sin todos los secundarios no se puede recrear la esencia de Stars Hollow, uno de los personajes más importantes de Las chicas Gilmore después de Loreai y Rory precisamente. Este revival no hubiera podido producirse sin las excentricidades de Kirk, los eventos que prepara Taylor, la rectitud de Michel o las malas pulgas de Paris. Y así una larga lista de episódicos que ayudan a crear ese universo.

Stars Hollow es otro de los personajes de Las cuatro estaciones de las Chicas Gilmore

Todo no iba a ser perfecto y también ha habido ausencias, algunas obviadas totalmente y otras subsanadas en forma de cameo o de una escena que  no colma las expectativas del fan. Posiblemente la menos justificada, claramente por la popularidad de la que goza Melissa McCarthy, ha sido la de Sookie, contrapeso para Lorelai durante toda la serie y que deja notar su hueco. La explicación tampoco convence a nadie. Nos quedamos también con más ganas de Jess, que sólo aparece en el episodio final. Y, por supuesto, de Richard Gilmore, pero su inevitable ausencia ha sido subsanada con una trama en la que se le puede sentir presente.

Tramas y referencias

Una de los aspectos más celebrados ha sido que la esencia de Las chicas Gilmore ha sido respetada al completo. Y no es otra que sus ágiles diálogos llenos de referencias a la literatura, al cine, a la televisión y a la cultura popular en general. La actualización de esas referencias ha propiciado los momentos más divertidos de los cuatro episodios. Algunas incluso han sido excusa para una trama, como el viaje iniciático de Lorelai inspirándose en la novela/película Wild (Alma Salvaje, 2014). También me han gustado los constantes guiños a Twin Peaks, cuya simbología y varios de sus actores han pasado por todas las temporadas de la serie. A los Palladino les debe encantar la serie de David Lynch. En este revival, no podemos evitar emocionarnos con la presencia de Ray Wise (Leland Palmer).

En cuanto a las tramas, me ha encantado la lucha existencialista de Rory como una treintañera a la que la vida no le está dando lo que esperaba de ella. Su búsqueda infructuosa del éxito en su carrera nos puede recordar demasiado a nuestra propia vida, ser un miembro de ese club de treintañeros. Sin embargo, los guionistas no han estado tan afortunados con Lorelai, que ha estado divertidísima como siempre pero su viaje ha sido menos interesante y sus tramas han estado porque tenían que estar, como la de la clínica de reproducción asistida o las dudas con Luke. Eso sí, el momento boda ha estado genial.

Sin duda, la trama más emotiva ha sido la muerte de Richard, motivada obviamente por el fallecimiento de Edward Herrmann. Su personaje ha estado presente a lo largo de los cuatro episodios como si aún estuviera presente. No voy a decir que la circunstancia le haya venido bien al revival pero le ha dado una carga emotiva que difícilmente hubieran logrado de otra forma. Muy a su pesar, se entiende. Amy Sherman-Palladino resuelve con gran maestría y elegancia lo que se convirtió en un homenaje al actor.

La muerte de Edward Herrmann ha sido muy importante para el revival de Las chicas Gilmore

Estas cuatro estaciones han servido para reencontrarnos con unos personajes entrañables a los que echábamos de menos. Como esos amigos que hace tiempo que no ves y te apetece saber qué ha sido de sus vidas. Las chicas Gilmore no sólo han venido para tocar nuestra parte más sensible sino que nos ofrecen un producto refrescante, actualizado y entretenido. Incluso para los que no son fanáticos de la serie, puede llegar a ser muy disfrutable. Un reencuentro que será el último en algún tiempo aunque no se puede descartar nada, después de que conociéramos las famosas cuatro palabras.

El cine y las series de televisión son mi pasión, aunque la Edad de Oro de la pequeña pantalla me tiene conquistado del todo. En Cultura Seriéfila analizo toda ficción que lo merezca con una dosis muy alta de opinión. También me podéis leer en tvspoileralert.com. Y no olvidéis seguirme en las redes sociales.

