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‘The Walking Dead’, un rayo de luz en el cielo del despropósito

La batalla final en la octava temporada de The Walking Dead

Decir que The Walking Dead es mi placer culpable hubiera sido cierto hace un par de temporadas. Antes de eso era una de mis series favoritas y ahora es poco menos que puro masoquismo. Después de comprobar que el asunto no tiene buen arreglo, yo también estoy al lado de los que piden su final cuanto antes. Y eso que el último episodio plantea un cambio de horizonte interesante de cara a la novena entrega (¡novena!). Dicha redistribución de los elementos sobre el tablero unido al cambio de showrunner puede, al menos, frenar el hundimiento.

Este artículo contiene spoilers del 8×16 de The Walking Dead

Desde que supimos de la existencia de los Salvadores, The Walking Dead ha ido cayendo en picado, jugando todas sus cartas a que Negan y su enfrentamiento con Rick sostuvieran la serie por sí solos. Primero lo estuvieron escondiendo más tiempo del que debieron hacerlo, por lo que su aparición, aunque esperada, ya no podía impactar de la misma forma. Y después está el cliffhanger asqueroso del 6×16, que dio paso al último gran episodio de la serie hasta la fecha. Ya sabéis lo que pasó, de ahí en adelante cuesta abajo y sin frenos.

Personajes a salvo

Uno de los grandes alicientes que tenía The Walking Dead, como ocurría también en Juego de Tronos y Perdidos, es que en cualquier momento podía morir un personaje principal. Esto provocaba una tensión que nos pegaba al asiento y nos mantenía bien enganchados, esquivando spoilers los lunes por la mañana. Qué tiempos aquellos. Y si no tenía pinta de que se fueran a cargar a alguien al menos nos planteaba buenos conflictos emocionales o interesantes reflexiones sobre el apocalipsis. Ni rastro de aquello. Los guionistas tienen un miedo irracional a matar personajes, por muy secundario que sea, aquí solo mueren extras. Cualquiera diría que tienen que matar a los actores también, o que se llevan genial y no los quieren mandar al paro. Bromas aparte, creo que los usan como meras herramientas, dejándolos ahí por si acaso puede hacerles falta para justificar una acción y ya veremos si hace algo después. Y eso obedece a una falta de rumbo que provoca falta de planificación, a ir sobre la marcha. Sea como sea, ya no tenemos la tensión de antes, y la atención disminuye. Y de los conflictos de los personajes ahora hablamos.

Exceso de personajes

The Walking Dead es una serie coral de toda la vida, como las mencionadas Juego de Tronos y Perdidos. Antes tenía un reducido número de principales y eso permitía desarrollarlos más a fondo, con más rigor. Eso significaba que sus actos ya venían justificados y se podían componer mejor las tramas, hilarlo todo para que no haya fisuras. Y también, que es donde yo quería llegar, sus muertes importaban y nos dolían como si fueran nuestros conocidos. El exceso de personajes es consecuencia directa del anterior epígrafe, hay miedo a matar. Ahora, incluidos Rick, Daryl, Carol o Michonne, son más planos, pues siempre se mueven entre los mismos dilemas como si fuera para lo único que sirven. Por tanto, hay muertes que nos importan un bledo y cuando una importante ocurre no produce el mismo efecto que antes porque las circunstancias en las que ocurren son la mayoría de veces sonrojantes. Pobre Carl.

Bonito flashback en el 8x16 de The Walking Dead

Inmovilismo temático

Los personajes de The Walking Dead llevan matando humanos desde la segunda temporada, cuando Rick liquida a unos tipos en un bar. Después de matar a su mejor amigo, a multitud de villanos y extras, en la octava sigue siendo el tema central. Matar humanos o no. Rick asesino dio paso al Rick granjero. Después otra vez Rick asesino y ahora el constructor de una nueva pacífica civilización. El apocalipsis zombie da para mucho, tiene millones de aristas que explorar y no lo ha hecho cuando ha podido. A nosotros como espectadores solo nos queda esperar el momento en que Rick, como antes Morgan o Carol hicieron, cambie de opinión porque ya sabíamos que lo iba a hacer aunque implique ir contra las leyes de la lógica, como dejar a Negan con vida.

El último episodio: Wrath (Ira)

Aunque la forma de llegar a ese final nos parezca chapucera como ya es norma, lo que en él se cuenta a mí me vale. Dejamos atrás a Negan y los Salvadores, que ahora colaborarán juntos en paz, hasta que digan los guionistas. Me apetecería ver cómo Hilltop, el Reino y el Santuario consiguen prosperar y abandonar la guerra tan absurda de que ya nos hemos aburrido. Ese final abre la puerta a otra cosa diferente que deseamos que la nueva showrunner no estropee. Por otro lado, me ha encantado la alianza que se está gestando contra Michonne y Rick formada por Daryl, Maggie y Jesus.  Estas dos historias son un buen trasfondo para generar nuevos conflictos que nos saquen del maniqueísmo y nos vuelva a pintar un mundo de grises. Pero para ello hay que aligerar la carga de secundarios inservibles como Tara, Eugene, Aaron, Rosita, Gabriel, etc. Ya llegó su momento.

La viuda de Glenn esperará su momento para traicionar a Rick en The Walking Dead

La octava temporada de The Walking Dead ha sido la confirmación de que se ha ido al traste, lo que nos confirma que no tiene arreglo y así seguirá hasta que los ejecutivos le den el hachazo definitivo. Una buena solución para el final, que creo que se está aproximando, sería su fusión con Fear The Walking Dead y pronto lleguen a la resolución de la historia. Por mi parte me cuesta mucho abandonar una serie que me ha dado tantos buenos momentos, por lo que seguiré hasta el final aunque sea criticando.

The Walking Dead se emite en FOX España

El cine y las series de televisión son mi pasión, aunque la Edad de Oro de la pequeña pantalla me tiene conquistado del todo. En Cultura Seriéfila analizo toda ficción que lo merezca con una dosis muy alta de opinión. También me podéis leer en tvspoileralert.com. Y no olvidéis seguirme en las redes sociales.

