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Categoría: Críticas

Análisis de capítulos concretos o temporadas completas de nuestras series

‘Mindhunter’: un viaje a la mente del asesino en serie

Mindhunter se ha convertido en uno de los grandes aciertos de Netflix en 2017

Hemos tenido que esperar hasta octubre para ver una de las series más esperadas de este 2017. Mindhunter ha llegado tarde pero quizás gracias a eso estará en los primeros puestos de todas las listas de mejores ficciones del año, en detrimento de otras que pueden haber quedado más atrás en el tiempo. La propuesta de David Fincher y Joe Penhall, que no olvidemos que es el showrunner no ha decepcionado a nadie y lo mejor es que su progreso en los próximos años puede ser estratosférico.

Holden Ford (Jonathan Groff) es un agente del FBI que se dedica a formar a los futuros agentes en Quantico. Con el fin de formarlos mejor, intenta descifrar la mente de lo que entonces se conocían como “asesinos secuenciales”. Para ello le asigna al agente Bill Tench (Holt McCallany), otro agente encargado de dar cursos a las policías locales de todo el país. Con la excusa de ayudarlo, Holden puede viajar a las prisiones donde están encerrados esos monstruos y así poder entrevistarlos. Más tarde reciben la ayuda de una profesora de universidad, Wendy Carr (Anna Torv), que dotará al equipo de un método científico y pondrá orden en el proyecto.

Lejos de ser un “whodunnit” (“quienlohizo”), Mindhunter va mucho más allá de capturar asesinos y resolver crímenes. Los agentes Ford y Tench buscan hacer un perfil psicológico de los asesinos más famosos del país para elaborar así un patrón que les permita detectar y prevenir futuros asesinatos secuenciales. Por tanto, llama la atención la celeridad con la que sus protagonistas descubren a los culpables, porque ese no es el fin de la serie. Ésta tiene dos partes bien diferenciadas, la primera es estudiar, entrevistar a los psicópatas que ya están entre rejas, elaborar una serie de pautas; y la segunda es ponerlas en práctica en los casos que se van encontrando allá por donde viajan.

Holt McCallany y

Un aliciente al que hay que sumar un buen puñado más. Mindhunter tiene muchas aristas, y todas ellas interesantes por igual. La investigación en su doble vertiente es una de ellas. Los diálogos con los asesinos pueden hacerse tediosos si no se presta la debida atención. En ellos descubrimos multitud de detalles de la personalidad de éstos pero también de los protagonistas. El cambio en ambos a medida de que se dan cuenta de que el estudio funciona y también la forma en la que afecta las aberraciones que les están contando a sus vidas privadas. No es que éstas formen una parte esencial de la serie pero sí ayuda a configurar, a hacer un perfil de los personajes más completo, por lo que nos cuentan también una parte muy interesante de la historia. El contexto histórico nos hace comprender mucho de lo que ocurre, sobre todo dentro del FBI, donde consideran una pérdida de tiempo que dos agentes se dediquen a hurgar en las mentes criminales en lugar de entregar datos fehacientes, pruebas, que es lo que se suponía que debía hacer un policía.

Hay quien puede decir que Mindhunter tiene un ritmo muy lento, sobre todo al principio, pero éste es fruto de una presentación de la trama y de exposición inicial de sus intenciones, lo que puede parecer un poco pesado al principio. A mí tampoco me lo parece demasiado. Pero es a partir de la segunda mitad cuando se recogen los frutos, cuando la maquinaria ya ha echado a rodar, cuando todo empieza a encajar. A partir de ahí, cuando los protagonistas empiezan a aplicar, de forma un poco inconsciente todavía, lo que han estado aprendiendo. Sinceramente, la serie ha sido planificada al milímetro y el guión no tiene fisuras de ningún tipo.

Técnicamente, no podíamos esperar menos de David Fincher, que aunque no es el showrunner, sí dirige cuatro episodios y ha tenido voz y voto como productor ejecutivo que es. Los que dirige el maestro son todos sublimes en planificación, fotografía, ritmo, dirección de actores, sin desmerecer al resto, que han hecho un trabajo tremendo y me ha sorprendido bastante. La fotografía, que acentúa el color amarillento sepia propio de la evocación de épocas pasadas, es espectacular, bella y muy bien encuadrada. El montaje es otro de sus puntos fuertes, siempre hago referencia al rápido montaje de imágenes en el segundo episodio cuando Fincher busca contarnos la rutina de los viajes de Tench y Ford, una maravilla que recuerda a Scorsese o Guy Ritchie. Y no nos podemos ir de aquí sin comentar la maravillosa música de la serie, fruto, claro está, de la época en la que está ambientada, un repaso a grandes clásicos del rock y el glam de los 70.

Jonathan Groff y Anna Torv en Mindhunter, de Netflix

El resultado que nos queda después de todo lo que hemos comentado es una de las mejores series de 2017Mindhunter no decepcionó a los que esperábamos algo grande de Fincher y Netflix. Su renovación, que estaba cantada, ya ha sido confirmada y toca esperar para poder ver cómo sigue. Por último, recordar que ya hablamos de ella en nuestro podcast, que os dejo aquí abajo para quien quiera escucharlo.

 

El cine y las series de televisión son mi pasión, aunque la Edad de Oro de la pequeña pantalla me tiene conquistado del todo. En Cultura Seriéfila analizo toda ficción que lo merezca con una dosis muy alta de opinión. También me podéis leer en tvspoileralert.com. Y no olvidéis seguirme en las redes sociales.

‘Dark’, así es la primera serie alemana producida por Netflix

Netflix debuta con su producción propia alemana con 'Dark'

Mañana viernes 1 de diciembre se estrena la primera serie alemana producida por Netflix, Dark. Se trata de una serie que mezcla terror con ciencia ficción y suspense, muy oscura como su propio nombre indica. Nosotros ya hemos visto los tres primeros episodios y podemos contaros cómo es y qué os vais a encontrar. Por supuesto, sin spoilers.

