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Categoría: Críticas

‘Fear The Walking Dead’: el reseteo funcionó hasta el final

Muchas sorpresas en la cuarta temporada de Fear TWD

La cuarta temporada de Fear The Walking Dead nos sorprendió a todos con la incorporación de Lennie James al reparto de la serie. Pensábamos que iba a ser un cameo pero Morgan no sólo llegó para quedarse sino para ser el absoluto protagonista. Está más que claro que los creadores quisieron reenganchar a muchos de los seguidores de The Walking Dead que estaban desencantado con lo que hasta ahora era una precuela. Pero nos encontramos con un lavado de cara a fondo que fue desde el cambio en la cabecera hasta una mayor inversión por capítulo que se ha notado y mucho.

Este artículo contiene spoilers de la cuarta temporada de Fear The Walking Dead.

Primera parte

La primera parte de la temporada fue la que dio lugar al reseteo, a la transición entre el Fear antiguo y el Fear moderno. Uno estaba liderado por Madison y Nick, y el segundo por Morgan y los nuevos personajes. El adiós a aquellos que habían llevado el peso de la serie fue inesperado, sorprendente y, en cierta manera, liberador. Ambos personajes, que tengo que admitir que me gustaban bastante, no convencieron a gran parte de los fans y posiblemente fuera el motivo por el que perdieron el interés. Todavía recuerdo la muerte de Travis al principio de la tercera entrega y lo poco que importó en general.

La atractiva estructura de la narrativa en pasado y presente dio paso a tres o cuatros capítulos en los que Fear The Walking Dead entró en la indefinición. Los primeros nos habían dejado boquiabiertos pero la muerte de Madison empezó a hacerse demasiado previsible llegados a cierto punto. Mientras, los guionistas nos presentaron a los nuevos secundarios que no sabíamos que iban a ser los nuevos principales. Y acertaron con los fichajes de Garret Dillahunt (John Dorie), Jenna Elfman (Naomi/June) y Maggie Grace (Althea). Tres caras muy conocidas en el universo seriéfilo. La resolución de la muerte de Madison y todo el asunto del estadio, nos dejó un devastador balance del que sólo salieron vivos Alicia, Strand y Luciana.

Los personajes del principio de Fear TWD empiezan a caer como moscas

Segunda parte

Aunque ya hemos dicho que la narrativa de los ocho primeros episodios empezó a hacerse pesada, supieron pararla a tiempo y mostrarnos otra serie en los ocho restantes. La historia empezaba de cero y Fear empezó a parecerse a The Walking Dead, hasta estaba Morgan. No faltaron los nuevos personajes como Wendell, Jim y Sarah, que han servido de apoyo a los nuevos protagonistas, pero sobre todo a contar la historia de Morgan. Sin embargo, hay que hacer hincapié cómo Alicia y Strand han pasado a ser secundarios. Podríamos decir que son el la quinta y el sexto en importancia en la serie. Uno se vuelve melancólico cuando recuerda el principio a pesar de las fobias que pudiéramos tener con el elenco.

Siempre he pensado que temáticamente, The Walking Dead (la franquicia), desaprovecha constantemente la oportunidad de innovar. Creo sinceramente que hay multitud de temas más allá de la constante diatriba del matar o no matar humanos que se podrían explotar. Morgan, como Rick, e incluso Alicia y Madison, se han movido siempre en la postura radical de si matar o no matar, y ambas series han entrado en un bucle del que no pueden salir. La segunda parte de la cuarta temporada no es una excepción. Morgan se recorrió medio país huyendo de la violencia, y creo que es la segunda o tercera vez que ha decidido dejar de matar humanos. Si nos damos cuenta, todos los personajes que he mencionado, y algunos más, han hecho el mismo recorrido, varias veces. Y en parte, el cansancio viene dado por esto.

Fear ha entrado en el mismo bucle temático que The Walking Dead

La villana de turno, Martha (Tonya Pinkins) ha intentado poner a Morgan entre la espada y la pared con el fin de que cediera a sus impulsos y, aunque como novedad no lo ha conseguido, sí ha logrado que nos cansemos un poco en los últimos episodios, teniendo cierta sensación de déjà vu. Además, para acentuar dicha sensación, en los minutos finales hemos revivido algunos vicios de la serie madre, como algún que otro deux ex machina, aderezado con unas interpretaciones muy justitas cuando están envenenados, por ejemplo. Sí sorprende el final feliz, algo a lo que estamos muy poco acostumbrados.

Visto lo visto en esta cuarta temporada de Fear The Walking Dead, parece que ambas series han decidido tirar por el mismo sitio y ser definitivamente la misma pero en distintos escenarios. Convergencia temática y puede que incluso física en un futuro no muy lejano, porque me da a mí que se acabarán encontrando. ¿Qué opináis?

‘Maniac’, la bendita locura de Cary Fukunaga

Maniac, la nueva serie de Netflix

Netflix ha irrumpido en la nueva temporada de otoño con mucha fuerza. Justo antes de que los estrenos de las networks puedan ensombrecer a algunas de sus novedades, la plataforma ha sacado una de sus mejores armas de cara al final de este año. Maniac, por los nombres que tiene delante y detrás de las cámaras solamente, ya es un producto casi de obligado visionado. Pero además, su estética, narrativa y ambientación, la convierten en una mini serie muy especial. Este artículo está libre de spoilers.