‘The Crown’, el biopic de manual de Netflix sobre la reina de Inglaterra

The Crown, biopic monárquico de Netflix

Antes de empezar el artículo me gustaría disculparme ante todos los lectores de este blog por el estado de semi abandono en el que se encuentra desde hace unos meses. Pero algo tan maravilloso como la paternidad resta tiempo para todo lo demás, como no podía ser de otra forma. Por tanto, si ver series se está convirtiendo en una labor difícil, imaginad lo que me supone pensar sobre ellas para poder escribir artículos de calidad. Aún así, esperamos recuperar en breve un ritmo de post por semana, al menos de momento. Mil disculpas y gracias por seguir ahí.

Hecho este inciso que consideraba necesario, entramos en materia de nuevo con la última serie de la que todo el mundo ha hablado desde que se estrenara hace unas semanas. The Crown se ha convertido en la nueva serie de moda y merece todos los elogios que está recibiendo. Bonita, preciosa, artística y cara son algunos de los adjetivos que mejor definen al biopic de la Reina Isabel II, casi nada.

Biopic en televisión

The Crown arranca en 1947, con la boda de Isabel con Felipe, el inicio del segundo mandato de Winston Churchill y la decadencia de su padre, que empieza a manifestar síntomas de la enfermedad que le matará cinco años después. En total, se han planificado seis temporadas que narrarán cada una diez de los más de sesenta años de reinado de la reina más famosa del mundo. En estos primeros episodios Isabel tendrá que lidiar con unas responsabilidades para las que no está preparada. Su relación con Churchill y con su marido, que asumirá el papel secundario que le ha tocado desempeñar para el resto de su vida.

Reparto de The Crown

La televisión no ha sabido explotar el biopic como debería. Teóricamente, es el medio ideal para hacerlo porque es posible estirar la historia durante muchas horas contando así más detalles del personaje en cuestión. Sin embargo, las familias reales son las que han protagonizado más series de este género. Isabel en España o Victoria en el Reino Unido, país que acumula un buen puñado de ejemplos más. Siempre buscando un tipo de público de edad avanzada y más conservador. Por eso resulta especialmente llamativo que Netflix haya conseguido crear un producto muy tradicional que, además de atraer nuevos nichos de mercado, ha gustado a su público más fiel, de un segmento de edad sensiblemente inferior.

Cueste lo que cueste

Netflix ha apostado una fortuna por esta serie, ni más ni menos que 100 millones de libras, en un producto fabricado por dos expertos en la materia: Peter Morgan, guionista de la película The Queen y voz autorizada para hablar sobre la monarquía más famosa del mundo. También cuenta con Stephen Daldry entre sus productores ejecutivos, un sobrio cineasta que también tiene experiencia con las biografías. Ya vemos que son nombres de primera fila para crear una serie estéticamente preciosa y escrita con rigor británico.

Claire Foy y Jared Harris encabezan el biopic de Neflix sobre la Reina Isabel II

Cuando hay mucho dinero en juego el resultado final ha de notarse sí o sí. Bien en el elenco de actores, aunque en este caso no hay una gran estrella de cine que se lleve la mayor parte del presupuesto. O bien a nivel técnico, donde The Crown se luce. Durante los primeros diez episodios asistimos a un esfuerzo titánico por mimetizar los escenarios reales. En el piloto encontramos uno de los ejemplos más ambiciosos en la reconstrucción de la boda de Isabel o las secuencias en Downing Street o el Palacio de Buckingham. El resultado es impresionante por su sobriedad y su fidelidad con respecto a las imágenes de archivo.

Con The Crown, Netflix incorpora otro subgénero más a su cada vez más amplio catálogo de series originales. La plataforma parece empeñada en seguir ampliando su público objetivo. Si con Stranger Things intentó atraer a los nostálgicos, con Easy a los amantes del cine independiente, la reina de Inglaterra y las monarquías en general puede servir para atraer a un tipo de público que hasta ahora no se suscribía. Después están los fanáticos de Netflix, que son capaces de poner de moda cualquier serie a pesar de que su único nexo de unión sea el canal por el que se emite. En muchos casos, tanto ruido me ha acabado por defraudar, pero The Crown sí merece realmente la pena. Es la nueva serie que hay que ver, hasta que llegue la próxima.

