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Nos quitamos el sombrero ante la segunda temporada de El Ministerio del Tiempo

Segunda temporada de El Ministerio del Tempo

Ahora sí que podemos dar por finalizada la segunda temporada de El Ministerio del Tiempo, después de aquel caos que montó Televisión Española por no avisar con suficiente antelación del parón que estaba previamente planificado. Quedó dividida en dos partes claramente diferenciadas y ambas siguen manteniendo la misma esencia y entidad, lo que demuestra que ni siquiera un hecho tan crucial como el cambio de actor protagonista le afecta lo más mínimo. Y eso sólo es posible si estamos ante un producto especial.

Hugo Silva y su Pacino

El rodaje de Mar de Plástico se ha cruzado en medio de los planes de Javier Olivares y compañía, que han tenido que hacer malabares para que Rodolfo Sancho pudiera compaginar los dos trabajos. Y como los malabares, el resultado ha sido espectacular para el público pues se confió la difícil tarea de suplirle a Hugo Silva, un actor más conocido por gozar del favor del público (femenino) que por su talento. Sin embargo, él y su personaje Pacino han cerrado muchas bocas, las mismas que después pedían su continuidad. El actor ha aportado mucho humor a El Ministerio del Tiempo y varios de los episodios en los que apareció quedarán en nuestra retina para siempre.

La marcha (y regreso) de Rodolfo Sancho marcó la segunda temporada de El Ministerio del Tiempo

Más humor, más emociones

La sensación que me queda después de haber visto la segunda temporada completa es que me lo he pasado mejor que la pasada, seguramente no sea así y sólo sea la percepción de lo que he tenido más cercano. Pero no recuerdo que la primera entrega me hiciera reír ni me emocionara tanto en momentos concretos (salvo la finale con Federico García Lorca, quizás lo más emotivo que haya hecho la serie hasta la fecha). Su vocación multigénero se ha agudizado, provocando muchos sentimientos en cada episodio. Los homenajes a personajes históricos como Cervantes, El Cid, Los Últimos de Filipinas, Houdini o La Vampira del Raval, por citar algunos han sido momentos mágicos y exquisitos.

Estructura dinámica

El Ministerio del Tiempo podría haberse acomodado en una estructura casi procedimental y ser prácticamente igual de buena, pero sus creadores han decidido hacer un producto más especial. Al igual que es una serie multigénero, sus episodios son diferentes entre sí y el espectador, que no sabe qué esperar, siempre sale sorprendido. Otra prueba más de que trabajando mucho se consiguen resultados aún mejores. Así, episodios como Un Virus de Otro Tiempo, Tiempo de Valientes o Hasta que el tiempo nos separe son claros ejemplos de episodios que cambian las reglas sin que la trama principal ni los personajes se resientan lo más mínimo, yo diría que todo lo contrario, los enriquece.

Secundarios e invitados

Los lunes se han convertido de alguna manera en el día en el que conocemos a un nuevo actor que no teníamos fichado o en el que alguno que ya conocíamos nos sorprende en un registro que no conocíamos. Un mérito, no sólo de casting, que hacen un trabajo encomiable, sino también de la dirección de actores, responsables de que algunos que creíamos malos en El Ministerio del Tiempo nos parezcan enormes. La serie de TVE es la mejor de nuestro país en esta faceta. Es injusto destacar unos nombres sobre otros, pero lo de Carlos Hipólito en el último episodio es un espectáculo. También han estado geniales Sergio Peris Mencheta, Pedro Alonso, Gary Piquer, María Rodríguez, Roberto Drago, María Álvarez y un largo etcétera. Muchos de ellos, se van sumando a la larga lista de secundarios de lujo que tan bien funcionan cuando se les necesita.