Nombres

Por si todavía no lo sabéis, el director de los diez episodios que componen Maniac es Cary Joji Fukunaga, recordemos que también hizo pleno dirigiendo la primera temporada de True Detective, la buena, y personalmente pienso que él fue el culpable de su éxito más allá del guión de Nic Pizzolatto. Junto a él, en la producción ejecutiva y también como co creador figura Patrick Somerville, guionista de la gran The Leftovers. Con estos dos es muy difícil equivocarse.

Pero no sólo detrás de las cámaras o la sala de guionistas hay talento, la pareja protagonista es ni más ni menos que dos de los actores más relevantes en la industria del Hollywood actual, Emma Stone y no tanto, pero también, Jonah Hill. Y muy bien acompañados por Justin Theroux, que está para echarle de comer aparte, Sally Field, Gabriel Byrne y otros actores conocidos de la pequeña pantalla como Billy Magnussen (Get Shorty), Jemima Kirke (Girlso Julia Garner (The Americans). 

Justin Theroux interpreta a un personaje excéntrico en Maniac

¿Qué es ‘Maniac’?

Maniac nos sitúa en un presente alternativo en el que la tecnología no ha avanzado tanto como en nuestra realidad aunque los métodos publicitarios son sorprendentemente novedosos. Las relaciones humanas, en cambio, sí parece sufrir las consecuencias de una vida muy parecida a la actual. La depresión y la soledad, encarnados respectivamente en Annie Landberg (Stone) y Owen Milgrim (Hill), les hace buscar la solución en un ensayo clínico de un medicamento que asegura curar cualquier enfermedad mental. El autor es un hombre que también tiene lo suyo, James Mantleray (Theroux), quien los guía a través de un tratamiento de choque en el que tendrán que enfrentarse a sus traumas.

Me voy a detener un poco en el mundo paralelo que se nos muestra en Maniac. La acción se desarrolla en Nueva York, en una realidad donde la estatua de la Libertad ha sido sustituida por la de la Superlibertad, una cosa monstruosa digna de Donald Trump. Mientras, la tecnología parece haber quedado desfasada, los ordenadores tienen los monitores antiguos de tubo, el fondo negro y las letras verdes y los teléfonos tampoco parecen haberse independizado del cable. Eso sí, la publicidad es tan invasiva que es capaz de pagarte el desayuno o el viaje de metro con tal de que un tipo te vaya contando los anuncios del día. También hay robots que limpian los desechos de las mascotas. Es como si el futuro que las películas antiguas hubiera llegado al tiempo presente.

Estéticamente, Maniac es una delicia. La mano de Fukunaga en la dirección se nota, como un plano secuencia en la Annie es una agente de la CIA, o esos extraños zooms con movimiento que ejecuta en el primer capítulo, que además encaja con la historia y la ambientación. La fotografía también es reseñable, aunque tanto juego de luces está justificado dentro de la propia historia. Sus creadores han tenido libertad absoluta para hacer lo que les da la gana. Gracias a la oportunidad que les daban estas alucinaciones/sueños de sus protagonistas, han podido recrear una fiesta de los años 40, una peli de espías, otra de aventuras al estilo El Señor de los Anillos e incluso una comedia ochentera.

Emma Stone, protagonista de Maniac, la mini serie de Netflix

Una multitud de géneros que no sólo se extienden a las fantasías sino que están presentes en toda la serie. La parte (pseudo) científica recuerda a la ciencia ficción clásica, ese futurismo que mencionaba más arriba, los dos protagonistas viven en un dramón psicológico (aunque sus fantasías no lo sean) mientras todo lo que les rodea en el ensayo clínico es una hilarante comedia. Se pueden establecer tres partes: la realidad, las fantasías y toda la historia de Mantleray con su madre y con su ayudante, la Doctora Fujita (Sonoya Mizuno), cigarro en boca siempre, que es casi lo mejor de la serie.

Como ya hemos señalado, los grandes nombres del elenco responden ante las expectativas, aunque si hay que resaltar sólo uno, esa es Emma Stone, que borda un papel que parece hecho para ella. En cada uno de los personajes que interpreta deja su sello y los hace creíbles más allá de su alter ego Annie. No vamos a criticar a Jonah Hill porque estar a ese nivel es difícil para cualquiera, pero cumple. También me gustaría destacar a Julie Garner, que dota a todas sus secuencias con Stone de un extra de dramatismo y le da la réplica de una forma espectacular. Y por último, Justin Theroux y su madre en la ficción, Sally Field que, aunque comparten poco tiempo juntos en pantalla, su sombra siempre está presente. El primero demuestra que le gustan los papeles arriesgados y no le avergüenza hacer lo que hace en esta y otras series, un actor así es una alegría.

Todo esto hace de Maniac una serie diferente en un momento en el que el exceso de producciones provoca que tengamos sentimiento de deja vu con más frecuencia de la que debería y nos gustaría. Necesitamos series raras, concienzudas sí, a ratos, pero también divertidas.

‘Fariña’, de la Ría a la cárcel

Portada del libro 'Fariña', que da nombre a la serie.

Fariña, la última gran producción de Atresmedia en colaboración con Bambú Producciones dirigida por Carlos Sedes (Gran hotel) y Jorge Torregrosa (La vida inesperada), basada en la novela homónima del mismo nombre escrita por Nacho Carretero, autor de la obra Nos parece mejor que habla sobre la historia del Deportivo de A Coruña. Cuenta con una temporada de final cerrado y 10 capítulos y donde cada capítulo hace referencia a un año en la vida del protagonista Sito Miñanco, cuya interpretación corre a cargo de Javier Rey (Velvet). (PUEDE CONTENER SPOILERS)

A principios de los años ochenta, la evolución de la pesca en Galicia deja a cientos de pescadores tradicionales sin trabajo, por lo que algunos empiezan a buscar alternativas, primero empezó con el tráfico de tabaco y finalmente con el de cocaína, ante la mirada indiferente de las fuerzas del orden, con policía, jueces y fiscales sobornados, convirtiendo la Ria de Arousa en su negocio personal. La trama central se centra en Sito Miñanco y en como evoluciona de un simple pescador de ria a traficante de tabaco ilegal, aunque por aquel entonces el tráfico de este producto no era ilegal en España y la pena mas dura era una multa económica.

