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El Ministerio del Tiempo se gusta más en su segunda temporada

Hugo Silva en la Segunda Temporada de El Ministerio del Tiempo

La primera temporada de El Ministerio del Tiempo fascinó a todos los seriéfilos al mismo tiempo que se reencontraba con un público que ya no creía en la ficción española, o que nunca ha creído, como un público joven que nunca ha tenido unos referentes patrios tan poderosos como los que ofrece la serie de Javier Olivares y compañía. La segunda entrega confirma todo lo que vimos el año pasado pero, quizás siendo conscientes de su éxito, ahora se gusta más, se atreve más y nos hace disfrutar de lo lindo.

Los dos episodios emitidos hasta el momento han sido muy diferentes entre sí pero totalmente coherentes con el tono de El Ministerio del Tiempo. El primero se preocupó de contarnos lo que pasó después de la season finale, sobre todo con Julián e Irene, que quedaron en una situación muy delicada. También se centró en explicar la salida de Rodolfo Sancho (esperemos que momentánea) y lo hizo con una trama fantástica que nos regaló el cameo de David Sainz, que sirvió como catalizador para su personaje. El Cid fue el protagonista histórico del episodio, muy bien interpretado por Sergio Peris Mencheta, junto con el gran Ramón Langa, que volvía como Spínola. De él nacieron la mayoría de guiños y referencias a la cultura popular. Un gozo que nos mantuvo a todos a la caza del huevo de pascua.

El Cid El Ministerio del Tiempo

El segundo, sin embargo, ha cambiado de tercio para presentarnos a Pacino, el personaje que viene a cubrir el lugar Julián en el equipo, interpretado por Hugo Silva. Se trata de un policía de los años 80 que se salta las reglas siempre que lo considera oportuno si con ello consigue impartir justicia. La trama histórica nos introduce a un asesino de mujeres a lo largo de la historia y la comedia que presidió el primer capítulo se torna en oscuridad en el segundo gracias al personaje interpretado por Andrés Gertrúdix, un tipo frío que sufrió un grave trauma infantil que le ha convertido en lo que es.

La mezcla de géneros es una constante en El Ministerio del Tiempo, la responsable de tenernos siempre a flor de piel. Se nota que la serie está muy bien trabajada desde el principio, desde el esqueleto del guión y la definición de unos personajes que ofrecen una gran cantidad de matices, pero no sólo los principales, sino los secundarios y los episódicos, muy importante para una ficción que es prácticamente procedimental. Éstos secundarios y episódicos son los grandes atractivos semana a semana porque nos descubre a buenos actores, olvidados algunos y desconocidos otros. Siempre han estado ahí pero ahora están bien dirigidos, otra prueba fehaciente de que se hacen muy bien las cosas en todas las fases de la producción.

Foto de El Ministerio del Tiempo

El contenido transmedia que genera El Ministerio del Tiempo sigue siendo espectacular. Las apariciones de Javier Olivares, Marc Vigil o los protagonistas no han bajado el ritmo de la primera temporada y siguen dejándose ver en programas de televisión y en las redes sociales. Por otro lado, la sólida base de fans siguen alimentando a ese monstruo que es la ministeria mediante dibujos, animaciones y demás creaciones que jamás pensábamos que veríamos en España. Además, la audiencia está respondiendo y en las dos semanas que lleva en emisión la segunda temporada ha sido líder en el prime time con una media de 2.600.000 espectadores, algo que se le resistió el año pasado, pero aún así los visionados en streaming subirán muchos sus datos. Y lo mejor de todo es que nos queda la sensación de que estamos presenciando un producto cultural de primer nivel. Puro servicio público en Televisión Española.

El cine y las series de televisión son mi pasión, aunque la Edad de Oro de la pequeña pantalla me tiene conquistado del todo. En Cultura Seriéfila analizo toda ficción que lo merezca con una dosis muy alta de opinión. También me podéis leer en tvspoileralert.com. Y no olvidéis seguirme en las redes sociales.

El Ministerio del Tiempo: calidad, entretenimiento y cultura

Rodolfo Sancho, Aura Garrido y Nacho Fresneda

La primera temporada de El Ministerio del Tiempo finalizó el pasado lunes con un final que deja todo muy abierto, menos mal que el sentido común imperó por fin en el ente público y escuchó las súplicas de los ministéricos, que pedíamos la renovación a gritos y a golpe de hashtag. Y aciertan de pleno porque tienen entre manos una serie que, además de ser una gran serie, es el ejemplo de servicio público que debería ofrecer toda televisión gubernamental.

Calificar a El Ministerio del Tiempo como una serie quizás sea un poco genérico y el término se queda muy corto. Ha sido un fenómeno transmedia pues su presencia en Twitter gracias a su gloriosa cuenta oficial y a otras que han creado los fans, como la de los personajes y hasta un podcast no oficial, han conseguido crear una telaraña que trasciende más allá de la pantalla. Por supuesto, las colaboraciones de la productora, de Javier Olivares, Marc Vigil y los actores han sido fundamental en la creación del fenómeno fandom, facilitando entrevistas por doquier incluso a medios más humildes como pequeños blogs y podcasts. Y han sido muy inteligentes porque sabían que su producto era buenísimo pero también que tenían que ir más allá para conseguir una relevancia que seguro que habrá superado sus expectativas.