Uno de los episodios más divertidos de la segunda temporada de El Ministerio del Tiempo

Factura técnica

Una de las grandes mejoras que ha implementado El Ministerio del Tiempo han sido los impresionantes efectos digitales, más si cabe cuando es conocido que el presupuesto de la serie es muy reducido. La optimización de recursos está claro que existe. Por otro lado, mientras toda la temporada pasada estuvo dirigida íntegramente por Marc Vigil, lo cual le dio una identidad innegable, en la segunda se ha optado por incluir varios directores, algunos de ellos de renombre, que han aportado su impronta personal y su ambición artística, razón principal por la que se ha dado este paso, mención aparte para Paco Plaza o Javier Ruiz Caldera. Como no sólo lo que se ve en pantalla es técnica y arte, sino también lo que hay detrás, Javier Olivares ha tenido apoyo externo en los guiones, como por ejemplo los célebres escritores de Ocho Apellidos Vascos, Borja Cobeaga y Diego San José, algo que refresca la serie indudablemente.

En líneas generales, la segunda temporada de El Ministerio del Tiempo ha estado un peldaño por encima de la primera pues todo el complejo engranaje que nos presentaron en año pasado ha empezado a funcionar a toda velocidad y con total fiabilidad. Su trama temporal a veces hace aguas pero, ¿a quién le importa eso cuando nos están dando entretenimiento puro y duro al mismo tiempo que estamos aprendiendo y disfrutando con una obra de arte?

El cine y las series de televisión son mi pasión, aunque la Edad de Oro de la pequeña pantalla me tiene conquistado del todo. En Cultura Seriéfila analizo toda ficción que lo merezca con una dosis muy alta de opinión. También me podéis leer en tvspoileralert.com. Y no olvidéis seguirme en las redes sociales.

Desaparecida: recordando esta joya de Televisión Española

Una de las primeras series de Bambú

Tras la emisión del primer episodio de El Caso: Crónica de Sucesos (cuya crítica puedes leer aquí), La 1 me sorprendió con la segunda reposición de Desaparecida, un drama que quería ver desde hace mucho tiempo. La miniserie creada por Ramón Campos y compañía, lo que en el futuro sería la exitosa Producciones Bambú, marca un poco la línea entre lo que era la ficción española de la década anterior y en lo que se ha convertido en los últimos años y, aunque se pueda decir que es un verso suelto podemos hacerla responsable de mucho de lo que está pasando ahora en nuestra televisión. Si no has visto la serie no sigas leyendo pues hay varios spoilers.

Las historias de desapariciones, aunque son atractivas en sí, suelen caer en tópicos y errores bastante frecuentes, en Desaparecida hay mucho de lo primero pero ni rastro de lo segundo. En efecto, se repiten pautas que hemos visto en series (americanas y españolas) pero en este caso la mayoría están justificadas. Como siempre digo, lo importante no es lo que se cuenta sino cómo se cuenta. La serie de Televisión Española decide contarnos todo el proceso de la desaparición de Patricia Marcos: aviso a la policía, búsqueda, pistas falsas, hallazgo del cuerpo y captura del culpable, dando especial protagonismo a la familia por encima de los policías, como ocurre en otros productos. Mientras, por ejemplo, Twin Peaks decide construir el personaje de Laura Palmer a través de la investigación, Desaparecida ya nos da una imagen previa que nos da nociones de cómo era aunque después se apoyen en flashbacks muy acertados.

Protagonistas de Desaparecida

Decíamos que la familia es la que soporta todo el peso dramático de la serie. Los padres de Patricia son Alfredo, interpretado por Carlos Hipólito y su habitual maestría en un personaje que recuerda muchísimo al que compone en Vis a Vis (salvando las distancias), y Lola, con una Luisa Martín excelsa demostrando la inmensa actriz que es con un sufrimiento desgarrador y tan real que estremeció a la audiencia. El dibujo de ambos personajes, y de los hermanos también, es totalmente acertado y muy aproximado a la realidad. Su psicología y sus acciones son totalmente coherentes a lo largo de los trece episodios de Desaparecida sin que tengan ninguna fisura, un hecho que aunque parezca normal, no se da con demasiada frecuencia en la ficción española, por desgracia. El trabajo en este apartado es sensacional.