Dark nos sitúa en Winden, un pequeño pueblo alemán que alberga una central nuclear, en noviembre de 2019. Un adolescente lleva un par de semanas desaparecido y todos lo buscan con todos los medios a su alcance. Los más viejos del lugar ven muchas similitudes con un caso similar que ocurrió 33 años antes. Mientras estaba con su hermano y sus amigos en el bosque una noche, Mikkel, otro niño del pueblo, desparece en las mismas circunstancias, creándose una situación idéntica a la que ocurrió entonces.

La serie ha sido creada por el director y guionista Baran bo Odar, que dirige los diez episodios que componen esta primera temporada. Aunque la serie hace honor a su nombre, Dark, la oscuridad es un accesorio para crear ambiente en una historia que es básicamente el drama de varias familias que se ven afectadas por la desaparición de sus seres queridos, que han ido a parar a otras épocas aunque eso ellos no lo sepan. Eso es lo bueno, la construcción de unos personajes que han quedado marcados por la tragedia, pero a la vez el suspense que sus creadores inoculan en el espectador mediante una ambientación muy adecuada, ya sea sonido, fotografía o el guión. Si a todo esto le añades viajes temporales, queda un producto muy atractivo para diferentes segmentos de audiencia, que es lo que pretende Netflix con las producciones no americanas.

Dark no es Stranger Things

La serie Dark ha sido comparada con Stranger Things, aunque sólo son circunstanciales.

Seguramente habréis oído que Dark es la Stranger Things alemana. Nada más lejos de la realidad, no tienen nada que ver en lo importante, el tono. Mientras la serie de los Duffer hacía un ejercicio de nostalgia al tiempo que revisitaba los clásicos del cine de aventuras de los 80 de forma muy ligera, ésta es más adulta, más seria, y no tan dirigida a grandes masas. Obviamente, las similitudes son clarísimas y yo diría que algunas están forzadas. Podremos ver a niños desaparecidos y padres desesperados por encontrarlos, linternas en el bosque, instalación (en este caso una central nuclear) que oculta secretos en su interior y puede ser responsable de las desapariciones, rehenes encerrados en una habitación, referencias a los años 80, etc.

Aunque tiene una premisa muy interesante, Dark es muy confusa desde el comienzo con una escena inicial que en principio no sabemos si ocurre en realidad en ese momento o es un flashback es un flashforward. Después tenemos una presentación de personajes masiva, un poco atropellada. Muchos nombres y muchas caras que al no estar familiarizados con el idioma ni con los actores alemanes hacen que sea un poco difícil establecer las relaciones entre ellos. Una vez que se supere esa fase, que aviso que sigue pasando tras ver los tres primeros episodios, se disfrutará en toda su dimensión.

Dark tiene todos los ingredientes que no pueden faltar en una serie de terror: puertas que chirrían, música que puntualiza quizás demasiado, travellings de acercamiento, todo tipo de ruidos con eco, animales muertos, etc. Pero también juega muy bien con el suspense porque nos da muy poca información sobre lo que está pasando, algo esencial para mantener al espectador pegado a la pantalla. Me ha gustado que la poca que se nos da la recibimos principalmente a través de las imágenes y no de los diálogos, lo que da lugar a diferentes interpretaciones. La estética también ayuda sin ser nada novedoso, pues es muy oscura y húmeda pero suficiente para crear atmósfera.

Dark es la primera serie alemana de Netflix

Celebro que Netflix produzca allá donde se establece, creo que es un detalle que le hace ganar adeptos. Y sobre todo en casos como el de Dark, que me ha parecido una serie muy interesante en todos los aspectos. Además, la plataforma sabe que los suscriptores están buscando más allá de la ficción americana y de paso vamos descubriendo una forma de hacer diferente, más europea, que no hace sino enriquecer a la industria y al espectador. Así pues, queda hecha esta recomendación que podréis ver a partir de mañana día 1 de diciembre.

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‘Tin Star’, demasiada sangre para la idílica Canadá

Tin Star es la nueva serie de Sky Atlantic con Tim Roth y Christina Hendricks

El pasado septiembre se estrenaba Tin Star, la serie de Sky Atlantic que en España ha emitido Movistar+. Normalmente no habría hecho mucho caso a un drama de este tipo pero dos nombres me atrayeron como si fueran imanes: Tim Roth, al que acababa de ver en Twin Peaks y necesitaba un poco más de él, y Christina Hendricks, a la que veré haga lo que haga. Diez episodios después hay que decir que me queda un poco la sensación de haber perdido el tiempo a pesar de que tiene muchas cosas interesantes que pasamos a desgranar.

El jefe de policía de un pequeño pueblo canadiense llamado Little Big Bear, Jim Worth, se topa con las aspiraciones de una multinacional del negocio del gas que empieza a instalar una nueva refinería. Este hecho vendrá a traer gente de fuera y empezarán a subir los niveles de delincuencia. Tras mostrar su disconformidad con el proyecto, su familia y él son víctimas de ataque con consecuencias. De ahí en adelante Jim buscará a los culpables pasando por encima de cualquiera que se le ponga por delante, ya sea la ley, sus compañeros y hasta su propia familia.

Tin Star tiene todos los ingredientes de un thriller británico pero trasvasado a Canadá y la idiosincrasia norteamericana. Más violenta al ser de una cadena de pago, recuerda mucho en su arranque a Banshee aunque salvando las distancias. Mientras la serie de Cinemax era una serie eminentemente de acción, la de Sky Atlantic pretende tirar más hacia el drama de personajes. Y digo pretende porque éstos no consiguen la profundidad que intentan sus guionistas, ni tampoco es que al espectador le importe mucho sus respectivos destinos.

Tim Roth y Genevieve O'Reilly comparten protagonismo en Tin Star

Efectivamente, la serie de Rowan Joffe (28 semanas después, El americano), va de más a menos cuesta abajo y sin frenos tras un primer episodio bastante interesante, contado in media res. Este estilo de narración, que consiste en empezar por en medio para después contar lo que ocurre antes y lo que ocurre después, es lo más destacado de muchos de los episodios porque de esta forma mantiene el interés por saber cómo hemos llegado a la situación que se plantea y cómo van a salir de ella. A medida que vamos llegando al final, el espectador se hace una idea muy clara de lo que pasa en aquel pueblo y de por qué los personajes son como son y están donde están, por lo que sólo queda por saber cómo se resolverá todo sin que haya lugar a mucha sorpresa, y que las que haya tampoco nos importen. La propuesta visual de Tin Star es muy atractiva gracias a los paisajes llenos de árboles tan típico de Canadá junto con una música a medio camino entre el country y la música indígena. No es la primera vez que hemos visto esta misma combinación y ni siquiera crea una atmósfera demasiado particular, pero lo cierto es que funciona bien.