Sito Miñanco y su 'cooperativa', protagonistas de Fariña

Pero eso iba a cambiar cuando a mediados de los ochenta el gobierno español aprueba una ley que prohíbe el narcotrafico de tabaco en territorio nacional, aquí se le abre una puerta a uno de los pocos policías honrados de la época, el teniente de la guardia civil Darío Castro interpretado por el actor Tristan Ulloa (El Comisario). Uno de los pocos policías que seguían creyendo en la justicia y en su trabajo, pero con la aprobación de la ley antes mencionada, el ‘Cartel del Tabaco‘ de Sito y su ‘cooperativa‘, veía como cada vez era mas y mas difícil traficar con este producto.

Por lo que se les abre una posibilidad a un nuevo mundo, el mundo de la Fariña, un nuevo producto que puede reventar el mercado y que puede hacer que Sito y sus socios amasen fortunas astronómicas, pero el líder de la ‘cooperativa’, Terito, interpretado por el actor Manuel Lourenzo (Mareas Vivas) un hombre de costumbres y consolidado en el negocio del tabaco no estaba del todo seguro de si era buena idea abandonar este mundo para dedicarse a las drogas, por lo que decide echarse a un lado. Un mundo el de las drogas que pone a prueba la entereza de los socios de Sito, entre los que podemos encontrar a actores tan destacados como Antonio Duran ‘Morris’ (Padre Casares) en el papel de Manuel Charlín el patriarca de los Charlín, o a Carlos Blanco (Una Mujer Invisible) interpretando a Laureano Oubiña.

Vicente Otero Perez 'Terito', el jefe del clan, uno de los contrabandistas de Fariña

A partir de este punto podemos ver una gran evolución en la personalidad de diversos personajes, el más destacado es sin duda alguna Sito Miñanco, que empezó siendo un hombre de familia, con mujer e hijos, un hombre con unos principios claros, para acabar siendo un hombre sin valor ninguno, acabando en la cama con la primera que pudo y capaz de hacer cualquier cosa para sacar adelante su negocio ilegal y para satisfacer su propio ego, aunque a veces parecía un hombre generoso y que solo quería el bien de los suyos, pero detrás escondía a un ser capaz de hacer lo que fuese necesario para cumplir con sus objetivos.

También podemos ver un gran cambio en el papel del teniente de la guardia civil Darío Castro, al cual podemos ver al principio de temporada como un hombre terco e incapaz o que al menos  lo quiere parecer, pero conforme avanzan los capítulos podemos ver a un hombre mas seguro de si mismo, con una convicción clara de lo que tiene que hacer y cono hacerlo, un hombre que como podemos ver no descansó ni un momento hasta que los vio a todos entre rejas.

Pocos peros le podemos poner a esta producción de Atresmedia, la dirección, la fotografía, la música y los diálogos de los personajes me han parecido sublimes, la ambientación, con ese aire marinero y esa frescura han sido lo que mas me ha enamorado de esta serie. Realmente pienso que deberían haber mas series de este corte, series que narrasen un hecho o una serie de hechos reales, series que nos acercasen un poco mas a la historia de nuestra raza.

‘Fear The Walking Dead’ sí es capaz de hacer buenos episodios

Morgan (Lennie James se une al reparto de 'Fear The Walking Dead')

Fear The Walking Dead siempre ha sido la oveja negra de la saga de zombies más famosa de la actualidad. En parte sus críticos tenían razón porque sus personajes no nos decían gran cosa, incluso odiábamos a algunos. Además, las tramas eran más de lo mismo y aportaban bien poco al universo The Walking Dead. El año pasado se empezaron a igualar las tornas debido al demérito de una, más que por el mérito de la otra. Pero el comienzo de la cuarta temporada ha demostrado que se pueden reflotar series siempre y cuando haya voluntad.

En este artículo hay spoilers hasta el 4×02 de Fear The Walking Dead y el 8×16 de The Walking Dead

El ‘crossover’

Después de todo lo que llevamos aguantando a las dos franquicias, un crossover se antojaba inoportuno y más aún por estar protagonizado por un personaje poco popular entre los fans aunque a título personal digo que a mí sí me gusta. La primera sorpresa es comprobar que el viaje de Morgan transcurre después de la octava temporada de The Walking Dead, lo cuál aporta un extra de interés pues su historia no tiene por qué tener fecha de caducidad. A medida que seguimos la travesía de Morgan se nos presentan dos nuevos personajes, un cowboy llamado John Dorie (Garrett Dillahunt, The Gifted, Justified) y una reportera que quiere grabar los testimonios de todos los supervivientes que va encontrando en su camino, llamada Althea, encarnada por Maggie Grace (Perdidos, Californication). Muy interesante este personaje, ¿no creéis?

El episodio lleva a cabo una presentación de personajes muy efectiva. Han conseguido que empaticemos con dos en media hora mientras que en tres temporadas se nos atragantaban la mayoría. Un vaquero con puntería y al parecer buenas intenciones junto con una periodista empeñada en tener el testimonio del apocalipsis. Una idea genial que me gustaría que tuviera recorrido hasta el final de la saga. La escena de acción también merece mis comentarios positivos ya que parece que AMC ha decidido poner un poco más de dinero y se nota muchísimo. También se nota imaginación y mucha frescura, pero en todo el episodio.