La investigación policial también tiene una cuota de protagonismo muy alta. Aunque en el primer instante la tendencia del espectador es ver a la Guardia Civil como burócratas que no hacen lo suficiente, una visión construida desde el punto de vista de la familia, con el paso de los capítulos vamos descubriendo a dos personajes que se van comiendo la serie poco a poco, el Teniente Bruno Sierra y la Sargento Laura Andrún, que llevan el peso de la búsqueda de Patricia primero, y de su asesino, después. El carisma de Miguel Ángel Solá y su química con Esther Ortega, una tensión sexual no resuelta, les valió protagonizar un merecido spin-off, UCO, que fue cancelado por no obtener el resultado esperado. Tanto la investigación como los personajes estaban muy bien apuntalados, los detalles eran importantes y nunca se dejaba lugar al azar, a la trampa. Aunque el final fue enrevesado y los giros acabaron por marearnos un poco, la serie siempre fue coherente con la trama, por lo que el resultado fue más que satisfactorio.

Teniente Sierra

Desaparecida marcó las líneas maestras de lo que sería otra ficción exitosa de Bambú, en esta ocasión en Antena 3, Bajo Sospecha, que podríamos definir como su continuación añadiendo la infiltración de los policías, aunque no contó con el rigor de su predecesora y sí con algunas trampas en la resolución de sus casos. La miniserie de TVE es a día de hoy un ejemplo de cómo crear una historia coherente con personajes complejos, una realización de lujo y una ambientación basada en lugares comunes que podrían convertir a nuestro propio pueblo en el escenario de tal tragedia, lo que consigue un vínculo inigualable con el espectador. Desaparecida se mantuvo con una media de 3.5 millones de espectadores, una cifra aceptable teniendo en cuenta que hoy la audiencia está más fragmentada y la televisión pública estaba en un mejor momento que en la actualidad. Sin embargo, la historia de la desaparición y asesinato de Patricia Marcos sigue estremeciéndonos en nuestra memoria.

El cine y las series de televisión son mi pasión, aunque la Edad de Oro de la pequeña pantalla me tiene conquistado del todo. En Cultura Seriéfila analizo toda ficción que lo merezca con una dosis muy alta de opinión. También me podéis leer en tvspoileralert.com. Y no olvidéis seguirme en las redes sociales.

El Caso: periodismo y crimen en tiempos de la dictadura

La nueva serie de TVE

El pasado martes se estrenó la nueva apuesta de TVE, El Caso, un procedimental periodístico-criminal basado en el semanario de sucesos del mismo nombre, que causó furor en los años 60, una época en la que ejercer la profesión con libertad era casi una utopía. La cadena pública ha conseguido un crear un producto muy interesante en el que se mezclan los géneros con mucha habilidad y no se esconde a la hora de retratar muchos de los problemas de la dictadura.

El Caso es una serie modesta pero muy bien concebida. Recrear la redacción de un periódico y limitarse a investigar un crimen cada semana hubiera sido lo fácil dando algunas pinceladas de la época pero desde el piloto demuestra que temas como el machismo, la censura, las presiones políticas, la corrupción van a ser centrales de la trama. Una profundidad que da empaque al trabajo periodístico de los personajes pero no esperéis un producto denso y concienzudo, pues el humor sirve para desengrasar y convertirlo en un producto ligero, aunque demasiado largo.

Fernando Guillén Cuervo y Verónica Sánchez encabezan el reparto de El Caso. El primero es un experimentado periodista y, como ex policía, se las sabe todas, es arrogante y cómo no, también un machista. Ella es una joven periodista de carácter progresista que tiene el talento para investigar pero le falta la experiencia de su compañero. Una pareja muy interesante, polos opuestos y fuente de conflictos que sin embargo resulta ser explosiva cuando están del mismo lado. Junto a ellos un buen puñado de secundarios que parece que tendrán su cuota de protagonismo a lo largo de los trece episodios que conforman la primera temporada.