Tanto en la narrativa como la estética han sido cuidadas por la producción de la serie pero le falta puntería a la hora de hacer más atractivo el “qué” nos cuentan. No queda para nada claro la motivación de muchos de los personajes y las acciones que llevan a cabo, que no tienen consecuencias para ellos, rompen el contrato con el espectador. Lo que nos queda es una historia difícilmente creíble y una resolución de la historia decepcionante después de los buenos mimbres que que había en su planteamiento.

La pelirroja de Mad Men hace un buen papel en Tin Star

Así pues, tras sendas propuestas estética y narrativa interesantes, la historia flojea en la segunda mitad de la temporada, importando bien poco su resolución. Ni la excesiva violencia ni las motivaciones de los personajes consiguen hacer el relato creíble, así que si falla en lo más visible para todos los públicos, nos queda bien poco.

Tin Star se puede ver en la plataforma VOD de Movistar+.

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‘The Sinner’, el thriller adictivo de Jessica Biel

Jessica Biel y Bill Pullman protagonizan The Sinner, un thriller estrenado por Netflix

La semana pasada Netflix estrenaba en España el último objeto de maratones de muchos de nosotros, la responsable de nuestras ojeras de esta semana y gracias a que sólo eran ocho episodios. The Sinner es un thriller policial sobre un caso con culpable claro, pero sobre el que se adivinan motivos psicológicos ocultos. Se estrenó el pasado verano en Estados Unidos de la mano de USA Network y está protagonizada por Jessica Biel y Bill Pullman, que hacen un notable trabajo.

Cora Tanetti (Jessica Biel) es una mujer descontenta con su vida de esposa y madre que apuñala hasta la muerte a un hombre a la vista de mucha gente sin que nadie, ni ella misma, conozca los motivos que le han llevado a ello. Tras declararse culpable, el policía Harry Ambrose (Bill Pullman), sigue investigando porque cree que algún trauma importante subyace sobre la personalidad de Cora. Tras someterse a varias terapias para intentar recordar lagunas de su pasado, éstos recuerdos van componiendo el puzzle.

The Sinner, por tanto, tiene un culpable claro desde el principio por lo que se sale de la línea habitual de cualquier serie con asesinos, víctimas y policías. Lo que nos queda por saber son las razones que han llevado a Cora a cometer el crimen. Se pasa así del whodunnit al whydunnit (del quiénlohizo al porquélohizo) y esa es su principal novedad y motivo de enganche del espectador. Aunque en la búsqueda del “por qué” surgen nuevos “cómos”, “dóndes”, “cuandos” y “quiénes” por lo que la narración no es tan novedosa y la fórmula no difiere prácticamente porque parte de la base de que Cora es inocente (o al menos no tan culpable) y, por tanto se buscan otros.

Cora Tanetti (Jessica Biel) )apuñala a un hombre a la vista de todo el mundo en The Sinner.

The Sinner mantiene muy bien el suspense durante la primera mitad, donde vamos descubriendo detalles confusos e inconexos, mientras que la segunda nos quiere dar todo mascado al final y se descuidan aspectos de personajes y tramas que favorecen al esclarecimiento del relato pero hace que la serie parezca que va a descarrilar en cualquier momento. Lo que antes eran los efectos de las acciones de Cora en su familia y la lucha interna de Harry con sus temas masoquistas y su separación, después se va diluyendo para dar prioridad a las respuestas.

La serie de USA Network ha sido hecha a medida para y por Jessica Biel, pues también ejerce de productora ejecutiva, supongo que de ahí a que intente pasar por alguien de veintitantos cuando no los tiene y parezca bastante más mayor que su marido y su hermana en The Sinner. Aún así tengo que decir está muy bien en este papel y lo dice alguien que no es su fan precisamente. También está muy bien Bill Pullman en el rol de detective atormentado, aunque hay algo que me falla y no sé qué es, quizás su barba o su aspecto descuidado.

Bill Pullman es el detective atormentado de The Sinner

En líneas generales podemos considerar The Sinner como un buen producto y un thriller interesante, pero sobre todo adictivo. Podría ser más redonda, estar un poco mejor narrada o haber dotado a los personajes secundarios de un poco más de protagonismo, pero ojalá todas las series hechas a medida de un actor o actriz tuvieran la mitad de calidad que esta. Queda hecha la recomendación.

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‘Stranger Things’, el entretenimiento supera a la nostalgia

La segunda temporada de Stranger Things, en Netflix

En este artículo hay spoilers, cuidado con lo que lees.

Sin duda, esta ha sido la semana de Stranger Things. La serie de Netflix ha vuelto a arrasar en todos los campos: conversaciones entre amigos, redes sociales, artículos en blogs, podcasts y suponemos que también en audiencias, que la plataforma se guarda para sí misma hasta que quiera. La gallina de los huevos de oro ha regresado con fuerza, más si cabe que con la que debutó el año pasado. Por cierto, ya está renovada para una tercera y cuarta temporada, así que queda serie para rato.

La segunda temporada de Stranger Things nos sitúa un año después de los acontecimientos de la primera, cuando Eleven derrotó al monstruo y desapareció. La vuelta a la normalidad ha costado para los chavales, sobre todo para Will, que tiene ataques en los que ve Del Revés de vez en cuando y Mike, que no pierde la esperanza de contactar con ella. Mientras, en Hawkins está ocurriendo algo que provoca la vuelta del mal al pueblo. También ha traído novedades que han aportado mucho a la temporada. La incorporación de Bob (Sean Astin), que hace de novio de Joyce Byers, Billy (Dacre Montgomery) y su hermana Max (Sadie Sink), que aportan frescura a las tramas adolescentes e infantiles y el Dr. Owens (Paul Reiser), una cara amigable que deja de ser un obstáculo para que los protagonistas se muevan por las instalaciones con total libertad.