‘The Americans’: primer vistazo a su temporada definitiva

Este no es un artículo de review al uso no lo esperéis todas las semanas. Aunque también os digo que no será el último. The Americans es una serie con muchas capas y de cada episodio podría escribir un texto interesante pero el formato review me parece aburrido tanto para el que escribe como para el que lee. Sea como sea me gustaría plasmar por aquí las ideas que voy sacando de los episodios, sin compromiso semanal.

Este artículo contiene spoilers hasta los episodios 6×01 y 6×02

The Americans ha jugado al despiste con nosotros desde el principio, marcándonos ciertas pautas mediante las cuales el espectador podía establecer una cronología de cómo más o menos iba a acabar la serie. Al principio, Joe Weisberg y Joel Fields, sus creadores, nos planteaba un juego del gato y el ratón entre los Jennings y su nuevo vecino, Stan Beeman, que casualmente era agente de contrainteligencia del FBI. Pero durante cinco temporadas ha estado latente y todavía puede aflorar, pero si acaba estallando será por una chispa de casualidad, más que por una investigación concienzuda en la que va estrechando el cerco, como sí ocurría con frecuencia en Dexter. Pero no sería la primera vez que las tramas se entierran para siempre.

La otra línea inicial de conflicto fue la deserción, planteada desde el primer episodio. Ésta sí nos ha ido dando pistas, aunque puntuales, durante toda la serie hasta que al final de la quinta temporada fue un tema que estaba realmente sobre la mesa. Philip ha sido el que ha llevado la idea en la cabeza todo el tiempo, seducido por el estilo de vida americano y también pensando en el futuro de sus hijos, que debían crecer con las ventajas que el capitalismo les ofrecía. Al final, parece ser que la Central se volvió más aperturista y le concedió el deseo de retirarse tras no poder soportar más la carga que supone un trabajo de tales características.

Los protagonistas de The Americans afrontan la última temporada de forma muy diferente

Y entonces llega una elipsis que nos traslada a 1987, a las puertas de la cumbre en la que se eliminaron los misiles balísticos nucleares y convencionales, es decir, éste y otros tratados marcaron el principio del fin de la Guerra Fría. Confirmamos que Philip dejó el espionaje para centrarse en la agencia de viajes, dejando todo el peso sobre los hombros de Elizabeth, que además tiene que formar a Paige. La hija mayor ya es independiente, va a la universidad y ha asimilado su rol en la historia. O eso parece. Así, tenemos a las mujeres llevando la parte dura y a los hombres de la casa viviendo el sueño americano. Esta elipsis temporal echa por tierra muchas de las teorías que elucubrábamos para el final de la The Americans, o al menos las camufla muy bien. Sea cual sea éste, va a haber drama, eso seguro.

En estos dos episodios, la acción se ha activado desde la Unión Soviética mediante Oleg Burov (cuánto me gusta este personaje), que lleva tres años fuera del KGB y recibe la visita de Arkady Ivanovich, qué bueno volver a verle. Éste le pide que vuelva a Estados Unidos para convencer a otro retirado, nuestro querido Philip, de que espíe a su esposa, que indirectamente puede sabotear el gran paso que Reagan y Gorbachov están a punto de dar. En una serie como The Americans, donde las tramas rara vez se cruzan, es un placer cuando ocurren este tipo de crossovers. Sinceramente no esperaba que los guionistas nos tuvieran preparado un juego de espionaje interno entre los Jennings, que puede dar pie a un dilema moral de esos que pueden provocarnos un infarto, de los que nos pueden doler tanto como les duele a ellos. Hablo del deber de Philip de delatarla o deternerla y, por tanto, de la dichosa pastillita del colgante de Elizabeth. Por eso digo que movernos en ese territorio puede ser sufrido y angustioso como espectadores.

Paige y su madre tienen una charla muy particular sobre sexo en The Americans

Por último, Paige se mueve como pez en el agua como aprendiz de espía. Una alumna aventajada de la maravillosa Claudia, que damos gracias a que haya vuelto para quedarse hasta el final. Hasta ahora combina pelucas con su vida universitaria haciendo labores de primero de espionaje, como pasar información, vigilancia y poco más. En el segundo episodio le pregunta a Elizabeth si hay que llegar a acostarse con gente para conseguir sus objetivos y ella responde que no salvo contadas excepciones. Eso fue antes de ver a su madre con la cara manchada de sangre y sesos. -Vete Paige, vuelve a tu posición. Sigue con el plan-, le respondió. Todavía tienes mucho que aprender, pequeña.

La dichosa cumbre va a marcar una fecha límite para The Americans, una escalada de acontecimientos que esperamos que precipite los momentos de más tensión, que no han sido pocos. Pero no es una serie de fuegos artificiales así que no espero que los guionistas se vuelvan locos. Todavía es pronto para saber si será un final en alto o anticlimático. A estas alturas para mí es lo de menos, he disfrutado tanto durante estos años que lo que hayan planeado Joe Weisberg y Joel Fields bien hecho estará. Tendrán más noticias mías de aquí al final de los diez episodios que componen la sexta y última temporada

The Americans se emite en España en FOX Life, en V.O.S en la madrugada de viernes a sábado a las 3.30h. La versión doblada se estrena el 15 de abril.

 

 

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‘The Marvelous Mrs. Maisel’, la joya de Amy Sherman Palladino y Rachel Brosnahan

The marvelous Mrs. Maisel es la serie de Rachel Brosnahan que emite Amazon

Vaya sorpresa me llevé cuando supe que Amy Sherman Palladino estaba detrás de una nueva serie para Amazon Prime Video. Además que no tenía ninguna información hasta que preparamos el guión del podcast del mes de noviembre. Las expectativas, que subieron como la espuma, se vieron superadas por una serie que me reencontraba con una forma de escribir situaciones, diálogos y personajes que echaba mucho de menos. No es un secreto que soy un gran amante de Las chicas Gilmorepor tanto, The Marvelous Mrs. Maisel me ha encantado.