Protagonistas de El Caso

En el apartado técnico El Caso luce en todos los aspectos. La ambientación de los años 60 está muy lograda en la escenografía y el vestuario, este segundo muy acertado apostando por el color en los trajes de las mujeres aunque reflejando la austeridad del país, nada de la ostentación de Mad Men, por ejemplo. Pero la recreación de exteriores es sencillamente espectacular, sobre todo en cuanto a los automóviles, genial la secuencia de la persecución. La fotografía se impregna del humo de las redacciones, que no sólo refleja lo que era normal en la época sino que pretende crear aquel ambiente de cine negro que ayuda a que la narración sea más atractiva.

Antes de soslayo mencionábamos que la duración era excesiva, algo que en El Ministerio del Tiempo casi no se nota, en El Caso es un lastre importante. El piloto al menos se me hizo eterno aunque es posible que con el paso de los capítulos, las tramas personales y los casos se pueden volver más interesantes y así habrá menos relleno, pero no olvidemos que estamos ante un procedimental de manual y todo dependerá del crimen de turno.

En términos generales, estamos ante una serie muy interesante sobre el papel que cuenta historias inspiradas en la realidad de una época muy difícil para ejercer el periodismo. El Caso tiene una ambientación exquisita, una música muy bien elegida y grandes dosis de humor. Creo que le falta un punto para llegar a ser una ficción de referencia pero su punto de partida es halagüeño aunque en manos de una televisión pública que no sabe qué quiere ser todavía, su futuro siempre estará en el aire como sucede con otras de las series del ente.

El Caso se emite en La 1 de Televisión Española todos los martes a las 22.30h.

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El Ministerio del Tiempo se gusta más en su segunda temporada

Hugo Silva en la Segunda Temporada de El Ministerio del Tiempo

La primera temporada de El Ministerio del Tiempo fascinó a todos los seriéfilos al mismo tiempo que se reencontraba con un público que ya no creía en la ficción española, o que nunca ha creído, como un público joven que nunca ha tenido unos referentes patrios tan poderosos como los que ofrece la serie de Javier Olivares y compañía. La segunda entrega confirma todo lo que vimos el año pasado pero, quizás siendo conscientes de su éxito, ahora se gusta más, se atreve más y nos hace disfrutar de lo lindo.

Los dos episodios emitidos hasta el momento han sido muy diferentes entre sí pero totalmente coherentes con el tono de El Ministerio del Tiempo. El primero se preocupó de contarnos lo que pasó después de la season finale, sobre todo con Julián e Irene, que quedaron en una situación muy delicada. También se centró en explicar la salida de Rodolfo Sancho (esperemos que momentánea) y lo hizo con una trama fantástica que nos regaló el cameo de David Sainz, que sirvió como catalizador para su personaje. El Cid fue el protagonista histórico del episodio, muy bien interpretado por Sergio Peris Mencheta, junto con el gran Ramón Langa, que volvía como Spínola. De él nacieron la mayoría de guiños y referencias a la cultura popular. Un gozo que nos mantuvo a todos a la caza del huevo de pascua.

El Cid El Ministerio del Tiempo

El segundo, sin embargo, ha cambiado de tercio para presentarnos a Pacino, el personaje que viene a cubrir el lugar Julián en el equipo, interpretado por Hugo Silva. Se trata de un policía de los años 80 que se salta las reglas siempre que lo considera oportuno si con ello consigue impartir justicia. La trama histórica nos introduce a un asesino de mujeres a lo largo de la historia y la comedia que presidió el primer capítulo se torna en oscuridad en el segundo gracias al personaje interpretado por Andrés Gertrúdix, un tipo frío que sufrió un grave trauma infantil que le ha convertido en lo que es.