El juego de las referencias continúa

Empezando por Sean Astin, que junto con Winona Ryder, son una referencia por sí misma por sus participaciones en las películas de aventuras juveniles de los 80. También Paul Reiser, que participó en la saga de Alien, otra de las claros guiños de la segunda temporada de Stranger Things. Los Cazafantasmas y Mad Max son invocadas directamente con los disfraces de Halloween en el caso de la primera y con el apodo de Max y los atracadores punkies del cold opening del primer episodio la segunda. Incluso me ha parecido ver algo parecido a Aventuras en la Gran Ciudad en el viaje de Eleven a Chicago. La posesión de Will recuerda al El Exorcista, siguen las menciones a La Guerra de las Galaxias, E.T, Encuentros en la tercera fase Los Goonies, como en la pasada temporada.

Dos actores muy conocidos por sus papeles de niños en películas de los 80, en Stranger Things

Una fórmula perfecta

Me imagino a los hermanos Duffer frente a una pizarra gigante llena de raíces cuadradas, derivadas, integrales y demás, para intentar dar con la fórmula del entretenimiento perfecto, que lo equilibre con la nostalgia y que a la vez se nutra de mil referencias para crear algo que, a pesar de no ser nuevo, actualiza todo lo anterior. Y lo consiguen a pesar de que todo estaba a priori contado en la primera temporada, que su final podría haber servido como cerrado. Lo hacen agregando personajes nuevos que congenian a la perfección con los antiguos, dando más protagonismo a secundarios como el sheriff Hopper o Steve, que se sale en estos nueve episodios. Y lo más importante, lo hacen restando protagonismo a la gran protagonista, Eleven, que no ha interactuado con sus amigos hasta prácticamente el último capítulo, pero sin que su trama perdiera nada de interés.

En su segunda temporada, Stranger Things sigue en su línea en cuanto a la estética, muy parecida a aquellas películas de los 80, aunque esta vez quizás se abuse de los colores azul y rojo, como ya anticipaba el cartel promocional. Sí me gustaría destacar el uso de la música, con mayor número de temas musicales de grupos de la época, explorando la electrónica, el glam rock, el heavy e incluso las canciones más comerciales que han quedado en la memoria de todos.

Los auténticos protagonistas de Stranger Things son los niños

No hay duda de que Stranger Things es un producto redondo, milimétricamente pensado para entretener al 100%, sin reservas, por lo que funciona perfectamente. Se le pueden buscar defectos, que los tiene pero nadie puede decir que no es una buenísima serie. Hay dos formas de entrar en la historia: una creando una obra de arte, única, novedosa y estéticamente rompedora; o creando un producto tan entretenido que lo vea tanta gente como para que consiga ser un icono de una época. Strangers Things no será tan única como para hacer historia en la televisión pero sí proclive a quedarse en el imaginario colectivo como hicieron todos sus referentes, precisamente.

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‘Fear The Walking Dead’: mejora insuficiente en la tercera temporada

Nick ha vuelto a ser protagonista en la tercera temporada de Fear The Walking Dead

Este artículo se publica con todo lujo de spoilers

Hemos reposado un poco el final de la tercera temporada de Fear The Walking Dead, dieciséis episodios que han mejorado las otras dos pero que andan lejos del mejor The Walking Dead. Nos hemos acostumbrado a los personajes pero aún así no conseguimos empatizar con ellos cuanto nos gustaría. Tampoco la forma de llevar la serie es demasiado satisfactoria, con tramas dibujadas en círculos, algunas que no van a ningún sitio y muertes que no impactan lo que deberían como consecuencia de las anteriores. Procedemos pues a desgranar la temporada a grandes rasgos.

El rancho ha sido el eje vertebrador de toda la entrega de Fear The Walking Dead, desde el principio, cuando Nick y Luciana son disparados por los hombres de los Otto y los Manawa-Clark se topan con ellos cuando huyeron del hotel. Allí se desarrolla toda la trama de la mayoría de los protagonistas y los nuevos personajes hasta que todo vuelve a saltar por los aires como es habitual en la franquicia, aunque esta vez es literal. Obviamente, quedarse en un mismo lugar durante siete temporadas no daría ningún juego a la historia, por lo que todo personaje estará condenado a vagar por el apocalípsis. La presa, ese lugar tan feo donde han llegado todos al final da la sensación de que se ha quedado un tanto corta, igual es cierto que no da para temporada completa pero creo que no se le ha sacado partido.

Los personajes

Madison siempre ha sido el gran personaje de Fear The Walking Dead junto con sus hijos desde el principio, sobre todo Nick y su adicción a las drogas que presentaban algo inédito en la franquicia. Ellos tres son los únicos personajes que generan algún tipo de empatía, los tres que mejor están escritos aunque no tengan nada que hacer en una comparación con los personajes de The Walking Dead. Éstos tienen más recorrido, sí, pero no es lo mismo. Otro error cometen sus productores es el de matar secundarios interesantes con mucha facilidad, eligen mal a cuáles de ellos matar. Por ejemplo, Troy y Jake podrían haber tenido un poco más de recorrido en lugar de acabar de forma tan estúpida y abrupta (si es que Troy está muerto). La serie madre iba recogiendo personajes hasta tener un elenco heterogéneo mientras que en Fear se tiende a tener pocos personajes, y sobre todo mantienen a los que empezaron. Supongo que su presupuesto es mucho más bajo y no se puede permitir tener un reparto que yo mismo he criticado por amplio y por no poder profundizar en los personajes, pero está claro que desaprovecha también este hecho. Más o menos nos da igual quién muera y quién no. Nos da igual y eso es lo peor que puede suceder.