John (Garrett Dillahunt) y Althea (Maggie Grace) son los dos nuevos fichajes de Fear The Walking Dead

El estadio

No ha estado nada mal el reencuentro con la familia Clark aunque sea en pasado. Estos personajes a los que ya conocemos son los mismos pero parecen estar mejor matizados. Desde la presa hasta su nuevo asentamiento, un estadio de béisbol (un sitio demasiado grande y abierto como para protegerlo con 48 personas, por cierto), han pasado muchas cosas que han modelado sus personalidades, han añadido miedos a otros como Nick y, sobre todo, conocemos que ellos son supervivientes “pro vida” al contrario que Rick y compañía. Sus historias están contadas en pasado y durante esta cuarta temporada suponemos que completaremos las piezas que faltan del puzzle. Me encanta esta forma de narrar porque siempre se centran más en el “cómo” ha pasado que en “qué” ha pasado. Y va resolviendo las incógnitas poco a poco y aunque intuimos qué puede pasar, siempre consigue sorprendernos.

Nuevos villanos

El nexo de unión entre ambas líneas temporales son los villanos. Su presentación sutil en el primer episodio a través de las banderas con números ha continuado en el segundo con el asedio silencioso al estadio. La amenaza velada que lanzó a Madison puede ser algo nuevo en la saga, la violencia pasiva. Al menos lo que hemos visto hasta el momento aunque podrían estar detrás de la plaga de las verduras. Su idea es hacerlos salir matándolos de hambre, igual de espeluznante, pero nuevo al fin y al cabo. Sabemos que consiguieron su propósito, cargarse el asentamiento aunque como vemos al menos Alicia, Nick, Luciana y Victor siguen vivos y quieren venganza. Veremos cómo sigue.

Las escenas de acción han mejorado en la cuarta temporada de Fear The Walking Dead

La cuarta temporada de Fear The Walking Dead ha sorprendido a los fans y posiblemente también a los críticos. Esperemos que continúe en esa línea y no afloje como ya ha pasado en otras ocasiones. Por ahora, buena presentación de nuevos personajes, villanos interesantes, mejores escenas de acción y una historia atractiva a la que le faltan piezas aún y que iremos descubriendo poco a poco.

Fear The Walking Dead se emite en AMC España, los lunes a las 22:10h

‘The Walking Dead’, un rayo de luz en el cielo del despropósito

La batalla final en la octava temporada de The Walking Dead

Decir que The Walking Dead es mi placer culpable hubiera sido cierto hace un par de temporadas. Antes de eso era una de mis series favoritas y ahora es poco menos que puro masoquismo. Después de comprobar que el asunto no tiene buen arreglo, yo también estoy al lado de los que piden su final cuanto antes. Y eso que el último episodio plantea un cambio de horizonte interesante de cara a la novena entrega (¡novena!). Dicha redistribución de los elementos sobre el tablero unido al cambio de showrunner puede, al menos, frenar el hundimiento.

Este artículo contiene spoilers del 8×16 de The Walking Dead

Desde que supimos de la existencia de los Salvadores, The Walking Dead ha ido cayendo en picado, jugando todas sus cartas a que Negan y su enfrentamiento con Rick sostuvieran la serie por sí solos. Primero lo estuvieron escondiendo más tiempo del que debieron hacerlo, por lo que su aparición, aunque esperada, ya no podía impactar de la misma forma. Y después está el cliffhanger asqueroso del 6×16, que dio paso al último gran episodio de la serie hasta la fecha. Ya sabéis lo que pasó, de ahí en adelante cuesta abajo y sin frenos.

Personajes a salvo

Uno de los grandes alicientes que tenía The Walking Dead, como ocurría también en Juego de Tronos y Perdidos, es que en cualquier momento podía morir un personaje principal. Esto provocaba una tensión que nos pegaba al asiento y nos mantenía bien enganchados, esquivando spoilers los lunes por la mañana. Qué tiempos aquellos. Y si no tenía pinta de que se fueran a cargar a alguien al menos nos planteaba buenos conflictos emocionales o interesantes reflexiones sobre el apocalipsis. Ni rastro de aquello. Los guionistas tienen un miedo irracional a matar personajes, por muy secundario que sea, aquí solo mueren extras. Cualquiera diría que tienen que matar a los actores también, o que se llevan genial y no los quieren mandar al paro. Bromas aparte, creo que los usan como meras herramientas, dejándolos ahí por si acaso puede hacerles falta para justificar una acción y ya veremos si hace algo después. Y eso obedece a una falta de rumbo que provoca falta de planificación, a ir sobre la marcha. Sea como sea, ya no tenemos la tensión de antes, y la atención disminuye. Y de los conflictos de los personajes ahora hablamos.

Exceso de personajes

The Walking Dead es una serie coral de toda la vida, como las mencionadas Juego de Tronos y Perdidos. Antes tenía un reducido número de principales y eso permitía desarrollarlos más a fondo, con más rigor. Eso significaba que sus actos ya venían justificados y se podían componer mejor las tramas, hilarlo todo para que no haya fisuras. Y también, que es donde yo quería llegar, sus muertes importaban y nos dolían como si fueran nuestros conocidos. El exceso de personajes es consecuencia directa del anterior epígrafe, hay miedo a matar. Ahora, incluidos Rick, Daryl, Carol o Michonne, son más planos, pues siempre se mueven entre los mismos dilemas como si fuera para lo único que sirven. Por tanto, hay muertes que nos importan un bledo y cuando una importante ocurre no produce el mismo efecto que antes porque las circunstancias en las que ocurren son la mayoría de veces sonrojantes. Pobre Carl.