El cine y las series de televisión son mi pasión, aunque la Edad de Oro de la pequeña pantalla me tiene conquistado del todo. En Cultura Seriéfila analizo toda ficción que lo merezca con una dosis muy alta de opinión. También me podéis leer en tvspoileralert.com. Y no olvidéis seguirme en las redes sociales.

Opinión: Netflix baja el nivel en 2016

La sobreproducción de ficción de Netflix ha bajado su canon de calidad considerablemente

Hace un par de años, Netflix prometió inundar el mercado con un montón de ficciones originales cada año, concretamente iban a intentar estrenar una temporada o una nueva serie cada dos semanas. Los seriéfilos empezamos a salivar porque los únicos referentes que teníamos de la plataforma eran House of Cards y Orange Is The New Black, ambas cotizando muy al alza. Después de un 2015 sobresaliente, con algunos estrenos destacados como Daredevil, Sense8, Narcos, Unbreakable Kimmy Schmidt o Jessica Jones, 2016 no está siendo todo lo productivo que cabría esperar.

Obviamente, el nivel sigue muy alto porque todas esas series siguen en activo y poco a poco van estrenando nuevas temporadas pero me gustaría centrarme en el material nuevo de lo que llevamos de año. Tan sólo se ha estrenado un drama, Marseille, del que hablaremos un poco más adelante, y cinco comedias, Love, Flaked, The Ranch, Fuller House y Lady Dynamite, que han pasado sin pena ni gloria, más bien con un poco de pena. Y eso que todas ellas vienen con nombres populares entre el público norteamericano y un revival de una sitcom que, aunque arrasó en los noventa, tenía (y tiene) un nivel bastante bajo. Esos nombres de relumbrón han servido para que su público se mantenga fiel pero poco más. Todas ellas me parecen series del montón, de relleno para un catálogo cada vez más extenso, y más disperso.

Hace unos meses supimos que Netflix preparaba su primera serie original hecha en España con el apoyo de la productora Bambú, un drama de 16 episodios sobre cuatro operadoras de la compañía telefónica en los años 20 del siglo pasado, algo muy positivo porque la plataforma es una recién llegada al mercado y darle proyección internacional podría ser un gran impulso para nuestra ficción, que podría dar varios pasos adelante. El problema es que el único referente de serie europea que tenemos es Marseille, una de las peores de lo que llevamos de año a pesar de que ha sido renovada, y claro, nos llena de incertidumbre sobre lo que puede hacer Netflix a nivel internacional. Tendremos que esperar para ver otras como la japonesa Hibana.

Pero el drama francés ha sido novedoso en una cosa, ha sido la primera vez que público y críticos han alzado la voz unánimemente en su contra, algo que no es tan fácil de conseguir con las series de Netflix. Es cierto que el nivel de la plataforma es alto pero hay una tendencia de estimar en exceso sus productos. A HBO se le han dado bastantes palos por dar luz verde a series como Vinyl que, si bien no es lo mejor de la cadena, sigue siendo muy superior a la mayoría de dramas que día sí, y día también, se estrenan en todo el mundo pero da la sensación de que ésta habría sido mejor valorada si fuera de Netflix. HBO se ha ganado el derecho a ser criticada por hacer un producto inferior a sus estándares, pero también creo que la plataforma se ha ganado un prestigio a pulso que debe mantener y con lo que llevamos visto este año, parece que en su agenda prima la cantidad sobre la calidad.

El algoritmo de Netflix es muy efectivo para conocer los gustos de sus suscriptores y parte de su éxito reside en esta capacidad de anticipación, pero ha llegado el momento de que responda sobre qué tipo de series producir. Si el modelo son las House of Cards, Orange Is The New Black, etcétera, o las Flaked, Fuller House o Marseille.

El cine y las series de televisión son mi pasión, aunque la Edad de Oro de la pequeña pantalla me tiene conquistado del todo. En Cultura Seriéfila analizo toda ficción que lo merezca con una dosis muy alta de opinión. También me podéis leer en tvspoileralert.com. Y no olvidéis seguirme en las redes sociales.