Duelo de personalidades en Fear The Walking Dead: Madison contra Troy

La narración

Parte de la culpa de lo anterior es de un guión construido de forma un poco aleatoria. Imagino que a AMC le interesaba contar exactamente lo mismo que en The Walking Dead, que a pesar de emitirla, no es poseedora de sus derechos, que son de FOX, es decir, no les interesaba que fuera diferente, sino que tuviera el mismo éxito que la mencionada, repetir la fórmula. Y eso que al principio estábamos emocionados con ver el apocalípsis desde cero, que luego quedó en nada para correr rápidamente y situar a los personajes en un punto emocional muy parecido a Rick y compañía. Se han saltado varios pasos para llegar al mismo sitio y se dan por hecho cosas que no deberían.

La tercera temporada, sin embargo, ha sido la mejor hasta la fecha y los dos últimos episodios, los mejores que se han emitido. El nivel de tensión de Fear The Walking Dead sigue sin ser capaz de igualar al de su serie madre (que lo ha vuelto a demostrar con el estreno de su octava temporada, de la que hablaremos pronto), pero ha conseguido mantenernos en vilo con las secuencias de acción, en el que sí hemos visto peligrar a uno de los Clark, de hecho Alicia y Nick tienen un futuro incierto aunque saldrán de esta. Pero da la sensación de que le ha faltado valor para cargarse a uno de ellos. Es cierto que han matado a dos personajes que estaban desde el inicio y casi no nos acordamos de ellos, prueba de que no nos ha impactado, ¿verdad?

Alicia fue la única testigo de la muerte de Travis en Fear The Walking Dead

Como conclusión, tengo que decir que la serie ha mejorado bastante con respecto a sus inicios, lo cual da esperanza de que por delante quede algo todavía mejor. Aún así, Fear The Walking Dead no la vemos con el culo al borde del asiento, tengo que seguir comparando. Y eso que The Walking Dead está experimentando un bajón considerable que le hace seguir siendo mejor, pero no demasiado.

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‘Liar’, el thriller británico comprometido está de moda

La miniserie de ITV es Liar, protagonizada por Joanne Froggatt

Esta semana ha terminado una de las miniseries más destacadas de lo que llevamos de otoño. Liar se lo ha ganado por mérito propio, pues aúna todo lo bueno de la ficción británica y, aunque tiene sus defectos, ha conseguido evitar descarrilar al final, donde otras muchas fallaron. Además, pone el tema de la violación sobre la mesa, controvertido en los tiempos que corren, y lo hace con tino, eludiendo meterse en el fango, pero contentando a la mayoría, lo cual también es muy difícil.

Liar es un drama de la cadena británica ITV, aunque en España la hemos podido ver en HBO. Ha sido creada por Harry y Jack Williams, hermanos que están también detrás de otra de las series británicas de este otoño, Rellik y otras célebres como The Missing, la que los catapultó como dos de los creadores más destacados del panorama británico. Su protagonista es otra ilustre, Joanne Froggatt, conocida sobre todo por Downton Abbeyque la convirtió en una de las favoritas de la industria. Junto a ella, Ioan Gruffudd (UnReal, Forever) y Shelley Conn (Heartbeat, Mistresses). Se trata de una miniserie de seis episodios, aunque se especula con la posibilidad de que pueda renovar para una segunda temporada.

Laura es una maestra que acaba de romper con su novio, con quien mantuvo una larga relación. Tras una cita con Andrew, un reputado cirujano, ella lo acusa de haberla violado. Empieza entonces una guerra entre ambos en la que no sabemos quién miente y quién dice la verdad, y que acabará afectando a sus familias. Sin abandonar el thriller, la serie va cambiando de subgénero a medida que van surgiendo las revelaciones, lo cual le da un plus de interés, pues sus giros son resueltos con templanza y poco efectismo.

Joanne Froggatt es Laura, la protagonista de Liar

No sigas leyendo si no has visto la serie. Spoilers a partir de aquí.

Hemos dicho anteriormente que Liar aborda un tema tan complejo en la actualidad como son las violaciones. Y lo hace desde el punto de vista más actual si cabe, que es la culpabilización de la victima, a la que nadie parece creer en un principio. No es que la serie “sospeche” que Laura miente, de hecho es al contrario, desde el principio nos ponemos de su parte a pesar de que nos planten semillas que indican que podría mentir. De ahí al juego inicial de la serie, y digo inicial porque hacia la mitad ya sabemos que Andrew es un depredador sexual, ahí donde la trama se convierte en un juego para intentar cazar al culpable, que sigue actuando impunemente. Donde antes veíamos a una mujer desequilibrada, ahora vemos a una mujer impotente porque nosotros sí sabemos la verdad. Es ahí donde nos planteamos cuántos casos reales siguen sin tomarse en serio. La segunda mitad, sin embargo, comienza su declive a medida que se vuelve menos reivindicativa y se centra más en ofrecer al espectador una resolución más dramática. El final, que pudo ser previsible para muchos de nosotros, me parece digno, satisfactorio, pues nos compensa el sufrimiento de quienes pensábamos que todo se encaminaba hacia un escenario en el que Andrew no pagara por sus crímenes. Lo pagó con su vida, ahí ganó, porque a todos nos hubiera encantado verlo esposado por la policía.

Como siempre cuando hablamos de ficción británica, hay que mencionar la atmósfera que se consigue crear llevando la acción a una pequeña ciudad costera en lugar de llevarla a la gran ciudad. El espectador puede sentir el frío y la humedad del ambiente, con un paisaje siempre muy cubierto de nubes y nebuloso cuando se acercaba al mar. El desasosiego también está muy bien introducido en los planos cortos sobre los protagonistas o en esos planos en los que éstos parecen estar siendo observados en la distancia, cosa que ocurría en algunos de ellos. Liar tiene la impronta de la ficción británica, un país que se nos quiere hacer creer que funciona como un reloj, tanto su aparato administrativo como por la actitud leal hacia las normas de la gente de a pie. Es decir, en el Reino Unido todos parecen ser personas modélicas, y eso no nos lo creemos.

Ioan Gruffudd es Andrew, el cirujano en Liar

En definitiva, Liar me ha parecido una serie muy interesante por tratar un tema con mucho respeto y acierto sin ser gran cosa en realidad, pero tratándose de una serie británica siempre es conveniente echarle un ojo porque su forma de narrar tan natural es digna de elogio. Y muy diferente a lo que Estados Unidos nos ofrece.