La mezcla de géneros es una constante en El Ministerio del Tiempo, la responsable de tenernos siempre a flor de piel. Se nota que la serie está muy bien trabajada desde el principio, desde el esqueleto del guión y la definición de unos personajes que ofrecen una gran cantidad de matices, pero no sólo los principales, sino los secundarios y los episódicos, muy importante para una ficción que es prácticamente procedimental. Éstos secundarios y episódicos son los grandes atractivos semana a semana porque nos descubre a buenos actores, olvidados algunos y desconocidos otros. Siempre han estado ahí pero ahora están bien dirigidos, otra prueba fehaciente de que se hacen muy bien las cosas en todas las fases de la producción.

Foto de El Ministerio del Tiempo

El contenido transmedia que genera El Ministerio del Tiempo sigue siendo espectacular. Las apariciones de Javier Olivares, Marc Vigil o los protagonistas no han bajado el ritmo de la primera temporada y siguen dejándose ver en programas de televisión y en las redes sociales. Por otro lado, la sólida base de fans siguen alimentando a ese monstruo que es la ministeria mediante dibujos, animaciones y demás creaciones que jamás pensábamos que veríamos en España. Además, la audiencia está respondiendo y en las dos semanas que lleva en emisión la segunda temporada ha sido líder en el prime time con una media de 2.600.000 espectadores, algo que se le resistió el año pasado, pero aún así los visionados en streaming subirán muchos sus datos. Y lo mejor de todo es que nos queda la sensación de que estamos presenciando un producto cultural de primer nivel. Puro servicio público en Televisión Española.

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El Ministerio del Tiempo: calidad, entretenimiento y cultura

Rodolfo Sancho, Aura Garrido y Nacho Fresneda

La primera temporada de El Ministerio del Tiempo finalizó el pasado lunes con un final que deja todo muy abierto, menos mal que el sentido común imperó por fin en el ente público y escuchó las súplicas de los ministéricos, que pedíamos la renovación a gritos y a golpe de hashtag. Y aciertan de pleno porque tienen entre manos una serie que, además de ser una gran serie, es el ejemplo de servicio público que debería ofrecer toda televisión gubernamental.

Calificar a El Ministerio del Tiempo como una serie quizás sea un poco genérico y el término se queda muy corto. Ha sido un fenómeno transmedia pues su presencia en Twitter gracias a su gloriosa cuenta oficial y a otras que han creado los fans, como la de los personajes y hasta un podcast no oficial, han conseguido crear una telaraña que trasciende más allá de la pantalla. Por supuesto, las colaboraciones de la productora, de Javier Olivares, Marc Vigil y los actores han sido fundamental en la creación del fenómeno fandom, facilitando entrevistas por doquier incluso a medios más humildes como pequeños blogs y podcasts. Y han sido muy inteligentes porque sabían que su producto era buenísimo pero también que tenían que ir más allá para conseguir una relevancia que seguro que habrá superado sus expectativas.

Que las audiencias no sean importantes para TVE es algo relativo porque es un termómetro para medir el alcance que ha tenido un producto. El Ministerio del Tiempo no se puede calificar de bombazo en cuanto a número de espectadores pero sí a la calidad de los mismos. Todavía los directivos de las cadenas, quizás por culpa del método de medición, no se han dado cuenta de que lo que importa es tener un público de calidad, que es el que realmente consume. Esto no es nuevo, es algo que Estados Unidos se dieron cuenta hace cuarenta años y ha sido el motor que ha hecho evolucionar a la ficción. Si esto no fuera así, series como Hannibal o The Good Wife no tendrían cabida en NBC y CBS respectivamente. Hablando de los fríos números, El Ministerio del Tiempo tuvo en su season finale un 10,8% de share y 2.245.000 espectadores, pero fieles y devotos. Nunca lo tuvo fácil en la noche del lunes con Bajo Sospecha, Los Nuestros o La Voz pero ha recuperado a un público que había perdido la fe en la ficción español y que ha vuelto a creer.