Que las audiencias no sean importantes para TVE es algo relativo porque es un termómetro para medir el alcance que ha tenido un producto. El Ministerio del Tiempo no se puede calificar de bombazo en cuanto a número de espectadores pero sí a la calidad de los mismos. Todavía los directivos de las cadenas, quizás por culpa del método de medición, no se han dado cuenta de que lo que importa es tener un público de calidad, que es el que realmente consume. Esto no es nuevo, es algo que Estados Unidos se dieron cuenta hace cuarenta años y ha sido el motor que ha hecho evolucionar a la ficción. Si esto no fuera así, series como Hannibal o The Good Wife no tendrían cabida en NBC y CBS respectivamente. Hablando de los fríos números, El Ministerio del Tiempo tuvo en su season finale un 10,8% de share y 2.245.000 espectadores, pero fieles y devotos. Nunca lo tuvo fácil en la noche del lunes con Bajo Sospecha, Los Nuestros o La Voz pero ha recuperado a un público que había perdido la fe en la ficción español y que ha vuelto a creer.

Efectos de El Ministerio del Tiempo

Técnicamente, El Ministerio del Tiempo es impecable. Javier Olivares ha sabido entender el papel de showrunner como nadie lo ha hecho hasta ahora en España, puesto que ha llevado el control total de su creación con muchísima libertad, algo que hay que agradecer a la cadena, no está de más reconocerlo, que se la concedió. Para llevar a cabo su idea y la de su hermano Pablo, se rodeó de los mejores. Nombró a Marc Vigil director de la serie y no ha defraudado para nada, pues ha conseguido dar cohesión e identidad a todos los episodios como si fuera uno sólo y eso se nota a pesar de que no firmar cada uno de ellos, pero sí supo dar con el tono adecuado y crear un concepto. La fotografía, la música y los efectos especiales también han resultado esenciales y han conseguido dotarla de identidad visual, ambientación adecuada y credibilidad, respectivamente.

Pero lo mejor de El Ministerio del Tiempo es que ha creado su propio universo y lo ha hecho tomando un tema muy atractivo a nivel global como los viajes en el tiempo pero desarrollado con los localismos propios. Por eso funciona a la perfección, porque parte de la improbable premisa de que es nuestro país el que posee una arma tan poderosa, con toda la correspondiente mofa que conlleva. Esto ayuda a crear un entorno propicio para todo tipo de gags relacionados con la idiosincrasia de España. Se puede decir que la serie mezcla muchos géneros diferentes y que todos ellos se pueden cantar en cada episodio pues hay drama, comedia, historia y aventura. Todos funcionan gracias al tono y a los diálogos, más frescos y realistas de lo que estamos acostumbrados, y ayudan a facilitar la labor de unos actores que parecen más naturales y mejor interpretados. Es cierto que el casting de El Ministerio del Tiempo es otro de sus aciertos pero éstos no son los únicos actores buenos de nuestro país, lo que ha cambiado es que el libreto que interpretan es brillante, creíble y con gancho, y que tras las cámaras hay gente que realmente los saben dirigir, por no hablar del buen ambiente que hay entre todo el equipo, que se deja sentir en el resultado final.

Tras ver los ocho capítulos que componen la primera temporada, no he conseguido encontrar a mi personaje favorito ni tampoco al que odie. A pesar de que son tres protagonistas, tres principales y un buen puñado de secundarios y episódicos, todos cumplen a la perfección con su cometido. Me gustaría mencionar a los últimos en primer lugar porque se han ganado al espectador a pesar del poco tiempo en pantalla del que han dispuesto, gracias a que en cierta manera, ya los conocemos de antes, entre otros Velázquez, Lope de Vega, Hitler, Franco, Torquemada, Picasso, Dalí, Buñuel y el maravilloso Federico García Lorca. Lo que han hecho con el poeta ha sido muy muy grande. Los tres personajes protagonistas funcionan desde el principio gracias a los anacronismos entre ellos, más acentuados en el caso de Alonso, que provoca situaciones hilarantes, o las referencias a la cultura popular que sus compañeros no están ni cerca de entender, un guiño al espectador. Y Amelia Folch es uno de los personajes más interesantes de los últimos años en la ficción española, es la que aporta la cordura, la inteligencia y el equilibrio. Pero no podíamos dejar de comentar a un personaje que ha desatado la locura, Irene Larra (Cayetana Guillén Cuervo), un personaje de los llamados bitch que ha generado todo un movimiento en Twitter, el de los Cayetaners. También se ha llevado una catarata de elogios Juan Gea, cuyo Ernesto es un personaje sobrio pero de la misma forma entrañable.

Cayetana Guillén Cuervo y Juan Gea

Por último, me gustaría destacar la labor educativa que ha llevado a cabo El Ministerio del Tiempo. Estoy seguro de que muchos padres y maestros tienen que estar dando las gracias porque al fin los jóvenes se están interesando por los clásicos. Muchos de ellos han sido trending topic en Twitter y estoy seguro que a más de uno le han entrado ganas de descubrir sus obras. Esta serie es un caramelo en manos de la televisión pública pues está ofreciendo una ficción espectacular en cuanto a entretenimiento y, al mismo tiempo, una poderosísima herramienta cultural libre de adoctrinamientos. TVE no podía dejarla escapar, menos mal que al final se ha impuesto la cordura. Larga vida al Ministerio.

El cine y las series de televisión son mi pasión, aunque la Edad de Oro de la pequeña pantalla me tiene conquistado del todo. En Cultura Seriéfila analizo toda ficción que lo merezca con una dosis muy alta de opinión. También me podéis leer en tvspoileralert.com. Y no olvidéis seguirme en las redes sociales.