Miriam Maisel es la típica esposa perfecta de clase alta del Nueva York de finales de los años 50. Su dedicación por su marido, un empresario cuyo sueño es ser cómico, es total hasta que éste la abandona por su secretaria, momento en el que se da cuenta que es ella la que tiene el talento para hacer chistes. Como es sabido, no era una época favorable para que una mujer cambiara de forma de vida tan radical y menos que se exponga ante el público que llena los bares. Sobre todo en su posición social. Midge, con un desparpajo y una gracia fuera de lo normal, se va abriendo camino entre todas las vicisitudes que se le van presentando.

Como ya hemos mencionado, The Marvelous Mrs. Maisel está producida y escrita por Amy Sherman Palladino junto con su esposo Daniel Palladino y Scott Ellis (Weeds). Delante de las cámaras, la gran protagonista es Rachel Brosnahan, que consigue crear un personaje tan adorable como hilarante, además de carismática y fresca. Junto a ella, Alex Borstein (Padre de Familia, Las chicas Gilmore), que interpreta a su agente, Michael Zegen (Boardwalk Empire), su marido, y Tony Shalhoub (Monk), su padre.

No es que la historia de una mujer que cambie su vida y se meta a cómica de stand-up me llame la atención a las primeras de cambio. De hecho los precedentes tampoco me han dicho gran cosa a excepción de Louie, Seinfield El fin de la comedia. Pero claro, en realidad The Marvelous Mrs. Maisel no tiene nada que ver con esas series. No trata de una cómica y su forma de entender la vida cuando se baja de las tablas. Sino una historia donde la comedia está presente pero lo importante son los personajes, o mejor dicho, la protagonista. Y eso a mí me llama más la atención. Tampoco me apetecía demasiado volver a los años de Mad Men, pero tengo que decir que a la historia le viene fenomenal estar situada a finales de los 50.

The Marvelous Mrs. Maisel, como le pasaba a Mad Men, es una serie feminista. Aunque en este caso su protagonista absoluta es una mujer, aquí ellas también tienen que luchar contra los convencionalismos y el machismo imperante. Es cierto que su lucha empieza cuando su marido la abandona y cuando su abnegada dedicación se ve penalizada por su parte. Pero a partir de ahí vemos a otra Midge, que siempre estuvo ahí pero que ahora no se mueve bajo la sombra de nadie. Ella empieza a romper barreras, de forma accidental, en un negocio en el que impera el humor políticamente correcto y es un sector acotado al género masculino. A pesar de tenerlo todo en contra, incluso a la ley, no se da por vencida hasta conseguir el éxito que merece. Por el camino, Rachel Brosnahan, nos regala un carisma y una vis cómica que francamente creía que no tenía. Claro que está apoyada por los maravillosos guiones de Amy Sherman Palladino, pero consigue construir un personaje al que ella le ha aportado mucho.

 

Técnicamente, la serie no se queda atrás en cuanto a calidad. La buena ambientación se ve apoyada por una selección de temas musicales que no somos capaces de dejar de tararear, una fotografía colorista y positiva como es ella y un vestuario muy atrevido usando mucho color, que va a muy acorde con la época. Hay que estar atentos a los modelitos que luce Brosnahan porque son geniales. Pero si tengo que destacar sólo una cosa de la parte técnica, ésta sería la dirección de los episodios, a nivel de actores y a nivel de manejo de la cámara. Los movimientos de cámara son impresionantes en algunas partes de la serie, que no se conforma con contarnos una historia sino que nos la cuenta muy bien.

Rachel Brosnahan y Alex Bornstein en The Marvelous Mrs. Maisel, de Amazon Prime Video

Me gustaría destacar varios movimientos de cámara absolutamente deliciosos. El primero transcurre en el primer episodio, cuando Midge y su marido llegan al bar de monólogos tenemos un plano secuencia desde que entran hasta que se sientan en su mesa que recuerda a Uno de los nuestros, salvando las distancias. No es el único, también hay otro que aporta teatralidad a la situación y juega muy en favor de la comedia, y se trata de una secuencia en la cocina de sus padres en la que los personajes van entrando y saliendo de escena mientras Miriam se va moviendo. Y por último, destaco creo que también en el primero, una secuencia en la que nuestra protagonista recoge a su bebé de casa de su madre, en la que la cámara estática va grabando mientras ellas dos hacen un poco el juego de las puertas, entrando y saliendo de habitaciones. Dos buenas pruebas de que no sólo con un buen guión y trabajo actoral se puede hacer buena comedia. También el lenguaje audiovisual puede contribuir. 

La historia de la señora Miriam “Midge” Maisel no ha hecho más que empezar pero a lo largo de los ocho episodios que componen la primera temporada nos ha hecho pasar un buen rato y nos ha hecho reír. Y además nos ha dado una serie muy bien hecha desde todos los puntos de vista. Sólo me queda decir que ya está renovada para una segunda entrega de diez episodios. Gracias y buenas noches.

The Marvelous Mrs. Maisel está disponible en Amazon Prime Video.

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‘Todo es una mierda’, los noventa eran cuquis

Todo es una mierda se ha convertido en una de las sopresas de este invierno en Netflix

A veces Netflix nos regala algunas series sorpresa de las que esperábamos poco o nada. Está claro que la plataforma no puede dar la misma publicidad a todas las ficciones que estrena pero es que además este handicap a priori lo convierte en una virtud. El factor sorpresa juega un papel muy importante para series como Everything Sucks, que son capaces de absorber la conversación en las redes, aunque sea durante muy poco tiempo. Y eso que se trata de un producto que tiene unos ingredientes que podríamos considerar como apuesta segura: adolescentes, nostalgia, identidad sexual, buena música, ternura…

Todo es una mierda está creada por Michael Mohan, que además dirige siete episodios, y Ben York Jones, que además interpreta al personaje de Mr. Stargrove. Ambos nacieron aproximadamente en la misma época que los protagonistas de la serie por lo que hablan desde el conocimiento y cuentan la historia desde sus ojos. Está protagonizada por adolescentes de primer año de institutos interpretados por Jahi Di’Allo Winston (Feed The Beast), Peyton Kennedy (Odd Squad), Elijah Stevenson (Captain Fantastic) y Sidney Sweeney, que veremos en este año ni más ni menos que en The Handmaid’s Tale y en Heridas abiertas (Sharp Objects), la serie de Amy Adams en HBO.