Efectos de El Ministerio del Tiempo

Técnicamente, El Ministerio del Tiempo es impecable. Javier Olivares ha sabido entender el papel de showrunner como nadie lo ha hecho hasta ahora en España, puesto que ha llevado el control total de su creación con muchísima libertad, algo que hay que agradecer a la cadena, no está de más reconocerlo, que se la concedió. Para llevar a cabo su idea y la de su hermano Pablo, se rodeó de los mejores. Nombró a Marc Vigil director de la serie y no ha defraudado para nada, pues ha conseguido dar cohesión e identidad a todos los episodios como si fuera uno sólo y eso se nota a pesar de que no firmar cada uno de ellos, pero sí supo dar con el tono adecuado y crear un concepto. La fotografía, la música y los efectos especiales también han resultado esenciales y han conseguido dotarla de identidad visual, ambientación adecuada y credibilidad, respectivamente.

Pero lo mejor de El Ministerio del Tiempo es que ha creado su propio universo y lo ha hecho tomando un tema muy atractivo a nivel global como los viajes en el tiempo pero desarrollado con los localismos propios. Por eso funciona a la perfección, porque parte de la improbable premisa de que es nuestro país el que posee una arma tan poderosa, con toda la correspondiente mofa que conlleva. Esto ayuda a crear un entorno propicio para todo tipo de gags relacionados con la idiosincrasia de España. Se puede decir que la serie mezcla muchos géneros diferentes y que todos ellos se pueden cantar en cada episodio pues hay drama, comedia, historia y aventura. Todos funcionan gracias al tono y a los diálogos, más frescos y realistas de lo que estamos acostumbrados, y ayudan a facilitar la labor de unos actores que parecen más naturales y mejor interpretados. Es cierto que el casting de El Ministerio del Tiempo es otro de sus aciertos pero éstos no son los únicos actores buenos de nuestro país, lo que ha cambiado es que el libreto que interpretan es brillante, creíble y con gancho, y que tras las cámaras hay gente que realmente los saben dirigir, por no hablar del buen ambiente que hay entre todo el equipo, que se deja sentir en el resultado final.

Tras ver los ocho capítulos que componen la primera temporada, no he conseguido encontrar a mi personaje favorito ni tampoco al que odie. A pesar de que son tres protagonistas, tres principales y un buen puñado de secundarios y episódicos, todos cumplen a la perfección con su cometido. Me gustaría mencionar a los últimos en primer lugar porque se han ganado al espectador a pesar del poco tiempo en pantalla del que han dispuesto, gracias a que en cierta manera, ya los conocemos de antes, entre otros Velázquez, Lope de Vega, Hitler, Franco, Torquemada, Picasso, Dalí, Buñuel y el maravilloso Federico García Lorca. Lo que han hecho con el poeta ha sido muy muy grande. Los tres personajes protagonistas funcionan desde el principio gracias a los anacronismos entre ellos, más acentuados en el caso de Alonso, que provoca situaciones hilarantes, o las referencias a la cultura popular que sus compañeros no están ni cerca de entender, un guiño al espectador. Y Amelia Folch es uno de los personajes más interesantes de los últimos años en la ficción española, es la que aporta la cordura, la inteligencia y el equilibrio. Pero no podíamos dejar de comentar a un personaje que ha desatado la locura, Irene Larra (Cayetana Guillén Cuervo), un personaje de los llamados bitch que ha generado todo un movimiento en Twitter, el de los Cayetaners. También se ha llevado una catarata de elogios Juan Gea, cuyo Ernesto es un personaje sobrio pero de la misma forma entrañable.