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Juego de Tronos ya no es perfecta pero sigue siendo increíble

Los caminantes han tenido mucho protagonismo en la séptima temporada de Juego de Tronos

Ya era hora de que hablásemos por aquí de séptima temporada de Juego de Tronos. La ficción creada por George R.R. Martin, David Benioff y D.B. Weiss va llegando a su final y se ha notado muchísimo. Cada vez se va volviendo más previsible, no mueren protagonistas como antes y los fans acertamos con nuestras teorías con una facilidad inusitada anteriormente. También hemos detectado algunas trampas impropias de la serie de HBO aunque algunas de ellas eran necesarias para poder mover las tramas de forma ágil teniendo en cuenta que eran siete y no diez episodios. Aún así, nos sigue encantando y nos mantiene en vilo de principio a fin.

Paradójicamente, el invierno llegó en el mes de julio después de siete años esperando. Y lo hizo con tres episodios menos de lo habitual, un claro indicativo de que necesitaban más dinero para efectos visuales y recreaciones de grandes batallas. La serie tenía fecha caducidad y sólo trece episodios (siete este año) para contarnos lo que nos quería contar: quién consigue sentarse al fin en el trono de hierro y qué demonios ocurrirá cuando el Señor de la Noche atraviese el Muro. Quizás este recorte de metraje haya sido un lastre para toda la tela que queda por cortar en Juego de Tronos. En mi opinión ha jugado claramente en su contra, y ha pecado de justo lo contrario que casi todas las series, encogimiento de las tramas.

El desembarco en Poniente le ha deparado muchas sorpresas a Daenerys en la séptima temporada de Juego de Tronos

La ausencia de esos tres episodios ha provocado que las tramas fluyeran a un ritmo impropio del drama de HBO. Así, los personajes se han desplazado por Poniente a una velocidad que no habíamos visto antes, algo que no es tan dramático como quieren hacernos creer, pero sí es verdad que en los viajes podrían haber ocurrido más cosas que justificaran las decisiones que toman, y les dieran más profundidad. Las únicas tramas que han mantenido la esencia han sido las de Invernalia y Desembarco del Rey, pero cuando Juego de Tronos se mete en el terreno de la fantasía es cuando empiezan las discordancias. Nunca he ocultado que es la parte que menos me interesa y quizás por eso no pueda ser objetivo.

Tradicionalmente, las narraciones fantásticas requieren un esfuerzo por parte del espectador para que resulte creíble. Uno de los puntos fuertes de este drama era precisamente el realismo con el que afrontaba la historia. Era mágica sí, pero tenía toda la dureza de la Historia, que no dulcifica nada. Por eso resulta chocante ver cómo situaciones que antes se resolvían con sobriedad y rigor, ahora se resuelve con un deux ex machina, que no ha habido tantos como dicen y quizás hay una confusión con respecto al término, como bien dice Marina Such en el podcast de Fuera de Series del sexto episodio. Este año hemos tenido que hacer un esfuerzo extra, sin más.

¿Ha sido decepcionante la séptima temporada de Juego de Tronos? Para nada. La serie me sigue pareciendo brillante, posiblemente la mejor en emisión con permiso de Twin Peaks. La maestría a la hora de dar giros en la trama aunque sean un poco más previsibles fruto de que estamos llegando al cuello de botella de las tramas, algo que provoca que acertemos un poco más en las teorías. Aunque el nivel de sorpresa esté siendo menor no podemos evitar estar al borde del sofá y esta temporada prácticamente hemos visto la serie desde ahí. El nivel visual y técnico ha alcanzado al cine y las batallas han sido espectaculares, desde la increíble derrota de los Lannister contra los dragones y dothrakis de Daenerys, la de los siete suicidas más allá del muro o la sorprendente batalla naval del segundo episodio, cuando el espectador es partícipe de la confusión que también sienten los personajes, como ocurrió en la batalla de los bastardos. Y ahí reside el mérito de sus directores, la planificación en primera persona es terrorífica, agobiante por momentos.

La Reina Cersei ha conseguido mantenerse en el trono toda la séptima temporada de Juego de Tronos

En definitiva, como fiel fan de la serie que soy, pero también de los que intentan ser objetivos con lo que están viendo, he tenido que resaltar esos pequeños fallos que me han molestado de estos siete episodios, que me han hecho disfrutar un poco menos. Pero Juego de Tronos me sigue fascinando, el choque entre el mundo medieval histórico con la magia y el fantástico sigue estando muy bien integrado y eso es algo muy difícil de conseguir. Ahora toca esperar de nuevo.

El cine y las series de televisión son mi pasión, aunque la Edad de Oro de la pequeña pantalla me tiene conquistado del todo. En Cultura Seriéfila analizo toda ficción que lo merezca con una dosis muy alta de opinión. También me podéis leer en tvspoileralert.com. Y no olvidéis seguirme en las redes sociales.

The Handmaid’s Tale: la dictadura de la fertilidad

The Handmaid's Tale es una de las series de este año 2017

Hace unas semanas que no escribo en el blog, cosas de la temporada estival, pero volvemos con uno de los platos fuertes de este 2017. The Hadmaid’s Tale es ya una de las series del año a pesar de que queda casi la mitad pero hay que reconocer que Hulu se ha apuntado un tanto con esta versión de la novela homónima de Margaret Atwood, que en España ha sido emitida por HBO. Su estética, su dura historia, su música y, sobre todo, el trabajo de sus actrices, me ha fascinado. Pasamos a desgranarla.

The Handmaid’s Tale es un drama distópico de corte social en el que las mujeres han perdido todos sus derechos, desde trabajar hasta incluso leer libros. En un mundo en el que la infertilidad es una plaga que afecta a todo el planeta, el régimen totalitario que gobierna el territorio que antes era Estados Unidos somete a las pocas mujeres capaces de engendrar niños para que sean las madres de los hijos de los líderes del mismo. Crean así un estado de esclavitud basado únicamente en la reproducción, entre otras muchas connotaciones.