Todo es una mierda nos cuenta la historia de Luke, que junto a sus amigos Tyler y McQuaid, se apuntan al club de audiovisuales. Allí conocerá a una chica, Kate, de la que se enamora a primera vista y que además es la hija del director. Junto a los integrantes del club de teatro iniciarán el rodaje de una loca película de extraterrestres en la que descubrirán muchas cosas sobre sí mismos y sobre la vida en general. La serie contiene muchos toques de drama, personajes entrañables y mucho humor en los 25 minutos de duración de cada episodio de esta comedia.

La pareja protagonista de Todo es una mierda ha sido lo mejor de la serie

Nostalgia… Noventera

Reconozco que estoy hasta el último pelo de la nostalgia de los años 80 e incluso gente como yo hemos aborrecido la palabra “nostalgia” en sí misma. Hasta que nos toca la nuestra claro, porque a la generación de los treinta y tantos no nos pillan tan cerca los ochenta, que es más una cosa cosa de la infancia. Pero los 90 son nuestra época, la de la adolescencia, y estar en el mismo punto que los protagonistas de Todo es una mierda es un plus muy especial. Objetos como los Discman, las cintas VHS, el antiguo módem con el que navegábamos por la red, expresiones, la música… todos ellos son capaces de darle la vuelta a la serie.

Porque la serie no es gran cosa, no tiene nada de especial a simple vista. Una dramedia adolescente que en ocasiones busca la lágrima fácil, personajes odiables y otros entrañables interactuando en un happy place de manual. Sólo que a medida que avanzan los episodios no son tan happy como pensábamos, que los personajes sufren carencias afectivas, crisis de identidad y amores frustrados. Y además sufren como lo hacíamos nosotros, con una inocencia que no tienen los adolescentes de ahora, cuando las relaciones cara a cara eran más importantes que las que se establecen a través de la pantalla. Por eso funciona tan bien Esto es una mierda, porque consigue que los elementos noventeros no sean sólo accesorios, por mucho que puedan ser excesivos, sino que son una herramienta con la que contar la historia de siempre de la forma en que se hace ahora, añadiendo diversidad sexual racial y dando más poder a los personajes femeninos.

Los antagonistas de Todo es una mierda

Otra muestra más, por tanto, del valor de la serie, que pasa por ser de los noventa incluso en la forma de rodar y que sus referencias están mejor insertadas que en otras ficciones nostálgicas. Podríamos decir que Todo es una mierda hace lo mismo que Stranger Things, pero en otra época y con otro género. A pesar de todo, lo que mejor funciona es la música, capaz de mejorar algunos episodios mediocres, capaz de cambiar nuestra percepción sobre los personajes y algunas tramas realmente aburridas o ridículas, directamente.

No podemos sacar la vara de medir las grandes series, no sería justo, simplemente sentémonos en el sofá y dejemos que nos entretengan con un producto sin más pretensión que gustar a la generación que se hizo mayor en los noventa, y aportar elementos modernizados como parejas interraciales, protagonistas homosexuales o bisexuales, o que el clásico personaje graciosete sea un blanco esta vez. Todo esto, además de hacernos pasar un buen rato, sirve para echar una mano a los colectivos que lo necesitan. Y eso está muy bien.

Todo es una mierda está disponible en Netflix.

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Pocas sorpresas en los Globos de Oro 2018 teñidos de negro

Ganadores de los Globos de Oro 2017

Hace sólo unas horas que se entregaron en el Hotel Beverly Hilton los Globos de Oro 2018. La ceremonia ha estado marcada claramente por las reivindicaciones de las mujeres (y algunos hombres) en contra del acoso sexual, para lo que eligieron el color negro para sus vestidos y dieron visibilidad a una campaña de recogida de fondos para ayudar a las víctimas, llamada ‘Time’s Up’.

Desde la presentación, Seth Meyers, estuvo muy duro con Harvey Weinstein, de quien profetizó que sería la primera persona abucheada en un In Memoriam. O con Kevin Spacey, de quien incluso puso en duda su talento al poner acento sureño. Continuaron las reivindicaciones con los discursos de las actrices o creadoras que iban subiendo al escenario a recoger sus premios. Muy emocionantes fueron los discursos de Laura Dern, Nicole Kidman, Elizabeth Moss, etc, que mezclaron el papel de las mujeres en sus respectivas series con el gran tema de la noche. Por último, no podía faltar el discurso de aceptación del premio Cecil B. DeMille de Oprah Winfrey, histórico por lo inspirador que puede resultar para las nuevas generaciones. Además, dicen que podría estar presentando su candidatura para ser Presidenta de Estados Unidos.

Nicole Kidman, Laura Dern, Elizabeth Moss y Rachel Brosnahan en los Globos de Oro 2018

Pasamos a hablar estrictamente de premios y premiados, que es de lo que se trata al fin y al cabo. En la categoría de mini serie o serie limitada, Big Litle Lies cumplió todas las previsiones y repitió la victoria de los pasados Emmy. La serie de HBO ganó en su categoría, Nicole Kidman ganó como actriz protagonista, Laura Dern como secundaria y Alexander Skarsgaard como mejor actor de reparto en cualquier tipo de serie. El premio a mejor actor protagonista fue a parar a Ewan McGregor por la tercera temporada de Fargo. La categoría de comedia estuvo más abierta a las sorpresas debido a que la mayoría de nominadas eran nuevas series. El galardón fue a parar a The Marvelous Mrs. Maisel (Amazon), su protagonista Rachel Brosnahan ganó como mejor actriz. Mientras, Aziz Ansari se hizo con el Globo de Oro al mejor actor por Master of None. Por último, The Handmaid’s Tale también ganó como mejor serie dramática y Elizabeth Moss como mejor actriz. El premio al mejor actor fue para Sterling K. Brown, por su papel en This Is Us.