Cayetana Guillén Cuervo y Juan Gea

Por último, me gustaría destacar la labor educativa que ha llevado a cabo El Ministerio del Tiempo. Estoy seguro de que muchos padres y maestros tienen que estar dando las gracias porque al fin los jóvenes se están interesando por los clásicos. Muchos de ellos han sido trending topic en Twitter y estoy seguro que a más de uno le han entrado ganas de descubrir sus obras. Esta serie es un caramelo en manos de la televisión pública pues está ofreciendo una ficción espectacular en cuanto a entretenimiento y, al mismo tiempo, una poderosísima herramienta cultural libre de adoctrinamientos. TVE no podía dejarla escapar, menos mal que al final se ha impuesto la cordura. Larga vida al Ministerio.

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Destrucción mutua asegurada por la audiencia

Hoy es lunes y como toda semana seriéfila que empieza, nos preguntamos qué extraña ocurrencia se les habrá ocurrido a las cadenas de televisión generalistas españolas. Todas las semanas nos sorprendemos con decisiones estrambóticas a cuál más absurda que hacen que la parrilla cambie constantemente buscando la destrucción del rival aunque sea a costa de sus propios productos, con el fin de que su rival no consiga más audiencia.

Nacho Fresneda en El Ministerio del Tiempo

Empezando por La 1, que está haciendo malabarismos con la mejor serie nacional de los últimos años, El Ministerio del Tiempo, moviéndola de la parrilla a su antojo, pero sin lograr que pierda espectadores, porque el producto es tan bueno que es misión imposible. Eso sí, se permite jugar al despiste sobre su renovación, algo que cualquiera con dos dedos de frente hubiera hecho incluso antes de su estreno. Algo estúpido debe estar cocinándose en el ente público, si no es imposible entenderlo, quizás estén demasiado ocupados con sus juegos de tronos en los informativos para pensar con claridad.

Cadena pública aparte, que no se reparte el pastel publicitario tenemos a los dos gigantes Mediaset y Atresmedia con sus cadenas estandarte al frente. Durante las últimas semanas no han parado de jugar al tres en raya entre ellas y lo que es más grave, con sus caras series y programas de televisión. El último episodio en esta guerra ha sido el cambio de día de Bajo Sospecha al lunes para tratar de frenar el imparable talent show que es La Voz, o quizás ha sido al revés, ni me acuerdo ni me quiero acordar, porque el resultado final es el mismo.

El caso es que de Telecinco me puedo esperar que haga lo que sea con sus programas, incluso prenderles fuego o vendérselos al diablo, pero de Antena 3 me esperaba algo más con sus series, sobre todo porque alardea de apostar por la ficción de forma decidida y valiente, y es cierto, cada vez está sacando mejores productos pero una vez han visto la luz parece despreocuparse de ellos y no duda en usarlos como arma arrojadiza a pesar de que el resultado puede ser el de su destrucción. ¿Acaso cree Antena 3 que Bajo Sospecha no se va a resentir por culpa de La Voz y de la cada vez más creciente legión de fans de El Ministerio del Tiempo? Lo sé yo, lo sabéis vosotros y lo saben ellos. Pero les da exactamente igual, es más satisfactorio ver a tu rival muerto que a ti saliendo victorioso.

Reparto de Bajo Sospecha

Con todo esto, se están haciendo un flaco favor a ellos mismos, a sus productos y, por supuesto, al de siempre, al espectador que quiere disfrutar de su programa favorito y tiene que echar una ojeada para ver si siguen poniéndolo ese día y a esa hora o, por el contrario, ya se lo ha perdido porque lo pusieron ayer. Menos mal que han nacido las plataformas de contenido online, que nos echan un cable y nos salvan de perder el hilo, algo que era muy habitual antes y no había forma de solucionarlo. Por eso, o se empiezan a medir bien las audiencias en Internet como si fuéramos un país normal, o nos vamos a quedar otra vez sin series de calidad, la gente va a dejar de ver la televisión analógica y vuelta a empezar otra vez. Destrucción mutua asegurada.

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