Bonito flashback en el 8x16 de The Walking Dead

Inmovilismo temático

Los personajes de The Walking Dead llevan matando humanos desde la segunda temporada, cuando Rick liquida a unos tipos en un bar. Después de matar a su mejor amigo, a multitud de villanos y extras, en la octava sigue siendo el tema central. Matar humanos o no. Rick asesino dio paso al Rick granjero. Después otra vez Rick asesino y ahora el constructor de una nueva pacífica civilización. El apocalipsis zombie da para mucho, tiene millones de aristas que explorar y no lo ha hecho cuando ha podido. A nosotros como espectadores solo nos queda esperar el momento en que Rick, como antes Morgan o Carol hicieron, cambie de opinión porque ya sabíamos que lo iba a hacer aunque implique ir contra las leyes de la lógica, como dejar a Negan con vida.

El último episodio: Wrath (Ira)

Aunque la forma de llegar a ese final nos parezca chapucera como ya es norma, lo que en él se cuenta a mí me vale. Dejamos atrás a Negan y los Salvadores, que ahora colaborarán juntos en paz, hasta que digan los guionistas. Me apetecería ver cómo Hilltop, el Reino y el Santuario consiguen prosperar y abandonar la guerra tan absurda de que ya nos hemos aburrido. Ese final abre la puerta a otra cosa diferente que deseamos que la nueva showrunner no estropee. Por otro lado, me ha encantado la alianza que se está gestando contra Michonne y Rick formada por Daryl, Maggie y Jesus.  Estas dos historias son un buen trasfondo para generar nuevos conflictos que nos saquen del maniqueísmo y nos vuelva a pintar un mundo de grises. Pero para ello hay que aligerar la carga de secundarios inservibles como Tara, Eugene, Aaron, Rosita, Gabriel, etc. Ya llegó su momento.

La viuda de Glenn esperará su momento para traicionar a Rick en The Walking Dead

La octava temporada de The Walking Dead ha sido la confirmación de que se ha ido al traste, lo que nos confirma que no tiene arreglo y así seguirá hasta que los ejecutivos le den el hachazo definitivo. Una buena solución para el final, que creo que se está aproximando, sería su fusión con Fear The Walking Dead y pronto lleguen a la resolución de la historia. Por mi parte me cuesta mucho abandonar una serie que me ha dado tantos buenos momentos, por lo que seguiré hasta el final aunque sea criticando.

The Walking Dead se emite en FOX España

‘The Marvelous Mrs. Maisel’, la joya de Amy Sherman Palladino y Rachel Brosnahan

The marvelous Mrs. Maisel es la serie de Rachel Brosnahan que emite Amazon

Vaya sorpresa me llevé cuando supe que Amy Sherman Palladino estaba detrás de una nueva serie para Amazon Prime Video. Además que no tenía ninguna información hasta que preparamos el guión del podcast del mes de noviembre. Las expectativas, que subieron como la espuma, se vieron superadas por una serie que me reencontraba con una forma de escribir situaciones, diálogos y personajes que echaba mucho de menos. No es un secreto que soy un gran amante de Las chicas Gilmorepor tanto, The Marvelous Mrs. Maisel me ha encantado.

Miriam Maisel es la típica esposa perfecta de clase alta del Nueva York de finales de los años 50. Su dedicación por su marido, un empresario cuyo sueño es ser cómico, es total hasta que éste la abandona por su secretaria, momento en el que se da cuenta que es ella la que tiene el talento para hacer chistes. Como es sabido, no era una época favorable para que una mujer cambiara de forma de vida tan radical y menos que se exponga ante el público que llena los bares. Sobre todo en su posición social. Midge, con un desparpajo y una gracia fuera de lo normal, se va abriendo camino entre todas las vicisitudes que se le van presentando.

Como ya hemos mencionado, The Marvelous Mrs. Maisel está producida y escrita por Amy Sherman Palladino junto con su esposo Daniel Palladino y Scott Ellis (Weeds). Delante de las cámaras, la gran protagonista es Rachel Brosnahan, que consigue crear un personaje tan adorable como hilarante, además de carismática y fresca. Junto a ella, Alex Borstein (Padre de Familia, Las chicas Gilmore), que interpreta a su agente, Michael Zegen (Boardwalk Empire), su marido, y Tony Shalhoub (Monk), su padre.

No es que la historia de una mujer que cambie su vida y se meta a cómica de stand-up me llame la atención a las primeras de cambio. De hecho los precedentes tampoco me han dicho gran cosa a excepción de Louie, Seinfield El fin de la comedia. Pero claro, en realidad The Marvelous Mrs. Maisel no tiene nada que ver con esas series. No trata de una cómica y su forma de entender la vida cuando se baja de las tablas. Sino una historia donde la comedia está presente pero lo importante son los personajes, o mejor dicho, la protagonista. Y eso a mí me llama más la atención. Tampoco me apetecía demasiado volver a los años de Mad Men, pero tengo que decir que a la historia le viene fenomenal estar situada a finales de los 50.