Aziz Ansari, Ewan McGregor, Sterling K. Brown y Alexander Skarsgaard en los Globos de oro 2018

Esto fue todo en las categorías televisivas, enmarcadas dentro de una gala un poco extraña pero especialmente emocionante y en cierto modo un poco imprevisible por si alguien sacaba los pies del tiesto demasiado. Lo único que sí eché en falta fue un poco más de compromiso con la causa por parte de los hombres. Muchos de ellos actuaron como si no fuera con ellos, y esto sólo se consigue cambiar con el trabajo de todos y todas.

El cine y las series de televisión son mi pasión, aunque la Edad de Oro de la pequeña pantalla me tiene conquistado del todo. En Cultura Seriéfila analizo toda ficción que lo merezca con una dosis muy alta de opinión. También me podéis leer en tvspoileralert.com. Y no olvidéis seguirme en las redes sociales.

‘Mindhunter’: un viaje a la mente del asesino en serie

Mindhunter se ha convertido en uno de los grandes aciertos de Netflix en 2017

Hemos tenido que esperar hasta octubre para ver una de las series más esperadas de este 2017. Mindhunter ha llegado tarde pero quizás gracias a eso estará en los primeros puestos de todas las listas de mejores ficciones del año, en detrimento de otras que pueden haber quedado más atrás en el tiempo. La propuesta de David Fincher y Joe Penhall, que no olvidemos que es el showrunner no ha decepcionado a nadie y lo mejor es que su progreso en los próximos años puede ser estratosférico.

Holden Ford (Jonathan Groff) es un agente del FBI que se dedica a formar a los futuros agentes en Quantico. Con el fin de formarlos mejor, intenta descifrar la mente de lo que entonces se conocían como “asesinos secuenciales”. Para ello le asigna al agente Bill Tench (Holt McCallany), otro agente encargado de dar cursos a las policías locales de todo el país. Con la excusa de ayudarlo, Holden puede viajar a las prisiones donde están encerrados esos monstruos y así poder entrevistarlos. Más tarde reciben la ayuda de una profesora de universidad, Wendy Carr (Anna Torv), que dotará al equipo de un método científico y pondrá orden en el proyecto.

Lejos de ser un “whodunnit” (“quienlohizo”), Mindhunter va mucho más allá de capturar asesinos y resolver crímenes. Los agentes Ford y Tench buscan hacer un perfil psicológico de los asesinos más famosos del país para elaborar así un patrón que les permita detectar y prevenir futuros asesinatos secuenciales. Por tanto, llama la atención la celeridad con la que sus protagonistas descubren a los culpables, porque ese no es el fin de la serie. Ésta tiene dos partes bien diferenciadas, la primera es estudiar, entrevistar a los psicópatas que ya están entre rejas, elaborar una serie de pautas; y la segunda es ponerlas en práctica en los casos que se van encontrando allá por donde viajan.

Holt McCallany y

Un aliciente al que hay que sumar un buen puñado más. Mindhunter tiene muchas aristas, y todas ellas interesantes por igual. La investigación en su doble vertiente es una de ellas. Los diálogos con los asesinos pueden hacerse tediosos si no se presta la debida atención. En ellos descubrimos multitud de detalles de la personalidad de éstos pero también de los protagonistas. El cambio en ambos a medida de que se dan cuenta de que el estudio funciona y también la forma en la que afecta las aberraciones que les están contando a sus vidas privadas. No es que éstas formen una parte esencial de la serie pero sí ayuda a configurar, a hacer un perfil de los personajes más completo, por lo que nos cuentan también una parte muy interesante de la historia. El contexto histórico nos hace comprender mucho de lo que ocurre, sobre todo dentro del FBI, donde consideran una pérdida de tiempo que dos agentes se dediquen a hurgar en las mentes criminales en lugar de entregar datos fehacientes, pruebas, que es lo que se suponía que debía hacer un policía.

Hay quien puede decir que Mindhunter tiene un ritmo muy lento, sobre todo al principio, pero éste es fruto de una presentación de la trama y de exposición inicial de sus intenciones, lo que puede parecer un poco pesado al principio. A mí tampoco me lo parece demasiado. Pero es a partir de la segunda mitad cuando se recogen los frutos, cuando la maquinaria ya ha echado a rodar, cuando todo empieza a encajar. A partir de ahí, cuando los protagonistas empiezan a aplicar, de forma un poco inconsciente todavía, lo que han estado aprendiendo. Sinceramente, la serie ha sido planificada al milímetro y el guión no tiene fisuras de ningún tipo.

Técnicamente, no podíamos esperar menos de David Fincher, que aunque no es el showrunner, sí dirige cuatro episodios y ha tenido voz y voto como productor ejecutivo que es. Los que dirige el maestro son todos sublimes en planificación, fotografía, ritmo, dirección de actores, sin desmerecer al resto, que han hecho un trabajo tremendo y me ha sorprendido bastante. La fotografía, que acentúa el color amarillento sepia propio de la evocación de épocas pasadas, es espectacular, bella y muy bien encuadrada. El montaje es otro de sus puntos fuertes, siempre hago referencia al rápido montaje de imágenes en el segundo episodio cuando Fincher busca contarnos la rutina de los viajes de Tench y Ford, una maravilla que recuerda a Scorsese o Guy Ritchie. Y no nos podemos ir de aquí sin comentar la maravillosa música de la serie, fruto, claro está, de la época en la que está ambientada, un repaso a grandes clásicos del rock y el glam de los 70.

Jonathan Groff y Anna Torv en Mindhunter, de Netflix

El resultado que nos queda después de todo lo que hemos comentado es una de las mejores series de 2017Mindhunter no decepcionó a los que esperábamos algo grande de Fincher y Netflix. Su renovación, que estaba cantada, ya ha sido confirmada y toca esperar para poder ver cómo sigue. Por último, recordar que ya hablamos de ella en nuestro podcast, que os dejo aquí abajo para quien quiera escucharlo.