¿Distopía?

La propia autora se apresuró años atrás, la novela data de 1985, a aclarar que no se había inventado nada porque todo lo que narraba ya había sucedido en el mundo. En efecto, uno de sus puntos fuertes es su credibilidad y en más de una ocasión nos preguntamos cuánto de cerca podríamos estar de un régimen así, o si sería posible que pudiera llevarse a cabo en el mundo desarrollado. Parece difícil teniendo en cuenta los grandes avances del feminismo en los últimos tiempos, pero recordemos que en la serie los hijos de Jacob surgen como respuesta a un problema de infertilidad global, igual que el nazismo o más recientemente el “trumpismo”, aunque éstos últimos sí llegaron al poder democrática y pacíficamente.

Defred y Serena Joy en The Handmaid's Tale

The Handmaid’s Tale, además acierta de lleno en el trasfondo en el que se produce esta infertilidad global, al parecer provocada por la contaminación y el cambio climático, que también está causando escasez de alimentos. Por otro lado, se menciona otro aspecto que me parece importante como es la inacción de la población ante las constantes agresiones contra la democracia y la libertad individual y colectiva. Algo parecido pasa ahora cuando los gobiernos hacen y deshacen sin que el pueblo se manifieste, pues nos tienen maniatados con el trabajo, las obligaciones y las constantes distracciones a las que somos sometidos.

Este movimiento retrógrada surge como intento de solución a un problema, por tanto debemos preguntarnos (y aquí estoy siendo abogado del diablo) si su objetivo final justifica los medios. En efecto, están consiguiendo que nazcan bebés y países como México ya se plantean importar a las criadas. Por tanto, debemos hacernos la pregunta: ¿qué opción habría que fuera justa e igualitaria para que la humanidad no se extinguiese, teniendo en cuenta que las mujeres fértiles libres no tendrían más de dos o tres hijos como ocurre en la actualidad? Puede que la respuesta sea que en caso de que hayamos llegado hasta ese punto, quizás no merezcamos seguir sobre la faz de la Tierra.

Fondo… y forma

Estamos de acuerdo en que The Handmaid’s Tale tiene una temática sobre la que podríamos debatir eternamente y una potente historia detrás, pero la serie de Hulu (HBO España) ha conseguido que nos quedemos boquiabiertos con su fotografía, muy gris en el fondo que juega con los claroscuros como si de la pintura holandesa del renacimiento se tratara. Y sólo el color de los uniformes, sobre todo el rojo de las criadas y el verde azulado de las señoras rompen una monotonía totalmente buscada. Incluso éstos dos colores no son vivos sino también un poco apagados. El lenguaje audiovisual consigue causarnos mucha angustia gracias a, por ejemplo, los primerísimos planos sobre los protagonistas, que además de lograr expresividad, también nos da sensación de opresión y falta de libertad. Algo que también consigue el sonido ambiente de las walkies de los guardias, que siempre están presentes cuando Defred y su compañera pasean por la calle. La música ofrece un envoltorio de lujo a la serie, mezclando composiciones originales con temas de rock clásico haciendo referencia a la época de publicación de la novela.

La estética cumple una función esencial en The Handmaid's Tale

Como buena serie de mujeres que es, las actrices brillan con luz propia. Elizabeth Moss aguanta los primeros planos de la misma forma que su personaje aguanta las constantes vejaciones a las que está siendo sometida. Le da la réplica una espléndida Yvonne Strahovski, aunque no haya conseguido una nominación al Emmy que habría sido muy merecido. Tampoco la han conseguido Samira Wiley o Alexis Bledel, aunque consigan transmitir muchísimo en el poco que aparecen en pantalla. Sobre ellas en autoridad, la siempre creíble Ann Doud, que sí opta a estatuilla, borda otro papel de institutriz severa y violenta. Una decisión de casting muy acertada.

En definitiva, The Handmaid’s Tale tiene todo lo necesario para ser tratada como una gran serie. Podemos echarle en cara cierta parsimonia en la narración, o que esta primera temporada haya sido una mera introducción, pero cumple la función de presentación de personajes y de una sociedad compleja. Lo más importante es que sus creadores han conseguido despertar la sensibilidad del espectador, alcanzando niveles de crudeza muy alto que no nos sacan de la narración, e insisto, el trabajo de las actrices consiguen que acabemos los capítulos con un nudo en la garganta.

Si queréis ampliar la información o simplemente profundizar en The Handmaid’s Tale, os dejo a continuación un podcast en el que tengo el placer de colaborar, Idiócratas Aficcionados, espero que lo disfrutéis y disculpad el spam.

El cine y las series de televisión son mi pasión, aunque la Edad de Oro de la pequeña pantalla me tiene conquistado del todo. En Cultura Seriéfila analizo toda ficción que lo merezca con una dosis muy alta de opinión. También me podéis leer en tvspoileralert.com. Y no olvidéis seguirme en las redes sociales.

Final de ‘The Leftovers’, la fe y la mentira

The Leftovers finaliza con un final satisfactorio

El viaje ha terminado. The Leftovers echó el cierre el pasado domingo con un episodio que sirve como epílogo principalmente para sus dos protagonistas, Kevin (Justin Theroux) y Nora (Carrie Coon), quienes cierran sus tramas de forma magistral. El drama filosófico y religioso de Lindelof y Perrotta ya avisó que no iba a dar respuestas sobre la “partida repentina”, pero nos da unas pinceladas que cierran el final más de lo que esperábamos. Sin más dilación, vamos a abordar el episodio El libro de Nora con todo lujo de spoilers.

El 14 de octubre de 2013 Damon Lindelof cerró su cuenta de Twitter, justo el día que se estrenaba The Leftovers. Después de varios años de reproches por parte de los fans de Perdidos, que no le perdonaron la falta de respuestas de su final, esta vez no iba a permitir que ocurriera lo mismo. También avisó de que no buscáramos respuestas a la desaparición del 2% de la población porque la serie no iba sobre eso. A cambio, nos ha regalado un viaje por el duelo, la fe y también la mentira. Uno que nos ha hecho llorar, sufrir y, sobre todo, plantearnos nuestra propia existencia.

