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‘Élite’, la internacionalización y la identidad cultural de nuestras series

'Élite' ha sido el gran bombazo español tras 'La Casa de Papel'.

A estas alturas ya no nos quedan dudas de que Élite ha sido uno de los éxitos más importantes del otoño seriéfilo mundial. Los españoles, cainitas como ningún país en el mundo, siempre lanzamos piedras contra nuestra ficción, pero resulta que nuestras series y películas gustan a nivel global. Netflix se ha dado cuenta de ello, pues los datos que tienen deben revelarlo así, y no creo que sea simplemente algo puntual como La casa de Papel, debe ser algo generalizado. Entonces la pregunta es, ¿hacemos buena ficción o hemos aprendido a internacionalizar nuestros productos audiovisuales para que trasciendan más allá del mundo hispanohablante?

Internacionalización

Sabemos que Netflix suele dar a los creadores mucha libertad a la hora de escribir y rodar sus obras para la plataforma, sobre todo en el caso de grandes showrunners. Pero no me creo que en casos como el de Élite, no revise o supervise nada de lo que se está haciendo. Debe haber alguien encargado de que la serie, en este caso, contenga todos los ingredientes para que sea exportable, de la misma forma que los productos americanos. O puede que los productores ejecutivos hayan aprendido todas esas técnicas, que también es posible, porque son unos creadores de productos para adolescentes de eficacia probada.

Kiernan Shipka protagoniza 'Las escalofriantes aventuras de Sabrina'.

En el caso de Élite, el tratamiento de temas universales está presente, como la homosexualidad, la opresión de los ricos hacia los pobres, la religión, etc. Algo que parece estar estandarizado en toda ficción producida por Netflix, como ejemplo muy reciente véase Las escalofriantes aventuras de Sabrina, donde también tenemos representación de todos los colectivos. Y eso es bueno, no me quejo. Pero también ganchos como el asesinato, o la narrativa al estilo Big Little Lies (que tampoco la inventó la serie de HBO, pero es el referente más cercano que tenemos). También las taquillas, el conducir a los dieciséis y la sensación de que aunque los pobres sean pobres, no lo son lo suficiente.

Industria vs. identidad cultural

Las manifestaciones artísticas y productos de entretenimiento son hijos de su tiempo y de su contexto, por tanto son cultura. Si un historiador se pone a ver cine clásico español, o americano, tiene una prueba fehaciente del tiempo en que están hechas, un objeto de estudio. Es por eso que si globalizamos las series, podemos perder identidad cultural. Si analizamos un poco Élite, hay pocos rasgos definitorios propiamente españoles, como por ejemplo la corrupción y las constructoras y lo que les rodea. Pero se quedan en pinceladas que dan muy poco trasfondo, podría ocurrir en cualquier país.

En cambio, esta internacionalización de nuestras series no hace sino desarrollar nuestra industria audiovisual en un momento en el que las plataformas y cadenas han aumentado significativamente su inversión en este tipo de productos audiovisuales. Y eso es bueno, maravilloso para la economía del país, para valorar a los guionistas y actores como se merecen, puesto que muchos de ellos estaban en el paro o cobrando salarios muy por debajo de su valía. Y por supuesto no tiene nada de malo que salgamos reforzados de este boom global de ficción.

'La casa de papel', una de las series más exitosas de Netflix

Entonces mi conclusión es que sí, vamos a producir muchas series en los próximos años que bien podría ser holandesas, británicas o americanas, pero eso repercutirá en la industria, además de que nuestros profesionales estarán mejor formados y recibirán mejores ofertas para dirigir o escribir ficciones a nivel internacional. Ya tenemos a alguno por allí pero podremos tener más. Y lo mejor de todo, la identidad cultural seguirá a salvo, porque no todo lo que se produzca será de consumo masivo y rápido, sino que también conseguiremos colar productos más artísticos como los que hace Movistar+ o los que puedan hacer en un futuro Amazon o HBO, que ya tienen series en producción. Y cuya vocación es priorizar la calidad a la cantidad. Por tanto, vaticino que todo esto será positivo y deberíamos estar contentos por ello.