 

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‘The Sinner’, el thriller adictivo de Jessica Biel

Jessica Biel y Bill Pullman protagonizan The Sinner, un thriller estrenado por Netflix

La semana pasada Netflix estrenaba en España el último objeto de maratones de muchos de nosotros, la responsable de nuestras ojeras de esta semana y gracias a que sólo eran ocho episodios. The Sinner es un thriller policial sobre un caso con culpable claro, pero sobre el que se adivinan motivos psicológicos ocultos. Se estrenó el pasado verano en Estados Unidos de la mano de USA Network y está protagonizada por Jessica Biel y Bill Pullman, que hacen un notable trabajo.

Cora Tanetti (Jessica Biel) es una mujer descontenta con su vida de esposa y madre que apuñala hasta la muerte a un hombre a la vista de mucha gente sin que nadie, ni ella misma, conozca los motivos que le han llevado a ello. Tras declararse culpable, el policía Harry Ambrose (Bill Pullman), sigue investigando porque cree que algún trauma importante subyace sobre la personalidad de Cora. Tras someterse a varias terapias para intentar recordar lagunas de su pasado, éstos recuerdos van componiendo el puzzle.

The Sinner, por tanto, tiene un culpable claro desde el principio por lo que se sale de la línea habitual de cualquier serie con asesinos, víctimas y policías. Lo que nos queda por saber son las razones que han llevado a Cora a cometer el crimen. Se pasa así del whodunnit al whydunnit (del quiénlohizo al porquélohizo) y esa es su principal novedad y motivo de enganche del espectador. Aunque en la búsqueda del “por qué” surgen nuevos “cómos”, “dóndes”, “cuandos” y “quiénes” por lo que la narración no es tan novedosa y la fórmula no difiere prácticamente porque parte de la base de que Cora es inocente (o al menos no tan culpable) y, por tanto se buscan otros.

Cora Tanetti (Jessica Biel) )apuñala a un hombre a la vista de todo el mundo en The Sinner.

The Sinner mantiene muy bien el suspense durante la primera mitad, donde vamos descubriendo detalles confusos e inconexos, mientras que la segunda nos quiere dar todo mascado al final y se descuidan aspectos de personajes y tramas que favorecen al esclarecimiento del relato pero hace que la serie parezca que va a descarrilar en cualquier momento. Lo que antes eran los efectos de las acciones de Cora en su familia y la lucha interna de Harry con sus temas masoquistas y su separación, después se va diluyendo para dar prioridad a las respuestas.

La serie de USA Network ha sido hecha a medida para y por Jessica Biel, pues también ejerce de productora ejecutiva, supongo que de ahí a que intente pasar por alguien de veintitantos cuando no los tiene y parezca bastante más mayor que su marido y su hermana en The Sinner. Aún así tengo que decir está muy bien en este papel y lo dice alguien que no es su fan precisamente. También está muy bien Bill Pullman en el rol de detective atormentado, aunque hay algo que me falla y no sé qué es, quizás su barba o su aspecto descuidado.

Bill Pullman es el detective atormentado de The Sinner

En líneas generales podemos considerar The Sinner como un buen producto y un thriller interesante, pero sobre todo adictivo. Podría ser más redonda, estar un poco mejor narrada o haber dotado a los personajes secundarios de un poco más de protagonismo, pero ojalá todas las series hechas a medida de un actor o actriz tuvieran la mitad de calidad que esta. Queda hecha la recomendación.

El cine y las series de televisión son mi pasión, aunque la Edad de Oro de la pequeña pantalla me tiene conquistado del todo. En Cultura Seriéfila analizo toda ficción que lo merezca con una dosis muy alta de opinión. También me podéis leer en tvspoileralert.com. Y no olvidéis seguirme en las redes sociales.

‘Stranger Things’, el entretenimiento supera a la nostalgia

La segunda temporada de Stranger Things, en Netflix

En este artículo hay spoilers, cuidado con lo que lees.

Sin duda, esta ha sido la semana de Stranger Things. La serie de Netflix ha vuelto a arrasar en todos los campos: conversaciones entre amigos, redes sociales, artículos en blogs, podcasts y suponemos que también en audiencias, que la plataforma se guarda para sí misma hasta que quiera. La gallina de los huevos de oro ha regresado con fuerza, más si cabe que con la que debutó el año pasado. Por cierto, ya está renovada para una tercera y cuarta temporada, así que queda serie para rato.

La segunda temporada de Stranger Things nos sitúa un año después de los acontecimientos de la primera, cuando Eleven derrotó al monstruo y desapareció. La vuelta a la normalidad ha costado para los chavales, sobre todo para Will, que tiene ataques en los que ve Del Revés de vez en cuando y Mike, que no pierde la esperanza de contactar con ella. Mientras, en Hawkins está ocurriendo algo que provoca la vuelta del mal al pueblo. También ha traído novedades que han aportado mucho a la temporada. La incorporación de Bob (Sean Astin), que hace de novio de Joyce Byers, Billy (Dacre Montgomery) y su hermana Max (Sadie Sink), que aportan frescura a las tramas adolescentes e infantiles y el Dr. Owens (Paul Reiser), una cara amigable que deja de ser un obstáculo para que los protagonistas se muevan por las instalaciones con total libertad.

El juego de las referencias continúa

Empezando por Sean Astin, que junto con Winona Ryder, son una referencia por sí misma por sus participaciones en las películas de aventuras juveniles de los 80. También Paul Reiser, que participó en la saga de Alien, otra de las claros guiños de la segunda temporada de Stranger Things. Los Cazafantasmas y Mad Max son invocadas directamente con los disfraces de Halloween en el caso de la primera y con el apodo de Max y los atracadores punkies del cold opening del primer episodio la segunda. Incluso me ha parecido ver algo parecido a Aventuras en la Gran Ciudad en el viaje de Eleven a Chicago. La posesión de Will recuerda al El Exorcista, siguen las menciones a La Guerra de las Galaxias, E.T, Encuentros en la tercera fase Los Goonies, como en la pasada temporada.