The Marvelous Mrs. Maisel, como le pasaba a Mad Men, es una serie feminista. Aunque en este caso su protagonista absoluta es una mujer, aquí ellas también tienen que luchar contra los convencionalismos y el machismo imperante. Es cierto que su lucha empieza cuando su marido la abandona y cuando su abnegada dedicación se ve penalizada por su parte. Pero a partir de ahí vemos a otra Midge, que siempre estuvo ahí pero que ahora no se mueve bajo la sombra de nadie. Ella empieza a romper barreras, de forma accidental, en un negocio en el que impera el humor políticamente correcto y es un sector acotado al género masculino. A pesar de tenerlo todo en contra, incluso a la ley, no se da por vencida hasta conseguir el éxito que merece. Por el camino, Rachel Brosnahan, nos regala un carisma y una vis cómica que francamente creía que no tenía. Claro que está apoyada por los maravillosos guiones de Amy Sherman Palladino, pero consigue construir un personaje al que ella le ha aportado mucho.

 

Técnicamente, la serie no se queda atrás en cuanto a calidad. La buena ambientación se ve apoyada por una selección de temas musicales que no somos capaces de dejar de tararear, una fotografía colorista y positiva como es ella y un vestuario muy atrevido usando mucho color, que va a muy acorde con la época. Hay que estar atentos a los modelitos que luce Brosnahan porque son geniales. Pero si tengo que destacar sólo una cosa de la parte técnica, ésta sería la dirección de los episodios, a nivel de actores y a nivel de manejo de la cámara. Los movimientos de cámara son impresionantes en algunas partes de la serie, que no se conforma con contarnos una historia sino que nos la cuenta muy bien.

Rachel Brosnahan y Alex Bornstein en The Marvelous Mrs. Maisel, de Amazon Prime Video

Me gustaría destacar varios movimientos de cámara absolutamente deliciosos. El primero transcurre en el primer episodio, cuando Midge y su marido llegan al bar de monólogos tenemos un plano secuencia desde que entran hasta que se sientan en su mesa que recuerda a Uno de los nuestros, salvando las distancias. No es el único, también hay otro que aporta teatralidad a la situación y juega muy en favor de la comedia, y se trata de una secuencia en la cocina de sus padres en la que los personajes van entrando y saliendo de escena mientras Miriam se va moviendo. Y por último, destaco creo que también en el primero, una secuencia en la que nuestra protagonista recoge a su bebé de casa de su madre, en la que la cámara estática va grabando mientras ellas dos hacen un poco el juego de las puertas, entrando y saliendo de habitaciones. Dos buenas pruebas de que no sólo con un buen guión y trabajo actoral se puede hacer buena comedia. También el lenguaje audiovisual puede contribuir. 

La historia de la señora Miriam “Midge” Maisel no ha hecho más que empezar pero a lo largo de los ocho episodios que componen la primera temporada nos ha hecho pasar un buen rato y nos ha hecho reír. Y además nos ha dado una serie muy bien hecha desde todos los puntos de vista. Sólo me queda decir que ya está renovada para una segunda entrega de diez episodios. Gracias y buenas noches.

The Marvelous Mrs. Maisel está disponible en Amazon Prime Video.

‘The End of The F***ing World’: el todo o nada de Alyssa y James

El exitazo de enero en Netflix, The End of The F***ing World

Que salga este artículo en marzo de una serie que se emitió en enero no es casual. Bueno, un poco sí, pero aprovecho la tesitura para reflexionar sobre esta bulimia cultural que provoca que nos olvidemos de ficciones que han hecho mucho ruido casi al instante, daños colaterales de lo que hemos venido a llamar Peak TV. El “marcar como visto” de TV Time se ha convertido en deporte nacional y eso nos impide reflexionar sobre lo que hay detrás de las historias que vemos a diario. The End of The F***ing World ha gustado mucho en general, pero no todo el mundo ha llegado a la raíz de lo que quería contar en realidad.

The End of The Fucking World (así, sin censura) nos cuenta la historia de dos adolescentes, James y Alyssa. James cree que es un psicópata y hasta ahora ha dado rienda suelta a su instinto matando animales, pero cree que ha llegado el momento de escoger una víctima humana, que donde entra ella. Alyssa es una chica una chica enfadada con el mundo a la que se le ha juntado la adolescencia con carencias afectivas graves. Juntos iniciarán un loco viaje en el que cada uno busca una cosa pero en el que encontrarán mucho más de lo que esperaban. Está basada en una novela gráfica escrita por Charles S. Forsman, adaptada por Charlie Covell, conocida como actriz de Marcella y escritora de un par de episodios de Banana. Los protagonistas son Jessica Barden (Penny Dreadful) y Alex Lawther (Black Mirror, Howard’s End).

Jessica Barden y Alex Lawther, protagonistas de El maldito fin del mundo (The End of The Fucking World)

Para mi gusto, El fin del maldito mundo es una serie fea, muy incómoda de ver. Y es curioso porque lo tiene todo para ser muy atractiva, incluso tiene el toque indie que tanto me gusta y otros criterios objetivos, bueno, los más objetivos posible. Tiene una fotografía y una realización muy arriesgadas, un ritmo muy interesante gracias a su montaje, una colección de temas musicales genial y una narrativa muy llamativa, que dista mucho de productos recientes de temática similar como Everything Sucks. Todo bien, excepto una cosa: los personajes. Durante los ocho episodios me he preguntado si el psicópata soy yo porque ambos me han parecido asesinables. Están escritos de forma muy extrema, tanto que me cuesta comprender sus motivaciones incluso después de haber vivido semejantes traumas que no voy a desvelar. Es decir, la vida no te puede hacer nada para que seas así de gilipollas, dicho con toda la frivolidad del mundo, lo sé.