Desde el principio, Lindelof y Perrotta han jugado con nosotros presentándonos situaciones inexplicables, milagrosas y viajes espirituales, para después bajarnos a la tierra y hacernos volver a nuestro agnosticismo. Y volvernos hacer creer, y volver a darnos una bofetada de realidad. Y así sucesivamente hasta llegar un final en el que no entendemos nada y lo entendemos todo. Y lo mejor de todo, cada uno cree entenderlo a su modo, así como cada uno llevamos el duelo a nuestra manera.

The Leftovers ha sido un viaje espiritual.

Curiosamente, The Leftovers ha sido una de las series sobre las que menos he teorizado. Simplemente me he puesto delante del televisor y me he dejado llevar por la experiencia. Pero el final sí me ha hecho pensar mucho, tanto por su significado independiente como la serie como conjunto. Si nos ponemos a analizar sucesos particulares, empiezan a salir contradicciones, cuando se analiza entera, todo se ve más claro. No voy a entrar en si Kevin moría cada vez que supone que lo hacía o en si Jarden era un pueblo milagro. Si algunos personajes eran capaces de obrar milagros o si Nora hizo ese viaje o no. Bueno, en eso sí que entraré después.

La fe

El pilar que sostiene toda la serie es la fe. La realidad que presenta The Leftovers me parece muy precisa y no distaría casi nada de lo que pasaría en la realidad si tal cosa sucediera. Imaginaos que todas las familias vivieran un drama como el que viven las familias de las personas desaparecidas. Éstas no consiguen descansar hasta que encuentran el cadáver de su ser querido a pesar de que saben que están muertos. Pero necesitan encontrarlos. Un duelo vivido de forma colectiva debe dar lugar a buscar respuestas globales. Si la Iglesia no las satisface, surgirán nuevos cultos. En definitiva, una nueva fe a la que aferrarse.

En la serie de HBO, Matt Jamison (Christopher Eccleston) es el máximo exponente de la fe, lógico si tenemos en cuenta que es sacerdote. Por eso me resulta tan interesante su viaje. Recordemos que al principio intenta salvar al cristianismo después de que los feligreses le dieran la espalda. En la segunda temporada, viaja a Jarden en busca del milagro divino, y lo encuentra cuando su mujer vuelve del estado en el que se encontraba y se queda embarazada. Pero aparece la historia de Kevin y lo etiqueta como un nuevo mesías que salvará al mundo de la inundación. Hasta el momento en el que conoce a “Dios” en el barco de la orgía, cuando pierde totalmente la fe en su religión. Desde entonces se olvida de Kevin y se centra en ayudar a su hermana, con quien conversa en el último episodio y le confiesa que tiene miedo de sobrevivir para dar sermones en los que ya no cree.

Los hermanos Jamison concluyen su viaje espiritual en The Leftovers

El caso de Kevin fue justamente el contrario. Su familia no perdió a ningún miembro, pero tras el evento, perdió a su mujer, que se dio de alta en los “Culpables Remanentes” y a su hijastro, que se unió a otro culto. Se quedaron él y su hija, con quien compartía el vacío de sus vidas. Sin embargo, sus delirios y sus crisis le van guiando hacia un camino metafísico que él no había buscado, hasta el punto de buscar su propia muerte para librarse de Patti Levin. Aunque al final, su redención fue darse cuenta de que amaba a Nora y que el fin del mundo era una invención de su padre y compañía.

La mentira

El otro gran eje de The Leftovers ha sido la mentira, pero sobre todo en el último episodio. Los personajes se han estado mintiendo durante buena parte de la serie a sí mismos. Han buscado consuelo donde no lo había y han despreciado a quienes tenían alrededor, cuando tenían que encontrarse a ellos mismos. Eso le pasa a Kevin en El hombre más poderoso del mundo (y su hermano gemelo idéntico), cuando se da cuenta de que sus metas grandilocuentes no eran lo importante, era hallar la felicidad que tenía con Nora y no lo sabía.

Nora es sin duda el personaje que más ha sufrido a lo largo de las tres temporadas de The Leftovers, desde que pagaba a gente para que le disparase hasta que el actor de Primos Lejanos le dice que se puede pasar al otro lado, donde estaban sus hijos. Al principio del episodio Nora le habla a cámara y le hacen repetir su declaración porque, según las científicas, está mintiendo. Después, Kevin se acerca a ella y finge haber perdido los recuerdos de ambos para empezar de cero con ella, lo cual me pareció muy romántico. Pero la necesidad de ser literal de Nora le hace confesar. Ella también le ha estado mintiendo durante al menos veinte años ocultándose en Australia.

Carrie Coon (Nora) es la protagonista absoluta del final de The Leftovers

Por último, Nora le cuenta que sí consiguió pasar a donde estaban sus hijos, pero decidió pasar página porque ellos lo habían hecho. Aquí es donde está la clave del final: ¿miente Nora o dice la verdad? Me encantaría creer que dice la verdad pero no lo creo. Primero porque nos deja claro al espectador que se arrepiente en el último instante, y segundo porque nadie en su sano juicio volvería después de haber vuelto a ver a sus hijos a pesar de que supiera que son felices sin ella. Nora oculta su cobardía y decide vivir toda su vida como una ermitaña.

Pero hay un dato importante en todo esto, Nora ha aceptado el hecho de que no volverá a estar con sus hijos. Tanto si su historia es cierta como si no, ha conseguido pasar página, sobre todo ahora que Kevin ha vuelto a su vida. Por tanto, si Nora miente o dice la verdad no importa en absoluto porque el resultado es el mismo. Los creadores han encontrado una “explicación” muy coherente y lógica del paradero del 2% de la población, como es una realidad alternativa. Si es que dice la verdad, claro.

El cine y las series de televisión son mi pasión, aunque la Edad de Oro de la pequeña pantalla me tiene conquistado del todo. En Cultura Seriéfila analizo toda ficción que lo merezca con una dosis muy alta de opinión. También me podéis leer en tvspoileralert.com. Y no olvidéis seguirme en las redes sociales.