Dos actores muy conocidos por sus papeles de niños en películas de los 80, en Stranger Things

Una fórmula perfecta

Me imagino a los hermanos Duffer frente a una pizarra gigante llena de raíces cuadradas, derivadas, integrales y demás, para intentar dar con la fórmula del entretenimiento perfecto, que lo equilibre con la nostalgia y que a la vez se nutra de mil referencias para crear algo que, a pesar de no ser nuevo, actualiza todo lo anterior. Y lo consiguen a pesar de que todo estaba a priori contado en la primera temporada, que su final podría haber servido como cerrado. Lo hacen agregando personajes nuevos que congenian a la perfección con los antiguos, dando más protagonismo a secundarios como el sheriff Hopper o Steve, que se sale en estos nueve episodios. Y lo más importante, lo hacen restando protagonismo a la gran protagonista, Eleven, que no ha interactuado con sus amigos hasta prácticamente el último capítulo, pero sin que su trama perdiera nada de interés.

En su segunda temporada, Stranger Things sigue en su línea en cuanto a la estética, muy parecida a aquellas películas de los 80, aunque esta vez quizás se abuse de los colores azul y rojo, como ya anticipaba el cartel promocional. Sí me gustaría destacar el uso de la música, con mayor número de temas musicales de grupos de la época, explorando la electrónica, el glam rock, el heavy e incluso las canciones más comerciales que han quedado en la memoria de todos.

Los auténticos protagonistas de Stranger Things son los niños

No hay duda de que Stranger Things es un producto redondo, milimétricamente pensado para entretener al 100%, sin reservas, por lo que funciona perfectamente. Se le pueden buscar defectos, que los tiene pero nadie puede decir que no es una buenísima serie. Hay dos formas de entrar en la historia: una creando una obra de arte, única, novedosa y estéticamente rompedora; o creando un producto tan entretenido que lo vea tanta gente como para que consiga ser un icono de una época. Strangers Things no será tan única como para hacer historia en la televisión pero sí proclive a quedarse en el imaginario colectivo como hicieron todos sus referentes, precisamente.

El cine y las series de televisión son mi pasión, aunque la Edad de Oro de la pequeña pantalla me tiene conquistado del todo. En Cultura Seriéfila analizo toda ficción que lo merezca con una dosis muy alta de opinión. También me podéis leer en tvspoileralert.com. Y no olvidéis seguirme en las redes sociales.

‘Fear The Walking Dead’: mejora insuficiente en la tercera temporada

Nick ha vuelto a ser protagonista en la tercera temporada de Fear The Walking Dead

Este artículo se publica con todo lujo de spoilers

Hemos reposado un poco el final de la tercera temporada de Fear The Walking Dead, dieciséis episodios que han mejorado las otras dos pero que andan lejos del mejor The Walking Dead. Nos hemos acostumbrado a los personajes pero aún así no conseguimos empatizar con ellos cuanto nos gustaría. Tampoco la forma de llevar la serie es demasiado satisfactoria, con tramas dibujadas en círculos, algunas que no van a ningún sitio y muertes que no impactan lo que deberían como consecuencia de las anteriores. Procedemos pues a desgranar la temporada a grandes rasgos.

El rancho ha sido el eje vertebrador de toda la entrega de Fear The Walking Dead, desde el principio, cuando Nick y Luciana son disparados por los hombres de los Otto y los Manawa-Clark se topan con ellos cuando huyeron del hotel. Allí se desarrolla toda la trama de la mayoría de los protagonistas y los nuevos personajes hasta que todo vuelve a saltar por los aires como es habitual en la franquicia, aunque esta vez es literal. Obviamente, quedarse en un mismo lugar durante siete temporadas no daría ningún juego a la historia, por lo que todo personaje estará condenado a vagar por el apocalípsis. La presa, ese lugar tan feo donde han llegado todos al final da la sensación de que se ha quedado un tanto corta, igual es cierto que no da para temporada completa pero creo que no se le ha sacado partido.

Los personajes

Madison siempre ha sido el gran personaje de Fear The Walking Dead junto con sus hijos desde el principio, sobre todo Nick y su adicción a las drogas que presentaban algo inédito en la franquicia. Ellos tres son los únicos personajes que generan algún tipo de empatía, los tres que mejor están escritos aunque no tengan nada que hacer en una comparación con los personajes de The Walking Dead. Éstos tienen más recorrido, sí, pero no es lo mismo. Otro error cometen sus productores es el de matar secundarios interesantes con mucha facilidad, eligen mal a cuáles de ellos matar. Por ejemplo, Troy y Jake podrían haber tenido un poco más de recorrido en lugar de acabar de forma tan estúpida y abrupta (si es que Troy está muerto). La serie madre iba recogiendo personajes hasta tener un elenco heterogéneo mientras que en Fear se tiende a tener pocos personajes, y sobre todo mantienen a los que empezaron. Supongo que su presupuesto es mucho más bajo y no se puede permitir tener un reparto que yo mismo he criticado por amplio y por no poder profundizar en los personajes, pero está claro que desaprovecha también este hecho. Más o menos nos da igual quién muera y quién no. Nos da igual y eso es lo peor que puede suceder.

Duelo de personalidades en Fear The Walking Dead: Madison contra Troy

La narración

Parte de la culpa de lo anterior es de un guión construido de forma un poco aleatoria. Imagino que a AMC le interesaba contar exactamente lo mismo que en The Walking Dead, que a pesar de emitirla, no es poseedora de sus derechos, que son de FOX, es decir, no les interesaba que fuera diferente, sino que tuviera el mismo éxito que la mencionada, repetir la fórmula. Y eso que al principio estábamos emocionados con ver el apocalípsis desde cero, que luego quedó en nada para correr rápidamente y situar a los personajes en un punto emocional muy parecido a Rick y compañía. Se han saltado varios pasos para llegar al mismo sitio y se dan por hecho cosas que no deberían.