Ahora bien, como metáfora funciona a las mil maravillas. La exposición de sus traumas y sus consecuencias sirven para contarnos cómo son los sentimientos a los que los adolescentes se enfrentan a menudo, como la falta de comprensión por parte de los adultos, los problemas de identidad o la falta de pertenencia. Pero no sólo ellos son extremos, sino también el mundo en el que se mueven y la gente con la que se van encontrando en su road trip particular. Y a pesar de todo lo anterior le vas cogiendo cariño a James y Alyssa, porque realmente lo que tienen alrededor está podrido y les está pudriendo por dentro, aunque por más que huyen no consiguen dejar atrás la putrefacción de la sociedad.

Jessica Barden y Alex Lawther hacen un gran trabajo en El maldito fin del mundo

Por eso, y porque te das cuenta de que los adultos son horribles y ellos al fin y al cabo son sólo niños, adolescentes a punto de cambiar su punto de vista sobre el mundo. Aunque parezca que Alyssa y James no tienen ni pizca de inocencia, el viaje que emprenden no es más que su salida del cascarón y comprobar lo duro que es el mundo por mucho que sus vidas ya sean una mierda. Eso les hará madurar definitivamente. O no. Ese es el valor de The End of The F***ing World, el trasfondo que tiene la historia, que ha sido contada de forma muy exagerada para llamar la atención de los jóvenes y no tan jóvenes, aunque puede que yo me esté haciendo viejo y no me guste nada la forma.

The End of The F***ing World (El maldito fin del mundo) está disponible en Netflix

‘Todo es una mierda’, los noventa eran cuquis

Todo es una mierda se ha convertido en una de las sopresas de este invierno en Netflix

A veces Netflix nos regala algunas series sorpresa de las que esperábamos poco o nada. Está claro que la plataforma no puede dar la misma publicidad a todas las ficciones que estrena pero es que además este handicap a priori lo convierte en una virtud. El factor sorpresa juega un papel muy importante para series como Everything Sucks, que son capaces de absorber la conversación en las redes, aunque sea durante muy poco tiempo. Y eso que se trata de un producto que tiene unos ingredientes que podríamos considerar como apuesta segura: adolescentes, nostalgia, identidad sexual, buena música, ternura…

Todo es una mierda está creada por Michael Mohan, que además dirige siete episodios, y Ben York Jones, que además interpreta al personaje de Mr. Stargrove. Ambos nacieron aproximadamente en la misma época que los protagonistas de la serie por lo que hablan desde el conocimiento y cuentan la historia desde sus ojos. Está protagonizada por adolescentes de primer año de institutos interpretados por Jahi Di’Allo Winston (Feed The Beast), Peyton Kennedy (Odd Squad), Elijah Stevenson (Captain Fantastic) y Sidney Sweeney, que veremos en este año ni más ni menos que en The Handmaid’s Tale y en Heridas abiertas (Sharp Objects), la serie de Amy Adams en HBO.

Todo es una mierda nos cuenta la historia de Luke, que junto a sus amigos Tyler y McQuaid, se apuntan al club de audiovisuales. Allí conocerá a una chica, Kate, de la que se enamora a primera vista y que además es la hija del director. Junto a los integrantes del club de teatro iniciarán el rodaje de una loca película de extraterrestres en la que descubrirán muchas cosas sobre sí mismos y sobre la vida en general. La serie contiene muchos toques de drama, personajes entrañables y mucho humor en los 25 minutos de duración de cada episodio de esta comedia.

La pareja protagonista de Todo es una mierda ha sido lo mejor de la serie

Nostalgia… Noventera

Reconozco que estoy hasta el último pelo de la nostalgia de los años 80 e incluso gente como yo hemos aborrecido la palabra “nostalgia” en sí misma. Hasta que nos toca la nuestra claro, porque a la generación de los treinta y tantos no nos pillan tan cerca los ochenta, que es más una cosa cosa de la infancia. Pero los 90 son nuestra época, la de la adolescencia, y estar en el mismo punto que los protagonistas de Todo es una mierda es un plus muy especial. Objetos como los Discman, las cintas VHS, el antiguo módem con el que navegábamos por la red, expresiones, la música… todos ellos son capaces de darle la vuelta a la serie.

Porque la serie no es gran cosa, no tiene nada de especial a simple vista. Una dramedia adolescente que en ocasiones busca la lágrima fácil, personajes odiables y otros entrañables interactuando en un happy place de manual. Sólo que a medida que avanzan los episodios no son tan happy como pensábamos, que los personajes sufren carencias afectivas, crisis de identidad y amores frustrados. Y además sufren como lo hacíamos nosotros, con una inocencia que no tienen los adolescentes de ahora, cuando las relaciones cara a cara eran más importantes que las que se establecen a través de la pantalla. Por eso funciona tan bien Esto es una mierda, porque consigue que los elementos noventeros no sean sólo accesorios, por mucho que puedan ser excesivos, sino que son una herramienta con la que contar la historia de siempre de la forma en que se hace ahora, añadiendo diversidad sexual racial y dando más poder a los personajes femeninos.

Los antagonistas de Todo es una mierda

Otra muestra más, por tanto, del valor de la serie, que pasa por ser de los noventa incluso en la forma de rodar y que sus referencias están mejor insertadas que en otras ficciones nostálgicas. Podríamos decir que Todo es una mierda hace lo mismo que Stranger Things, pero en otra época y con otro género. A pesar de todo, lo que mejor funciona es la música, capaz de mejorar algunos episodios mediocres, capaz de cambiar nuestra percepción sobre los personajes y algunas tramas realmente aburridas o ridículas, directamente.