La tercera temporada, sin embargo, ha sido la mejor hasta la fecha y los dos últimos episodios, los mejores que se han emitido. El nivel de tensión de Fear The Walking Dead sigue sin ser capaz de igualar al de su serie madre (que lo ha vuelto a demostrar con el estreno de su octava temporada, de la que hablaremos pronto), pero ha conseguido mantenernos en vilo con las secuencias de acción, en el que sí hemos visto peligrar a uno de los Clark, de hecho Alicia y Nick tienen un futuro incierto aunque saldrán de esta. Pero da la sensación de que le ha faltado valor para cargarse a uno de ellos. Es cierto que han matado a dos personajes que estaban desde el inicio y casi no nos acordamos de ellos, prueba de que no nos ha impactado, ¿verdad?

Alicia fue la única testigo de la muerte de Travis en Fear The Walking Dead

Como conclusión, tengo que decir que la serie ha mejorado bastante con respecto a sus inicios, lo cual da esperanza de que por delante quede algo todavía mejor. Aún así, Fear The Walking Dead no la vemos con el culo al borde del asiento, tengo que seguir comparando. Y eso que The Walking Dead está experimentando un bajón considerable que le hace seguir siendo mejor, pero no demasiado.

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Juego de Tronos ya no es perfecta pero sigue siendo increíble

Los caminantes han tenido mucho protagonismo en la séptima temporada de Juego de Tronos

Ya era hora de que hablásemos por aquí de séptima temporada de Juego de Tronos. La ficción creada por George R.R. Martin, David Benioff y D.B. Weiss va llegando a su final y se ha notado muchísimo. Cada vez se va volviendo más previsible, no mueren protagonistas como antes y los fans acertamos con nuestras teorías con una facilidad inusitada anteriormente. También hemos detectado algunas trampas impropias de la serie de HBO aunque algunas de ellas eran necesarias para poder mover las tramas de forma ágil teniendo en cuenta que eran siete y no diez episodios. Aún así, nos sigue encantando y nos mantiene en vilo de principio a fin.

Paradójicamente, el invierno llegó en el mes de julio después de siete años esperando. Y lo hizo con tres episodios menos de lo habitual, un claro indicativo de que necesitaban más dinero para efectos visuales y recreaciones de grandes batallas. La serie tenía fecha caducidad y sólo trece episodios (siete este año) para contarnos lo que nos quería contar: quién consigue sentarse al fin en el trono de hierro y qué demonios ocurrirá cuando el Señor de la Noche atraviese el Muro. Quizás este recorte de metraje haya sido un lastre para toda la tela que queda por cortar en Juego de Tronos. En mi opinión ha jugado claramente en su contra, y ha pecado de justo lo contrario que casi todas las series, encogimiento de las tramas.

El desembarco en Poniente le ha deparado muchas sorpresas a Daenerys en la séptima temporada de Juego de Tronos

La ausencia de esos tres episodios ha provocado que las tramas fluyeran a un ritmo impropio del drama de HBO. Así, los personajes se han desplazado por Poniente a una velocidad que no habíamos visto antes, algo que no es tan dramático como quieren hacernos creer, pero sí es verdad que en los viajes podrían haber ocurrido más cosas que justificaran las decisiones que toman, y les dieran más profundidad. Las únicas tramas que han mantenido la esencia han sido las de Invernalia y Desembarco del Rey, pero cuando Juego de Tronos se mete en el terreno de la fantasía es cuando empiezan las discordancias. Nunca he ocultado que es la parte que menos me interesa y quizás por eso no pueda ser objetivo.

Tradicionalmente, las narraciones fantásticas requieren un esfuerzo por parte del espectador para que resulte creíble. Uno de los puntos fuertes de este drama era precisamente el realismo con el que afrontaba la historia. Era mágica sí, pero tenía toda la dureza de la Historia, que no dulcifica nada. Por eso resulta chocante ver cómo situaciones que antes se resolvían con sobriedad y rigor, ahora se resuelve con un deux ex machina, que no ha habido tantos como dicen y quizás hay una confusión con respecto al término, como bien dice Marina Such en el podcast de Fuera de Series del sexto episodio. Este año hemos tenido que hacer un esfuerzo extra, sin más.

¿Ha sido decepcionante la séptima temporada de Juego de Tronos? Para nada. La serie me sigue pareciendo brillante, posiblemente la mejor en emisión con permiso de Twin Peaks. La maestría a la hora de dar giros en la trama aunque sean un poco más previsibles fruto de que estamos llegando al cuello de botella de las tramas, algo que provoca que acertemos un poco más en las teorías. Aunque el nivel de sorpresa esté siendo menor no podemos evitar estar al borde del sofá y esta temporada prácticamente hemos visto la serie desde ahí. El nivel visual y técnico ha alcanzado al cine y las batallas han sido espectaculares, desde la increíble derrota de los Lannister contra los dragones y dothrakis de Daenerys, la de los siete suicidas más allá del muro o la sorprendente batalla naval del segundo episodio, cuando el espectador es partícipe de la confusión que también sienten los personajes, como ocurrió en la batalla de los bastardos. Y ahí reside el mérito de sus directores, la planificación en primera persona es terrorífica, agobiante por momentos.

La Reina Cersei ha conseguido mantenerse en el trono toda la séptima temporada de Juego de Tronos

En definitiva, como fiel fan de la serie que soy, pero también de los que intentan ser objetivos con lo que están viendo, he tenido que resaltar esos pequeños fallos que me han molestado de estos siete episodios, que me han hecho disfrutar un poco menos. Pero Juego de Tronos me sigue fascinando, el choque entre el mundo medieval histórico con la magia y el fantástico sigue estando muy bien integrado y eso es algo muy difícil de conseguir. Ahora toca esperar de nuevo.

El cine y las series de televisión son mi pasión, aunque la Edad de Oro de la pequeña pantalla me tiene conquistado del todo. En Cultura Seriéfila analizo toda ficción que lo merezca con una dosis muy alta de opinión. También me podéis leer en tvspoileralert.com. Y no olvidéis seguirme en las redes sociales.