No podemos sacar la vara de medir las grandes series, no sería justo, simplemente sentémonos en el sofá y dejemos que nos entretengan con un producto sin más pretensión que gustar a la generación que se hizo mayor en los noventa, y aportar elementos modernizados como parejas interraciales, protagonistas homosexuales o bisexuales, o que el clásico personaje graciosete sea un blanco esta vez. Todo esto, además de hacernos pasar un buen rato, sirve para echar una mano a los colectivos que lo necesitan. Y eso está muy bien.

Todo es una mierda está disponible en Netflix.

‘McMafia’: el crimen franquiciado

McMafia es una de las mejores series hasta el momento de 2018

McMafia es una de las mejores series de lo que llevamos de 2018. No es que hasta el momento esté siendo un gran año pero muchas de las ficciones estrenadas prometían más. Y entonces esta producción británica de la BBC, como casi todo lo que viene de las islas, llegó haciendo poco ruido excepto para los tres o cuatro que lo sigan todo demasiado al día. Quizás llamarla sorpresa parece excesivo, pero después de un inicio un poco titubeante, ha terminado por ganarme del todo.

Vamos a empezar por los nombres al frente de McMafia. Está dirigida, producida y escrita por James Watkins entre otros guionistas, basándose en un libro del mismo nombre escrito por Mischa Glenny hace diez años. Para hacer la serie sólo se han adaptado los episodios referentes a la mafia rusa y los personajes y situaciones están sacados de la realidad. El nombre hace referencia a cómo las bandas mafiosas franquician a bandas más pequeñas para que usen su nombre a cambio de un porcentaje, en una estrategia que recuerda mucho a la famosa marca de comida rápida McDonald’s.

McMafia nos sitúa en Londres, donde vive la familia Godman, expatriados de Rusia. El padre, Dmitri, se dedicaba a negocios ilícitos hasta que decidió retirarse y criar a sus hijos en la alta sociedad británica. Ahí entran en juego Katya, la oveja negra de la familia, niña mimada enganchada al alcohol y la juerga, y Alex, el hijo perfecto que estudió en Harvard y dirige un fondo de inversión que respeta la legalidad y la ética profesional. Pero las circunstancias provocan que se vea en el ojo del huracán y tenga que tomar decisiones para saldar deudas con un mafioso ruso.

Buenas interpretaciones y gran reparto el de McMafia

La serie está protagonizada por James Norton, un actor muy prolífico de la ficción británica, al que hemos podido ver en Happy Valley, Grantchester Guerra y Paz. Pero además de Norton como protagonista absoluto, podemos ver a David Strathairn (Billions, The Blacklist) o Juliet Rylance (American Gothic, The Knick). Además de algunos actores rusos e incluso uno español, Fernando Cayo, que vimos recientemente en Mar de Plástico y otras como La Señora, Amar es para siempre, Punta Escarlata El Caso. Crónica de Sucesos.

En McMafia vamos a encontrar lo que esperamos de cualquier ficción de la BBC, una producción exquisita y una historia contada con la precisión de un reloj pero eso sí, sin muchos fuegos artificiales, que algunas veces es mejor prescindir de ellos pero otras pueden mejorar un producto soso o plano. Como es habitual en las producciones britanicas no sobra ni falta nada, pero a veces se echa de menos que se desaten como hacen las estadounidenses aunque la perfección nos embelese tanto. Tras un par de capítulos en los que la premisa resulta de lo más sugerente, la serie se va perdiendo entre aeropuertos y conversaciones de alto nivel sin saber qué función podía cumplir la trama de la familia de Alex, por poner un ejemplo. Sin embargo, en los últimos tres o cuatro episodios mete la directa hacia la historia que queríamos que nos contaran. No es nada novedosa, no esperemos nada del otro mundo, y además recuerda mucho a otras producciones recientes como El Infiltrado (The Night Manager) y otras que no voy a nombrar para no marcaros el camino del protagonista.

En cuanto a interpretaciones más o menos lo mismo. Norton compone a un Alex muy sobrio y contenido, reflejando a la perfección lo que los escritores buscaban del personaje, que contrasta con la tragedia y el histrionismo del resto de la familia Godman. Mención especial merece el villano de la historia, Vadim Kalyagin, interpretado por Merab Ninidze (Berlin Station) que se va humanizando a lo largo de los episodios mostrándonos su vida privada, al mismo tiempo que sus enemigos se van volviendo más villanos. Y al contrario, el personaje de David Strathairn, Semiyon Kleiman, que se ofrece en un principio como una cara amable, va mostrando su reverso más oscuro mientras mantiene su sonrisa.

Protagonistas de McMafia, de Amazon y BBC

Como otras tantas series británicas nos muestra en un principio cómo deberían ser las cosas, me refiero a banqueros éticos, y en lo que se puede convertir cuando se acumulan malas decisiones. Me gusta la cantidad de temas que se presentan en McMafia, desde explicarnos cómo funciona el movimiento de dinero hasta que se le pierde el rastro, en la serie ejemplificado en el narcotráfico aunque sospecho que nos quieren contar cómo lo hacen los ricos, futbolistas, políticos, etc. para evadir impuestos. Además, vemos cómo las redes secuestran chicas para la prostitución o cómo los narcotraficantes están avalados por las altas esferas. Todos temas actuales e interesantes.

En definitiva, McMafia es una serie muy recomendable para quien busque una serie británica que no se quede en la superficie, con el habitual rigor de la BBC. Ocho episodios que se dejan ver de forma ágil, sin hacerse pesada y que está disponible en Amazon Prime Video.